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2.3 Summary

3.1.9 Other Compressors

Un aspecto importante en nuestro sistema educativo es la evaluación de los aprendizajes de los alumnos, misma que ha tenido diversos matices acordes al momento histórico-político vigente, la evaluación educativa a pesar de ser tema de discusión en muchos foros, seminarios y talleres, aún está llena de interpretaciones diversas, de omisiones y simulaciones.

En el nivel preescolar la evaluación educativa se ha postulado por lo menos en el discurso como cualitativa, integral y formativa, sin embargo, es continuamente salpicada por paradigmas de la evaluación en otros niveles educativos que hacen posible la existencia de instrumentos poco

fundamentados en las ciencias educativas; actualmente la evaluación en preescolar corre el riesgo de perder su esencia pedagógica en perjuicio de los niños preescolares.

De acuerdo con (Cummings, 1990), la evaluación en la práctica ha tenido a lo largo de la historia, el alimento de ideas y circunstancias socio-políticas propias de cada cultura, es decir, el empirismo en la evaluación corresponde a necesidades sociales más que pedagógicas, como menciona (Díaz Barriga, 2000), es la política neoliberal y no la teoría educativa lo que sustenta gran parte de la evaluación en México, agregando que en la realidad la evaluación cumple con la función de control más que de reflexión sobre el hacer docente.

En general las acciones educativas son alimentadas por algunas ideas, modelos educativos, mezcla de enfoques, teorías, que es posible que la

educadora no reconozca, así ocurre que realiza una evaluación empírica muy semejante a la que vivió como alumna o repite esquemas aprendidos de otras docentes, que resultan contrarios a las propuestas actuales, derivadas de la pedagogía.

Dentro de los aspectos negativos que inciden en la evaluación y que no están dentro de las competencias directas de las educadoras, se encuentran: las presiones sociales y políticas, las tendencias evaluativas de las autoridades educativas, el limitado presupuesto al sector educativo, las políticas de gobierno y el momento histórico que se viva.

La evaluación educativa es una actividad compleja, única, humana y muchas veces, mal interpretada como la última fase del proceso educativo, en una estructura lineal, pero no integrada, actualmente no se ha construido de

manera general, una cultura de evaluación, por muchas razones, entre ellas porque como dice (Díaz Barriga, 2000), la evaluación fue una palabra que elegantemente sustituyó a la palabra control. Al respecto Casanova define a la cultura de evaluación como una:

Actitud vigilante de los resultados de las acciones propias y la asunción de la responsabilidad que corresponde a cada uno, la disposición a que nuestras acciones sean juzgadas por otros y la obligación de emitir juicios-siempre basados en información confiable encaminados a la superación de problemas antes que a la descalificación (1998, p. 13).

La situación política e histórica actual del país puede limitar el desarrollo de la cultura de evaluación porque implica tocar y mover las estructuras de poder a todos los niveles, sin embargo es parte del compromiso asumido por cada docente ante sus alumnos, como verdadero agente de cambio, para ello necesita además del compromiso, acceder a una formación profesional

constante que le permita modificar su ser y hacer.

El tipo de evaluación que se efectúa en las aulas, tiene relación directa con la práctica educativa que se lleva a cabo, de acuerdo con (Díaz Barriga y Hernández, 2002), la evaluación determina la enseñanza y existen diversos aspectos en los que el educador puede influir, como: la concepción sobre la forma en que ocurre el aprendizaje, el conocimiento de las características y procesos de desarrollo de los alumnos, la actitud y compromiso hacia el trabajo,

la auto evaluación, la actualización docente y el tipo de formación (Casanova, 1998), argumenta que es necesario reformar la evaluación si se pretende reformar la educación, además de señalar que la educación en su conjunto debe poseer una visión futurista, para responder a las situaciones que los alumnos tendrán, siempre rescatando la dignidad de la persona.

La auto evaluación, actualización docente y el tipo de formación son aspectos interrelacionados entre sí, la auto evaluación es una disciplina que tiene que comenzar en lo personal, es voluntaria, requiere de honestidad y es importante porque permite aprender de los errores, como menciona Díaz Barriga y Hernández: "La evaluación puede describirse como un proceso continuo de reflexión sobre el proceso de enseñanza-aprendizaje. Sin la evaluación no sería posible la comprensión ni la realización de mejoras en el proceso instruccional” (2002, p. 424).

La auto evaluación es el antecedente de la coevaluación entendida esta última, como un asunto de valoración y reflexión compartida sobre el proceso enseñanza-aprendizaje, permite mejorar la práctica educativa, como lo plantea (Casanova,1998) quien propone que después de la auto evaluación, como ejercicio de reflexión personal, como una introspección, es necesario acercarse a la coevaluación, donde docente y alumnos valoren todo el proceso, aunque ello implica naturalmente romper con el rol tradicional del maestro como sabio incuestionable.

Aquella educadora que tenga el arrojo de implementar estos pequeños pero significativos cambios, de compartir con colegas, alumnos y padres de familia los aprendizajes logrados, puede no sólo mejorar su practica educativa sino posibilitar en los niños la capacidad de construir sus aprendizajes, como resultado de todo un proceso largo pero fructífero, pues permite el desarrollo de la meta cognición en los estudiantes y la toma de decisiones, además de la capacidad de resolver problemas reales (Díaz Barriga y Hernández, 2002).

El fomento para el desarrollo de una cultura de evaluación requiere de un programa de formación docente que como menciona (Díaz Barriga y

Hernández, 2002), asegure la pertinencia, la aplicación y permanencia de todo lo aprendido y necesita de tres aspectos: uno se refiere a profundizar sobre el marco teórico y conceptual, otro menciona la importancia de la reflexión crítica de la práctica educativa y el último destaca la generación de prácticas

educativas innovadoras, nuevamente el cambio en la práctica educativa depende de la capacidad docente para transformar la evaluación desde el enriquecimiento de su teoría aplicada. Con esta base es que se implementan los espacios de reflexión acordes a los principios de la investigación acción, con el personal participante.

De acuerdo con ( Díaz-Barriga y Hernández, 2002) en la evaluación no sólo debe existir el diálogo como posibilidad, sino como requisito que permite valorar un mismo acto (la educación), desde diversos puntos de vista, esto es,

el inicio a la coevaluación y la auto evaluación en un continuo diálogo y reflexión de todo el proceso enseñanza-aprendizaje.

Una docente acostumbrada a pensar y reflexionar sobre su hacer diario siempre encontrará un breve espacio para retomar el rumbo y fortalecer el aspecto pedagógico de la evaluación en conjunto con sus alumnos, a veces dicho espacio de libertad y responsabilidad será todo un reto para sembrar una nueva visión: La creación de una cultura de evaluación acorde a la naturaleza humana.