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Chapter 4 The Model Checking for Extensions of First-Order Logic

4.10 Baseline Algorithm for Variable Complexity k

4.10.3 Case Analysis on FO with Three Variables

Como ya explicábamos en el marco teórico (ver capítulo 2, p. 52-57), entendemos a la discriminación social como un mecanismo de parte de algunos actores sociales orientado a diferenciar y a jerarquizar a algunas personas y/o grupos sociales sobre otros, con la consecuencia de estigmatizar y excluir a quienes se considera “inferiores”.

Antes de analizar las representaciones que al respecto de este tema ponen de manifiesto nuestras entrevistadas, queremos “volcar” aquí algunos comentarios comúnmente escuchados por nosotros acerca de nuestro objeto de estudio en conversaciones personales, mantenidas con personas conocidas y no tanto, acerca de nuestro trabajo de tesis. Cuando hemos comentado que estamos trabajando con mujeres de Bolivia que viven y trabajan en Mendoza, las reacciones han sido diferentes de unas personas a otras. Además, consideramos que existe cierto cuidado por parte de la gente en general de no mostrar actitudes abiertamente racistas. Así, nos encontramos con personas que consideran que la experiencia es muy interesante y otras que hablan de su conocimiento personal con

personas de Bolivia. En este último caso, los comentarios son los siguientes: en primer lugar, existe una percepción bastante común según la cual las mujeres bolivianas son muy trabajadoras, honestas y sufridas, y hay una especie de compasión por ellas; en segundo lugar y, de cierta forma ligado a lo anterior, existe la idea de que las bolivianas sí son buenas, y se las asocia automáticamente con su “par negativo”, las mujeres peruanas, acerca de las cuales existe una discriminación negativa muy abierta y se las considera ladronas.

Basándonos en los discursos de las mujeres entrevistadas, diremos, en primer lugar, que las significaciones en torno de la discriminación difieren de una mujer a otra de acuerdo a las experiencias personales de cada una. Una diferencia observada en la situación de entrevista se refiere a la manera en que el tema surgió, ya que, en algunos casos fueron las propias mujeres las que comenzaron hablando espontáneamente sobre el mismo, mientras que en la mayoría de los casos la pregunta fue introducida por nosotros. En este sentido, encontramos, si bien no una clara resistencia a hablar de la vivencia personal de la discriminación, sí podemos decir que no es un tema demasiado agradable para las entrevistadas.

De acuerdo a los relatos analizados, la discriminación social ha sido vivenciada de dos maneras: en algunos casos, siendo las propias mujeres objeto de la discriminación social; en otros, presenciando situaciones de discriminación dirigidas a personas de Bolivia. Lo que queda en claro es que las prácticas discriminatorias están siempre de manera latente y que son una situación que recurrentemente rodea a las entrevistadas, si no siempre de manera directa hacia ellas, sí hacia personas que comparten su condición de migrantes bolivianas/os.

Respecto de las reacciones que provocaron en las entrevistadas, tanto la presencia como la vivencia propia de situaciones de discriminación, nos comentaron las siguientes: según el testimonio de María Elena, frente a los comentarios discriminatorios ella ha optado por ser indiferente ya que ese tipo de gente no le interesa y, según sus palabras, la mejor manera de neutralizar ese tipo de agresiones es dedicarse a “trabajar y ponerse ciega y sorda”.

E: Y en ese sentido que me decía recién de la discriminación, yo también quería saber si usted eso lo ha sentido muy fuerte o…

M.E: Uhhh muy mal, porque siempre habrá, discúlpeme, siempre habrá la gente que “ahh bolivianos de mierda, bolivianos”. Yo siempre digo, no hay que meterse con la gente, que diga lo que diga, hay que trabajar. Yo siempre a mi hijo, “hay que ponerse ciega y sorda, y trabajar y trabajar”, porque esa gente que mira mal o habla de vos eso, no nos interesa, hay que trabajar con la frente alto y no pedir nada -pone énfasis en esa palabra- a nadie. Yo soy de eso. Yo como a mis hijos siempre les enseñé eso, ellos han ido a la escuela, tengo un hijo que le falta un año de abogacía y se casó, lo dejó. Ahora él quiere seguir, dice “mamá voy a seguir”, ya tiene 34 años mi hijo mayor, y así que él dice “voy a tratar”. Bien, tiene sus hijos, así que ahí andamos, gracias a dios, bien.

Según los relatos de María y de Lucero, quienes dicen haber presenciado situaciones en las que ellas no fueron objeto directo de los comentarios discriminatorios, sino otras personas bolivianas, sus sentimientos han sido de molestia y malestar pero no llevaron a cabo ninguna acción al respecto. Ante la pregunta de si se había sentido discriminada en Mendoza por su nacionalidad, Lucero respondió:

L: Gracias a Dios no. Me tocaron gente muy buena, muy buena. Donde he ido me tocaron gente buena. Pero sí, acá una vez escuché a una señora que… o sea, como insultando a los bolivianos, o sea, “qué hacen acá, si deberían estar en su país, te quitan el trabajo”. Pero no, yo… Y otro, una vez en un remis. Subí a un remis y el remisero me preguntó de dónde era, por el tono.

E: Claro.

L: Yo le dije que era boliviana. Mirá, el remisero se reconocía, era un señor ya grande y dice, eh… reconoce él, que la gente del campo es todo boliviano, es todo boliviano, es muy raro que veas gente de acá. Y yo creo que también por una parte les hacemos bien (ríe).

E: ¿Y vos ahí qué haces cuando escuchás un comentario, una cosa así? L: Me molesta, me molesta (…) Gracias a los bolivianos que muchos han empezado a trabajar en campo. Ellos fueron los que primeros vinieron al campo y empezaron a sembrar las verduras.

M: Sí, yo más antes sí, pero a mí yo prefiero, a mí nunca me han dicho, yo he escuchado, ¿ve? A otras compañeras mías, a otros colegas míos de allá, he escuchado, “qué boliviana de mierda, qué boliviano de mierda”, yo escuché. Pero a mí no me han dicho. Pero a otra señora que estaba a mi lado le han dicho.

E: ¿Y en esa situación qué… has hecho algo o no?

M: No, porque yo esperaba en una parada así de micro, yo ya me iba subiendo al micro y la señora estaba con dos bebés, tenía una nena chiquita, otro bebé cargado y no sé qué es lo que estaba haciendo el bebé ahí, o la nena será, no sé, pero yo escuche así, yo me sentí un poco… sí, me sentí mal.

Compartimos con Mario Margulis la percepción de los obstáculos que se imponen al investigador al tratar de abordar el fenómeno de la discriminación social con base socioeconómica, en el sentido de que “dado que las formas de discriminación existentes no son siempre abiertas ni explícitas y no se sustentan en ningún marco legal o formal y que, además, en nuestra época ser discriminador es socialmente descalificado y nadie quiere recibir ese mote, los modos de encubrimiento y disimulo son corrientes tanto entre quienes discriminan como entre quienes son víctimas de la discriminación”142. Resaltamos esta última idea del autor porque consideramos importante tener en cuenta que, en los discursos de las personas que sufren o han sufrido situaciones de discriminación, sus apreciaciones en torno de este hecho pueden aparecer, a veces, de manera velada.

E: ¿Y usted cómo ha sentido el trato de la gente hacia usted que es boliviana? ¿Por ahí se ha sentido discriminada y esas cosas o no?

J: No, donde yo vivo nunca me han discriminado. Siempre ellos han sido conmigo… sociables. Porque los saludo, “buenos días señora, buenos días, buenas tardes, buenas noches”. A mí no me gusta hacer amistades. Yo salgo de la casa, voy a la escuela a dejarlos y nada más que me saluden. No me gusta conversar.