La utilización de útiles por parte del chimpancé está relacionada fundamentalmente con la obtención de alimento. Así que ahora debemos ocuparnos de esa obtención de alimentos y preguntarnos si la mente chimpancé posee una inteligencia de la historia natural entendida como un conjunto de procesos cognitivos destinados a adquirir y procesar información sobre los recursos, es decir, sobre plantas, animales y materias primas.
Los chimpancés parecen sumamente versados en tomar decisiones relacionadas con la búsqueda de víveres, puesto que realizan desplazamientos dirigidos exclusivamente a determinadas manchas medioambientales provistas de recursos alimentarios. Lo más probable es que ese comportamiento derive de un conocimiento detallado de la distribución espacial de los recursos —un mapa mental continuamente actualizado— y de los ciclos de maduración de muchas plantas. Algunas de las observaciones más detalladas sobre el comportamiento «proveedor*» de los chimpancés se deben a Richard Wrangham[11]. Este científico se dedicó a estudiar los chimpancés de Gombe, Tanzania, para concluir que poseen un conocimiento íntimo de su entorno, que son excelentes botánicos y capaces de distinguir sutiles claves visuales sobre las especies animales o sobre la condición de las plantas. Utilizando estos conocimientos botánicos y un mapa mental, los chimpancés eran capaces de dirigirse directamente a manchas medioambientales de plantas ya maduras.
Pero Wrangham no pudo descubrir ninguna evidencia de que los chimpancés puedan encontrar manchas medioambientales provistas de recursos alimentarios sin tener previo conocimiento de su existencia. Para conseguirlo tendrían que poder desarrollar hipótesis sobre la distribución de alimentos, es decir, hacer un uso complejo y perspicaz de sus conocimientos para construir una nueva idea del mundo, que es uno de los sellos distintivos de una inteligencia especializada. Parece más bien que los chimpancés confían en anotar y recordar suficiente información sobre el medio con ocasión de sus desplazamientos cotidianos.
Se ha podido demostrar la existencia de mapas mentales en chimpancés comprobando formalmente su capacidad para descubrir y recordar el emplazamiento de objetos escondidos en lugares cerrados[12]. Pero el estudio más interesante es el que han llevado a cabo Christophe y Hedwige Boesch sobre el transporte de percutores y frutos secos a yunques en los bosques del Tai, en el África oriental[13]. Tras realizar un seguimiento del traslado de piedras de percusión, tras pesarlas y medir la distancia entre árboles, los Boesch dedujeron que los chimpancés poseen una manera espontánea de medir la distancia entre dos lugares del bosque, una manera tan
precisa como las cintas métricas de los Boesch, y que resulta operativa incluso cuando interfieren obstáculos, léase árboles caídos y ríos. Los autores afirman que los chimpancés son capaces de hacer abstracción y comparar distancias entre una serie de lugares asociados, identificar el camino más corto y contar con la influencia del peso del percutor que hay que transportar a la hora de decidir adonde ir. Esta proeza mental resulta aún más impresionante si recordamos que los mapas mentales requieren una actualización continua para dar cuenta no sólo del traslado de percutores, sino también de la actividad de otros chimpancés cascanueces. En efecto, una de las razones de que se produzcan tan pocas decisiones subóptimas se debe a aquellas situaciones en que el chimpancé espera encontrar un percutor en un determinado lugar, pero el percutor ya ha sido trasladado por otros individuos.
Este mapa mental tan bien desarrollado que exhiben los chimpancés del Tai deriva seguramente de la necesidad de explotar recursos irregulares en condiciones de mala visibilidad. Es lo que muchos han propuesto a titulo de explicación general de la evolución de la inteligencia entre los primates[14], antes, evidentemente, de que la inteligencia fuera comparada a una navaja suiza con dispositivos especializados. Estas observaciones de Wrangham y de los Boesch nos sitúan en una posición un tanto equívoca en cuanto a la posibilidad de un área especializada de inteligencia de la historia natural. Determinados elementos sí parecen estar presentes: el interés y la capacidad para crear una amplia base de datos de historia natural y el procesamiento de esos datos para que las decisiones relativas a la provisión de alimentos sean más eficaces. Pero esto, efectivamente, no es sino memoria rutinaria, y no parece existir un uso creativo o lúcido de esos conocimientos. Recordemos que muchos animales, especialmente los pájaros, construyen mapas mentales sumamente elaborados sobre la distribución de recursos[15]. Necesitamos más evidencia acerca de la interacción de los chimpancés con el mundo natural, y eso es algo que podemos encontrar analizando un tipo de provisión de alimentos bastante más excitante: la caza.
En 1989 los Boesch publicaron un estudio detallado del comportamiento cazador de los chimpancés del Tai. comparándolo con la práctica de la caza entre los chimpancés de Gombe y de Mahale[16]. Los chimpancés del Tai parecen ser unos cazadores sumamente avezados; en más del 50 por 100 de los acontecimientos de caza se hicieron patentes intenciones cazadoras muy claras en el seno del grupo antes de que la presa hubiera sido vista u oída. En cambio, todas las actividades de caza de los chimpancés de Gombe y de Mahale parecen oportunistas.
Los chimpancés del Tai se concentran en un tipo de presa, los monos colobo, mientras que los de Gombc y Mahale cazan sistemáticamente el cerdo salvaje, el pequeño antílope africano y el antílope azul. Esta diferencia se explica sólo en función de la ecología, ya que el joven antílope raramente se encuentra en los bosques del Tai y los cerdos salvajes viven en grupos relativamente grandes y son
difíciles de cazar. En cuanto al éxito en la caza, es considerablemente mayor entre los chimpancés del Tai. Este éxito parece derivar del hecho de que cazan en grupos mayores, donde se da un grado relativamente alto de cooperación. Cuando los chimpancés de Gornbe cazan en grupo tienden a perseguir a la presa en diferentes direcciones, lo que tiende a confundirla. En cambio, los chimpancés del Tai se dispersan para ponerse al abrigo de la presa, y por lo general fuera de la vista unos de otros, pero todos permanecen con la atención centrada en la misma víctima. A medida que la caza progresa, se vuelven a reagrupar una vez han acorralado a su víctima.
¿Por qué los chimpancés del Tai muestran un mayor grado de intencionalidad y de cooperación en su actividad cazadora? Los Boesch dicen que responde al reto que supone cazar en un bosque muy denso donde la visibilidad no supera los 20 metros. Pero existe una alternativa a este razonamiento. En los bosques del Tai los chimpancés cazadores dependen de claves acústicas para localizar a su presa. Los Boesch citan varios ejemplos de cómo un grupo de caza cambia de dirección cuando oye los gruñidos de los cerdos salvajes del bosque. En medios más abiertos, como en Gombe y en Mahale, un chimpancé habrá de confiar tanto o más en las claves visuales, como es la vista del animal y las huellas que deja en tierra. Pero las claves visuales pueden ser en sí mismas más difíciles de descifrar para un chimpancé. Es precisamente el caso de los monos vervet del sur de África, que parecen incapaces de reconocer el peligro que acecha cuando ven señales que delatan la proximidad de sus depredadores, como es el rastro de una serpiente pitón o el de un animal recién muerto por un leopardo[17]. Dado que los chimpancés se muestran también bastante deficientes a la hora de extraer consecuencias de las claves visuales —como parece ser el caso[18]—, entonces la caza en medios relativamente abiertos puede resultar más difícil en los medios donde predominan las claves acústicas.
Mi sospecha de que la caza que practican los chimpancés del Tai puede parecer más compleja de lo que es en realidad se ha visto algo reforzada gracias a una curiosa anécdota que aparece mencionada en la obra de los Boesch. Describen un incidente entre un grupo de chimpancés pequeños y jóvenes que habían cazado un antílope joven y estaban jugando con él. Una hembra adulta se unió al juego, y la contundencia del «juego» acabó matando al animal. Pero durante toda la sesión lúdica ningún macho adulto mostró el menor interés y los restos del animal fueron abandonados sin más. Esta conducta parece un tanto extraña dada la excitación que suelen exhibir los machos cuando matan a un pequeño mono colobo. Sería muy difícil imaginar a un cazador humano desaprovechando una oportunidad así; no es la clase de comportamiento que cabría esperar si hubiera estado presente un área especializada de inteligencia de la historia natural.
natural es difícil de determinar. Por un lado, está la adquisición de gran cantidad de información y su procesamiento para tomar decisiones eficaces en materia de provisión y búsqueda de alimentos. Por otro, parece haber una clara ausencia de un uso creativo de esos conocimientos; el comportamiento proveedor parece mostrar un grado considerable de inflexibilidad. Y es sumamente dudoso que los chimpancés sean buenos lectores de la masa de claves visuales disponibles en el entorno. La conclusión más razonable sería atribuir a la mente del chimpancé una microárea que le permite construir mapas mentales, pero no una inteligencia de la historia natural plenamente desarrollada.