ca de algún tópico. A diferencia de la escala de Thurstone, se mide la actitud de una persona pidiéndole que indique el grado de su acuerdo o desacuerdo con cada ítem, Esto se logra haciendo que la persona califique cada ítem en una escala de cinco puntos (total- mente de acuerdo, de acuerdo, neutro, en desacuerdo, totalmente en desacuerdo). El resultado de la actitud de una persona lo consti- tuye la suma de sus calificaciones individuales. Un ejemplo de un ítem escalar es el siguiente:
A. "Se debería legalizar la sindicalización campesina" Valor Calificativo 1 a) Totalmente de acuerdo 2 b) De acuerdo 3 c) Neutro 4 d) En desacuerdo 5 e) Totalmente en desacuerdo Likert supone que cada frase empleada en la escala constituye una función lineal de la misma dimensión actitudinal. Sobre este supuesto, se suman los resultados individuales de una persona para obtener su calificación final. Una consecuencia posterior es que los ítems de una escala deben correlacionar fuertemente con un atribuí to común y, por tanto, entre sí, a diferencia de los ítems en la escala
de Thurstone, que son separados e independientes. Es importante subrayar que en ningún momento supone Likert que se den interva- los iguales entre los valores escalares. Es muy posible, por ejemplo, que la diferencia entre "de acuerdo" y "totalmente en desacuerdo" sea mucho mayor que la diferencia entre "de acuerdo" y "neutro". Esto significa que una escala de Likert sumi- nistra una información sobre el orden de las actitudes de la gente en un continuum, pero no puede indicar lo cercanas o lejanas que se encuentran diferentes actitudes entre sí.
El método de Likert para la construcción de la escala es seme- jante al de Thurstone en el recopilado y redacción iniciales de una serie de opiniones. Posteriormente, las frases son calificadas por una muestra de sujetos en la escala de cinco puntos, en base a sus propias opiniones sobre las frases. En esto difiere de la técnica de Thurstone, en la que las calificaciones son hechas por jueces entre- nados y en base, no a sus opiniones personales, sino -a una eva- luación relativamente objetiva acerca de dónde caen las frases a lo largo de un continuum. La escala final de Likert se compone de aquellos ítems que diferencian mejor las muestras con los resulta- dos totales mayores y menores.
Tomado de Zimbardo y Ebbesen, 1970, Págs. 125-126.
En el estudio mencionado sobre la Transformación Agraria (Martín-Baró, 1977), se midió la actitud de los contendientes mediante un análisis del contenido de sus pronunciamientos públicos (ver Berel- son, 1954; De Sola, 1959, 1970). En estos documentos se distinguió entre los aspectos cognoscitivos (la identificación de los valores puestos en juego por la TA) y los aspectos afectivos (el carácter positivo o negativo de esos valores para los contendientes o su diversa vinculación con el ob- jeto de la actitud, la TA). Como ya se vió, los valores vinculados con la TA eran en parte distintos y en parte los mismos, aunque relacionados de distinto modo por ambos contendientes con la TA. .
3.1.3. La concepción tridimensional de las actitudes.
El modelo más complejo y quizá el que ha gozado de más populari-
dad postula tres elementos esenciales en las actitudes: los conocimientos, los afectos y las tendencias conativas o a reaccionar (ver Krech, Crutch-
field y Ballachey, 1965). En lo concerniente a las creencias y a los senti- mientos, esta concepción es semejante a los modelos bidimensionales. Su peculiaridad estriba en que esta concepción incluye en la estructura de la actitud la predeterminación de un tipo particular de conducta: la tenden- cia a reaccionar de una manera formaría parte de la actitud, de tal modo que la activación de la actitud arrastraría la tendencia a realizar determi-
nado comportamiento.
En 1925, Emory S. Bogardus diseñó una escala para medir lo que él llamó la "distancia social". Aunque Bogardus definió la distancia social como los "grados de comprensión y sentimientos que unas personas ex- perimentan hacia otras", suponía que esta escala explicaba buena parte de su interacción y mostraba "el carácter de las relaciones sociales" (Bo- gardus, 1925/1967, pág. 71). En su escala, Bogardus presentaba una lista de 39 razas y preguntaba a las personas que indicaran su disposición a aceptar a miembros de esas razas a diversos grados de proximidad social: a la intimidad del matrimonio, al propio club, como vecinos, como com- pañeros de trabajo, como ciudadanos de su país, como visitantes en su
país, o simplemente los echarían de su país. Es cuestionable si esta escala medía realmente el componente comportamental de la actitud de las per- sonas encuestadas; con todo, la escala de Bogardus se dirige directamen- te al aspecto conativo de la actitud, es decir, a la tendencia a actuar de una u otra forma según "la comprensión y sentimiento" experimentado hacia el objeto de la actitud, en este caso los miembros de diversos gru-
pos raciales. •
Quienes mantienen la concepción tridimensional de las actitudes su- gieren que el carácter de la actitud puede variar según la importancia re- lativa de los tres elementos. Daniel Katz y E. Stotland (1959) afirman que algunas actitudes son primariamente cognoscitivas, otras afectivas y otras tendenciales, punto de vista muy coherente con el modelo funcional de estos psicólogos, ya que las diversas funciones desempeñadas por las actitudes requerirían unos y otros elementos. Una actitud cuya función consista en organizar el mundo de la persona (por ejemplo, su actitud re- ligiosa) tendrá un fuerte componente cognoscitivo, mientras que una ac- titud de tipo defensivo (la actitud racista, por ejemplo) estará dominada por el componente afectivo, y una actitud expresiva (la actitud machista, por ejemplo) tendrá un predominio del elemento tendencial.
Rosenberg y Hovland (1960, pág. 3) presentaron un esquema sobre las actitudes que remiten a McDougall (1908) y en el que asumen que las actitudes son predisposiciones a responder ante determinados estímulos con tres tipos de respuestas: la afectiva, la cognoscitiva y la comporta- mental (ver Figura 5).
Una interesante técnica para medir actitudes fue diseñada por Charles E. Osgood, George J. Suci y Percy H. Tannenbaum (1957), quienes propusieron un modelo de actitudes en la línea de la consistencia, al que llamaron el modelo de la congruencia. Según Osgood y sus colabo-
u o u 11141 1<1 J FIGURA 5
CONCEPCION ESQUEMATICA DE LAS ACTITUDES
radores, las actitudes son parte de la estructura semántica del individuo en cuanto que "todo concepto contiene un componente actitudinal como parte de su significado total" (Osgood, Suci y Tannenbaum, 1957, pág. 191). Por tanto, la actitud puede ser medida mediante un "diferencial se- mántico" (ver Recuadro 25); pero, puesto que las actitudes no serían si- no una de las dimensiones del sentido de los conceptos (la dimensión eva- luativa), su conocimiento no será suficiente para predecir el comporta- miento de las personas. En un reciente trabajo, Osgood, May y Miron (1975, págs. 237-239) presentan las actitudes de jóvenes de veintidos países hacia los siguientes objetos: delito, doctor, libertad, futuro, muchacha, vida, suerte, matrimonio, música, paz, policía, castigo, ri- queza y trabajo. Osgood y sus colegas hallan que todos los grupos coinci- den en evaluar como buenos la libertad, el matrimonio y la música, y co- mo malos el delito y el castigo. Sin embargo, no todos coinciden en su ac- titud hacia la vida, la suerte, la paz, la riqueza y el trabajo, que algunos jóvenes evalúan negativamente.