Chapter 3 Methods for the evaluation of learning interventions
3.7 Evaluation
3.7.1 Effectiveness evaluation
En 1974, a raíz de un accidente aéreo, el gobierno de Malawi suspende el envío de trabajadores a las minas sudafricanas. Al tratarse de un país importante en la exportación de mano de obra a Sudáfrica, este hecho traería consecuencias para el reclutamiento en Mozambique que en 1975 alcanza su máximo. Paralelamente la Cámara de las Minas empezará a llevar a cabo una política de diversificación del reclutamiento extendiendo éste a la entonces Rhodesia del Sur y aumentando los salarios (aprovechando la revalorización del oro) para integrar a trabajadores sudafricanos. A partir de este año a los trabajadores que acababan su contrato se les concedía lo que vulgarmente era conocido como “bonus”, que era un certificado en el que aparecían los datos y la experiencia del trabajador en la mina para facilitar su vuelta y su readmisión por su experiencia en esa misma mina.
En 1976, con la instauración en Mozambique del régimen socialista de la FRELIMO, se establecen muchas novedades que, en materia de migración, intentan evitar la salida de mano de obra sin dejar de ser conscientes de que es una fuente de ingresos indispensable. Lo que antes era una colaboración entre la WENELA y el Gobierno Colonial en la obtención de trabajadores para las minas llegando incluso a conceder la capacidad de emisión de pasaportes a las oficinas de la agencia, con el nuevo gobierno cambió asumiendo éste la responsabilidad de emitir nuevos pasaportes y reduciendo las 21 estaciones de reclutamiento a las de Maxixe (provincia de Inhambane), Xai Xai (provincia de Gaza), Maputo y Ressano García (provincia de Maputo). Se estableció un mayor control fronterizo y limitaciones a la migración ya que el proyecto de desarrollo agrícola que proponía el régimen en su territorio necesitaba de la mano de obra.
Estos esfuerzos unidos a las tensiones políticas que impulsaban en Sudáfrica la contratación de mano de obra nacional y la independencia del exterior, sobre todo de un país socialista enemigo del gobierno del apartheid, provocó que el flujo de trabajadores disminuyera por decisión de la Cámara de las Minas liderada por la Anglo-American. En 1977 el certificado de readmisión que llamaban “bonus” se volvió imprescindible para la contratación de trabajadores migrantes en las minas ya que éstos debían demostrar su experiencia al dejarse de contratar extranjeros novatos. Por otra parte Malawi volvió a enviar mano de obra a las minas sudafricanas, lo que elevó la demanda de trabajo y, además, la contratación de mozambiqueños para otras minas como las de carbón prácticamente desapareció.
“Hasta mediados de 1970, el 80% de la fuerza de trabajo de las minas de oro de Sudáfrica era extranjera. A partir de 1976, el número de trabajadores se reduce drásticamente hasta el 40%, como resultado de políticas internas ligadas a la necesidad de utilizar mano de obra local. En el caso concreto de Mozambique la restricción del número de contratos surge como castigo por el apoyo de la FRELIMO al Congreso Nacional Africano (ANC) y por la creación de un gobierno marxista en la zona en 1976. Si en 1970 el número de trabajadores mozambiqueños era de 113.293, en 1975 subió a 118.030, y en 1977 el número baja vertiginosamente hasta 41.364.” (Loforte 2000: 91)
A partir de este descenso la contratación de mineros en Mozambique se estabilizó ya que se concedía la posibilidad de transferir ese derecho de “bonus” a familiares directos.
Respecto al pago que se realizaba al gobierno según el número de trabajadores que fueran a trabajar a las minas sudafricanas, en 1977 esta cuota dejó de pagarse en oro tras la liberalización del precio del metal en Sudáfrica, lo que disminuyó los beneficios del gobierno mozambiqueño por este envío de mano de obra.
Pero esta disminución de la migración legal no quiere decir que en los hogares mozambiqueños hubiera menos exiliados, ni que en Sudáfrica se frenara la inmigración, lo único que se produjo fue una mayor migración ilegal que, aunque no se tienen datos concretos, venía produciéndose desde siempre y se intensificó notablemente durante la guerra y la postguerra: a partir de 1981 comandos de la RENAMO atraviesan el río Save y comienza la devastación y masacre en las zonas rurales de Inhambane que se extenderá progresivamente por la provincia de Gaza hasta llegar a los alrededores de la ciudad de Maputo en 1984 y juntarse con más tropas guerrilleras llegadas desde el Transvaal. Esta situación empuja a la población hacia zonas fronterizas o hacia las ciudades y, ante la superpoblación y la dificultad de asentarse en las mismas, desde allí también plantearse el exilio. Se estima que, en el momento de éxodo masivo, 350.000 mozambiqueños se refugiaron en Sudáfrica, aparte de los que fueron a otros países (en total 1.7 millones, un 10% de la población) (Crush & Williams 2001 a: 1). Cruzar la frontera desde el interior de las provincias de Gaza o Maputo no era algo nuevo para la población local, pero sí el hacerlo de manera masiva familias enteras evitando zonas de conflicto a través del Kruger National Park donde muchos tenían que lidiar con la naturaleza salvaje.
El objetivo principal de estos refugiados era huir del conflicto y muchos de ellos acabaron estableciéndose en esa zona cercana al Kruger en la que compartían lengua y rasgos culturales con los changanas sudafricanos. El desarraigo y la tragedia sufrida por la mayoría les hicieron plantearse una nueva vida sin llegar nunca a reestablecerse en su lugar de origen, así nos relata su experiencia este informante que desde entonces vive en Sudáfrica:
“En Xai Xai tuve mala suerte y fui raptado por la RENAMO. Sufrí allí el poco tiempo que estuve. Entonces conseguí huir de allí… Mi hermano mayor fue desde aquí hasta allí a “pescarme” y vine hasta aquí.” (40)
Otros continuaron llevando a cabo la estrategia migratoria que llevaba produciéndose desde hacía más de un siglo y buscaron trabajo en diferentes sectores y lugares de Sudáfrica. Toda esta población de refugiados tuvo la posibilidad de regresar una vez acabado el conflicto (el estudio Crush & Williams 2001 a: 2, habla de 35.000 refugiados que regresaron) o regularizar su situación en la amnistía llevada a cabo en 1996 en la que aquellos exmineros y refugiados que lo solicitaron obtuvieron permiso de residencia en la RAS siempre que pudieran demostrar su condición. En el año 2000 entre 200.000 y 220.000 mozambiqueños permanecían en las zonas fronterizas del noreste sudafricano desde el tiempo en que tuvieron que huir de la guerra.
Como ya se venía produciendo por las nuevas circunstancias, en estos años se continuaron diversificando los objetivos así como los lugares de destino de esa migración, concentrándose más en los suburbios de las grandes ciudades, alrededor de industrias y polígonos, en la construcción, mecánica y servicios de carga, limpieza… o con cualquier cosa que permitiera sobrevivir. Con el fortalecimiento del mito de Sudáfrica y las condiciones de desarraigo que vivió gran parte de la población en los tiempos de guerra, se fueron incorporando mujeres a la experiencia migratoria buscando trabajo como peluqueras, empleadas domésticas, llevando mercancías o prostituyéndose, aunque el número es insignificante en comparación con la migración masculina. Así mismo, excepcionalmente, empezaron a darse casos en que la familia se trasladaba a Sudáfrica en vez de mantener el hogar en Mozambique, aunque hasta hoy es una salida minoritaria.
“Antes de que la emigración pueda alcanzar la fase final de trasladar familias completas, el insidioso proceso que desestructura el grupo destruyendo los lazos que una vez unieron a sus miembros, uno con otro y con el propio grupo, tiene que estar peligrosamente avanzado.” (Sayad 2004: 69)
En 1992 se alcanza finalmente la paz y la emigración deja de tener un riesgo tan grande como el que suponía hasta esa fecha atravesar zonas de conflicto en su propio país y jugarse la vida saltando la frontera de un país hostil tanto en su política interna (apartheid) como en su política externa y fronteriza. En los años noventa gran parte de los mozambiqueños que trabajan en Sudáfrica lo hacen de manera ilegal, burlando la frontera e instalándose en poblados chabolistas alrededor de las fábricas o siguiendo a algún familiar o conocido con contactos que le puedan proporcionar trabajo, siguiendo a menudo la senda de un rumor y acabando siempre entre la explotación y la deportación que en los noventa repatriaba 150.000 mozambiqueños al año sin tener en cuenta muchas veces la condición de refugiados y violando los acuerdos de amnistía (Crush & Williams 2001 a: 3).
El efecto llamada continúa reuniendo hoy en el exilio a personas vinculadas familiar y/o geográficamente en el origen. Con el nuevo siglo se ha intensificado el desempleo en Sudáfrica y los nuevos contratos dan prioridad a sudafricanos que, a menudo, comparten esos mismos suburbios y condiciones de vida. Por tanto, la contratación legal es algo difícilmente alcanzable para los nuevos migrantes:
“Esta caída (en la contratación) se debe a la ley migratoria sudafricana que fue aprobada en 2003: esta ley impide la contratación de personal que se inicie y recluta únicamente personal con experiencia. De ahí esta caída, sólo se acepta mano de obra cualificada.” (27)
Al quedar como única salida la migración ilegal y haberse asumido entre la población esta estrategia productiva mitificándola, ya no hay una criba respecto al género, la edad, la condición física, la experiencia u otros factores que se pedían para la contratación legal, y la migración se extiende a todos los rangos de edad generalizándose entre los adolescentes y encontrando igualmente adultos de mediana edad o mujeres, a pesar de que estos colectivos tienen más dificultades, si cabe, para acceder a los puestos de trabajo ofertados y están más expuestos a las mafias y a la explotación. Sin embargo el mito de Sudáfrica como tierra de las oportunidades se perpetúa y todos quieren disfrutar de ese sueño y el prestigio que encierra en el imaginario colectivo.
En los últimos años los gobiernos de la Comunidad de Desarrollo de África Austral (SADC) se han venido reuniendo para acercar posiciones e intentar formar una alianza entre los países que la componen. La base de esta alianza, aparte del acercamiento diplomático, comprende la liberalización de la economía
y el comercio y la facilitación de la comunicación y colaboración multilateral. En este sentido se han producido avances y se ha promovido y facilitado la emisión de pasaportes y visados en los primeros años del trabajo de campo del presente estudio. Además, se han estrechado lazos más particularmente entre Mozambique y Sudáfrica. Sin embargo, ante la inminencia de un evento de las características del Mundial de Fútbol de 2010 y la obsesión por la seguridad que presenta el gobierno sudafricano al jugarse la imagen del país en ello, se han recrudecido las condiciones de paso de la frontera desde 2009, y las deportaciones y el control parecen haberse intensificado manteniéndose hasta hoy amparadas por las altas cifras de desempleo y como único, aunque reconocidamente ineficaz, medio de combatir una migración que ya ha sido calificada como una “puerta giratoria” entre la expulsión y la nueva entrada ilegal.