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Los diagramas de Jantsch (figuras 3-3 y 3-4) cubren la fisiosfera y la biosfera. Ha llegado el momento de observar la emergencia de la noosfera.

Generalmente asociamos la emergencia de la noosfera a partir de (o más bien a través de) la biosfera con el cerebro. Jantsch, siguiendo a Gunther Stent, divide la comunicación en la biosfera en genética, metabólica y neural (se dice que la parte superior de esta última se corresponde con la evolución noosférica). Según Jantsch:

La comunicación genética actúa en intervalos de tiempo largos si los comparamos con la vida de un individuo. Hace que sea posible la filogenia y la evolución coherente a través de muchas generaciones. La comunicación metabólica, transmitida por el organismo a través de unas moléculas mensajeras especiales que son las hormonas, realiza dos tareas. Una es la regulación del desarrollo de organismos pluricelulares, tanto en plantas como en animales; la otra es la de amortiguar las consecuencias de las fluctuaciones medioambientales en el organismo o, en otras palabras, en reforzar su autonomía [principio 12d]. La comunicación metabólica basada en las hormonas actúa con relativa lentitud, de segundos a minutos. El tercer tipo de comunicación biológica es transmitida a través del sistema nervioso. Este tipo de comunicación actúa en los organismos a una velocidad de una centésima a un décima de segundo y, por tanto, unas mil veces más deprisa que la comunicación metabólica8.

Jantsch señala que estos tres sistemas emergen holárquicamente, y después da una división holárquica de las estructuras neuronales mismas, basada principalmente en la influyente noción de Paul MacLean del «cerebro trino» (véase figura 3-6). En las propias palabras de MacLean:

El hombre se encuentra en la situación de que la naturaleza le ha dotado esencialmente de tres cerebros que, a pesar de sus grandes diferencias estructurales, deben funcionar juntos y comunicarse entre sí. El más antiguo de estos cerebros es básicamente reptiliano; el segundo ha sido heredado de los mamíferos inferiores; y el tercero, desarrollado por los mamíferos superiores culminando en los primates, es el que hace que el hombre sea específicamente hombre.

Hablando alegóricamente de estos cerebros dentro del cerebro [holones], podríamos imaginar que cuando el psiquiatra pide al paciente que se tumbe en el diván, le pide que se tumbe junto a un caballo y un cocodrilo… El cerebro reptiliano está lleno de saber y recuerdos ancestrales y trata fielmente de hacer

lo que decían los ancestros, pero no sirve para enfrentar nuevas situaciones [autonomía relativamente baja expresada en comportamiento reflejo e «instintivo»].

Figura 3-6. El «cerebro trino» (después de MacLean).

En la evolución vemos por primera vez el comienzo de la emancipación de lo ancestral [inflexibilidad] con la aparición del cerebro mamífero inferior, que la Naturaleza construye sobre el reptiliano… Las investigaciones de los últimos veinte años han descubierto que el cerebro de los mamíferos inferiores juega un papel fundamental en el comportamiento emocional. Tiene mayor capacidad que el cerebro reptiliano para aprender nuevos enfoques y soluciones a los problemas basándose en la experiencia inmediata. Pero al igual que el cerebro reptiliano, no tiene la capacidad de expresar los sentimientos con palabras.

MacLean es muy específico sobre la naturaleza holárquica de estos tres cerebros:

En su evolución, el cerebro [humano] retiene la organización jerárquica de los tres tipos básicos que se pueden etiquetar convenientemente como reptiliano, paleomamífero y neomamífero. [El tronco cerebral representa el cerebro reptiliano, heredado de los antepasados reptiles.] El sistema límbico representa el cerebro paleomamífero, que está heredado de los mamíferos inferiores. El sistema límbico humano está mucho más estructurado que el de los mamíferos inferiores, pero su organización básica, su química, etc., son muy similares. Se puede decir lo mismo de los otros dos tipos básicos. Y hay muchas

pruebas de que los tres tipos tienen su propia memoria subjetiva, cognitiva (que resuelve problemas) y otras funciones paralelas9.

En otras palabras, cada uno de los cerebros es un holón relativamente autónomo. Y como cada uno de ellos es un holón, no podemos decir que una función específica esté localizada en uno de los holones; todos ellos interactúan influyéndose en ambas direcciones, hacia arriba y hacia abajo. Pero en general, los tres cerebros tienen las siguientes funciones básicas:

Cerebro reptiliano (o tronco cerebral): «Filogenéticamente esta es la parte más antigua del cerebro, su núcleo o chasis, que se corresponde aproximadamente con las estructuras básicas del cerebro de los reptiles. Contiene el aparato esencial para regular las funciones internas (viscerales y glandulares), las actividades primitivas basadas en los instintos y en los reflejos, y también los centros para poner en alerta al animal o para hacerle dormir»10.

Podemos referirnos a él como el que determina el nivel general de inteligencia sensoriomotriz rudimentaria y los impulsos instintivos.

Cerebro paleomamífero (o sistema límbico): «El sistema límbico está íntimamente conectado por caminos neuronales de doble vía con el hipotálamo y otros centros en el tronco cerebral, que se ocupan de las sensaciones viscerales y las reacciones emocionales como hambre, sexo, miedo y agresión; tanto es así que el sistema límbico era anteriormente llamado “el cerebro visceral”»11. En

resumen, «el sistema límbico procesa información de tal forma que es experimentada como sentimientos y emociones, y se convierten en fuerzas que guían nuestro comportamiento»12.

Cerebro neomamífero (o neocórtex). Jantsch dice que «el crecimiento explosivo del neocórtex en la última fase de la evolución es uno de los sucesos más sensacionales de la historia de la vida sobre la tierra», y está presumiblemente conectado con la emergencia de la noosfera. Actúa como «una inmensa pantalla neuronal sobre la que aparecen las imágenes simbólicas del lenguaje y de la lógica (incluidas las matemáticas)». El neocórtex es el lugar en el que la información se procesa de la forma que le es característica a la mente autorreflexiva»13.

MacLean describe la naturaleza holárquica de estos tres cerebros comparándolos con los componentes de la literatura, lo que Jantsch resume elegantemente así:

El cerebro reptiliano representa las figuras y roles básicos que subyacen a toda literatura. El sistema límbico aporta las preferencias emocionales, la selección y desarrollo de las escenas de la obra. Y, finalmente, el neocórtex produce sobre este substrato tantos poemas, cuentos, novelas y obras teatrales como autores existen14.