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8 A Correlation-Based Method for Inferring Prerequisite Skill Links from Learner Performance Data

El IDG aumenta cuando las desventajas están vinculadas; entonces, cuanto mayor sea la correlación de las disparidades de género en todas las dimensiones, más alto será el valor del índice13. De este modo, se reconoce que las

dimensiones son complementarias y que la des- igualdad en escolaridad suele estar asociada, por ejemplo, con el acceso a oportunidades labora- les y con la mortalidad materna14. La simulta-

neidad de las desventajas es uno de los aspectos importantes en la desigualdad de género y una de las principales ventajas del IDG es que logra captarla. Asimismo, el método asegura que un bajo desempeño en un área no pueda ser com- pensado del todo por un buen resultado en otra. En esto difiere del IDH-D, en el cual las

FIG

UR

A

5.3

componentes del Índice de desigualdad de género

IDG: tres dimensiones y cinco indicadores

Índice de

Desigualdad

de Género

Salud repr oduc tiva Empoder amien to Mer cado labor al Mor talidad ma terna Fecundidad adolesc ente Escaños en el parlamen to Niv el de instr ucción (educ ación sec undaria y más) Participación en la fuer za labor al Cinco indicadores Tres dimensiones

Nota: el tamaño de los recuadros refleja las ponderaciones relativas de indicadores y dimensiones.

restricciones de datos impiden capturar asocia- ciones entre las dimensiones. El método tam- bién garantiza que un bajo desempeño en un ámbito no pueda ser totalmente compensado por un logro extraordinario en otro.

dimensiones e indicadores

La figura 5.3 resume las dimensiones e indica- dores del IDG y sugiere que las restricciones de datos son enormes e impiden medir la situación de niñas y mujeres en el planeta. Analizamos brevemente cada una de ellas.

Salud reproductiva

La salud reproductiva de la mujer puede medirse a través de dos indicadores: coeficiente de mortalidad materna y tasas de fecundidad entre adolescentes15. El bienestar de la mujer

durante el parto tiene importancia intrínseca y,

RE

CU

AD

RO

5.2

temas de género importantes que no se han

abordado debido a restricciones en los datos

Los roles asignados a cada género inciden en cómo hombres y mujeres utilizan su tiem- po. Además de trabajar en la fuerza laboral, muchas mujeres deben ocuparse de los demás miembros de la familia y de realizar labores domésticas, lo que reduce su tiempo libre y aumenta su estrés y cansancio. Si bien se están comprendiendo mejor las con- secuencias del uso del tiempo en el bienestar, esta información no es de conocimiento público ni se recopila regularmente, de modo que no se puede incluir en las medidas globales.

Es absolutamente necesario contar con información sobre la tenencia de los activos económicos por parte de la mujer, ya sea sola o en copropiedad con su cónyuge; los bie- nes inmuebles revisten especial importancia. No obstante, estos datos no están disponi- bles de manera generalizada. La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) cuenta con una nueva base de datos sobre género y derechos de propiedad que cubre seis temas (marco jurídico, tenencia de la tierra, tratados inter- nacionales, derecho consuetudinario, organizaciones de la sociedad civil y estadísticas sobre el uso de la tierra), pero incluye menos de 100 países.

La violencia contra la mujer es un hecho demasiado frecuente. Sin embargo, no está documentada de manera tal de permitir comparaciones internacionales. La Organiza- ción Mundial de la Salud (OMS) calcula que el porcentaje de mujeres que han experi- mentado violencia física o sexual alcanza hasta 71% en algunos países.

Para saber más acerca de la participación de la mujer en la toma de decisiones, los indicadores comunitarios serían de gran ayuda; por ejemplo, aquellos que abordan la representación y el liderazgo. Este aspecto ha cobrado más importancia en muchas na- ciones, incluida India. Sin embargo, sólo unos pocos países disponen de datos compa- rables. De igual forma, son escasos los datos de participación electoral desagregados por género.

Fuente: Agarwal, 2003; ONU-DAES-DAW-CSW, 2010; Desai, 2010.

además, es una clara señal del lugar que ocupa la mujer en la sociedad. Hay factores que reducen el riesgo de morir durante el parto, como educa- ción, nutrición adecuada, acceso a anticoncep- tivos, servicios de salud prenatal y asistencia de profesionales capacitados. Y aunque muchos de estos servicios son de bajo costo, todavía les son negados a demasiadas mujeres.

Hay grandes disparidades en el coeficiente de mortalidad materna, incluso entre países de ingresos similares. Irán tiene un ingreso per cápita más alto que Costa Rica, pero su coefi- ciente de mortalidad materna es 4,5 veces mayor. En el caso de Indonesia, el ingreso es levemente más alto que el de Mongolia, pero mueren nueve veces más mujeres durante el parto. En Estados Unidos, la mortalidad materna es 11 veces la de Irlanda, país que lidera este ámbito.

La reproducción no sólo conlleva riesgos, con frecuencia también se inicia demasiado pre- maturamente y compromete la salud y restringe las oportunidades futuras. La procreación a edad temprana, medida a través de la tasa de fecundidad de adolescentes, aumenta los riesgos sanitarios para la madre y el bebé y suele impe- dir a las jóvenes asistir a la escuela, destinándo- las muchas veces a trabajos que, en el mejor de los casos, son poco especializados16.

Empoderamiento

Históricamente, la mujer ha estado en una situación de desventaja en la arena política en todos los niveles de gobierno. Para medir esta desventaja, usamos la relación de representantes hombre-mujer en el parlamento. La representa- ción en los parlamentos nacionales, que indica la visibilidad de la mujer en el liderazgo político y en la sociedad de manera más general, ha ido aumentando en el tiempo, si bien el promedio mundial todavía es sólo 16%. En 2008, el parla- mento de Rwanda se transformó en el primero con mayoría femenina.

La libertad de la mujer aumenta si ésta cuenta con mayor nivel de instrucción, ya que mejora su capacidad de crítica, reflexión y acción para cambiar su condición y aumenta su acceso a información. Una mujer con más educación tiene mayores posibilidades de disfrutar de un trabajo satisfactorio, participar en el debate público, cuidar su salud y la de su familia y tomar otras

iniciativas. En este sentido, centramos nuestra atención en las diferencias en los niveles de ins- trucción en enseñanza secundaria y superior.

Mercado laboral

La participación de la mujer en la fuerza de tra- bajo, que incluye tanto a las empleadas como a las desempleadas (que buscan activamente un trabajo), así como a las que buscan un empleo en horario parcial, se había estancado en torno a 51% en 200817. Las mujeres de los Estados Ára-

bes incrementaron su participación en aproxi- madamente 9 puntos porcentuales en 1980, a 27% en 2008, cifra que apenas alcanza a 50% del promedio mundial18.

Aunque sirve, la participación en la fuerza de trabajo no muestra la segregación

ocupacional en el mercado laboral y la brecha salarial por motivos de género (capítulo 4). No hay medidas directas del ingreso desagregadas por género para una cantidad suficientemente grande de países19.

Dimensiones no evaluadas

Otros asuntos importantes inciden en el bien- estar de la mujer, como uso del tiempo, acceso a activos, violencia doméstica y empoderamiento local, pero no existe información confiable y oportuna al respecto (recuadro 5.2). Estas inquietudes deben servir de base para renovar las iniciativas orientadas a recabar más infor- mación y así promover mayor sensibilización, discusiones públicas y formulación de políticas (capítulo 6).

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5.4

grandes pérdidas debido a la desigualdad de género en el espectro del idh

Pérdidas en el desempeño debido a la desigualdad de género, selección de países

Arabia S audita Letonia Qatar Países B ajos Iraq China Yemen Burundi IDH muy alt o 67 17 76 32 75 41 85 63 IDH alto IDH medio IDH bajo 0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 Pérdidas debido a la desigualdad de géner

o (%) Fuente: cálculos de la HDRO a partir de su propia base de datos.

enormes variaciones en la desigualdad de género

El IDG fluctúa entre 0,17 y 0,85 (es decir, refleja pérdidas entre 17% y 85%). La figura 5.4 pre- senta las mayores y menores caídas según la cla- sificación en el IDH. Los Países Bajos ocupan el tope de la lista como la nación con la mayor equidad de género, seguido por Dinamarca, Suecia y Suiza. Las 10 naciones con la mejor clasificación en esta materia tienen un IDG promedio de 0,23. Los Países Bajos sobresalen por tener una mortalidad materna muy baja, una de las tasas más reducidas de fecundidad entre adolescentes y una situación cercana a la paridad en nivel de instrucción, participación política y empleo. Entre los países desarrolla- dos, Qatar es el que está más lejos de la igualdad de género, mientras que Arabia Saudita, Iraq y Yemen son los más distanciados de la paridad en sus respectivos grupos de IDH. Entre los países de IDH bajo, Burundi es el más cercano a la igualdad de género, al igual que China en el grupo de desarrollo humano medio.

Los 10 países que ocupan los últimos luga- res (en orden descendiente) son Camerún, Côte d’Ivoire, Liberia, República Centroafricana, Papua Nueva Guinea, Afganistán, Malí, Níger, la República Democrática del Congo y Yemen, con un IDG promedio de 0,79. Otros países con una marcada desigualdad de género son Arabia Saudita, Benin, Malawi y Sierra Leona. Con un IDH de 0,75 y un ingreso per cápita de casi US$25.000, Arabia Saudita tiene un desarrollo humano alto y ocupa el lugar 55 en la clasifica- ción global del IDH. No obstante, pese al nivel de instrucción relativamente elevado alcanzado por las mujeres de ese país, prácticamente no figuran en el parlamento y su tasa de participa- ción en la fuerza laboral es de apenas 25% en comparación con la de los hombres. Así, el país tiene un valor de 0,76 en el IDG y se ubica en el lugar 128 entre 138 naciones.

Las tendencias regionales revelan que la salud reproductiva es el factor que más contri- buye a la desigualdad de género en el mundo (figura 5.5). Tanto los Estados Árabes como Asia Meridional se caracterizan por el empo- deramiento relativamente bajo de sus mujeres. En la primera de estas naciones, la mujer ade- más se ve afectada por la desigualdad en la par- ticipación laboral. En cuanto a la participación política, es mayor en África Subsahariana que en los Estados Árabes, Europa y Asia Central y Asia Meridional. Sin embargo, este empode- ramiento se ve contrarrestado por disparidades en educación. En los países de Europa y Asia Central, la representación de la mujer en el par- lamento es más baja, pero sus niveles de educa- ción y de empleo se acercan a la paridad y las tasas de mortalidad materna son bajas.

De manera más general, los países que ocu- pan los últimos lugares en el IDH tienen regis- tros deplorables en numerosas dimensiones del bienestar de la mujer. Para los 20 últimos de la lista, la tasa promedio de mortalidad materna es de alrededor de 915 por cada 100.000 nacidos vivos y la tasa de fecundidad entre adolescen- tes, de 111 nacimientos por cada 1.000 muje- res entre 15 y 19 años de edad, muy superior a los promedios mundiales de 273 muertes y 54 nacimientos, respectivamente. Por otra parte, por cada ocho hombres, apenas hay una mujer parlamentaria en estos países.

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UR

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5.5

la salud reproductiva es la que más contribuye a la

desigualdad de género

Pérdidas debido a la desigualdad de género, por región

Mercado laboral Empoderamiento Salud reproductiva Estados Árabes Asia Oriental y el Pacífico Europa y Asia

Central y el Latina América CaribeMeridionalAsia Subsa-África

hariana Países desarrollados 23 33 96 88 96 98 99 77 16 22 92 15 19 1 2 4 14 15 2 3 35 0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 100 Pérdidas debido a la desigualdad de géner

o (%)

La desigualdad de género y la pérdida debido a la desigualdad en la distribución del IDH (0,87) están fuertemente relacionadas. Ello sugiere que países con una desigual distri- bución del desarrollo humano también expe- rimentan una elevada desigualdad de género y viceversa (figura 5.6)20.

Los países con muy mal desempeño en ambos frentes son, entre otros, Haití, Mozam- bique, Namibia y la República Centroafricana, que pierden cada uno más de 40% (en desigual- dad) y 70% (en género). Las naciones que ocu- pan el centro de la distribución —con pérdi- das de cerca de 21% en desigualdad y 58% en género— son, entre otros, México y Tailandia. Los países que muestran los mejores resultados en ambos frentes, con pérdidas por desigual- dad inferiores a 10% y de 22%, por género, son Dinamarca, los Países Bajos y Suecia.

Restricciones del Índice de desigualdad de género

El IDG no es perfecto. Una de sus deficiencias es el sesgo a favor de minorías selectas que tie- nen algunos de sus indicadores (como la repre- sentación parlamentaria). Aun así, los ajustes para neutralizar los efectos de la desigualdad

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5.6

comparación de las pérdidas en desarrollo humano

debido a la desigualdad

Pérdidas debido a la desigualdad de género versus la desigualdad