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cheques, de momento

sin reciprocidad por

parte de cajas y bancos,

pero con la idea de

que su incorporación

no se demorase

rrollo de servicios bancarios comunes. A mediados de 1981, CTB se refundó integrando a cajas y bancos. Pronto se vio su funcionalidad para llevar a cabo un servicio de compensación de ámbito nacional. En esta línea, la COAS ela- boró un plan, que ofreció a los bancos con el objeto de implementar un pro- yecto nacional de truncamiento de cheques. En julio de 1983 se había conseguido interesar en la iniciativa a doce bancos y en octubre de 1984 se inició la operativa del nuevo sistema, que pasó a denominarse Sistema Nacio- nal de Compensación Electrónica. En septiembre de 1985, el truncamiento en la operativa intercajas ya se había generalizado. Finalmente, en 1988 pasó a estar regido por el Banco de España.40

En el caso de ”la Caixa”, una nota interna de la Subdirección Técnica informaba de un antecedente muy positivo en el Handelsbanken de Copenhague, que con la implantación del sistema mecanizado de tratamiento de efectos consiguió ahorros de 195 millones de pesetas y una reducción del personal del departa- mento de compensación del 70 por ciento.41 En 1988, ”la Caixa” operaba ya en 17

40. CECA, Secretaría Técnica de la COAS, Informes sobre compensación bancaria. 41. FJRK. Miscelánea.

Discos fijos IBM 3350 con una capacidad entre 600 y 1200 MB. Fueron los primeros dis- cos fijos, es decir, no desmon- tables. Una fila de 8 discos de estas características tenía la capacidad de unpendriveac- tual que cuesta 5 euros. El dis- co fijo permitía trabajar con to- lerancias más estrictas y sobre todo permitía poner la unidad hermética, aislándola de posi- bles contaminaciones.

Fuente: Archivo fotográfico de ”la Caixa”.

Los discos IBM 3330 con uni- dades de cinta 3803, de 100 a 200 Mb de capacidad, c. 1982.

Los discos Wang. El Wang era un sistema de proceso de tex- tos que tuvo una aceptación considerable en la década de 1980, siendo muy usadas en los ámbitos de las secretarías de dirección.

El desarrollo de la tecnología de los discos fijos.

Todos estos discos tenían una zona de reserva y un sistema de repetición de la lectura en caso de error. Cada día había que mirar si había habido errores de lectura temporales y en caso afirmativo «reasignar» la pista a una de las de la zona de reserva. Si el error era definitivo, no había más remedio que recuperar el fichero a partir de una copia de seguridad.

de las cámaras de compensación españolas, con más de 40 millones de efectos compensados y un importe de 5,8 billones de pesetas (cuadro 7).

Un fenómeno que empezó a hacer mella en la entidad a lo largo de los ochenta fue el tema de la seguridad en las oficinas. De hecho, fue un asunto recurrente en los discursos del director general en las asambleas anuales de ”la Caixa”. En consecuencia, se propició la instalación de dispensadores de efectivo en las ofi- cinas, lo cual permitió que el volumen de efectivo libre fuera mucho menor. En 1983 se instalaron los primeros dispensadores automáticos de billetes; ”la Caixa” fue la primera entidad europea y la segunda del mundo, tras Japón, en disponer de ellos.42 Más adelante, conforme se desarrollaron nuevas tecnologías y se in- trodujeron los dispensadores-colectores de billetes (diferentes modelos de De La Rue Cash Systems, fabricante británico que fue una de las marcas habituales), se implantaron nuevas funcionalidades, como el control de billetes falsos y en mal estado. La implementación de estas medidas de seguridad tuvo unos efectos muy positivos, pues facilitó el diseño de una oficina más ergonómica y favoreció una mayor proximidad al cliente.

Hubo otras contribuciones al desarrollo tecnológico en el terreno de las comu- nicaciones interbancarias. Telefónica, desde 1986, empezaba a abrir camino a lo que se proyectaba como la Red Digital de Servicios Integrados (ISDN en sus siglas en inglés), la cual debía integrar los servicios de voz y datos. Con este ánimo presentó el producto a ”la Caixa”, contando con el efecto de arrastre que la entidad podía tener sobre los restantes usuarios financieros. Sin embargo, con cierta prudencia ”la Caixa” no se comprometió con el nuevo sistema, que pretendía instalar en su red de oficinas servicios de voz y datos basados en una tecnología todavía experimental. La entidad consideró la poca fiabilidad de

aquella tecnología y el nulo know-how que iba a proporcionarle en aquellos

momentos.43 De hecho, la arquitectura ISDN empezaba a instalarse en Europa

en estos años, se publicitaba como una red pública universal con amplias ex- pectativas de futuro. Sin embargo, su futuro fue limitado por el avance y de- sarrollo de la red norteamericana que daría lugar a internet y que en los noventa se impuso definitivamente. No obstante, Japón se alineó con el ISDN (10 millones de usuarios en 2001). La lentitud en el establecimiento de están- dares impidió nuevos desarrollos y provocó la pérdida de competitividad del

sistema europeo frente a las nuevas soluciones procedentes de EE.UU.44

42. Memoria, 1983.

43. Entrevista a Lacasta, Barcelona, 8-6-2011. 44. Arroyo (2006).

282 Innovación y compromiso social. 60 años de informatización y crecimiento, 1950-2011 Capítulo 4. 1979 - 1998 283

Pese a estas dificultades con la nueva ISDN, ”la Caixa” se adhirió al sistema Ibercom que Telefónica también puso en marcha por aquellas fechas. Este sis- tema ofrecía unas buenas prestaciones de voz basadas en el ISDN, que tuvieron muy buen encaje en los servicios centrales. Se abandonó la vieja centralita Phillips y se desplazó la gestión del sistema Ibercom de los servicios adminis- trativos al Servicio de Telecomunicaciones.45 Estas circunstancias, que podrían parecer anecdóticas, son representativas de lo que estaba pasando en el terre- no de la tecnología de las comunicaciones desde hacía tiempo. El sistema Iber- com no era una simple centralita telefónica a la vieja usanza, sino un gran

ordenador con un software y unas conexiones digitales que lo situaban mucho

más en la órbita de los departamentos de informática y teleproceso que en un departamento administrativo.

45. Entrevista a Lacasta, Barcelona, 8-6-2011.

La aplicación de las TIC en la segunda mitad del sigloxx ha supuesto una contribu- ción esencial a la transformación de la organización, el trabajo y los productos de la industria bancaria mundial. Las implicaciones de estas transformaciones fueron múltiples, sin embargo, hay un aspecto de esta revolución que ha tenido un impac- to en el público superior al resto. Se trata de la puesta en marcha del autoservicio financiero. El desarrollo de las redes de cajeros automáticos en España, pese a su tardía introducción, tuvo serias implicaciones en los procesos de cambio competi- tivo en la banca minorista española a lo largo de los años ochenta y noventa.46 La primera generación de cajeros automáticos en Europa y EE.UU. dio sus pa- sos iniciales en la segunda mitad de la década de los sesenta (1967) a través de fabricantes como Chubb y De La Rue en Gran Bretaña y Diebold en Estados Unidos.47 En España, sin industria ma-

nufacturera propia, la instalación de los primeros cajeros se produjo a fina- les de los setenta, con 15 años de re- traso respecto a Europa. Sin embargo, un retraso tan acentuado contrasta con el fuerte impulso que experimen- taron las diversas redes de cajeros

controlados por cajas y bancos en una sola década. En prácticamente diez años, a principios de los noventa, el sistema bancario español lideraba el mercado

mundial en densidad de cajeros y terminales punto de venta por habitante.48

En España, la llegada de la banca minorista de masas se produjo a principios

de los ochenta con la implementación del autoservicio.49 En este plano las

cajas españolas recuperaron el tiempo perdido respecto al autoservicio europeo,

46. Véase Bátiz-Lazo y Maixé-Altés (2011a y b), Bátiz-Lazo (2009). 47. Bátiz-Lazo (2004).

48. Bátiz-Lazo y Maixé-Altés (2011b).

49. En 1984 Banesto era el banco con más cajeros (504), seguido de la Caixa de Barcelona (280), Caja Madrid (167), ”la Caixa” (163), Banco Santander (113), Banco Bilbao (97) y Banco Vizcaya (74), Memorias y Castells et al. (1986), p. 214.

En España, la llegada de la