Chapter 4 The Model Checking for Extensions of First-Order Logic
4.3 FO Formulas of Quantifier Rank k
Las relaciones de pareja que han establecido las entrevistadas, según las distintas etapas de sus vidas, han sido noviazgos o relaciones conyugales. Denominamos noviazgo a la relación afectiva que vincula a dos personas y durante la cual ambos integrantes de la pareja no conviven. Las relaciones conyugales están definidas por la convivencia que mantienen los dos integrantes del vínculo afectivo. El aspecto que distingue a las relaciones de pareja de cualquier otro tipo de relación afectiva (por ejemplo, amistosas o de parentesco) está dado por el vínculo sexual que une a las dos personas.
En todos los casos, las relaciones de pareja tuvieron inicio durante la adolescencia, alrededor de los dieciséis años. En la mayoría de los casos, las primeras uniones conyugales
de las entrevistadas fueron en sus lugares de origen y con hombres bolivianos. A su vez, mayoritariamente, estas primeras relaciones se disolvieron y las entrevistadas construyeron nuevos vínculos en Argentina, con hombres bolivianos que habían migrado, en algunos casos, y, en otros, con hombres argentinos. Casi siempre tuvieron hijos con estas segundas parejas.
Las relaciones de pareja han tenido una importancia decisiva en cuanto al proyecto migratorio de las mujeres entrevistadas. Nos animamos a decir que, en algunos casos, el mal funcionamiento de las relaciones de pareja ha jugado el papel de factor de expulsión de las mujeres de sus lugares de origen. Como muchas de ellas relatan, se decidieron a migrar porque se habían separado de sus maridos, porque “las cosas no andaban bien” o porque el marido las había dejado. En esos casos, la situación conflictiva a nivel de la pareja fue un factor fundamental para que decidieran dejar sus lugares de origen, aunque tuvieran hijos y un futuro bastante incierto en Argentina.
M. E: “Viví en la frontera de Brasil con mis tres hijos, porque mis hijos, me abandonó el padre de mis hijos, también es boliviano. Me agarré mis hijos, me vine, ojos cerrados (…).”
L: “Yo me separé con el papá, por problemas, no me llevaba bien y por eso es que ando acá.”
Estando en Argentina, el hecho de haberse separado de sus parejas y, por ende, ser madres “solteras” parece haber sumado dificultades a las entrevistadas. Esto lo observamos claramente en el testimonio de María Elena:
M: E: “Yo por eso digo, nunca le deseo que uno se separe, porque ser una madre soltera es muy, una vida, pagar una condena. Yo digo así, porque te pagás la culpa llevando a tu niño a la escuela, encima no tienen documentos los niños, tenés que sufrir mucho, y después todos los chicos te dicen “eh boliviano, que esto…”. No podés hacer nada, ni un trámite, nada. Yo sufrí, por ese motivo he tenido que buscar mi pareja. Por eso me casé, ahora no… a mí nadie me dice nada, trabajamos tranquilos. (…) Eso es lo importante que digo yo. Yo estoy tranquila de haber tenido mis tres hijos. Una mamá,
una mamá soltera, que los crié… nunca el padre de mis hijos se acordó, ¿ve? Nunca, ni yo no… ni lo necesito tampoco. Ahora, cuando mi hijo cumplió 20 años, sí, por ahí dice que le llamó… averiguó dónde estaba. Yo siempre digo, “nunca se pongan enemigos del padre”, son sus hijos, quieren hablar, hablen. Si él quiere venir, que venga, que les hable, es el padre.”
Por este motivo algunas mujeres consideran como muy positivo haber “encontrado” a sus actuales parejas, encuentros que se produjeron mayoritariamente en el contexto laboral.
M. E: “Y en Salta viví muchos años y me casé con un argentino. Hasta el día de hoy sigo viviendo con él. Y él me ayudó a criar mis hijos, gracias a él…”
T: (…) Entonces ahí viví, viví tiempo sola y después encontramos con un señor, que trabajé en panadería, entonces ahí le encontramos.
E: Ahá.
T: Es mi marido, allá de mi pago también, no de mi pago, más allá, el Oruro, él. Sí, también de Potosí, pero…
E: Ah, se encontró acá con un señor de Bolivia. T: Sí, sí, sí, sí.
E: Ahá.
T: Y con él juntamos.
F: (…) De ahí fui, acá llegué, unos día estaba acá al Barrio Flores, de ahí me fui a Ugarteche, de Ugarteche me fui a Tupungato, ah y andando así encontré mi marido (ríe).
T: ¿Ah, acá encontraron con su marido? F: Sí.
T: Yo pensaba que venían allá de Bolivia. F: No.
E: ¿Y él es de Bolivia también? F: Sí, de mi pago, también.
La mayoría de las mujeres se unieron conyugalmente con hombres bolivianos y minoritariamente con argentinos. En este último caso la unión significó la obtención de documentación argentina por la vía matrimonial.
Una de las entrevistadas, Lucero, considera que los hombres argentinos y los bolivianos son muy distintos, siendo estos últimos más machistas. Por eso se considera afortunada de haber formado pareja con un hombre argentino:
E: ¿Y ahora estás en pareja? L: Salgo con alguien.
E: Ah, pero no convivís.
L: No. Lo bueno es que no es boliviano. El hombre boliviano es muy machista.
E: ¿Sí? ¿Y en qué sentido es? ¿De mandar, como se…?
L: Y, por ejemplo, yo toda mi vida de casada me he sentido muy… como hija de él, muy dominada, no sé, no era libre de salir, charlar con una amiga, por ejemplo.
Sin embargo, la mayoría de las entrevistadas volvieron a establecer relaciones de pareja con hombres bolivianos, y en algunos casos de sus mismos lugares de origen. De acuerdo a esto último podríamos pensar que el hecho de formar parte de una misma cultura y compartir también una situación de vida similar (el ser migrantes de Bolivia) son dos factores que incrementan las posibilidades de que dos personas se unan en una relación de pareja.