Chapter 4 Experimental evaluation of the effectiveness of using Interactive
4.7 Results
4.7.2 Qualitative Data
Otro aspecto a examinar como característico de los personajes tipo de la segunda función es su superabundancia sexual. Ya nos habíamos referido en un comienzo al carácter excesivo de Indra, en el que también incluíamos este aspecto. Indra es calificado a menudo en los himnos como Toro aludiendo a su enorme fuerza, pero también con las connotaciones sexuales que implica el término, como macho por excelencia. Sin embargo, otros epítetos califican con mucha más claridad este aspecto de Indra, como saháramuska, el de los mil testículos.
La cuestión de la superabundancia sexual del prototipo mítico de guerrero bien podría ser un tema indoeuropeo acerca de “los derechos no escritos” de los personajes o estrato de la segunda función sobre las mujeres. Stig Wikander estableció que, en tiempos indoeuropeos, esta nota sexual podía haber cargado ya el concepto de marya, “hombre joven de la segunda función” (Wikander en Dumézil 1971: 92). En tanto que conquistadores, probablemente existiese la concepción de que podían ganar u obtener a una mujer, aunque fuese la mujer del prójimo. Lo cual no haría más que trasladar a una faceta de su vida, la sexual, su concepción funcional por la cual mediante su fuerza podían conseguir aquello que deseaban.
En la biografía del propio Indra encontramos varios ejemplos de esta faceta. Entre sus “idilios amorosos” se encuentra una asura y una danavī (Macdonell 1898: 55.), pero quizás el episodio que mejor refleje sus vertientes mujeriegas es aquel en el que, emulando a Zeus, adoptó la forma del brahman marido de Ahyala para cohabitar con ella. Es prácticamente seguro que este episodio mítico reflejaba una realidad social, pues existen numerosas referencias donde se condena a los discípulos (durante el periodo de aprendizaje con un maestro brahman) que mantenían relaciones con las mujeres de sus maestros. Y si esta condena estaba tan extendida, indica que en mayor o menor medida debía ser algo usual. Prueba de ello también sería el silencio que guardan los brāhmanas (Dumézil 1971: 91) y épica posterior acerca del pecado sexual de Indra, cuando en otros aspectos son tan prolíficos en narrar faltas de este dios. Sin duda, los
brahmanes no deseaban la difusión de un precedente mítico que, en mayor o menor medida, validaba una acción desfavorable para ellos, véase la pérdida de la propia mujer en manos de otro. Pruebas de estas preocupaciones las hallamos en ciertos himnos:
Éstos hablaron los primeros sobre la ofensa del brahman, el ilimitado océano, Matarisvan, el de poderosas llamas, ardor impetuoso, alivio, aguas divinas, nacidas las primeras con el rtá. El rey Soma ha devuelto, el primero, a la esposa del brahman, sin enfado. Consentidor era Varuna, Mitra, Agni, hótr, la trajo cogiéndola de la mano. Ser cogido con su propia mano es la garantía, han dicho: “ésta es la esposa del brahman”. Ella no está dispuesta a ser enviada por un mensajero así el reino del ksatriya está protegido. Los dioses antiguos hablaban de ésta, los siete rsis que se sentaron para el ascetismo. “Es terrible la esposa del brahman cuando se la acompaña a casa, provoca el desorden en el cielo más elevado.” Un estudiante del Veda avanza, un siervo atento, él es el único miembro de los dioses, con ése Brhaspati recuperó a su esposa, traída por el Soma, como la cuchara de la ofrenda, dioses. De nuevo la devolvieron los dioses, de nuevo, los hombres. Los reyes, haciendo lo correcto, devolvieron a la esposa del brahman. Tras devolver a la esposa del brahman haciéndose perdonar por los dioses, habiendo conseguido la esencia de la tierra alcanzaron el amplio espacio. (RV 10.109 edición de Moncó).
Atendiendo a todo esto, cabe preguntarse si en el Mahābhārata podemos encontrar alguna actitud de Arjuna que traduzca esta superabundancia sexual y potestad sobre las mujeres, y creemos que la respuesta es afirmativa.
En primer lugar, la lectura del texto constata que sólo los hermanos de la segunda función tienen relaciones con otras mujeres que no sea Draupadī. Bhīma cohabita con la rāksasī Hidimbā (MBh 1(9)143) antes de su matrimonio, y de su unión con ella nacerá el temible Ghatotkaca. Pero sobre todo es Arjuna quien tiene varias aventuras “amorosas” extramatrimoniales: Subhadra (MBh 1(17)211-212), a la que sólo él desposará (siendo el único Pāndava que posee dos mujeres), pero también durante su año de exilio, y estando ya casado con Draupadī, acumula varias relaciones sexuales: la serpiente Ulūpī (MBh 1(16)206) y la princesa Citrāngadā (1(16)207), aparte de verse implicado en un episodio con Apsaras donde no mantiene ninguna relación con ellas (1(16)208). Y ya en el libro cuarto, al salvar los ganados de Virāta recibe como premio la mano de su hija, aunque Arjuna se la reservará a su hijo (de Subhadra) Abhimanyu (MBh 4(48)66).
En segundo lugar, Arjuna es el protagonista indiscutible de las acciones que implican conseguir u obtener una mujer. Aunque va acompañado de Bhīma a la elección matrimonial de Draupadī, es él quien supera la prueba fijada para desposarse con la princesa pañcali (MBh 1(12) 179.10-20), si bien en el duelo subsiguiente con los otros príncipes participan los dos hermanos. Y ya en el caso de Subhadra, es sólo Arjuna quien efectuará el rapto sin la colaboración de nadie (MBh 1(17)).
En tercer lugar y lo que es más significativo, existen al menos dos temas míticos indoeuropeos exclusivos de guerreros rastreables en estas acciones de Arjuna. El primero es un complejo que en algunas culturas indoeuropeas ha derivado en un ritual (entre latinos no romanos, el uer sacrus) según el cual jóvenes guerreros de una generación determinada deben salir de viaje con la guía de un animal totémico, con el objetivo de expandir el dominio de su pueblo mediante la guerra, pero también la conquista de mujeres. Y creemos que este complejo o tema se halla oculto bajo el año que Arjuna pasa en el exilio, pues si bien en el Mahābhārata adopta la forma de un peregrinaje por lugares sagrados, como hemos visto la mayoría de los episodios conllevan aventuras amorosas de diversa índole. En segundo lugar encontramos un
tema mucho más claro, también implicando este año de exilio, en concreto la aventura con Citrāngadā, con la que además tiene un hijo, Babhrūvāhana. Dean A. Miller (1996:109-130) cree ver en la aventura con esta princesa otro tema de herencia indoeuropea como es el Sohnes Todt, o la muerte del hijo no reconocido a manos del padre, cosa que finalmente ocurre en el libro decimocuarto, donde Arjuna mata a este hijo. Miller propone sobre este tema (que en el Mahābhārata tiene matices particulares) varias interpretaciones, entre las cuales se encuentran dos interesantes: la primera, que el hijo del gran héroe es un imposible, en tanto que excedería unas características ya sobresalientes; su existencia es ideal, pero también irreal. La segunda, el héroe padre ve amenazado su estatus en tanto que una nueva generación le arrebata la juventud intemporal en la que se aloja su imagen, por lo que darle muerte significa recuperar esa imagen inmortal. En cualquier caso, lo interesante de este tema es que permite una vez más vincular a Arjuna con personajes y episodios exclusivos de la segunda función, como Cú Chulainn.
Como vemos en este apartado, Arjuna también cumple y personifica mejor que nadie las características de la segunda función. Como Indra, hace gala de una superabundancia sexual, y parece que suya es la potestad de conseguir mujeres.