5.6 Saving memory: generalized core-sets
5.6.1 Generalized core-sets for streaming algorithms
Resolución del enigma de la tecnología del humano
primitivo
Una vez establecido que los neandertales —en calidad de representantes de los humanos primitivos— poseían no sólo una inteligencia técnica, como ponen de manifiesto sus útiles líticos, sino también una inteligencia de la historia natural, tal como evidencian sus actividades de caza y el simple hecho de haber sobrevivido en la Europa glaciar, propongo volver a nuestros cuatro enigmas asociados a la tecnología del humano primitivo. Como se hará evidente, existe, creo, una solución simple a estos enigmas: una barrera entre la inteligencia técnica y la inteligencia de la historia natural en la mente del humano primitivo, una barrera como la de un grueso muro que dividiera dos capillas en una catedral medieval. Veamos cada uno de los enigmas por separado. El primero era la ausencia de útiles hechos de hueso, asta o marfil. Esta ausencia sólo se explica si aceptamos que los humanos primitivos no eran capaces de pensar en servirse de estas materias para fabricar útiles: estas materias, en algún momento, formaron parte de un animal, y los animales se pensaban en el área de la inteligencia de la historia natural. El salto conceptual requerido para pensar las partes animales mediante procesos cognitivos que habían evolucionado en el área de los objetos físicos inertes habría sido demasiado grande para los humanos primitivos.
Los escasos ejemplos de hueso con ligeros cortes y algunas astillas descubiertos en contextos humanos primitivos ¿indicarían acaso que esta barrera cognitiva pudo ser superada en alguna ocasión? Es posible, ya que el hecho de que el hueso apareciera astillado sugiere que pudo ser pensado como una piedra. Por ejemplo, Paola Villa ha descrito un trozo de hueso de elefante procedente del yacimiento de Castel di Guido, en Italia, fechado hace al menos 130 000 años, y que presenta una serie de marcas de percusión como si fuera un nódulo de piedra. Ella lo interpreta como un intento de fabricar un hacha de mano de hueso[40]. Pero los cortes y las astillas del hueso podrían reflejar simplemente la presencia de una inteligencia general, que nunca habría logrado fabricar útiles de una mínima complejidad, ni desarrollar métodos de talla adecuados a esa materia prima. Sería, pues, la inteligencia general la que habría suministrado los procesos cognitivos necesarios para trabajar el hueso como materia prima.
La existencia de una barrera cognitiva que impedía la integración de conocimientos referidos al comportamiento animal y a la fabricación de útiles también parece explicar el segundo enigma, la ausencia de útiles fabricados para actividades concretas. Como vimos anteriormente, los humanos primitivos disponían de útiles de tipo general; no diseñaron útiles específicos para tareas específicas. Para ello, habría sido necesaria la integración de la inteligencia técnica y la inteligencia de
la piel, pero también en la materia prima y en cómo trabajarla. Hemos visto que los humanos primitivos podían pensar de manera compleja sobre cada uno de estos temas, pero no parecen haber sido capaces de pensar en ellos de esta manera y simultáneamente. Cuando se requería una actividad en el área interfacial entre la manufactura y la caza, era la inteligencia general la que se encargaba de ello, resultando en un comportamiento sumamente simple.
Esto explica también el tercer enigma: la ausencia de útiles con componentes múltiples. Entre los modernos cazadores-recolectores estos útiles multicompuestos se producen pensando sobre todo en determinadas presas. Los útiles más complejos se encuentran, por ejemplo, en comunidades como los inuit, y se utilizan para cazar mamíferos marinos (véase más arriba[41]). Cada uno de los componentes está diseñado para resolver un problema determinado relacionado con la localización, la matanza y la recuperación de un animal. Si los animales y los útiles no pueden pensarse de una manera tan integrada, lo más probable es que se fabriquen útiles con sólo unos pocos componentes.
Podría invocarse esta misma limitación cognitiva para explicar el cuarto enigma, el que se refiere al notable conservadurismo en el espacio y en el tiempo de la tecnología humana primitiva. No cabe duda de que el comportamiento de los humanos primitivos varió a lo largo y ancho de la parte habitada del Viejo Mundo en función de los distintos recursos, los distintos carnívoros y los distintos regímenes climáticos que fueron encontrando. Su avanzada inteligencia de la historia natural les permitió adaptarse a los nuevos recursos. Si los chimpancés de Gombe y del Tai pueden tener pautas alimentarias tan diferentes, como vimos en el capítulo 5, cabría esperar lo mismo de los humanos primitivos. Pero, considerada a esta escala, la tecnología exhibe una variación mínima. Y es que, sencillamente, la fabricación de útiles no parece estar totalmente integrada en el comportamiento de subsistencia, y ello se debe sin duda a que el pensamiento técnico era inaccesible al pensamiento sobre historia natural. Como arqueólogos, nos hemos quedado con un millón de años de monotonía técnica que enmascara un millón de años de comportamiento social y económicamente flexible.
Con ello no quiero decir que no hubo ninguna relación entre el tipo de medios explotados por los humanos primitivos y el tipo de útiles que produjeron. Diferentes medios ofrecían distintas materias primas. Si los humanos primitivos sólo disponían de pequeños nódulos, o si la piedra era de mala calidad, el tipo de útiles líticos que podían hacer era muy limitado. Además, el acceso a las fuentes de materias primas dependía del carácter de los desplazamientos de la gente por el territorio, y de la extensión de la vegetación y de la capa de nieve. Cuando el acceso se restringía —en el caso de Francia debido al grosor de las capas de nieve en algunos periodos, o en el caso de la Italia centrooccidental debido a un comportamiento carroñero altamente
extensión de la vegetación y de la capa de nieve. Cuando el acceso se restringía —en el caso de Francia debido al grosor de las capas de nieve en algunos periodos, o en el caso de la Italia centrooccidental debido a un comportamiento carroñero altamente diversificado que redujo las visitas a las fuentes de materias primas—, los humanos primitivos usaban sus materias primas de manera más conservadora. Por ejemplo, reafilando repetidas veces un mismo útil o adoptando métodos de percusión capaces de desprender una gran cantidad de lascas de un solo nódulo de piedra[42]. Pero esta variabilidad tecnológica no es sino un reflejo pasivo de medio ambientes pretéritos y de la manera en que fueron explotados, lo cual requería tan sólo una inteligencia general que facilitara la toma de simples decisiones costo/beneficio sobre la utilización cíe las materias primas[43].
Ahora pasemos a explorar la inteligencia social.