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10.3 NET Integration Example

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En principio, cabe afirmar que los tipos de acción prosocial pueden ser tantos cuantas formas de hecho adopte la acción individual o grupal que beneficia a la sociedad. La diversidad de acciones prosociales es todavía mayor si el análisis no se reduce al nivel formal de la acción, sino que se toma en cuenta el bien específico producido. Las necesidades de los grupos y personas varían de una situación a otra, de un medio y período a otros y, por consiguiente, cambian aquellas acciones que re- dundan en su beneficio. Así, por su misma naturaleza, los tipos de acción prosocial deben definirse en relación al grupo o sociedad en que se pro-

ducen, ya que su sentido sólo puede captarse adecuadamente frente a ésa

realidad.

Daniel Bar-Tal (1976) agrupa los estudios realizados en psicología social sobre acciones prosociales en tres grandes apartados: (a) las con- ductas altruistas, que son aquellos comportamientos con los que, desin- teresada y voluntariamente, las personas tienden a beneficiar a otros ya sea en situaciones de emergencia ya sea en circunstancias normales; (b) lás conductas de reciprocidad que son aquellos actos mediante los cuales las personas tratan de devolver un beneficio recibido de otra; y (c) las conductas compensatorias que son aquellos comportamientos mediante los cuales alguien trata de equiparar con un bien el daño producido a otro u otros.

Es claro que Bar-Tal asume una estructura formal de los comporta- mientos prosociales como criterio para organizar los estudios empíricos realizados en psicología social. Si a esta estructura formal le agregamos el sentido histórico de lo que produce la acción, particularmente en so- ciedades como la de El Salvador, podemos establecer una tipología de la

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acción prosocial más consistente desde el punto de vista teórico y más significativa desde el punto de vista histórico-social. De este modo, dis- tinguiremos tres tipos de acciones prosociales: (I) los actos de coopera- ción, que contribuyen a la unidad y desarrollo sociales privilegiando el bien común por encima del bien individual;(2) los actos de solidaridad, que contribuyen al progreso de las estructuras de justicia mediante el apoyo a los sectores o personas más débiles y al fortalecimiento de la res- ponsabilidad colectiva; y (3) los actos de altruismo, que contribuyen a la pervivencia de la sociedad como un todo dando respuesta a situaciones críticas o resolviendo problemas difíciles.

3.1. La cooperación.

Cualquier orden social requiere un mínimo de cooperación entre los miembros de la sociedad como condición de posibilidad. Sin ese mínimo de cooperación que exige, por ejemplo, el respeto a ciertas normas colec- tivas o la participación ordenada en los procesos laborales de acuerdo a algún tipo de distribución social del trabajo, la vida común es imposible. Ahora bien, una vez superados esos mínimos necesarios para hacer po- sible la convivencia social (mínimos voluntarios o impuestos por coer- ción), las sociedades se diferencian entre sí por el mayor o menor grado

Objetivo Esfuerzo Dinámica Producto Suma "cre- ciente" (ni vencedores ni vencidos) Suma cero (vencedores y vencidos) COOPERACION Común

Inclusivo Compartido Personal/ Social

COMPETENCIA Individual

Paralelo

Excluyente Individua-lista de cooperación propiciado por sus estructuras e instituciones. La coope-

ración es una de las formas de interacción humana que más benefician a la vida en sociedad y contribuyen a mejorar progresivamente sus condi- ciones. Así, aquellas sociedades que estimulan la cooperación a todos los niveles —científico, técnico, político, cultural— logran un progreso ma- yor y más rápido que aquellas sociedades que no superan los niveles del individualismo competitivo.

Se puede definir la cooperación como aquella acción que se caracte- riza por dos notas esenciales: (a) persigue fines comunes o compartidos por varios sujetos o grupos; y (b) sus costos son repartidos entre los par- ticipantes. Más que una acción, la cooperación constituye una auténtica interacción social, como lo indica la misma etimología del término: coo- peración, acción o trabajo realizado conjuntamente con otros.

Al buscar fines comunes, la acción de cada persona se ubica en un contexto más amplio que el de la acción individual y por ello, su sentido pleno sólo se entiende al considerar la totalidad de actos de quienes están cooperando. Perseguir un objetivo común no significa que el producto de la cooperación vaya a distribuirse entre todos; es bien posible que un grupo comunal coopere en la construcción de una casa para uno de sus miembros. La idea central es que el objetivo buscado, en este caso pro- porcionar casa a un miembro de la comunidad, es querido y compartido

por todos, como queridol y compartidos son los esfuerzos de su construc- ción. Según Morton Deutsch (1973, pág. 20), en la situación de coopera- ción los participantes están de tal manera ligados, que uno puede obtener su objetivo sólo si también los demás obtienen el suyo.

La cooperación se opone a la competencia. En la competencia todos los sujetos buscan el mismo fin,.pero su logro es excluyente, de tal mane- ra que, al obtenerlo uno de ellos, todos los demás se verán privados de él.

La ganancia de uno requiere necesariamente la pérdida de otros (ver Deutsch, 1973, pág. 20). Además, en la competencia se multiplican los costos:.cada una de las personas realiza todo el esfuerzó por su parte pa- ra lograr el objetivo y, en lugar' e compartir las exigencias de la tarea, el intento por superar a los demás puede requerir un esfuerzo adicional (ver Cuadro 13).

David W. Johnson y sus colaboradores (1981) sometieron a un "meta-análisis" 122 estudios realizados en Estados Unidos sobre los efectos de la cooperación y la competencia en el éxito y productividad de las actividades realizadas. Un "meta-análisis" consiste en examinar, contrastar y combinar los resultados de diversos estudios empíricos para ver sus divergencias y convergencias, y tratar de llegar a posiblés conclu- siones. Pues bien, las conclusiones a que llegaron Johnson y sus colegas fueron las siguientes: (a) la cooperación promueve el éxito y la producti- vidad mejor que la competencia; (b) la cooperación también promueve el éxito y la productividad mejor que los esfuerzos individuales; (c) cuando la cooperación se realiza fuera del marco de la competencia intergrupal,

CUADRO 15

COMPARACION ENTRE LA COOPERACION Y

LA COMPETENCIA

promueve el éxito y la productividad mejor que cuando se realiza en el contexto de la competencia intergrupal; finalmente, (d) no parece haber di- ferencias significativas entre el éxito y la productividad que promueven la competencia interpersonal y el esfuerzo individual.

Estas conclusiones favorables al sistema cooperativo parecieron de- masiado fuertes a algunos psicólogos. Así, por ejemplo, John L. Cotton y Michael S. Cook (1982) arguyeron que el método del "meta-análisis" no permite ponderar adecuadamente las conclusiones de cada estudio en particular y, en ese sentido, hace posible llegar a conclusiones globales diversas según las ponderaciones empledas por cada analista. Según Cot- ton y Cook, ningún sistema particular de premio puede considerarse en forma absoluta o para cualquier circunstancia como mejor que otro; cuál esquema de acción, cooperativo o competitivo, sea mejor dependerá de variables situaciones no tenidas en cuenta por el "meta-análisis" de John- • son.

La idea de fondo a la que apunta la crítica de Cotton y Cook es que puede haber situaciones que reclamen la competencia y no la cooperación y, por consiguiente, en esas situaciones la competencia logrará mayor éxito y productividad que la cooperación. En teoría, la argumentación de Cotton y Cook se basa en el punto de vista de que existe una intrínseca relación entre los esquemas de acción y las variables situacionáles o,

dicho de otra manera, que el producto de la actividad depende de las cir-

cunstancias en que se produce. El razonamiento parece sólido, y el mis- mo Johnson (ver Johnson y otros, 1982) manifiesta estar de acuerdo con

él. Sin embargo, las conclusiones de Johson y sus colegas son de orden empírico y los datos, incluso analizados desde la perspectiva de sus críticos, confirman los resultados señalados sobre la superioridad de la cooperación de cara al éxito y la productividad.

Sin duda, estas conclusiones no significan que la competencia no produzca resultados satisfactorios. Habría que ser ciego para no ver en nuestra sociedad el papel que desempeña la competencia. Cabe, con to- do, preguntarse si el valor de la competencia no radica precisamente en el carácter de la sociedad donde se produce, que alienta, estimula y exige la rivalidad como mecanismo de pervivencia y, por consiguiente, transmite por todos los medios la satisfacción motivante a través del esquema de victoria o derrota. Es posible, entonces, que personas socializadas y mo- tivadas únicamente por el triunfo individual, sólo respondan en forma productiva mediante el recurso a la competencia y al éxito que satisface sus aspiraciones. El refuerzo de ese éxito y el señuelo permanente de su logro es, en parte, lo que mueve las ruedas del esquema capitalista de vi- da social.

Ahora bien, es importante distinguir tipos de cooperación. No es lo mismo, por ejemplo, la cooperación forzosa requerida por algunas estructuras laborales, que la cooperación voluntaria que se otorga al par- ticipar en un club social o deportivo. Algunos autores distinguen entre la cooperación tradicional, basada en las costumbres de una sociedad o grupo social, y la cooperación contraactual, basada en los término de un contrato. Aquí vamos a distinguir dos tipos de cooperación: la coop/ra- ción interindividual y la cooperación intergrupal.

3.1.1. La cooperación interindividual.

La cooperación interindividual es aquel tipo de interacción social que se produce entre personas que actúan como individuos, y no en representación de grupos o instituciones. La cooperación interindividual• constituye uno de los procesos requeridos con más frecuencia por la vida social, tanto en las relaciones íntimas y espontáneas de amor o ¿mimad. corno en las relaciones institucionalizadas entre extraños. El hecho de que en situaciones tan disímiles se produzca cooperación.no significa que sean los mismos factores los que actúan en un caso y en otro. El fun- cionamiento de normas sociales, explícitas o implícitas, puede establecer diferencias muy importantes. Con todo, puede ser iluminador examinar los factores que llevan a la cooperación en las circuntaucias donde el in- dividuo actúa con más espontaneidad, pues esos mismos faetores pueden potenciar la cooperación en todos los órdenes de la vida social.

La pregunta que suele formularse consiste en si son las características semejantes o más bien las diferencias entre los individuos las que mejor contribuyen a la cooperación interpersonal. La respuesta. por supuesto, es más .compleja que la pregunta.

Ervin Staub (1978), tras revisar una serie de estudios, afirma que, en las primeras etapas de una relación interpersonal, factores como la proxi- midad o lá semejanza en ideas y valores incrementan la probabilidad de cooperación. A medida que avanza una relación interpersonal, un cierto grado de complementariedad parece ser la mejor garantía de permanen- cia y, por tanto, la posesión de características y recursos diferentes. Así, pues, tanto las semejanzas como las diferencias pueden contribuir a la cooperación en las relaciones interpersonales de naturaleza íntima. Sin embargo, unas y otras pueden resultar también contraproducentes. Co- mo dice Staub (1978, pág. 398), "dos individuos muy agresivos y compe- titivos o dos personas que necesitan mucha atención y cariño, pero les cuesta darlo, pueden tener gran dificultad en desarrollar una relación estrecha y estable. Una persona con baja estima de sí misma puede sentir- se amenazada por alguien con gran estima de sí mismo y su compañía

PRESO B

Se declara Se declara

inocente culpable

Se declara 1 año para A

inocente 1 año para B PRESO A

20 años para A Libertad para B Se declara Libertad para A

culpable 20 años para B 7 años para B 7 años para A

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