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1.4 Studies of visual function: processing of different stimulus attributes

1.4.1 Contrast

examinando con más detalle la pobreza… “también hay una nueva

pobreza”… manifestada a través del concepto de exclusión social?

Asociado a las dificultades de la conceptualización, Fernández (2000: 15) agrega además que: “Las

sociedades occidentales opulentas, que en el período expansivo posterior a la Segunda Guerra Mundial habían soñado con erradicar la pobreza, han visto en los últimos años del siglo XX

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Entre los métodos para medir la pobreza hallamos: el enfoque indirecto basado en el cálculo de la línea de pobreza; el enfoque directo que enfatiza en las condiciones de vida de la población, observando la distancia que se produce entre esas condiciones, y ciertos estándares sociales previamente definidos; y el método integrado, que combina los dos métodos anteriores (Beccaria y Minujin, 1987. Feres y Mancero, 2001. Alarcón, 2001). Asimismo, una discusión crítica a estos

emerger en su interior la llamada nueva pobreza”. Otra cara, que en los términos de Castel se

vincula con “metamorfosis de la cuestión social”, o en palabras de Rosanvallon con “la nueva

cuestión social”.

Este nuevo fenómeno, describe Fernández (2000: 15), se haya caracterizado por la convergencia de procesos vinculados “con la degradación del mercado de trabajo, con la multiplicación de empleos

inestables, [con] el fuerte crecimiento del paro de larga duración, o el debilitamiento de los vínculos sociales que parecen mostrar el espectacular aumento de las rupturas conyugales y el declive de las solidaridades de clase y de vecindad. [En definitiva] Es la otra cara de un capitalismo revitalizado por la globalización de la economía y de un individualismo creciente”.

La emergencia de esta “nueva pobreza”, Kessler y Di Virgilio (2008: 33-34), lo ubican en Europa a fines de 1980, en los comienzos de lo que entienden, es un manifiesto interés por la transformación de la cuestión social, y cuyo punto de quiebre se da, con el increíble aumento tanto del desempleo como de la pobreza, que “afectó a grupos sociales cuya integración parecía hasta entonces

asegurada.” Asociado a esto, los autores destacan también que: “en los últimos años declinó el interés europeo en la noción de nueva pobreza y el concepto que logró instalarse con mayor relevancia intelectual y sobre todo política fue el de exclusión social.”

Con relación a esta nominación [la de exclusión], Paugam (2008), nos recuerda y a la vez alerta que: “Se empieza a hablar de exclusión cuando se advierte que la pobreza es un concepto

dinámico, que no se reduce a una expresión monetaria. La noción de exclusión enriquece la perspectiva de pobreza que tenían los economistas o los actuarios. Pero la palabra se expande demasiado y se empieza a llamar “exclusión” a cualquier cosa, lo que le quita calidad interpretativa.”

En línea con esto, Redondo Toronjo (2008: 3) también plantea que el cambio de término [de pobreza a exclusión], “tiene por supuesto un significado: traduce una nueva manera de

Asimismo, Silver (1994: 3), también advierte de manera acertada que: “En el simbolismo político,

el poder de asignar un nombre a un problema social [no resulta neutral, sino que por el contrario] tiene vastas consecuencias respecto de las políticas que se consideran oportunas para afrontarlo.”

Por su parte, Fleury (1998: 8), enfocándose también en el término exclusión cuestiona que “en la

literatura y en el campo de las políticas sociales, el concepto de exclusión constituye (…) un gran vacío desde el punto de vista teórico, pudiéndose entenderlo mejor como un concepto político- estratégico. Es decir, cuando se pretende llamar la atención acerca de la dramática situación de desigualdad y de pobreza que impera [por ejemplo] en América Latina, se pasa a hablar de la exclusión a la que están cada vez más sometidos grandes sectores demográficos de la región.”

Asimismo, también la autora alerta que: “La falta de una discusión más profunda acerca del

concepto lleva [muchas veces] a definiciones tautológicas”, donde [por ejemplo] la exclusión puede

aparecer definida como un proceso, donde las personas quedan excluidas de… [algo].

Por su parte, y más allá de lo anterior, García Martínez et al (2006: 16), utilizando planteos de Paugam20 (1996) nos recuerdan que: “la exclusión es un paradigma a partir del cual nuestra

sociedad toma conciencia de ella misma y de sus disfunciones, y busca, algunas veces precipitada y confusamente, soluciones a los males que la atenazan. Este paradigma se convierte en dominante después de un cierto número de años, reemplazando al de la lucha de clases y de las desigualdades sociales, que había monopolizado los debates políticos desde el final de la segunda Guerra Mundial.” En tal sentido -continúa García Martínez-, la exclusión cuestiona a la sociedad en su

conjunto, al poner “bajo sospecha el modelo de sociedad vigente, sus sistemas de solidaridad

(institucional, individual y colectiva), su cohesión y sus lazos sociales.”, lo que deriva

[inevitablemente, y por estas mismas consideraciones,] en la necesidad de reflexionar, sobre “la

construcción del vínculo en torno al valor trabajo.”

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Asimismo, Busso (2005: 10) plantea que: “La complejidad que ha adquirido la sociedad mundial y

la velocidad de los cambios en las reglas de juego del proceso de producción, distribución y consumo han puesto de relieve la necesidad de identificar procesos y mecanismos que generan y propagan situaciones de desventajas sociales. [En tal sentido, ocurrió que, la emergencia de esta

turbulencia contextual] (…) chocó con las capacidades heurísticas limitadas del enfoque de

pobreza, por la ausencia de un marco conceptual que lo contenga e integre teóricamente en los problemas más generales del desarrollo” y esto es lo que contribuyó en gran medida, “a que emergieran enfoques más abarcativos como los de exclusión y vulnerabilidad.”

“nueva pobreza” y pobreza tradicional… la necesidad de diferenciar

grupos no homogéneos

Ahora bien, , teniendo como marco de análisis, el contexto internacional vinculado a las principales economías capitalistas, Kessler y Di Virgilio (2008: 35) concluyen que: “al caracterizar fenómenos

novedosos visibles a partir de la década de 1980, la noción de nueva pobreza [o exclusión social] apunta sobre todo a la emergencia de grupos de población afectados por una fuerte movilidad descendente y formas de pobreza diferentes a las conocidas en cada contexto, lo que pone en tela de juicio visiones más bien homogéneas de dichos grupos y plantea la necesidad de diseñar políticas públicas para una población con carencias que es cualitativamente distinta de la población pobre tradicional.”

Del mismo modo, para el caso de los países latinoamericanos, los autores (2008: 35) aclaran que:“Quizás porque la pobreza tradicional persiste y el peso de los sectores medios se ha

considerado históricamente como reducido, la noción de nueva pobreza no ocupa en América Latina el lugar central que ha tenido en otras latitudes. Tampoco en los innumerables estudios sobre la pobreza de los organismos internacionales se registran muchas referencias a ella. Sin embargo, y todavía con escaso protagonismo, la situación de las vulnerables clases medias locales ha estado presente en el debate nacional”, afectadas entre otras cosas, por la crisis de la deuda de

combinación con servicios públicas de baja calidad; y en lo fundamental por la fragmentación del mercado de trabajo de la década del 90. Asimismo, -continúan- en el caso particular de nuestro país, se agrega también -y de manera más que violenta durante la crisis que estalló a finales de 2001-, una nueva gran oleada de empobrecidos, de nuevos pobres, o ¿excluidos?, con la particular característica, que fueron grupos sociales, con más conciencia de lo que les estaba sucediendo. De esta manera, resulta sustantivo reflexionar aquí en torno a las siguientes cuestiones: en primer lugar, el poder que las conceptualizaciones tienen para la interpretación de un fenómeno y para la acción; en segunda lugar, la importancia de diferenciar el fenómeno vinculado con la “nueva

pobreza”, de aquella otra pobreza, en la que han estado colectivos sociales “desde siempre”, y que

aquí, en Latinoamérica y en nuestro país, llamamos “pobreza tradicional”, “pobreza estructural” o simplemente “pobreza”; en tercer lugar, la importancia de diferenciar la problemática, en los países centrales versus los periféricos, donde (tal como comentamos) siempre hubo una pobreza tradicional o estructural; y finalmente el reconocimiento de que, si los diagnósticos son diferentes [porque los contextos y las realidades son diferentes], las recetas, [es decir, las PS propiamente], naturalmente, también debieran serlo.

En línea con este último planteo, Paugam (2008) agrega que: “En las sociedades que no conocieron

esas etapas [las de los países centrales], la pobreza es una situación estable para las personas que nacieron en ella. Es como un destino para quienes nacieron en ella. [y esto, no resulta menor, por

cuanto] A menudo, esas personas están [lamentablemente] equipadas anímicamente para

acomodarse a eso, porque es una condición compartida por gran parte de la población.”

y una última disquisición….una diferenciación entre exclusión y

desigualdad?

Finalmente para cerrar esta parte, presentaremos una diferenciación que realiza Sousa (2003) entre la exclusión y la desigualdad. Distinción que, en palabras de Fleury (1998: 10) tiene la importancia de facilitar la comprensión de “la singularidad del proceso de exclusión como un fenómeno

cultural, además de sus dimensiones [o consecuencias] económicas e incluso políticas [y sociales].”

Para plantear dicha diferenciación, Sousa (2003: 126), comienza reconociendo que, así como Marx, es el gran teorizador de la desigualdad, dado que “Según él [según Marx], la relación

capital/trabajo es el gran principio de la integración social en la sociedad capitalista, una integración que se funda en la desigualdad entre el capital y el trabajo, una desigualdad clasista basada en la explotación”, también reconoce que el gran teorizador de la exclusión es Foucault.

Y luego de esta mención destaca que: “Si la desigualdad es un fenómeno socioeconómico, la

exclusión es sobre todo un fenómeno cultural y social, un fenómeno de civilización. (…) un proceso histórico a través del cual una cultura, por medio de un discurso de verdad, crea una prohibición y la rechaza.” En tal sentido –continúa- mientras que el sistema de desigualdad se asienta de manera

paradójica en el “esencialismo de la igualdad, ya que el contrato de trabajo es un contrato entre

partes libres e iguales, el sistema de la exclusión reside en el esencialismo de la diferencia, ya sea en la cientifización de la normalidad, y por lo tanto de la prohibición, o en el determinismo biológico de la desigualdad racial o sexual”. A su vez detalla que, hay diferentes grados tanto para

la desigualdad como para la exclusión: “El grado extremo de exclusión es el exterminio (…) El

grado extremo de desigualdad es la esclavitud.” Concluyendo a continuación que: el sistema

mundial está atravesado tanto por el eje socioeconómico de la desigualad, como por el cultural y civilizacional asociado a la exclusión.” (Sousa, 2003: 127).

II.2- REFLEXIONES SOBRE QUIÉNES SON LOS

POBRES Y SOBRE LA PRÁCTICA DE LAS

POLÍTICAS DE LUCHA CONTRA LA POBREZA

II.2.1- Introducción

Comenzaremos esta parte con un par de interrogantes: ¿Cuál es la visión dominante de la pobreza

en la sociedad? ¿Existe una visión dominante? Y la respuesta que aquí daremos será la siguiente: la

visión dominante de la pobreza en cada sociedad, relata Solé (2002: X), “es el resultado de un

conjunto de valores, normas e ideas dominantes, que se adaptan a los requerimientos del sistema económico.” En tal sentido, la autora sostiene que en el conjunto de políticas de lucha contra la

pobreza, es posible visualizar coherencia –y no contradicción-, con las necesidades que expresa el proceso de acumulación del capital, lo que lleva a entender a este tipo de políticas en particular, como un conjunto de intervenciones sociales, “encaminadas a reconvertir la pobreza en un

elemento funcional para el sistema o, cuando menos, evitar que ésta se convierta en un elemento disfuncional que dificulte el proceso de desarrollo económico y social.”

De ahí es que la autora plantea que, que en determinadas fases del desarrollo histórico de las sociedades occidentales capitalistas, se niegue la existencia de los pobres apartándolos de la sociedad. Otras veces, se los busque resocializar o sanar, para reintegrarlos nuevamente a la sociedad por considerarse que son delincuentes, desviados o enfermos. En tanto que, en lo que en el texto de Morell (2002: X) se denomina, las más recientes sociedades capitalistas burguesas, “la

tendencia histórica ha sido culpabilizar a los pobres de su propia situación, con lo que se les responsabiliza de las situaciones de precariedad que padecen (a la vez que se evita responsabilizar al propio sistema)”.

II.2.2-

Pobres,

haraganes,

incapaces,

criminales…