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Chapter 4 Experimental evaluation of the effectiveness of using Interactive

4.3 Interactive Agent-based Simulation (NetLogo version)

4.3.1 Model outputs

Como nos explica Ferguson en relación a los migrantes en las minas de Zambia (Gupta & Ferguson 1997: 146) hay una doble perspectiva con respecto a lo externo en muchas comunidades rurales africanas: Por un lado se identifica lo externo con el progreso asumiendo una incapacidad para provocar desarrollo propio que quizá se vea acentuada por la marginación e infravaloración practicada por el colonialismo que destruyó el pasado y alejó un futuro que sólo es posible si llega del exterior: lo positivo ha de venir de fuera.

Pero en este mismo razonamiento encontramos esa otra parte que se centra en que lo puro, natural, correcto y moral es lo propio, mientras que los nuevos valores urbanos y externos vinieron y vienen a corromper, destruir y contaminar.

En esta atribución tanto de lo positivo como de lo negativo al exterior, más que una conclusión calificativa, lo que encontramos como conclusión es el uso de un doble discurso que pone de manifiesto la baja perspectiva de control de sus propias vidas: reivindican un pasado romántico condenado a ser transformado porque el ideal de futuro y la calidad de vida está fuera, lejos de este presente.

En este sentido hay una ilusión por llegar a ese modelo de vida, de traerlo a su situación (porque por otro lado hay fuertes lazos que les ligan al lugar pero que, como veremos más adelante, también subrayan esta idea) sin contemplar un progreso autogenerado.

Esta idea de progreso se construye a partir de una propaganda por parte de ciertos valores que prometen confort y calidad de vida a través de un modelo de vida basado en la estabilidad y en el consumo de productos que facilitan nuestras vidas. Esta idea llega a todos sin distinción a través de las noticias de fuera y del imaginario colectivo e invita a todos a acercarse a estos modelos en la medida de las posibilidades de cada uno, porque la cercanía a ellos se vende como felicidad a través del bienestar económico.

“Es usando los recursos de la tradición mítica como el informante produce un modelo actual del mecanismo por el cual la emigración se reproduce… La falta de reconocimiento colectivo de la verdad objetiva de la emigración es la mediación necesaria que permite a la necesidad económica ejercer su poder.” (Sayad 2004: 26)

Por tanto se han creado “paraísos” que ejercen un poder de atracción y a los que todos quieren ir por lo que simbolizan. En África Austral el principal es Sudáfrica y en el sur de Mozambique ir al “

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Djoni

“ ” (Johannesburgo) es cumplir con ese sueño. También hay ocasionalmente ofertas de trabajo y migración hacia otros lugares como Zimbabwe, Swazilandia o el norte del país, pero las aspiraciones se limitan a cumplir el contrato y volver o a utilizarlas como medio. Sin embargo la llegada a Sudáfrica es un fin en sí misma y se intenta alargar una estrategia productiva allí partiendo de cero, teniendo como primer objetivo llegar y el resto ya irá saliendo adelante. En este sentido hay una confianza en ese lugar de destino asociada a su idealización y la creencia en el éxito personal y de la red social en que se mueve. Pero, al margen de las expectativas de mejora económica, la atracción continúa por tratarse de un lugar idealizado en sí mismo. Más allá de las consecuencias que pueda traer el paso por allí, el hecho de llegar supone alcanzar un destino más allá de la comunidad, contiene esa dosis de extraterritorialidad que Sarró sitúa como condición a la aventura (Sarró 2007), supone un cambio cualitativo al acceder a un nuevo espacio remoto y mítico al que no todos tienen acceso. En este sentido podemos ver cómo hay casos de personas que quieren ir a Sudáfrica aunque objetivamente sólo tenga inconvenientes, por ejemplo: menores de edad en busca de sustento y aventura aunque avocados a la explotación; o muchas mujeres de emigrantes que quieren visitar Sudáfrica para pasar unas semanas a pesar de tener que realizar una inversión y asumir un riesgo para pasar allí el día sin hacer nada, dependiendo del marido que trabaja siempre y encerradas en una chabola consumiendo comida moderna prefabricada y esperando un día que libre para que la lleve a un centro comercial.

Hay una voluntad de conocer el mundo del que tanto se oye hablar y al que todos van y vienen. La experiencia, ya sea mejor o peor, con un objetivo u otro, lo justifica tanto personalmente como a su regreso que encontrará satisfecha esa inquietud, esa meta colectiva y seguramente llegará con algo que justifique o muestre su paso por allí.

Muchos quizá no cumplan sus expectativas y no encuentren lo que esperaban pero el sólo hecho de haber estado es algo muy importante que acarrea un prestigio y tiene la componente de importancia y orgullo de haber cumplido con ese viaje presente en muchas conversaciones. Hoy en día vemos como la mayoría de los migrantes suelen ir a la ciudad Johannesburgo de paso, instalándose permanentemente en los ncuco o suburbios de chabolas de los que no salen por su condición de ilegalidad, sin embargo, a su regreso todos quieren hablar y mostrar su paso por la gran ciudad, así que en las conversaciones siempre se acaba hablando de los lugares de paso en esa ciudad tales como los alrededores de la estación de tren o el destacado edificio de la Vodacom que es reconocible desde casi todo el casco urbano.

A este respecto, las remesas, y el dinero y los objetos que se traen, son testimonio de ese paso, del cumplimiento con éxito de ese objetivo y se muestran con esa intención: la construcción de una casa de cemento suma esa función a la de mayor perdurabilidad de la misma; se traen aparatos de música con bafles enormes que, en su demostración de volumen, divulgan su éxito y prueban la paciencia de los vecinos; llegan con maletas pesadas; con coches que dan vueltas por la aldea subiendo y bajando vecinos o que lucen haciendo trompos; visten ropa cara; consumen cerveza y cigarros a todas horas invitando al resto… Otros lo hacen más discretamente, como un señor que todos los días iba diciendo el parte meteorológico y así mostraba que lo escuchaba en la radio que había traído. Todo ello en mayor o menor

medida, en función de la persona y del éxito, pero no cabe duda que hay un común orgullo por lo obtenido y el éxito que representa, independientemente del esfuerzo invertido en la adquisición, del que no se habla, fortaleciendo así la idea de persona emprendedora, triunfadora y del paraíso sudafricano. Aquellos objetos externos, lejos de las posibilidades y producidos fuera, representan el progreso: un progreso exclusivo, al alcance de muy pocos, lo que garantiza una riqueza relativa frente a las personas de alrededor. Estos productos se valoran por encima de los tradicionales o aquellos que se pueden conseguir en el lugar, llega la idea de “lujo” en este sentido. Pero, como vemos a lo largo del presente trabajo, no debemos entender esto de manera simplista, sino que esta propiedad da prestigio y, aunque pueda parecer un gasto banal y a veces superfluo frente a las necesidades reales del grupo, también es parte de relaciones de respeto y constituyente de un estatus que puede favorecer alianzas, poder y activar mecanismos sociales importantes. La otra cara de todo esto es la competencia constante y el sometimiento a estas nuevas necesidades generación tras generación.

La población crece entre todas estas experiencias y, desde el nacimiento, el tema de la migración está presente. Incluso antes de desarrollar la conciencia los niños crecen con el padre ausente, oyendo hablar de Sudáfrica y construyendo su idea a partir de las historias, los productos y regalos que llegan desde allí.

He sido testigo de una costumbre de la que ya hablaba Junod (2009:83) según la cual, cuando se encuentra un bebé se le coge en alto y se le dice que crezca, que algún día llegará a Johannesburgo. Paralelamente Covane (2001: 198) habla de cuando un niño está comiendo se le dice que coma bien, que así se hará fuerte y llegará a Sudáfrica.

Estos ejemplos muestran la presencia de la migración en la vida cotidiana desde muy corta edad y que lleva a que se eduque desde pequeños a los niños para ir y a las niñas para aceptarlo y promoverlo.

“Las informantes del sexo femenino resaltaron que era importante que los potenciales maridos tuviesen experiencia de migración. Ésta parecía probar su masculinidad (porque es una experiencia dura y que

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desarrolla las capacidades físicas) y asegurar que habría dinero para gastar.” (Webster 2009: 106)

Hay una dosis de heroísmo vinculada a esta vida ejemplar y promovida, que además continúa la estrategia productiva que ha seguido la familia durante generaciones (hasta principios del nuevo siglo se heredaban incluso los puestos en la mina de padres a hijos o hermanos), formando parte de su forma de vida y, en definitiva, de donde provienen.

La migración es naturalizada, pero además promovida sin crítica en conversaciones y noticias caracterizadas por la falta de objetividad ya que por un lado hay experiencias que se quieren tapar o incluso olvidar por propio orgullo personal y, por otro, una vez alcanzado el éxito (si no, no regresan) será mejor disfrutarlo y adecuarse a las expectativas que además vienen probadas por los productos, regalos y el éxito final del viaje. Una vida de éxito es vinculada a esos productos y condiciones de vida que sólo se pueden alcanzar mediante el trabajo asalariado fuera de la aldea y que, junto con el imaginario de Sudáfrica como el lugar en que todo eso es posible, es algo que vincula, desde muy corta edad, el éxito y lo deseable a lo externo. Prueba de ello podría ser un concurso de dibujo que realizamos con diez niños y niñas de entre 6 y 14 años en una aldea del interior de Gaza sin luz ni agua y con caminos de arena poco transitables para tráfico rodado. En los dibujos encontramos como elementos comunes: casas con diseños alejados de la construcción tradicional (asemejando la de algunos madjonjonis), con escaleras detalladas (apenas presentes en la mayoría de las casas de la zona), algunas representaciones de bodas o conseguir una buena pareja, coches y, sobre todo, diferentes aparatos electrónicos y electrodomésticos. Si los dibujos muestran lo que a los niños les llama la atención es obvio que su atención está centrada en esa vida externa que traen los migrantes a su regreso, son las cosas destacables que establecen diferencias en el mundo rural en el que, salvo por la migración, todas las familias llevan una vida semejante. (Ver fotografías 16)