Tenemos que empezar por reconocer un aumento espectacular de las habilidades técnicas con respecto a las de H. habilis del segundo acto. El útil más característico producido por los humanos primitivos fue el hacha de mano. Una breve mirada a esos útiles es suficiente para apreciar ciertas diferencias significativas con respecto a los útiles producidos por la tradición olduvayense. Por lo general despliegan un alto grado de simetría, a veces simultáneamente en tres dimensiones, e indican que el productor estaba imponiendo una determinada forma al artefacto, y no meros bordes cortantes como en el caso del productor de Olduvai.
Para conseguir esa simetría y esa forma, fueron necesarias secuencias de percusión más prolongadas. Y esas secuencias son evidentes en los retoques que presentan los desechos de talla descubiertos en yacimientos como el de Boxgrove, en el sur de Inglaterra, donde las hachas de mano datan de hace 50 000 años[2]. Para hacer un hacha de mano, hay que seleccionar muy bien el nódulo lítico inicial, atendiendo a su forma, a la calidad y a su dinámica de fractura. La manufactura implica reducir el hacha en bruto mediante un percutor de piedra para luego darle su forma final, normalmente mediante un percutor «blando» hecho de hueso o de madera (véase la figura 11). Se desbastan lascas alternativamente en ambas caras del útil, lo que explica que con frecuencia se dé el nombre de «percusión bifacial» a esta técnica, y a los útiles se les conozca como bifaces. Un «martillo» blando puede desprender lascas con cicatrices superficiales para crear una herramienta relativamente fina. Antes de proceder a tallar cada una de las lascas de configuración del nódulo, pueden dedicarse unos minutos a afilar el perfil del útil o a desbastar pequeñas lascas, en preparación del golpe.
Jacques Pelegrin, que cuenta con muchos años de experiencia en la reproducción de hachas de mano, ha destacado la dificultad de lograr un hacha simétrica de una determinada forma, y explica que la meta del artesano no es obtener un simple perfil cortante y afilado, sino producir un instrumento de una forma determinada independiente de la forma inicial del nódulo. La planificación previa es esencial si se desea conseguir y mantener la simetría a medida que la pieza avanza. Quien golpea tiene que tener muy claro lo que desea y también lo que es posible, para así obtener las formas y acabados deseados golpeando con una fuerza y una dirección determinadas en puntos concretos del útil. Cada nódulo trabajado por un productor tendrá unas características únicas. Por consiguiente, para poder producir formas estandarizadas, el productor, en lugar de atenerse a una serie de reglas fijas y a una determinada rutina, tiene que explotar y adaptar sus conocimientos técnicos[3]. Este último punto es especialmente importante por cuanto muchos conjuntos de hachas de mano procedentes de un solo yacimiento tienen formas y tamaños muy similares. Si
aceptamos que es improbable que los nódulos originales tuvieran la misma forma, entonces tenemos un claro ejemplo de la imposición de una forma determinada[4]. 11. La producción de un hacha de mano simétrica requiere tres fases fundamentales. Empezando con una lasca grande o un nódulo (1), se usa un percutor duro de piedra para obtener la forma básica mediante el desbastado de lascas de ambos lados del útil (2). En acabado del hacha se hace con un percutor «blando», de hueso, asta o madera, para extraer lascas «de configuración» (3) y obtener la forma final deseada del artefacto. Muchos de los comentarios anteriores relativos a la dificultad técnica de producir hachas de mano también son aplicables al uso del método levallois, la percusión arquetípica usada por los neandertales. En efecto, el método levallois puede llegar a incorporar aún mayor destreza técnica que la requerida para fabricar hachas de mano[5]. La esencia del método levallois es la talla de una lasca, cuyo tamaño y forma vienen predeterminados por la preparación del núcleo. Se fabrica el núcleo con dos caras diferenciadas. Una de ellas es abovedada, con señales para orientar el desbastaje de una lasca. La otra es la plataforma de percusión. Para que la lasca se desprenda del núcleo con éxito, es preciso controlar perfectamente el ángulo entre ambas superficies, el ángulo donde se percute el núcleo y la fuerza utilizada. En caso contrario, la lasca desprendida podría desprenderse del lado del núcleo o desviarse hacia uno u otro lado.
Un arqueólogo y tallador de útiles de sílex decía no hace mucho que «aun hoy, sólo unos pocos estudiosos de la tecnología lítica logran alcanzar el nivel de destreza de los neandertales y producir buenas puntas o núcleos levallois, mientras que el número de talladores de sílex contemporáneos que han logrado dominar con éxito la técnica y producir buenas puntas levallois puede contarse con los dedos de la mano[6]». Y continúa diciendo que la producción de una hoja o lámina a partir de un núcleo prismático —característico del periodo del Paleolítico Superior, que se inicia hace 40 000 años en el cuarto acto— es «incomparablemente más fácil» que la manufactura de una punta levallois (véase la figura 12).
12. Para hacer una punta levallois hay que extraer lascas de la superficie de un núcleo para obtener una serie de aristas en una superficie cóncava (1-3) que luego orientará la talla de la deseada lasca puntada. Se prepara una plataforma de percusión perpendicular a la superficie cóncava del núcleo (4) y se desprende la punta levallois de
un solo golpe (5).
La tecnología lítica de los neandertales del Próximo Oriente ilustra la sofisticación técnica del método levallois. Consideremos, por ejemplo, el difícil proceso de producción de las puntas levallois de la cueva de Kebara, de hace entre 64 000 y 48 000 años[7]. Una vez reducido el córtex del núcleo, se tallaban lascas del núcleo para crear un perfil convexo en dirección tanto longitudinal como transversal. A continuación, se creaba un tipo especial de plataforma de percusión, llamada un
chapeau de gendarme, que presenta una protuberancia central en línea con la forma
en «Y» del principal reborde del lado dorsal del núcleo creado durante la preparación inicial. Esta combinación actúa luego para orientar el desbastaje de una lasca con el fin de obtener la punta simétrica descada. Los neandertales de Kebara producían varias lascas levallois de cada núcleo antes de restablecer su convexidad para permitir otra secuencia de talla de puntas levallois. Estas puntas se utilizaban tal y como salían del núcleo, sin requerir mayores retoques.
Como en el caso de las hachas de mano, es importante destacar que las lascas levallois no pueden tallarse con éxito siguiendo simplemente un conjunto de reglas mecánicas. Cada nódulo de piedra posee propiedades únicas y hay que encontrar la única «senda» posible a través del nódulo. Así lo constata Nathan Schlanger en su análisis de las percusiones realizadas hace 250 000 años por el humano primitivo
responsable del «núcleo de Marjories», un núcleo levallois procedente del yacimiento de Maastricht-Belvédère, en Holanda, cuyos restos de talla presentan muchos retoques[8]. Schlanger destaca que el tallador tuvo que utilizar claves tanto visuales como táctiles presentes en el núcleo, mantener un control constante de la forma cambiante, y reajustar continuamente sus planes en función de la evolución del núcleo[9].
La inteligencia técnica de los humanos primitivos también se evidencia en la gama de materias primas trabajadas. Algunas de las primeras hachas de mano exhiben una gran habilidad para trabajar materias primas cuyas pautas de fractura son menos predecibles que las de Olduvai. Consideremos, por ejemplo, el conjunto de útiles con hachas de mano hallados en los estratos inmediatamente encima del olduvayense en Sterkfontein, Suráfrica[10]. En ellos se observa la introducción de una nueva materia prima, la diabasa, y un mejor uso de las materias rocosas difíciles, como el cuarzo y la cuarcita. Y en todo el Viejo Mundo encontramos técnicas de talla bifacial y levallois aplicadas con éxito a materiales relativamente intratables[11].
Además, en algunos yacimientos se aprecia una clara preferencia por tipos determinados de útiles a partir de tipos concretos de materias primas. Por ejemplo, en Gesher Benot, Israel, un yacimiento de más de 500 000 años de antigüedad, se usó preferentemente el basalto para fabricar hachas de mano, mientras que la piedra caliza se utilizaba como percutor. En el yacimiento de Terra Amata, en el sur de Francia, uno de los asentamientos más antiguos de Europa, la caliza se utilizaba para producir percutores y bifaces, mientras que el sílex y el cuarzo servían para obtener los útiles más pequeños[12].
Enigmas en torno al conservadurismo técnico
Hemos presentado evidencia en favor de una inteligencia técnica avanzada entre los humanos primitivos. Por lo que se refiere al nivel de comprensión de la dinámica de fractura de la piedra, y a la aplicación práctica de ese conocimiento para producir útiles líticos según una serie de modelos mentales preconcebidos, no cabe duda de que la capacidad de los humanos primitivos era equivalente a la de los humanos modernos del cuarto acto. Pero cuando entramos a considerar otros rasgos de la tecnología de los humanos primitivos, aparecen unos tipos de comportamiento quecontrastan radicalmente con los propios de los humanos modernos. Existen, en efecto, cuatro enigmas en torno a la tecnología de los humanos primitivos:
Enigma 1. ¿Por qué los humanos primitivos no usaron el hueso, el asta y el
marfil como materias primas? Si bien hay evidencia de que los humanos primitivos
usaron trozos de hueso no trabajado, por ejemplo, en calidad de percutores para hacer hachas de mano, no existen útiles tallados en hueso, asta o marfil. Unas pocas piezas presentan cortes en la superficie, e incluso astillas desprendidas de sus bordes, aunque resulta difícil distinguirlos de los rasguños que dejan las garras de los carnívoros. Pero no hay nada que remotamente exija el tipo de destreza técnica tan fácilmente reconocible en los útiles líticos. Si los humanos primitivos hubieran trabajado materias como el marfil o el hueso, seguro que ya contaríamos con algunas piezas entre la enorme cantidad de conjuntos óseos que se descubren entremezclados con los útiles líticos de los neandertales en yacimientos como Combe-Grenal, en Francia, y Tabün, en el Próximo Oriente. Ambos presentan largas secuencias de horizontes de ocupación con miles de útiles líticos y huesos animales. Por consiguiente, la ausencia de útiles tallados en hueso no puede explicarse invocando una mala conservación, o limitaciones anatómicas relacionadas con la posible falta de destreza manual en los humanos primitivos. Aunque la anatomía de la mano del neandertal difiere ligeramente de la del H. sapiens sapiens[13], los neandertales parecen capaces de una manipulación muy sofisticada de los útiles líticos a lo largo del proceso de manufactura, similar a la de los humanos modernos. Además, los humanos primitivos hacían útiles de madera sencillos, como los palos afilados de Clacton, en las islas Británicas, y de Lehringen, Alemania, o como la «placa pulimentada» de Gesher Benot, en Israel, que implican movimientos motrices similares a los que se necesitan para trabajar el hueso. Y finalmente no se puede explicar la ausencia de útiles de hueso, asta o marfil diciendo que habrían sido de escaso valor para los humanos primitivos. Estas materias primas tienen propiedades físicas, como por ejemplo la capacidad para resistir un impacto sin quebrarse, que los hacen más ventajosos que la piedra a la hora de fabricar puntas arrojadizas para cazar grandes ungulados[14], una actividad que, como veremos, fue un elemento central del modo de vida de los humanos primitivos. Entonces ¿por qué no usaron esas materias primas? Enigma 2. ¿Por qué los humanos primitivos no fabricaron útiles diseñados para
finalidades concretas? Un análisis microscópico de los filos de los útiles líticos ha
demostrado que estos útiles de los humanos primitivos se usaron por lo general para toda una serie de tareas. Además, parece no haber relación entre la forma de un útil y su posible función[15]. Las hachas de mano, o las simples lascas, parecen haberse utilizado como herramientas plurifuncionales, para todo tipo de funciones, por ejemplo, para trabajar la madera, triturar materias vegetales, cortar pieles animales o
extraer carne. La naturaleza generalista de los útiles del humano primitivo es particularmente evidente en las puntas de lanza. Estas apenas muestran variabilidad de tamaño y forma en todo el Viejo Mundo, pese a que se cazaban distintos tipos de animales. Como veremos en el capítulo 9, los humanos modernos del Paleolítico Superior —hace entre 40 000 y 10 000 años— produjeron una enorme diversidad de puntas de lanza y de puntas arrojadizas, lo cual indicaría que fabricaron determinados tipos de armas para cazar tipos concretos de animales[16]. Los humanos primitivos no parecen haberlo hecho así. De hecho tampoco es el caso entre los humanos modernos de la primera escena del cuarto acto. Enigma 3. ¿Por qué los humanos primitivos no fabricaron útiles de componentes múltiples? No hay nada que sugiera que H. erectus enmangara sus útiles líticos. Los neandertales parecen haber sido los primeros en hacerlo con las puntas de piedra que fabricaron con el método levallois. Estas puntas descubiertas en las cuevas del Próximo Oriente presentan fracturas y pautas de uso indicativas de enmangue y de su utilización como puntas de lanza[17]. Enmangar implica manufacturar un venablo asegurándose de que la punta sea de la forma y tamaño deseados, conseguir la atadura y la resina y utilizarlas para fijar sólidamente las puntas al venablo. Es una tarea que requiere mucho tiempo, pero transforma la eficacia de las armas de caza. A partir de la evidencia de las pautas de fractura de las puntas levallois del Próximo Oriente, es evidente que los humanos primitivos dominaban la técnica. Lo curioso, sin embargo, es que esos útiles con empuñadura fueran tan escasos y tuvieran tan pocos componentes. Si puede incrustarse y fijarse una lasca de piedra, ¿por qué no crear útiles con componentes múltiples que, a la vista de su preponderancia entre los cazadores-recolectores posteriores, parecen haber sido considerablemente más eficaces? Así pues, si los humanos primitivos dominaron el arte de combinar distintos tipos de materias primas para hacer artefactos mixtos ¿por qué no produjeron útiles tan sencillos? No es probable que el útil más complejo de los neandertales tuviera más de dos o tres componentes.
Enigma 4. ¿Por qué los útiles líticos de los humanos primitivos muestran un
grado tan limitado de variación en el espacio y en el tiempo? Tal vez el aspecto más
asombroso de la tecnología lítica de los humanos primitivos sea su limitado grado de variabilidad. En el capítulo 2 mencionábamos al arqueólogo Glynn Isaac y su comentario sobre «la combinación de los mismos ingredientes esenciales» en la tecnología del humano primitivo durante más de un millón de años de «cambios menores sin dirección alguna». Otros destacados arqueólogos han subrayado igualmente este enigmático aspecto de la tecnología humana primitiva. Por ejemplo, Lewis Binford dice que contamos con varios conjuntos de hachas de mano «procedentes de medios muy distintos de África, Europa occidental. Próximo Oriente e India y, salvo posibles variaciones menores que pueden explicarse en función de las
materias primas disponibles para la producción y distribución de esos útiles… no se aprecian pautas de diferenciación que se puedan asociar convincentemente a medios naturales diferentes[18]». Los análisis estadísticos a gran escala de la forma de las hachas de mano han corroborado este punto de vista[19]. Y respecto al periodo posterior a hace 200 000 años, Richard Klein, una autoridad en el estudio del comportamiento del H. sapiens arcaico del sur de África, afirma asimismo que sus útiles apenas se distinguen de los producidos por los neandertales que vivieron en el Próximo Oriente y en Europa[20]. ¿Por qué no hubo ninguna variabilidad tecnológica que respondiera a la variabilidad del medio? ¿Por qué hubo tan poca innovación?
Una posible solución a estos enigmas es sencillamente que los humanos primitivos no tuvieron necesidad de útiles hechos con materias orgánicas distintas de la madera, o de útiles con funciones especializadas o de componentes múltiples. Pero es evidente que esta solución es inadecuada: cuando analizamos la interacción entre los humanos primitivos y su medio natural, vemos que muchos de ellos parecen haber sufrido un estrés adaptativo considerable que este tipo de útiles podría haber aliviado. Así pues, antes de dar con la solución de estos enigmas debemos explorar la naturaleza de esta interacción con el medio, y analizar al mismo tiempo un segundo ámbito cognitivo de la mente humana primitiva: la inteligencia de la historia natural.
La inteligencia de la historia natural: expansión de
mentes y territorios
La inteligencia de la historia natural es una amalgama de al menos tres subáreas de pensamiento: las relativas a los animales, a las plantas y a la geografía del paisaje, es decir, a la distribución de los recursos de agua y de las cuevas. En general tiene que ver con la comprensión de la geografía del paisaje, de los ritmos de las estaciones y de los hábitos de los animales potenciales de caza. Tiene que ver con la utilización de observaciones corrientes del mundo natural para predecir el futuro: el significado de la formación de las nubes, de las huellas de un animal, de la llegada y regreso de las aves en la primavera y el otoño.¿Fueron los humanos primitivos naturalistas por excelencia como los modernos cazadores-recolectores? En el capítulo anterior llegábamos a una situación un tanto equívoca acerca de los primeros miembros del linaje Homo. Concluíamos que su
éxito como cazadores, recolectores y carroñeros en la sabana del África oriental obedecía a su capacidad para entender y utilizar determinadas claves —huellas, por ejemplo— de la historia natural y a su capacidad para desarrollar hipótesis sobre la distribución de recursos. Estas capacidades pudieron superar con creces las que poseía el antepasado común de hace 6 millones de años, analizado en el capítulo 5. Sin embargo, caracterizábamos estas capacidades como un puñado de microáreas, demasiado limitadas en cantidad y alcance como para merecer el título de inteligencia de la historia natural.
La indicación más clara de que ahora sí sería procedente usar ese título para designar un componente de la mente humana primitiva es la colonización de territorios fuera de África. Recordemos que en el capítulo 2 H. erectus o sus descendientes habían empezado a instalarse en el sureste asiático, y tal vez en China, hace unos 1,8 millones de años, en Asia occidental hace un millón de años, y en Europa hace tal vez 0,78 millones de años, pero con total seguridad hace medio millón de años.
Pese a ser tan distintos unos de otros, todos estos nuevos medios eran mucho más estacionales que las bajas latitudes de África. Así como el primer Homo había dominado la sabana de las bajas latitudes, los humanos primitivos tuvieron la capacidad de aprender y adaptarse a una serie mucho más extensa de nuevos medios, especialmente en las latitudes septentrionales, con paisajes, recursos y climas muy distintos. La mayor inteligencia técnica mencionada anteriormente, junto con el desarrollo de la organización social y del lenguaje que abordaremos más adelante, habrían facilitado perfectamente la explotación de nuevos entornos. Pero, en última