Chapter 3 Methods for the evaluation of learning interventions
3.6 Tools for data collection
La conquista territorial que protagoniza Portugal en 1895 derrotando al imperio de Gaza se traduce en nuevas relaciones con las colonias inglesas del Cabo y Natal así como con el Transvaal, ya que se deben establecer nuevos acuerdos para que la migración tsonga siga abasteciendo de mano de obra tanto a minas como a plantaciones, y Portugal se instaura como regulador y beneficiario de este tránsito que se produce desde su territorio. No quiere decir que los jefes tradicionales de los diferentes grupos del sur no se vean beneficiados con la recaudación de impuestos y pleitesías, sino que ahora es el gobierno colonial el que controla el tránsito y la recaudación a través de los régulos que también se llevarán su parte (aunque, en ocasiones, estos régulos eran elegidos e impuestos por el gobierno colonial al margen de la autoridad establecida anteriormente y de las leyes tradicionales de herencia de las jefaturas). En este sentido se fue promoviendo y facilitando la migración hacia las minas del Transvaal favoreciendo el desarrollo de dicha industria que traía un doble beneficio: por un lado la recaudación obtenida de los trabajadores que iban a aquella zona a trabajar y, por otro, que el puerto de Lourenço Marques tenía su principal negocio en la progresiva utilización que de él hacía el estado boer según iba desarrollando su industria y que se incrementó desde la finalización del ferrocarril uniendo el Transvaal con Lourenço Marques en 1894. Así, el entonces gobernador de Mozambique Mouzinho de Albuquerque, legaliza la migración y regula las cantidades que tanto los trabajadores como los agentes reclutadores deben pagar, justificando dicha legalización en base a la incapacidad del gobierno y del capital portugués de controlar y emplear a la mano de obra local para evitar la migración clandestina y asumiendo que la migración garantiza la entrada de divisas y el desarrollo del comercio e infraestructuras como el puerto o la línea férrea en el sur de Mozambique (ver: Covane 2001: 101)
En 1897 se llega al primer acuerdo entre el gobierno colonial portugués y el del Transvaal. Al poco tiempo se funda la WENELA (Witwatersrand Native Labour Associations) en el Transvaal, que permitirá la regularización de los salarios y se encargará del reclutamiento del total de los trabajadores de las minas. Según explicaba el responsable de la oficina de Maputo en 2008, por el carácter racista que se le ha atribuido a las siglas al incluir la palabra “native” hoy se llama TEBA (The Employmnet Boureau of Africa).
En estos años la migración se extendió notablemente ya que además de las causas que venían produciéndose y de la facilitación del reclutamiento hubo una migración masiva de grupos ligados a Ngungunhana y de los guerreros del imperio de Gaza tras haber sido derrotados. Con el nuevo gobierno se instauró la prohibición de la caza y de las armas de fuego y se produjo una deliberada introducción de la economía monetaria mediante el pago de impuestos y la extensión de la red de tiendas con bienes de prestigio gestionadas por portugueses y asiáticos. Además, en estos años, hubo un descenso significativo del ganado por una epidemia y por el gran consumo durante el tiempo de guerra, y este hecho dejaba a muchos hombres sin ocupación y disponibles para ir a buscar ese prestigio a la vecina Sudáfrica. Como, además, el gobierno portugués necesitaba mano de obra barata para construir el puerto de Lourenço Marques y otras infraestructuras y no podía competir con los salarios de las minas y las plantaciones, exigió a los régulos el envío de trabajadores temporales para trabajar de forma gratuita o casi gratuita en las obras locales, evitando que perdieran vínculos con el campo para poder mantener
salarios míseros manteniendo su subsistencia a través la producción rural (ver: First 1998: 27). Este hecho reforzó la decisión de emigrar huyendo de tal obligación.
Tras la guerra Anglo-Boer que se produjo en el Transvaal y que hizo regresar a muchos de los trabajadores mozambiqueños a su hogar y a reinsertarse en la economía tradicional, en 1901 se establece un nuevo tratado con el nuevo gobierno colonial inglés para el envío masivo de mano de obra necesaria para los planes de desarrollo industriales y de infraestructuras del nuevo gobierno. En 1909 el gobierno portugués se aprovecha de esta dependencia de la mano de obra mozambiqueña para exigir la condición de que entre el 50 y el 55% de las mercancías que genere dicha industria continúen siendo transportadas a través del puerto de Lourenço Marques. Esta maniobra reportó un aumento progresivo de los beneficios aduaneros y tributarios y provocó que Lourenço Marques pasase a vivir un desarrollo notable en estos años de principios del siglo XX a través de la continua ampliación del puerto y sus actividades así como el desarrollo del ferrocarril y de empresas en los alrededores con fines agrícolas y comerciales. Otros lugares como Xai Xai también alcanzan gran importancia por ser lugares de paso y reclutamiento de la mano de obra del interior. En esta convención se establece además que los contratos de los emigrantes fueran de un año renovables a un máximo de dos, oscilando este tiempo ligeramente en los siguientes tratados de 1912 y 1922 que buscaban, sobre todo, regular el número de trabajadores, mantenerlos trabajando lejos de sus hogares y que parte del salario fuera pagado al regreso del emigrante a Mozambique con el fin de desarrollar el comercio local de las mercancías portuguesas.
En 1913 las autoridades sudafricanas, coincidiendo con el parecer de las portuguesas, establecen que el paralelo 22º (coincidente con el curso del río Save) sirva de límite geográfico al reclutamiento por la alta tasa de enfermedad y mortandad que se da en el transporte y trabajo de las personas al norte de esta latitud. Aún así, las personas del centro y norte del país a menudo viajaban al sur a inscribirse en las oficinas de la WENELA o para pasar de forma clandestina, lo que además les daba la oportunidad de escoger el lugar de trabajo y huir a la fiscalidad colonial.
A pesar de las exigencias y el descenso de los salarios relativos a este periodo, la emigración legal experimentó un incremento notable: de 25.000 trabajadores en 1896 a 96.657 en 1929 (según datos de: Fialho 1998: 108). El recurso a la migración se transformó en una estrategia masiva que se autorreproducía y tanto los nuevos hábitos de consumo como la salida de la fuerza de trabajo transformaron la economía del sur del país:
“…La transformación en la división del trabajo entre hombres y mujeres en la economía campesina (siendo los hombres liberados para el trabajo asalariado), la reducción en el acceso a la tierra en algunos casos y la dependencia en la compra de instrumentos de producción como mercancía. Todo bloqueó el desarrollo de fuerzas productivas y volvió a estas comunidades dependientes del trabajo migratorio. Por último, los nuevos hábitos de consumo, como el alcohol y los textiles importados - estimulado por productores y comerciantes en Portugal y en la colonia-, aumentaron la dependencia en relación al rendimiento proveniente del trabajo migratorio.” (First 1998: 27)
Sin embargo, la llegada de la monetarización y de divisas a las aldeas de las que procedían la mayoría de los trabajadores no trajo consigo un desarrollo, una inversión o un comercio que mejorase las condiciones de vida locales, sino que el comercio estaba en manos externas sin posibilidad para los locales que empleaban sus ahorros en la adquisición de bienes, lujos y ostentación:
“Durante todo este periodo, como también sucedió en el anterior, la totalidad del dinero se gastaba en sectores no productivos, sin ayudar al progreso económico o incluso tecnológico. Una gran parte era para comprar regalos que consistían en ropa y bisutería que eran distribuidos en la red de parientes y, principalmente, para invertir en intercambios matrimoniales, el resto era para pagar el impuesto de cabaña y tasas tradicionales y para invitar ostentosamente a bebida.” (Fialho 1998:108).