Volvamos ahora a la base cognitiva de la interacción social. En 1988 se publicó una importante antología de textos con el título Machiavellian Intelligence: Social
Expertise and the Evolucion of Intellect in Monkeys, Apes and Humans[19]. Editado por Dick Byrne y Andrew Whiten, algunos de los textos ya habían sido publicados originalmente treinta años antes. Todas eran contribuciones favorables a la tesis central, según la cual habría algo muy especial en los procesos cognitivos que se utilizan para la interacción social. Estos procesos posibilitan la conducta social que es, en su esencia, más compleja que cualquier otro ámbito de actividad. En efecto, los autores sostienen que los simios poseen un área separada de inteligencia social, constituida por todo un conjunto de módulos mentales. El término maquiavélico parecía especialmente oportuno, ya que la astucia, el engaño y la construcción de alianzas y lazos de amistad son omnipresentes en la vida social de muchos primates.
Uno de los artículos más influyentes reeditado en ese volumen trataba sobre «la función social del intelecto», y lo firmaba Nicholas Humphrey, autor que ya he mencionado en el capítulo 3. Allí se exponían los problemas que plantea a los primates la vida en grupo y la necesidad de procesos cognitivos especializados para competir con éxito en el medio social. Basándose en estos argumentos, Byrne y Whiten describieron la intrincada red social en la que viven los chimpancés y otros muchos primates. Estos animales tienen que
sopesar una variada gama de opciones competitivas y cooperativas. Los individuos compiten no sólo por compañeros sexuales, sino también (por ejemplo) por recursos alimentarios, un lugar para dormir, su ubicación en el grupo (que puede condicionar su acceso a los alimentos y también sus posibilidades de eludir a los depredadores), compiten por determinados aliados, por compañeros de juego y de espulgo y por el acceso a las crías, y pueden cooperar unos con otros no sólo en materia de apareamiento, sino (por ejemplo) de aseo/espulgo mutuo y de apoyo en los enfrentamientos[20].
Parece mucho más difícil que arrancar unas cuantas hojas de una rama para producir un palo termitero o construir un mapa mental de la distribución de las plantas.
Uno de los mejores relatos de este intrincado tejido social en que viven los chimpancés es la estupenda descripción que hace Franz de Waal de las astucias que pudo observar en el seno de una colonia del zoológico de Burgers, en Arnhem[21]. Explica una historia de ambición, de manipulación social, de privilegios sexuales y de poder que avergonzaría a más de un aspirante a político, y todo ello protagonizado por chimpancés (de mente maquiavélica). De Waal describe, por ejemplo, una lucha de poder que duró dos meses entre los dos machos de más edad, Yeroen y Luit. La historia empieza con Yeroen como macho dominante y se desarrolla a través de una serie de choques agresivos, de fanfarronadas y de gestos de reconciliación hasta el aislamiento social y posterior destronamiento de Yeroen. Para ello, Luit fue cimentando meticulosamente el apoyo de las hembras del grupo, que inicialmente apoyaban a Yeroen. Cuando Yeroen estaba presente, Luit ignoraba a las hembras; pero cuando Yeroen no estaba a la vista les dedicaba atenciones y jugaba con sus crías. Y antes de cada despliegue de intimidación contra Yeroen, Luit intercambiaba sistemáticamente mimos y atenciones con cada hembra, una tras otra, como para estimular su apoyo. El futuro éxito de Luit dependía de una coalición con otro macho, Nikkie. Durante los conflictos con Yeroen, Luit confiaba en Nikkie para repeler a quienes apoyaban a Yeroen, las hembras. Nikkie tenía mucho que ganar con ello. Su estatus inicial en el grupo había sido muy bajo, e ignorado por las hembras, pero una vez Luit fue líder, se convirtió en el segundo de a bordo en la jerarquía, por encima de las hembras y del propio Yeroen. Cuando esta situación fue un hecho, las actitudes sociales de Luit cambiaron. En lugar de ser una fuente de conflictos, se convirtió en el campeón de la paz y la estabilidad. En una ocasión en que las hembras luchaban entre sí, atajó la pelea sin tomar partido y pegó a cuantas continuaron peleando. En otras ocasiones Luit impidió la escalada del conflicto en el grupo dando su apoyo al participante más débil de la pelea. Ahuyentaba a Nikkie, por ejemplo, cuando Nikkie atacaba a Amber, una de las hembras. Tras unos meses como macho dominante, Luit
fue a su vez «depuesto» por Nikkie. Y ello sólo gracias a una poderosa coalición nada menos que con Yeroen.
Los dos elementos centrales de la inteligencia social son la posesión de un amplio conocimiento social sobre otros individuos, con el fin de saber quiénes son los amigos y aliados, y la capacidad de inferir los estados mentales de esos individuos. Cuando vemos que algunos chimpancés se dedican a engañar a otros, podemos estar seguros de que ambos trabajan juntos sin roces. Dick Byrne y Andrew Whiten han ofrecido muchos ejemplos de engaño entre antropomorfos[22], pero citamos sólo los tres siguientes. Se ha visto a gorilas hembras tramando meticulosamente situaciones donde ellas y un joven macho se separan del grueso del grupo, sobre todo del macho dominante, y luego copulan, reprimiendo los gemidos y gritos que normalmente acompañan a este tipo de actos. Los chimpancés machos son igual de astutos. Se ha observado que cuando cortejan a las hembras en presencia de un competidor de mayor rango, colocan una mano sobre su pene erecto para que sea visible para la hembra pero permanezca fuera del campo de visión del otro macho. El engaño se utiliza tanto para robar comida como para robar sexo. Otro incidente que Byrne y Whiten relatan es aquel en que un individuo de alto rango abandona un área donde otro individuo había ido escondiendo diversos alimentos. Se marchó como si no sospechara nada, pero luego se puso a mirar a hurtadillas detrás de un árbol hasta que la comida quedó a la vista. Y entonces la robó.
David Premack, mediante experimentos de laboratorio, ha explorado la naturaleza de la «teoría de la mente» de los chimpancés[23]. En uno de los experimentos, a un chimpancé hembra llamada Sarah se le había dado el control del botón que abría la puerta del armario donde se colocaba la comida y que, una vez abierta, permitía que una de sus cuidadoras alcanzara la comida. Detrás de la puerta el armario estaba dividido en dos mitades, una donde se almacenaban los ítems de comida buenos, como galletas y dulces, y la otra con malos productos, como serpientes de goma e incluso un vaso de heces, ante el cual la cuidadora había gesticulado para darle a entender a Sarah su profundo asco. En el experimento, la cuidadora entraba en la habitación y Sarah pulsaba el botón que abría la puerta del armario para que la cuidadora pudiera acceder al lado que contenía los productos buenos Esto se repitió varias veces. Luego se dejó que Sarah observara a un «intruso», un humano desconocido para ella, que abría de par en par el armario y cambiaba la ubicación de los productos buenos y malos. Cuando la cuidadora entró de nuevo. Sarah estaba al corriente del cambio, y tendría que haber sabido que la cuidadora no lo estaba. Si se abría la puerta del armario, la cuidadora pondría la mano en el lugar equivocado. Pero Sarah pulsó el botón como de costumbre. Premack se basa en este experimento para demostrar que la teoría de la mente del chimpancé es bastante menos sofisticada que la de los humanos. Porque Sarah
parecía incapaz de retener en la mente ni una representación de su propio conocimiento, ni de la cuidadora, que era distinta que la suya. Premack afirma que atribuir a otro individuo un conocimiento que es diferente del de uno está más allá de las capacidades mentales de un chimpancé. Pero ¿no es eso precisamente lo que los chimpancés hacen cuando engañan? El chimpancé «malo» con el pene erecto es perfectamente capaz de representarse su propio conocimiento, el conocimiento del macho dominante y el de la hembra. Sospecho que la razón de que Sarah pareciera incapaz de hacer lo que se esperaba de ella fue porque su cuidadora no era otro chimpancé. Leer las mentes de otros chimpancés puede ser difícil pero posible, pero cruzar las fronteras de la especie y leer el estado mental de un humano puede resultar sencillamente imposible para los chimpancés. Esto nos devuelve a la idea —analizada en el capítulo 3— de que el módulo de la teoría de la mente en el área de la inteligencia social pudo haber evolucionado para facilitar la interacción con otros miembros del grupo social al que uno pertenece. La esencia de una teoría de la mente es que permite a un individuo predecir el comportamiento de otro. La vida social trata de construir y verificar hipótesis, algo muy distinto a la toma de decisiones sobre búsqueda y provisión de alimentos de los chimpancés, que es simple memoria rutinaria. Nicholas Humphrey afirma que esta es la función biológica de la consciencia[24]. En efecto, exploramos nuestra propia mente y la usamos como modelo para hurgar en la mente de otro individuo. Reflexionamos sobre cómo nos sentiríamos y nos comportaríamos en un determinado contexto y suponemos que otro individuo haría lo mismo. Se trata de un argumento muy poderoso en favor de la evolución de la consciencia reflexiva: es elegante, es de sentido común y se adecúa a todo lo que sabemos sobre la evolución. Me persuade de que los chimpancés tienen una autoconsciencia de sus propias mentes. Pero si Humphrey está en lo cierto, esta autoconsciencia sólo debería referirse a pensamientos sobre interacción social. Si la consciencia es un dispositivo para predecir el comportamiento de otros, no hay razón, en términos de evolución, que explique por qué los chimpancés tienen que tener una autoconsciencia de sus (limitados) pensamientos sobre fabricar útiles o buscar alimentos. Con lodo, nuestra propia autoconsciencia parece abarcar pensamientos sobre todos nuestros ámbitos de actividad. A medida que esta prehistoria de la mente se vaya revelando, veremos que la extensión de la autoconsciencia desempeña un papel decisivo en la creación de la mente moderna.
Nuestra próxima tarea consiste en conocer las experiencias de los potenciales doctores Doolittle, es decir, de aquellos que han intentado hablar con los animales.