7 Modelling Interactions across skills: A method to Construct and Compare Models Predicting the Existence of Prerequisite Skill
7.2 Previous Work
Al presentar promedios, el IDH encubre las profundas disparidades en materia de desarro- llo humano que existen entre las personas de un mismo país. Los cálculos sobre desigualdad rea- lizados en anteriores Informes sobre Desarrollo Humano han sido parciales (al considerar sólo el ingreso) o han incluido unos pocos países (15 en 2006). Sobre la base de una innovación apli- cada en el Informe sobre Desarrollo Humano 2002 de México, recientemente incorporada en un Informe Regional para América Latina3, el
presente Informe construye el IDH-D de modo que pueda ser comparado directamente con el IDH y reflejar la desigualdad en cada una de las dimensiones del IDH para un gran número de países. El IDH-D tiene ciertas propiedades estadísticas que resultan muy convenientes para realizar cálculos comparativos entre paí- ses. Además, permite combinar información de distintas fuentes, por ejemplo, datos de salud provenientes de tablas de mortalidad con datos de ingreso a partir de encuestas de hogares4.
El cuadro estadístico 3 presenta un conjunto completo de estimaciones relacionadas con el IDH-D de todos los países para los cuales se cuenta con información.
El IDH-D no sólo toma en cuenta el desa- rrollo humano promedio de un país, medido a través de los indicadores de salud, educación e ingresos, sino también su distribución. Por ejemplo, podríamos decir que cada uno de los individuos de una sociedad tiene un “IDH personal”. Si cada persona tuviese la misma
esperanza de vida, escolaridad e ingresos y, por ende, el nivel promedio de la sociedad en cada variable, el IDH de esta sociedad sería igual al de cada persona y, por consiguiente, el IDH de la “persona promedio”. En la práctica, hay dife- rencias entre los individuos y el IDH promedio difiere de los niveles de los IDH personales. El IDH-D considera las desigualdades en las tres variables y penaliza el valor promedio de cada dimensión de acuerdo con su nivel de desigual- dad. El IDH-D será idéntico al IDH en los casos en que no haya desigualdad entre las per- sonas, pero se reducirá a niveles inferiores a los del IDH en la medida en que aumente la des- igualdad. En este sentido, se puede considerar que el IDH es un índice del desarrollo humano potencial (o el IDH-D más alto que podría alcanzarse de no haber desigualdad), mientras que el IDH-D es el nivel de desarrollo humano real (ya que toma en cuenta la desigualdad). La diferencia entre el IDH y el IDH-D mide la “pérdida” en desarrollo humano potencial debido a la desigualdad5.
Pérdidas dispares en desarrollo humano debido a la desigualdad
Estimamos la pérdida total en desarrollo humano debido a las desigualdades multi- dimensionales, la pérdida en cada una de las dimensiones y los efectos de la desigualdad en la clasificación de cada país en el IDH6. La
FIG
UR
A
5.1
la desigualdad tiene enormes impactos para el desarrollo humanoPérdida en el IDH debido a la desigualdad multidimensional
IDH ajustado por la Desigualdad IDH
IDH muy alt o IDH alto IDH medio IDH bajo 44% 31% 17% 8% 6% 25% 14% 45% Corea del S ur Repúblic a Chec a Perú Ucrania Namibia Repúblic a de Moldo va Mozambique Ghana 0 0,1 0,2 0,3 0,4 0,5 0,6 0,7 0,8 0,9 1,0
Nota: las cifras al costado de las barras son las pérdidas porcentuales debido a la desigualdad multidimensional (cuadro estadístico 5).
Fuente: cálculos de la HDRO a partir de su propia base de datos.
FIG
UR
A
5.2
las pérdidas en desarrollo humano debido a la desigualdad son másaltas en África subsahariana, asia meridional y los estados Árabes Pérdidas en el IDH y sus componentes debido a la desigualdad, por región
Niveles de vida Educación Salud 24% 57% 19% 24% 33% 43% 34% 27% 39% 18% 34% 45% 32% 22% 15%17% 67% 50% 15% 28% 54% Estados Á rabes 0 5 10 15 20 25 30 35 Pérdidas debido a la desigualdad (%) Asia Oriental y
el Pacífico Europa y
Asia Central Latina América y el Caribe Asia Meridional África Subsahariana Países desarrollados
Nota: las cifras al interior de las barras son la proporción del total de pérdidas debido a la desigualdad atribuible a cada componente del IDH.
En más de un tercio de los países, la desigualdad
en salud, educación o en ambas es mayor que en
los ingresos
pérdida promedio en el IDH es de aproximada- mente 22%, pero fluctúa entre 6% (República Checa) y 45% (Mozambique). Más de 80% de los países pierden sobre 10%, y casi 40% cae más de 25% (cuadro estadístico 3).
Por lo general, la desigualdad multidimen- sional es mayor en los países con menor nivel de desarrollo humano, y por lo tanto, presen- tan mayores pérdidas en desarrollo humano. No obstante, hay considerables variaciones en este campo. La figura 5.1 muestra las pérdidas más altas y más bajas en los grupos del IDH y los esquemas de las reducciones. Por ejemplo, en los países de IDH bajo, Mozambique pierde más de 45% de su valor de IDH, mientras que Ghana, sólo 24%. Entre los países de IDH alto, Perú pierde 31% y Ucrania, 8%. Con casi 17%, Corea del Sur es la nación que más pierde entre los países desarrollados.
Quienes sufren las mayores pérdidas en su IDH debido a una significativa desigualdad en las tres dimensiones son los habitantes de África Subsahariana, seguidos por Asia Meridional y los Estados Árabes (figura 5.2). En el caso de Asia Meridional, ésta es elevada en salud y edu- cación: la pérdida de India en el IDH alcanza a 1% en educación y 31% en salud. En los Estados Árabes, las reducciones habitualmente obedecen a la distribución desigual de los logros en educa- ción. Por ejemplo, Egipto y Marruecos pierden 28% de su IDH en gran medida debido a este factor. En otras regiones, las caídas suelen estar relacionadas directamente con la desigualdad en una única dimensión.
La población de los países desarrollados es la que sufre menos desigualdades en su desa- rrollo humano. En este sentido, Asia Oriental y el Pacífico también muestran un buen desem- peño, especialmente en el acceso a salud y edu- cación, mientras que en los ex países socialistas de Europa y Asia Central la distribución es rela- tivamente igualitaria en las tres dimensiones.
Al calcular el IDH-D en varios períodos, se pueden estimar y comparar los cambios en dife- rentes aspectos de la desigualdad. Por ejemplo, entre 2000 y 2005, las pérdidas de Brasil en el IDH disminuyeron de 31% a 28,5% debido a la caída en la desigualdad en las tres dimensiones: 3 puntos porcentuales en salud y 2 puntos por- centuales en educación e ingresos.
las pérdidas suelen ser mayores en salud y educación que en ingresos
En más de un tercio de los países, la desigualdad en salud, educación o en ambas es mayor que en los ingresos. Las pérdidas fluctúan entre 4% (Islandia) y 59% (Afganistán) en salud, entre 1% (República Checa) y 50% (Yemen) en edu- cación y entre 4% (Azerbaiyán) y 68% (Nami- bia) en ingresos.
Tanto la desigualdad del ingreso como la no relacionada con esta medida suele ser mayor en los países de IDH bajo. Sin embargo, la relación entre la desigualdad y el IDH es más robusta en las restantes dimensiones que en el ingreso (capítulo 3). En general, la correlación entre el grado de instrucción y la desigualdad es nega- tiva, aunque con grandes variaciones: por ejem- plo, en algunos países con menos años de esco- laridad que el promedio, la desigualdad no es mayor que en los que tienen un nivel de instruc- ción superior al promedio. En efecto, este pro- medio es mucho más bajo en Brasil (7 años) que en Corea del Sur (12 años), pero la desigualdad genera una pérdida similar en educación (alre- dedor de 26%). Países con esperanza de vida similares también pueden diferir sustancial- mente en términos de desigualdad, como Pakis- tán (que pierde 33% en salud), Mongolia (23%) y la Federación de Rusia (12%). La desigualdad en la esperanza de vida al nacer se debe prin- cipalmente a la mortalidad infantil y de niños menores de cinco años.
Estos hallazgos demuestran que una medida verdaderamente multidimensional de la desigualdad es de gran valor y sugieren algu- nas posibles políticas. La dispersión en salud y educación es el principal desafío que deben abordar los gestores de políticas públicas. En salud, se requieren programas que reduzcan la brecha en cuanto a acceso a servicios públicos (como programas de vacunación) entre ricos y pobres7. Y ya que la mayor parte de la ense-
ñanza es impartida por el sector público, como se explica en el capítulo 2, es necesario inten- sificar los esfuerzos para promover el acceso igualitario.
La desigualdad basada en el género todavía es un gran obstáculo para el
desarrollo humano. Niñas y mujeres han avanzado mucho desde 1990, pero aún no logran
equidad
Restricciones del idh ajustado por la desigualdad
El IDH-D captura la desigualdad que no mide el IDH. Pero debido a problemas técnicos y otros relativos a los datos, todavía no logra
reflejar las desigualdades simultáneas, es decir, si las mismas personas sufren privaciones en una o más dimensiones8. Dada su condición
de serie experimental, será perfeccionado en el tiempo según las reacciones que genere y la mayor disponibilidad de datos.