March 2004 – December 2005 Summary of Direct Support to Poor and Weak Authorities
9 Appendix B: In-Depth Case Study Summaries
9.1 Case Study
9.1.8 Conclusion
En la tabla y gráfico Nº 01 se observa que del total de adolescentes estudiantes de la institución educativa San Nicolás, el 51 por ciento presenta un nivel de conocimiento regular sobre los efectos nocivos del alcohol y el tabaco, el 29,7 por ciento, evidencian un conocimiento bueno, y el 19 por ciento presentan un nivel de conocimiento deficiente hacia estas drogas sociales.
Un nivel de conocimiento regular y deficiente indica la carencia de conocimientos y de información adecuada, generando así comportamientos equivocados, erróneos y especulaciones con respecto a la salud – enfermedad (Julca y García, 2009).
Resultados similares a los del presente estudio encontraron León y Ferreira (2010) en una investigación realizada en nuestro país, sobre el conocimiento de los estudiantes de Farmacia sobre drogas reportando que el 50 por ciento posee conocimientos regulares sobre las drogas y solo el 20 por ciento posee buenos conocimientos y el 30 por ciento posee conocimientos deficientes.
Gonzales (2002), realizó un estudio de investigación en Chile sobre el consumo de tabaco y alcohol, en referencia al nivel de conocimientos encontró resultados similares a nuestro estudio, ya que, el 50.3 por ciento
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de los adolescentes participantes, presentaron un nivel de conocimiento regular, 36.6 por ciento nivel bueno y el restante 14.1 por ciento un nivel de conocimientos malo. De igual manera Muñoz (2013), en España encontró que en referencia al nivel conocimientos el 27,3 por ciento tiene un nivel de conocimientos bajo; el 47,2 por ciento, nivel moderado o regular; y un 24,5 por ciento, un nivel alto de conocimientos.
Resultados diferentes a los del presente estudio encontró Cordoví (2010), en un estudio realizado en Málaga y encontró que el 45,2 por ciento poseen un nivel bajo en conocimientos sobre la repercusión del alcoholismo, indicando que conocen muy poco sobre los efectos biológicos, psicológicos y sociales producto de la ingestión de bebidas alcohólicas, de igual manera un 35, 5 por ciento posee conocimientos regulares sobre los factores de riesgo que desencadenan el alcoholismo así como su repercusión, y solo un 17,7 por ciento están plenamente preparados y conocen los factores de riesgo que desencadena el alcoholismo así como su repercusión biopsicosocial.
Masrcat y Bustos (2011), en Argentina, encontraron en su estudio de investigación que el 53 por ciento de los entrevistados tenían conocimientos adecuados sobre los efectos del tabaco y el alcohol; y el 47 por ciento desconocían los efectos nocivos de estas drogas. De igual manera Díaz (2006) al realizar un trabajo de investigación en Cuba, evidenció un insuficiente conocimiento por parte de los estudiantes la carrera de
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estomatología de segundo año de la Filial de Ciencias Medicas- Julio Trigo López, sobre las variedades de drogas que existen y las consecuencias que se derivan de su consumo, específicamente del alcohol y tabaco.
Cabe resaltar que, en nuestra investigación, el 89 por ciento de los estudiantes reconoció que el consumir alcohol y tabaco ocasiona problemas escolares (Anexo N° 06), resultados contrarios a un estudio realizado por Pérez y col (2004), en la cual el 40,2 por ciento y el 70,3 por ciento de los fumadores opinaban que el consumo de tabaco y alcohol no guarda relación con el rendimiento y el ausentismo escolar, respectivamente.
De igual manera el 91 por ciento de los adolescentes reconoce como verdadero las afirmaciones relacionadas con el hecho de que el tabaco produce trastornos circulatorios y de corazón, bronquitis y cáncer de pulmón (Anexo N° 06). Resultados similares a los hallados por Soria y col. (2005) donde el 77,2 por ciento de los adolescentes relacionó el consumo de tabaco con cáncer, enfermedades respiratorias y enfermedades cardiovasculares. Además se evidenció que el 86 por ciento de los adolescentes estaban conscientes que el alcohol causa cardiopatías, hipertensión arterial, y daña el sistema nervioso (Anexo N° 06), a comparación de los resultados obtenidos por Gonzales (2005), quien encontró que sólo el 19,5 por ciento consideró los daños sobre el sistema nervioso, y el 3,4 por ciento tuvo conocimiento sobre la repercusión de efectos sobre el corazón y las arterias.
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Es relevante mencionar que, en nuestra investigación, de los 195 adolescentes encuestados, la mayoría considera que el alcohol es un estimulante (69 por ciento) y el tabaco produce relajación (62 por ciento). Papalia (2001), considera que se ha visto la enorme alegría de los asistentes a las fiestas en las que abunda la cerveza, entonces se puede pensar que el alcohol es un estimulante, pero no es así; es un depresor del sistema nervioso central que provoca una disminución de la tensión arterial y acelera el latido del corazón. De igual manera el tabaco contiene un alcaloide denominado nicotina que al ingresar al organismo cumple una función estimulante del Sistema Nervioso Central, eleva la tensión arterial y acelera el latido del corazón, en oposición a la creencia errónea de muchos fumadores que asumen que el tabaco cumple una función de sedación o relajación (CEDRO, 2012). Los resultados evidencian lo equivocados que están los adolescentes en referencia al principal efecto que producen estas drogas sociales en el organismo de las personas; ahí notamos la importancia que tiene que los estudiantes obtengan una información objetiva y real sobre los efectos nocivos que producen estas drogas sociales en nuestro organismo.
Los resultados también indican que son pocos los adolescentes con un nivel de conocimiento bueno sobre los efectos nocivos de las drogas sociales: alcohol y tabaco, siendo superado por aquellos adolescentes con un nivel de conocimientos regular; quienes conocen algunos aspectos de los efectos nocivos del alcohol y tabaco, pero esta información es incompleta o
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inexacta, este resultado es probablemente por la falta de difusión de información adecuada en las Instituciones Educativas, sobre estas drogas y las consecuencias de su consumo.
El conocimiento en salud es una importante barrera para la prevención, lo que debe ser tomada en cuenta por los profesionales de la salud y educación, sobre todo por el personal de enfermería que tiene como rol principal, el control del crecimiento y desarrollo concientizar, incentivar el acceso a la información, a través de programas educativos para mejorar el nivel de conocimientos orientados a modificar actitudes de los adolescentes respecto al consumo.
En la tabla y gráfico Nº 02, se observa que del total de adolescentes estudiantes de la institución educativa San Nicolás, el 64.6 por ciento demuestran una actitud positiva hacia el consumo de drogas sociales como el alcohol y el tabaco; a diferencia de un 35.4 por ciento quienes evidencian una actitud negativa.
Las actitudes favorables o positivas, conducen a la toma de decisiones acertadas permitiendo desarrollar oportunidades de prevención y un efecto satisfactorio personal. Sin embargo conocer la actitud positiva hacia la salud puede deciros muy poco sobre las conductas específicas que el individuo realiza para mantenerla. Además pueden poseer distintas creencias, pero estas, por si solas no conducen a la acción. Una evaluación
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alta de las mismas por parte de un individuo indica la importancia que tienen para él y el grado de compromiso con ellos (Aigneren, 2007).
Quiroz (2006) en la ciudad de Trujillo, encontró resultados diferentes a los de la presente investigación, describe que frente al humo ambiental del tabaco, el 84.6 por ciento de los comensales de los cafetines de centro de la cuidad que participaron en el estudio presentan una actitud positiva a comparación del 15.4 por ciento que evidencian una actitud negativa.
Ortega y Minguez, en el año 2003, realizaron un estudio de investigación en la ciudad de Murcia, España, encontrando que el porcentaje de alumnos que manifiesta actitudes negativas hacia el alcohol y tabaco representa el 28.7 por ciento. Estos datos revelaron una creciente aceptación del consumo de alcohol y tabaco en la población joven, ya que el carácter doméstico y uso habitual en todas las clases sociales del tabaco y alcohol facilita su aceptación y no inclusión en la categoría de las drogas.
De igual manera Durón (2004) encontró que en Tegucigalpa, capital de Honduras; de 88 estudiantes, 52 hombres y 36 mujeres entre la edad de 12 a 18 años, el 95 por ciento de los alumnos presenta una actitud positiva hacia el consumo de drogas como el alcohol y el tabaco, mientras que el 5 por ciento presenta una actitud negativa.
Mafaldo (2012) realizó una investigación en nuestro país en la ciudad de Lima, respecto a la actitud de los adolescentes frente al consumo de
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alcohol y encontró que del 100 por ciento de los encuestados, el 37 por ciento presenta una actitud indiferente, seguida muy de cerca de una actitud positiva con un porcentaje de 36 por ciento, y el 27 por ciento tiene una actitud negativa. Nuestros hallazgos en la presente investigación, con respecto a las actitudes positivas reportan que la mayoría de los adolescentes están muy de acuerdo con el hecho de que las drogas, aunque sea en pequeñas cantidades, son perjudiciales para la salud y que su consumo es uno de los males de nuestra sociedad (Anexo N° 07). Esto concuerda con los resultados obtenidos por Moral (2006), en la ciudad de Valladolid-España; en la cual el 56.5 por ciento, se mostraban muy de acuerdo con el hecho que "La droga es uno de los males de nuestra sociedad".
Por otro lado se observó que de todos los adolescentes que mostraron una actitud negativa, la mayoría no están dispuestos a rechazar una invitación de alguien ni la insistencia de un grupo de amigos para beber alcohol y fumar cigarrillos (Anexo N° 07). Moral (2006), en la ciudad de Valladolid (España), encontró que el 62 por ciento no rechazarían la insistencia de los amigos para consumir tabaco y alcohol, lo cual denota el mayor grado de permisividad e inclinación a actuar consumiendo sustancias institucionalizadas.
Bandura, en su teoría del aprendizaje social sostiene que una persona adquiere destrezas y conductas de modo operante e instrumental a través
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de la observación y la imitación y estas se dan a través de modelos (Stephen, 2008). La pertenencia a un grupo ayuda a determinar la formación de las actitudes; las actitudes de un individuo tienden a reflejar las creencias, valores y normas de los grupos a los que se adhiere, y para mantenerlas debe contar con el apoyo de sus homólogos (Marcos, 2008).
A sí mismo, los adolescentes están dispuestos a consumir alcohol y fumar cigarrillos cuantas veces fuera necesario y no convencerían a las personas sobre el riesgo de consumir alcohol y tabaco (Anexo N° 07). Esta tendencia muestra que aun los adolescentes no están conscientes de los efectos negativos que pueden provocar el alcohol y el tabaco en su organismo.
Al encontrar actitudes negativass hacia el consumo de drogas sociales, nuestra labor como enfermería es estar alerta ante cualquier cambio, prevenir actitudes negativas y elevar el nivel de salud de la población mediante acciones de prevención y promoción.
En la tabla y gráfico Nº 03, se observa que del cien por ciento de los estudiantes que tienen un nivel de conocimientos deficientes su actitud hacia el consumo de drogas sociales es negativa en un 64.9 por ciento de los casos y solo en un 35.1 por ciento es positiva; de los estudiantes que tienen un nivel de conocimientos regular su actitud positiva hacia el consumo de estas drogas se presenta en un 65.0 por ciento de los casos y es negativa
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en el 35.0 por ciento; finalmente de los que tienen un nivel de conocimientos bueno, solo un 17.2 por ciento de los casos tienen actitud negativa y es positiva en un considerable 82.8 por ciento de los casos. Se aprecia que a mayor nivel de conocimientos sobre drogas sociales la actitud negativa hacia el consumo de las drogas tiende a disminuir.
Lo anteriormente descrito es corroborado por la prueba de independencia de criterios Chi cuadrado con un valor de p < 0.05; es decir, existe relación altamente significativa entre el nivel de conocimientos y la actitud hacia el consumo de drogas sociales.
Los hallazgos nos demuestran que los conocimientos sobre drogas sociales determinan la actitud que se adopte hacia su consumo y que si mejora el nivel de conocimientos sobre el consumo de drogas sociales, la actitud será positiva.
Morris (1997), sostiene que las actitudes dependen de las creencias o conocimientos, el afecto, emociones o sentimientos y las acciones para responder de forma determinada depende de la motivación o experiencias previas; es así que, los conocimientos que los adolescentes tengan sobre los efectos nocivos de las drogas sociales en el organismo, el gusto o aversión hacia este, estaría relacionado con el comportamiento que adopta; es decir, aceptar o rechazar el consumo de las drogas sociales.
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V. CONCLUCIONES
Al finalizar el presente estudio de investigación, se llegó a las siguientes conclusiones:
1. El 51.3 por ciento de los adolescentes estudiantes de cuarto y quinto grado de educación secundaria de la I.E. San Nicolás, presentan un nivel de conocimientos regular; el 29.7 por ciento bueno; y el 19 por ciento deficientes sobre los efectos nocivos de las drogas sociales.
2. El 64.6 por ciento de los adolescentes estudiantes de cuarto y quinto grado de educación secundaria de la I.E. San Nicolás, presentan una actitud positiva hacia el consumo de drogas sociales y el 36.4 por ciento, evidencian una actitud negativa.
3. Existe relación altamente significativa entre el nivel de conocimientos sobre los efectos nocivos de las drogas sociales y la actitud hacia su consumo en los adolescentes de cuarto y quinto grado de educación secundaria de la I.E. San Nicolás.
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VI. RECOMENDACIONES
Los resultados de la presente investigación nos permiten sugerir las siguientes recomendaciones:
1. Dar a conocer los resultados encontrados a las diferentes I.E. San Nicolás y unidades de salud del distrito de Huamahuco para que las mismas adopten medidas preventivas respecto al consumo de drogas sociales mediante el desarrollo de programas educativos para elevar el nivel de conocimientos y actitudes hacia el consumo de las drogas sociales.
2. Realizar investigaciones cualitativas para conocer a profundidad las causas que generan actitudes negativas en los adolescentes hacia el consumo de drogas sociales.
3. Reformular estrategias educativas y comunicacionales para incentivar a los adolescentes a no consumir drogas sociales resaltando las consecuencias que trae consigo su consumo, todo esto a través del enfoque de interculturalidad de la salud para contribuir a erradicar este problema.
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