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Los artefactos olduvayenses deben su nombre al yacimiento de la garganta de Olduvai, en el África oriental, donde han aparecido por erosión del sedimento. Otros muchos lugares del este y del sur de África han arrojado artefactos similares. Casi todos son de basalto y cuarcita[1] y presentan una diversidad de formas y tamaños. Algunos son lascas extraídas de nódulos, otros son los restos de los propios nódulos, llamados núcleos. De algunas pocas lascas se han hecho otras lascas. ¿Son estos útiles indicativos de unos procesos cognitivos especializados que parecen estar ausentes de la mente del antepasado común de hace 6 millones de años? En el curso de los 4 millones de años que han transcurrido desde aquel antepasado, ¿ha creado la evolución una inteligencia técnica?

Si empezamos por analizar las diferencias entre estos artefactos líticos y los útiles que fabrican los chimpancés con materias vegetales, es evidente que por definición son diferentes: están hechos de piedra. Algunos arqueólogos han creído que aquí se acababa el problema y que en todos los demás aspectos las tecnologías olduvayense y chimpancé son en esencia iguales[2]. Pero olvidan dos diferencias importantes, que tienen considerables implicaciones en cuanto a los procesos mentales que subyacen en la manufactura de útiles. La primera es que, aun siendo dudosa la función de los útiles olduvayenses, es evidente que algunos de ellos se fabricaron para hacer otros útiles: por ejemplo, producir una lasca de piedra para afilar un palo[3]. Producir útiles para hacer otros útiles es algo desconocido entre los chimpancés. Significa retener en la mente las cualidades de dos tipos distintos de materia prima —piedra y madera, por ejemplo— y comprender el posible impacto de uno sobre el otro.

Una segunda diferencia es que cuando un chimpancé hace un palo termitero, los trozos que tiene que arrancar de la rama le vienen claramente dictados por la naturaleza de la propia materia y por la futura función; no se puede introducir un palo en un agujero si tiene hojas, y es evidente por dónde hay que arrancarlas. Pero la tarea de H. habilis era bastante más difícil, puesto que tuvo que producir lascas a partir de nódulos de piedra. Golpeando un nódulo al azar difícilmente se obtiene

ningún impacto, o se puede hacer añicos la piedra. Para poder tallar la clase de lasca que encontramos en los yacimientos de la garganta de Olduvai, hay que saber reconocer determinados ángulos del nódulo, seleccionar las llamadas plataformas de percusión y disponer de una buena coordinación mano-ojo para golpear el nódulo en el lugar preciso, en la dirección correcta y con la fuerza adecuada[4] (véase la figura 5). Los miembros de H. habilis tallaron nódulos líticos de una forma fundamentalmente distinta a la que emplean los chimpancés para trabajar sus materias primas. Porque aquellos sabían localizar los ángulos propicios y ajustar la fuerza y la dirección de sus movimientos. 5. La producción de un sencillo percutor olduvayense y las lascas resultantes. En 1989, Tom Wynn y Bill MacGrew, que ya han aparecido en esta prehistoria, dijeron que un chimpancé podía hacer útiles líticos del tipo olduvayense, algo que no se ha comprobado, y que no puede comprobarse. O digamos que ni siquiera aquella estrella del mundo chimpancé, Kanzi, es capaz de hacerlos. Y si Kanzi no puede, es improbable que otros chimpancés puedan. Nicholas Toth, el mejor experto en tecnología olduvayense, y sus colegas estimularon en Kanzi su necesidad de útiles cortantes y afilados a base de tentarle con golosinas colocadas en el interior de una caja atada con cuerda. A Kanzi se le mostraron los principios de la producción de útiles líticos y se le suministraron piedras para ello. Aprendió a producir lascas líticas, a cortar la cuerda y ganarse así su recompensa, pero no se ganó el voto de Nicholas Toth como técnico olduvayense moderno. Porque Kanzi nunca logró desarrollar la idea de buscar determinados ángulos, de utilizar las cicatrices de las lascas como

plataformas de percusión o de controlar la fuerza de la percusión. Su incapacidad para ello no es el reflejo de una falta de destreza manual, ya que Kanzi ha aprendido a hacer cosas como atar cordones de zapato y desabrochar botones. Y parece improbable, aunque no del todo imposible, que pueda aprender las estrategias de la industria lítica olduvayense a base de prácticas[5].

Entonces, el hecho de que Kanzi no pueda producir útiles como los de Olduvai, ¿qué nos dice sobre las mentes de quienes sí los produjeron hace 2 millones de años? Existen dos posibilidades. Primera, que evolucionará una inteligencia general más potente para que las técnicas de la tecnología olduvayense pudieran ser aprendidas de forma gradual, posiblemente con muchos ensayos y muchos errores. O, segunda, que hubieran aparecido ya los procesos cognitivos especializados destinados a la manipulación y transformación de nódulos líticos, es decir, una física intuitiva en la mente de H. habilis. Tal vez incluso una inteligencia técnica.

Si este fue el caso, entonces nuestra apuesta en cuanto a la fecha de su aparición es el corto intervalo entre la primera y la segunda escena de este segundo acto de la prehistoria. Recordemos que justo al final de la primera escena, hace entre 3 y 2 millones de años, aparecían accesorios diseminados por el escenario aunque no pudiéramos ver a los actores que los utilizaban. Pues bien, estos accesorios son los útiles de la tradición industrial del río Orno, la inmediatamente anterior a la de Olduvai. Sólo se encuentran en unos pocos lugares del África oriental, fundamentalmente a orillas del Orno y en el yacimiento de Lokalalei, en el Turkana occidental[6]. Estos «útiles» son poco más que nódulos destrozados, que han requerido menos habilidad técnica que los de Olduvai. Se parecen más bien al tipo de lascas líticas que podría producir Kanzi. De modo que es probable que nos hallemos ante una mayor necesidad de lascas líticas asociada al repertorio de comportamientos propios de los antepasados de H. habilis que vivieron antes de hace 2 millones de años, y que más tarde ejercieron las presiones selectivas en favor de los mecanismos cognitivos especializados que vemos reflejados en la tecnología olduvayense.

Pero deberíamos pisar con cuidado, porque si bien los útiles líticos olduvayenses trascienden las capacidades cognitivas de los chimpancés, no por ello dejan de ser artefactos extremadamente simples según estándares humanos. Como ha demostrado Nicholas Toth, parece que el objetivo de los productores olduvayenses fue simplemente obtener lascas con cantos afilados, y nódulos que cupieran en una mano, pero con consistencia suficiente para realizar tareas tales como quebrar y partir huesos para extraer el tuétano. En los años setenta, los arqueólogos se dedicaron profusamente a clasificar los útiles olduvayenses en diferentes «tipos», en poliédricos, discoidales y percutores, tipos que son fácilmente asociables a «tipos» de herramientas modernas de uso equivalente, como martillos, sierras y destornilladores. Pero ahora sabemos que se trataba de una clasificación demasiado compleja. Los

útiles olduvayenses presentan, en realidad, una pauta continua de variabilidad. La forma de los artefactos puede explicarse simplemente en función del carácter del nódulo original, la cantidad de lascas producidas y la secuencia en que fueron talladas. No hay evidencia alguna de una imposición de forma intencionada[7]. A destacar igualmente que aunque trabajar la piedra es técnicamente más exigente que arrancar hojas de una rama, los productores olduvayenses, que trabajaron principalmente el basalto y la cuarcita, parecen incapaces de trabajar piedras más duras, como determinadas variedades de cuarzo[8]. Para ello tendremos que esperar al próximo acto de nuestra prehistoria.

Por lo tanto, habremos de concluir con una nota relativamente equívoca. De un lado, la fabricación de útiles líticos olduvayenses requiere una comprensión de la dinámica de fractura que parece trascender la capacidad de la mente del chimpancé. Del otro, el estancamiento que se aprecia en la tecnología olduvayense, la ausencia de forma impuesta y la preferencia por materias primas más dúctiles nos impiden atribuir a H. habilis una inteligencia técnica no superior a unas pocas microáreas.

La inteligencia de la historia natural: ¿la aparición del