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1.4 Studies of visual function: processing of different stimulus attributes

1.4.3 Colour Vision

algunas clasificaciones… que permiten dar contenido práctico a las

políticas sociales de lucha contra la pobreza

Para responder a este interrogante, presentaremos algunas clasificación de las PS, o más concretamente de los programas sociales asociados con la pobreza (y asociados a los grupos vulnerables o en riesgo), reconociendo y destacando a la vez que, la idea de las clasificaciones, no es solo una cuestión analítica, una buena clasificación permite, una mirada sistemática de las

intervenciones y acciones, y permite “identificar las nuevas directrices, tendencias y principales

corrientes que se vienen desarrollando en materia de política social” [y en particular aquellas que

se vinculan con el problema de la pobreza -y de los grupos vulnerables-] (Pardo, 2003: 7). En tal sentido, a continuación presentaremos algunas de las clasificaciones presentes en la literatura, a fin de ejemplificar su contenido.

En un trabajo que revisa la situación de los programas sociales que luchan contra la pobreza en Latinoamérica y el Caribe, Pardo (2003) presenta la siguiente clasificación en función de categorías o tipos de programas, que a su vez se integran por diferentes líneas:

a. Gestión de riesgos sociales y vulnerabilidad: Prestaciones de desempleo; Programas de

empleo de emergencia; Protección social y crisis; Asistencia social directa; Asistencia social por emergencia;

b. Beneficios sociales: Transferencias directas de ingresos no condicionadas; Transferencias

directas de ingresos condicionadas; Transferencias de alimentos; Transferencias de otras especies

c. Programas públicos con orientación productiva y empleo: Programas públicos de

empleo; Habilitación laboral; Proyectos productivos; Acceso al crédito y microcrédito, y/o promoción al autoempleo.

d. Fondos de inversión social: Autoconstrucción de infraestructura social básica; Vivienda;

Fortalecimiento de las organizaciones comunitarias

e. Programas orientados a grupos específicos: Niños; Jóvenes; Mujeres jefas de hogar;

Grupos con discapacidad; Adulto mayor; Grupos étnicos; Sectores productivos deprimidos Otro trabajo que presenta una clasificación de programas sociales, es el de Repetto y Sanguinetti, (2001: 7-8), quienes a partir de inventariar los programas de protección social y de lucha contra la pobreza en América Latina y el Caribe presentan un ordenamiento asociado a los riesgos:

a. Reducción de los riesgos: Nutrición; Desarrollo humano focalizado; Capacitación;

Exención de pago de servicios en salud y educación; Fondos de inversión social

b. Mitigación de los riesgos: Microemprendimientos; Seguros de desempleo; Seguros de

discapacidad; Seguros de salud; Seguros de jubilación

c. Alivio ante crisis ya producidas: Empleo temporario; Transferencia en especie;

Transferencia en efectivo; Subsidio de precios; Exención del pago de tarifas de servicios básicos

Un tercer trabajo en torno al tema, tiene que ver con la clasificación que realiza Arroyo (2003, 2006), la cual, nos resulta ciertamente interesante, dado que, la misma se construye a partir de identificar en nuestro país, los programas sociales -o PS- gestionados en el nivel local, que en líneas generales, el autor presenta en los siguientes términos:

a. Asistencia directa, orientada a resolver necesidades urgentes y críticas de la población a

través de la prestación de bienes y servicios. Incluye las políticas de asistencia alimentaria, como por ejemplo provisión de bolsones de alimentos, tickets, comedores.

b. Políticas de desarrollo productivo, vinculadas al fomento de microemprendimientos y a la

capacitación en oficios, a fin de permitir la inserción del las personas en el mundo del trabajo y la producción.

c. Políticas de Promoción comunitaria y fortalecimiento de instituciones, orientadas a

fortalecer espacios comunitarios y de participación ciudadana.

d. Programas de empleo, que si bien no son municipales, sí se gestionan a nivel local.

Finalmente, una cuarta clasificación, la hallamos presente en el trabajo de Raczynski (1995), la cual, a diferencia de las demás clasificaciones, incorpora también como parte de las políticas sociales contra la pobreza, las denominadas políticas sectoriales, tal como se describe a continuación:

a. Políticas sectoriales vinculadas con servicios básicos de salud, educación, vivienda e

infraestructura comunitaria.

b. Políticas de capacitación laboral y apoyo hacia actividades productivas de escala

pequeña.

c. Políticas vinculadas con la organización social y formación participativa y

empoderamiento.

d. Políticas laborales y de remuneración.

e. Políticas asistenciales propiamente, de transferencia de dinero o alimentos.

¿qué decir sobre la implementación de las políticas que luchan contra

la pobreza?

Ahora bien, ¿qué ha pasado con el fenómeno de la pobreza en América Latina? ¿Y qué podemos

decir de las políticas y programas de lucha contra este flagelo? Para dar una primera respuesta al

tema, tomaremos el texto de Filgueira y Peri (2004: 13) donde se destaca, y coincidimos con lo dicho, que: “La persistencia de la pobreza en América Latina no puede atribuirse a la ausencia de

esfuerzos por superarla.” Sin embargo, a pesar de que las últimas décadas en la región, parecieron

volverse “virtualmente un campo destacado de experimentación de políticas económicas y

sociales”, se asume que: “los esfuerzos realizados por los gobiernos (…) fueron insuficientes, mal dirigidos o ambas cosas.”

Esta idea también es señalada por Medina Núñez y Florido Alejo (2005: 6) cuando dicen que, “hay

bastante consenso hasta ahora, de que hay más fracasos que aciertos en el combate a la pobreza, porque es un hecho incuestionable, aunque se utilicen las más diversas concepciones, que la pobreza está aumentando en el mundo entero, en un contexto en donde también la riqueza ha ido creciendo, pero ésta en una dinámica de acaparamiento en pocas manos.”

A su vez, Machinea (2007: 60), luego de analizar diferentes estudios llevados adelante en América Latina sobre programas que luchan contra la pobreza, da cuenta que en la región se presentan al menos tres factores que atentan contra la eficacia de las intervenciones: el condicionamiento del

contexto económico; la falta de continuidad de las iniciativas; y finalmente la subsistencia lo que él llama “debilidades endémicas” de las intervenciones, asociadas con la falta de objetivos claros, la baja articulación pública, el clientelismo político, así como la profusión excesiva de iniciativas que deriva en “superposición de programas, agentes y entidades gubernamentales a cargo de su

ejecución”.

Por su parte Filgueira y Peri (2004: 14) también destacan que, a pesar de no resultar “fácil evaluar

cuándo los esfuerzos de los gobiernos por abatir la pobreza o mejorar la equidad, están por encima o por debajo de lo requerido, pues no existen parámetros objetivos para evaluarlo”, hay evidencia

de que el gasto social en la región, ha evidenciado una tendencia creciente en su comportamiento. En tal sentido, continúan los autores, lo que estos resultados advierten, es la necesidad de replantear no ya, cuánto se gasta, sino cómo se gasta, dado que además: “Es posible reconocer cierta visión

que se abre paso entre los analistas, organismos internacionales y políticos sobre la ineficiencia e ineficacia de los esfuerzos pasados dirigidos a abatir la pobreza y la desigualdad y la necesidad de replantear la política desde otras bases.”

En línea con esto, Raczynski (1995: 12) agrega que: “Al estudiar los programas para combatir la

pobreza no es suficiente [por ejemplo] analizar los esfuerzos de gasto social que un país realiza y la medida en que el gasto efectivamente llega a los sectores más pobres. Es necesario, además, adentrarse [en la definición de pobreza que se tiene, como] en el contenido de las políticas y en la coherencia de los programas con las características de la pobreza y los factores que la condicionan.”

En tal sentido, la autora (Raczynski, 2002: 3) agrega en otro de sus trabajos, lo que entiende son nudos críticos, que dificultan, la puesta en práctica de políticas de superación de la pobreza. Y estos nudos críticos, tienen que ver, en primer lugar, con “La falta de debate y reflexión concretos sobre

los principios orientadores de la política social y de superación de la pobreza; segundo: los

suplir carencias. Asimismo, si bien se acepta [a nivel teórico y de gestión], que es necesario

“buscar soluciones integrales, (…) se segmenta la problemática por área, segmento etario o por institución ofertante, por lo cual las intervenciones se yuxtaponen y tienen dificultades para articularse, con lo que las respuestas terminan siendo parciales. [Asimismo] Se busca promover la participación social, pero ésta es discontinua en el tiempo”, a la vez que se la limita a una cuestión

instrumental.

Finalmente, Raczynski (2002: 3), destaca que: por más que se cuente con programas bien diseños, bien fundamentados y coherentes, al mismo tiempo y en muchos casos, estos diseños se exteriorizan -muchas veces- en la implementación como: “(i) rígidos, estandarizados, predefinidos y priorizan

el logro de productos más que de los efectos e impacto esperado, y sólo a veces abren espacios de flexibilidad para adaptarse a la realidad local; (ii) los niveles regional y local no participan casi en la formulación del diseño de los programas y existen pocos espacios de retroalimentación entre la ejecución y el diseño de los mismos; (iii) el diseño del programa no se detiene a evaluar los requerimientos de apoyo, de comprensión del programa, de recursos y capacitación de los agentes de los cuales se espera la implementación.”

De esta manera, y como consecuencia de la situación descripta, las políticas, los programas y los planes sociales que se diseñan e implementan, para atacar el problema de la pobreza, no responden con justeza al objetivo buscado.

II.2.4- La pobreza como privación… y el derecho de los