Chapter 2 Literature Review
2.9 Computer-based simulation in School Education
Dado que la religión invade y es invadida por todos los aspectos de la vida guiando la vida social, y que la relación con los espíritus es de descendencia directa, el término identidad está ligado íntimamente a la religión y será interiorizado a través de ésta.
Mediante rituales se conocerá el linaje y el mito del antepasado común que hermanará a aquellos que lo compartan y determinará quiénes son aliados y allegados conformando la identidad personal y social del sujeto. Pero además, en las ceremonias de diferente envergadura y participación social, aprenderá sus
círculos de pertenencia en función de la proximidad que marca la exclusividad de asistencia al culto y su papel dentro del mismo.
Entre los tsonga, encontramos dos elementos básicos que conforman los rituales colectivos y que comparten muchas otras tradiciones religiosas:
Por un lado tenemos el elemento tradicional, general, común, conocido, identificado y esperado por todos: el ritual;
Pero por otro lado tenemos un elemento más particular en el que he hecho hincapié a lo largo del texto, es la parte dedicada más concretamente al espíritu en cuestión y definido por la exclusividad o categorización de la persona en vida. Este otro ritual consiste en compartir en su memoria, mediante acciones simbólicas y/o fetiches, algo que le haya gustado en vida y que se supone que le hubiera gustado hacer ahora. Los vivos lo hacen por él ante su imposibilidad, es el homenaje.
Ambas partes son indispensables y se viven de manera conjunta pero quizá el ritual se puede vincular más a la parte social, de unidad y presencia frente a la ausencia y en la que cualquier persona puede ser partícipe sin vinculación directa con el espíritu; mientras que el homenaje es la base de la respuesta existencial y la necesidad de diferenciación, especificidad y perdurabilidad. En todo caso las dos partes se encuentran mezcladas continuamente y guían los pasos de la ceremonia haciéndolas por un lado similares y por otro poseedoras de especificidades que manifiestan el carácter individual en la relación con cada uno de los antepasados, todo ello dentro de la exaltación del linaje.
Al diferenciar entre las ceremonias en las que predomina el componente religioso de aquellas en las que predomina el componente social para encuadrarlas dentro de un capítulo u otro, he tenido en cuenta cómo se integran estos dos elementos de que se compone la ceremonia. En concreto, podemos diferenciar en función del receptor del homenaje, que es el centro de la ceremonia (aunque sea cuestión de predominio no de exclusividad):
En este sentido tenemos que las ceremonias que hacen mayor hincapié en la parte social, por su finalidad y por su apertura, son aquellas en las que esta centralidad es material y la protagoniza una o varias personas vivas (el precio por la descendencia y la unión familiar en el lobolo, el tributo al jefe en la xicúa o el linaje de forma general pero expresado a través de la familia y de sus relaciones con aliados, como ocurre en la ceremonia del canhú).
En cambio, las ceremonias de palhar y mhamba en las que destaca la vinculación religiosa, es porque la centralidad de la ceremonia corresponde a uno o varios espíritus que son para los que se hacen las ceremonias y los que las justifican (la centralidad es el sacrificio, que es su tributo y encarnación, y participar de su distribución).
En este sentido, las ceremonias funerarias quedarían en un escalafón intermedio, como de hecho así son: una transición con presencia material y espiritual. Progresivamente predomina la parte religiosa en las ceremonias de los seis meses y del año, que con el final (social) del luto se establece la integración en la nueva situación (tanto de vivos como del muerto).
Mediante los rituales y las ceremonias estamos marcando y conociendo la identidad nuestra, la de los protagonistas y la del grupo en general. Realmente las ceremonias son reuniones de personas que comparten un pasado común o se identifican con ello. Por tanto, en las ceremonias hay multitud de rituales y símbolos identitarios: desde el ensalzamiento del apellido y nombre del linaje hasta rituales conjuntos y maneras de actuar. Estos rituales simbolizan mitos que clasifican a las personas dentro del linaje diferenciando a la vez que uniendo a sus componentes frente a los que no pertenecen al grupo.
“Un mito determinado no corresponde necesariamente a un determinado ritual, pero hay sociedades donde los mitos son dramatizados en rituales.” (Hicks 2002: 29)
En este sentido, dentro de los rituales, encontramos toda esa significación que ordena y da una identidad al grupo y a las personas dentro del mismo. Algunas de estas identidades relevantes y comunes a los diferentes grupos del sur de Mozambique las hemos revelado ya, como es el caso de los curanderos, o la
hanani o tía paterna. Otra figura relevante común a toda la región es la figura del shará que, a nivel
mismo nombre tiene un trasfondo mucho más profundo: cuando dos personas tienen una misma nominación deliberada (el nombre lo determinan los espíritus teniendo en cuenta las circunstancias de la persona y su nacimiento, no es al azar o por gusto, define a la persona) supone que comparten identidad. El shará se produce cuando nace un niño que dará continuidad a otra persona, será su representante, su delegado en su ausencia temporal o definitiva y tendrán una vinculación especial. En las ceremonias será el encargado/a de hacer las ofrendas al espíritu de su shará y marchará al frente guiando la comitiva (aunque en muchos casos sean niños y tengan que ir acompañados de sus padres porque no saben bien qué hay que hacer – Ver anexo mhamba-).
En la definición de identidades particulares también hay que tener en cuenta las de los antepasados y aquellos otros espíritus allegados que se manifestarán en diferentes ceremonias. La identidad de estos espíritus quedará manifiesta por la manera de poseer el cuerpo del curandero que reproducirá su voz y la lengua que usase, sus gestos y andares y las danzas y canciones que le gustasen y en definitiva todas las costumbres que le identificaban. En este sentido tienen gran relevancia los fetiches que son los objetos que se conservan de cuando vivía y aquellos que se le han ido ofreciendo en ceremonias si así los ha requerido, y, a nivel identificativo, las capulanas como símbolo identitario general: las capulanas son una especie de pareo de algodón que constituye la prenda de vestir tradicional. Al ser la prenda común de todos los pueblos que han convivido en la zona, es a través de la capulana que vista el espíritu como vamos a tener información de qué espíritu se trata y de dónde viene. Realmente cada espíritu lo que busca es expresar su identidad a través de la forma de vestir aunque sea la capulana, dentro de sus variantes, la prenda común a la mayoría de los espíritus, pero la cuestión es simbolizar y hacer evidente esa identidad a través de algo visible (en el caso del árabe que aparece en el documental del anexo
mhamba vemos cómo lleva puesto su traje representativo, pero también puede ser un objeto que porte o
algo que indique la actividad o peculiaridad que le identificaba o diferenciaba del resto).
Además, entre los asistentes a la ceremonia este simbolismo también se tendrá en cuenta: las mujeres siempre visten capulanas y va a depender el tipo según la ocasión; pero también hay personas en la ceremonia que visten capulanas, como los curanderos (además del momento en que son poseídos por el espíritu) y otras personas relevantes (shará, viuda, cabeza de familia, alguien elegido por los espíritus para la ocasión…) que indican la relación con el espíritu en cuestión o el estado o momento de la ceremonia que se está viviendo. A este respecto, una informante identificaba las capulanas en función de las ceremonias funerarias de la siguiente manera: capulana negra significa muerte; roja que está muerto/a pero en la sepultura; y blanca es cuando vuelve el espíritu a casa. Quedan así identificados estos tres colores con los tres estados de la muerte (cambio de estado; luto-peligro/calor-limbo; reintegración en el linaje).
En esta diferenciación de funciones e identidades individuales se ensalza también la base de la que todos parten, que identifica al grupo con sus orígenes a través de la manera común de hacer las cosas: como sus antepasados. Se hacen según indican los espíritus pero también hay similitud y asimilación de los gustos y costumbres actuales, se comparte la finalidad básica de interpretar la vida de los antepasados buscando recrear las facetas placenteras para darles satisfacción a partir de las cosas que disfrutaban en vida y otras que ahora les pueden ofrecer simbólicamente. Todas estas conductas traerán como resultado la unión de los asistentes y la asunción de una identidad común que va a forjar una serie de valores comunitarios y una diferenciación con otros grupos.
Una cuestión relevante es la que concierne al culto en las mujeres en una sociedad patrilineal como la del sur de Mozambique. En este sentido, es obvio que el linaje al que pertenece la familia es el del padre y, por tanto, los espíritus en los que se entrará en contacto son los de ascendencia paterna que son además los del hogar en el que vive la familia. Sin embargo, la familia de la madre no es una extraña sino una aliada en la que además hay matrimonios preferentes (aunque hoy en día las relaciones no se guíen tanto por eso). En la vida cotidiana, por un lado es normal que la mujer se vea alcanzada por las demandas, protección y obligaciones con los espíritus de su linaje, de hecho en las ceremonias ella sería poseída por sus espíritus (la posesión es ascendente en el linaje, sólo los curanderos tienen capacidad de hacer que sus espíritus den paso a otros). Pero aún hay más si contamos que en general tienen un papel muy relevante en el contacto con esos espíritus, ya que son las tías paternas de su linaje.
“Como la mujer es extranjera en el linaje de su marido, los tinguluve maternos no son invocados directamente. Así, si éstos reclaman los sacrificios, la mujer debe avisar a su familia de origen para que sea realizado el ritual dedicado a estos espíritus.” (Loforte 2000: 229)
Esta situación es asumida por los integrantes del linaje al que pertenece por lobolo, y en cuyas ceremonias la mujer también tendrá importancia, sobre todo si llega el momento en que fallecen los hombres de su generación y es la más vieja, en ese caso será la más influyente del linaje. Pero fuera de esa situación, es común que en ciertas ocasiones su marido y/o hijos asistan a ceremonias de la familia de ella, tanto para acompañarla a rendir tributo como para mantener y fortalecer la alianza (además de las obligaciones sociales) entre ambas casas.