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Chapter 4 The Model Checking for Extensions of First-Order Logic

4.6 FO with Comparison on Ordered Structures

A lo largo de las entrevistas mantenidas con las mujeres, ellas manifestaron los sentimientos que les provocaron distintas circunstancias atravesadas durante sus vidas. Detenernos en el análisis de las emociones que aparecen en los discursos nos permite profundizar en las significaciones que las entrevistadas enlazan a distintas situaciones

vividas y consideramos que, de esta manera, nuestra comprensión de los fenómenos analizados se enriquece.

Las emociones forman parte del universo subjetivo de las personas, pero consideramos que están profundamente relacionadas con las circunstancias que los contextos socio- culturales imponen sobre las condiciones de vida de los distintos grupos y actores sociales. De esta manera, algunos sentimientos sólo pueden ser propios de quienes vivieron el desarraigo de sus lugares de origen, mientras que otros pueden ser extensibles a un mayor número de personas, como es el caso de las emociones suscitadas por la falta de trabajo, o la maternidad.

En este punto nos resulta interesante la reflexión de David Le Breton, quien, siguiendo a Marcel Mauss139 afirma que los sentimientos no forman parte de una psicología individual, sino que, al ponerse en juego en los comportamientos, los sentimientos son emanaciones sociales que se imponen en su forma y contenido a los miembros de un grupo social inserto en una situación moral determinada. Por lo tanto, los sentimientos tienen una dimensión social y cultural, ya que no son espontáneos sino que están arraigados en normas colectivas implícitas que hacen que sean significantes para los demás. Según Le Breton, “para que el actor tenga sentimientos y los exprese, éstos deben pertenecer de algún modo al repertorio cultural de su grupo”140

.

Desde la postura epistemológica de Le Breton, para los estudios sociológicos se puede abrir un novedoso campo de indagación dirigido a “descubrir este saber difuso que atraviesa las manifestaciones afectivas de los actores y proporcionar evidencia sobre el vínculo social por compartir un hecho simbólico, que cada actor traduce con su propio estilo, pero en un área de reconocimiento mutuo”141

.

Según los discursos analizados, existen varios sentimientos comunes expresados por las entrevistadas. A su vez, estos sentimientos se relacionan con experiencias de vida similares. Si pensamos en un repertorio de las emociones puestas en palabras por nuestras

139

Mauss, citado por Le Breton en: Le Breton, David (2008) “La sociología del cuerpo”, Nueva Visión, Buenos Aires, p. 53-54.

140

Ibídem, p. 55.

entrevistadas, éste estaría conformado, principalmente, por las siguientes: el sufrimiento, la felicidad, el estar a gusto, el acostumbramiento y la dicotomía entre los sentimientos de añoranza/des-acostumbramiento.

La referencia al sufrimiento es común a la mayoría de los discursos. Éste aparece ligado a varias situaciones vividas por las mujeres entrevistadas. Algunas relacionan el sufrimiento con situaciones vividas en Bolivia y otras con el comienzo de sus trayectorias migratorias. Es llamativo que este sentimiento se asocia con circunstancias vividas en el pasado y no con el presente.

Así, entre las experiencias que generaron sufrimiento a las mujeres estando aún en sus lugares natales, se cuentan el no haber podido asistir a la escuela por tener que trabajar, la muerte de sus padres y la separación de sus primeras parejas que, a su vez, son los padres de sus hijos.

F: “(…) Yo de chiquita me pusieron trabajito, yo no conozco mi padre, así que yo vendía pan, caramelos, fruta, de todo me mandaba mi mamá. Así que yo iba junto con ella, pero mi mamá viajaba lejos, y con mi hermana viajamos lejos, ¡muy sufrido allá! Acá estamos bien. Yo le dije a mis hijos, “ustedes se están criando como reyes acá”, les digo, yo, como lo sufrí yo, nadie puede sufrir. Porque yo no conozco mi padre. Por eso no fui a la escuela, también.”

Otras mujeres cuentan haber sufrido luego de dejar su país natal. En este caso, las dificultades estuvieron dadas por distintas situaciones: en primer lugar, la falta de trabajo, situación que cobraba más gravedad al tener hijos bajo su sola responsabilidad; en segundo lugar, el carecer de documentación argentina, lo cual les imposibilitaba hacer cualquier tipo de trámite, conseguir un trabajo digno y enviar a sus hijos a la escuela; por otro lado, otro factor que conllevó dificultades a las mujeres fue el trabajo en el campo, teniendo a sus hijos chicos, situación que todas describen como muy dura y sacrificada; por último, algunas mujeres describen como sufrida la experiencia de comenzar un proyecto de vida en otro país, situación que las expuso a la discriminación, tanto de ellas como de sus hijos en la escuela o de otras personas bolivianas.

M. E: “Uhhhh, yo hice una telenovela, lloré mucho en las calles, no pude conseguir un moneda muy fácil, era muy triste la vida para uno (…) Sufrí tanto, como en todos lados, no hay plata… pero yo gracias a dios, no tenemos riqueza, pero estamos bien, tranquila, trabajando.”

T: “Y ahí trabajé [en la cosecha de arvejas], sufrí muchísimo (se emociona). Con mis hijos sufrí mucho, no tenía ni ollas, nada, no tenía ni… nada.”

Sin embargo, así como las mujeres relataron situaciones muy dolorosas por las que atravesaron, también se consideran felices por otras circunstancias. En este sentido, la expresión de este sentimiento está relacionada a dos motivos: el ser madres y que sus hijos no tengan mayores dificultades, y el hecho de poder trabajar. Estos dos aspectos enorgullecen a las mujeres y les permiten estar tranquilas con las decisiones que tomaron a lo largo de sus vidas, sobre todo la de migrar.

M. E: “El único día, el 25 de diciembre, descansamos, no trabajamos. Nada más. Y estoy muy feliz yo. Agradecida a la vida por todo.”

Con respecto a vivir en Mendoza, todas las entrevistadas manifestaron sentirse a gusto. A las preguntas acerca de qué les gustaba de Mendoza, respondieron que les gustaba la gente y la geografía del lugar. En algunos casos se refieren al clima como un factor positivo, ya que lo consideran muy parecido al de sus pagos. Podemos agregar, por nuestra parte, que el sentimiento de bienestar en la provincia también se puede relacionar con la presencia de familiares y amigos que conforman una “comunidad” en donde la propia cultura se hace presente.

L: “Es linda, es linda, me encanta. La belleza, todo, me encanta Mendoza. De todos los lugares que conocí, me quedo con Mendoza.”

E: ¿Y qué es lo que usted cree que tiene de bueno estar acá?

J: Porque me gusta aquí la gente, es buena. Después… en todo. Me acostumbré.

F: Está limpio Mendoza, a mí me encanta. T: Está bonito, me encanta, es bonito.

Sin embargo, además del “sentirse a gusto” en Mendoza, las entrevistadas hablaron también de acostumbramiento. Podríamos decir que el acostumbramiento ha sido posible porque se sintieron a gusto, pero también puede interpretarse como una adaptación necesaria al lugar de destino para garantizar la sobrevivencia.

J: “Me vine y… me quedé aquí, me gustó Argentina y me quedé.”

E: Y usted, digamos, en la sociedad mendocina, ¿cómo se siente, cómo se ha sentido acá?

J: Aquí me he sentido bien porque hay trabajo. No me faltó trabajo, ni la comida. Siempre he trabajado yo.

Junto con el acostumbramiento a Mendoza, surge en las entrevistadas el doble sentimiento de añoranza y des-acostumbramiento a sus lugares de origen. Por un lado, la mayoría de las mujeres extrañan su país, sobre todo a sus familiares, pero también la comida y en algunos casos vestirse con las ropas típicas de sus lugares natales. Sin embargo, nos cuentan que una vez estando allí sienten que extrañan estar aquí, en primer lugar porque dejan aquí a sus hijos, pero también otras cuestiones relacionadas con el estilo de vida.

L: “(…) me duele que mis hijos no los tengo yo acá, están con el papá.”

T: “Sí, porque sentí mal ya, sentí mal, no, no me gustó nada, nada [Bolivia]. Y no sé, ya no me gustó nada, y la comida me ha hecho mal, no sé, no…”

E: Pero usted, ¿hay cosas que extraña de allá?

J: Sí, a veces. No, pero la cosa es que me hace a mí. Cuando yo me voy allá ya no quiero volver.

E: Ah…

J: Ya me hace difícil para volver. Me acuerdo de los chicos y ahí me tengo que venir volando. Ya no quiero ir por eso, yo. Y los chicos de aquí no quieren irse. Nunca quieren ir para allá. Y por eso…

M: Sí, extraño, por eso voy (ríe). E: Claro.

M: Si no, no iría, no me acordaría más. E: ¿Qué extrañas, la familia o… no sé…?

M: Extraño la familia, por una parte. Después extraño… allá, extraño estar con mis padres, qué se yo, pero ya como acá tengo mis niños, así que no puedo pasar tiempo allá, ¿ve? Voy poco tiempo, quince días o menos. Ya, con lo que ha ido pasado los años, me he acostumbrado como acá también. E: Claro.

M: Acá vivo, si me quedo mucho tiempo allá, a lo mejor no me acostumbro allá. Entonces tengo que ver dónde quedarme.

Estas contradicciones a nivel de las emociones dan cuenta de un proceso de complejización de la identidad cultural y de los sentimientos de arraigo de las migrantes entrevistadas y, como consecuencia de esto, vivencian el estar permanentemente extrañando un lugar.