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5.2 Qualitative Analysis

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Alonso de Villegas (1534-1603), miembro destacado de la comunidad intelectual de Toledo, escribió entre otras obras un famoso compendio de vidas de los santos bajo el título de Flos Sanctorum15, en cuatro partes (Toledo 1578, 1583, 1588, Madrid 1589). El Greco conoció esta importante obra, de la cual figura un ejemplar en el inventario de 1621 de la biblioteca de su hijo. En el Flos Sanctorum Villegas menciona específicamente El entierro del señor de Orgaz aludiendo a que “La pintura se hizo y es una de las buenas cosas que hay en esta ciudad”16. Y como escribiera el mismo Villegas en 1588, “estaban retratados muy a lo vivo insignes varones de nuestros tiempos”17.

El doctor Francisco de Pisa18 (Toledo, 1534-1616) escribía en 1612 al referirse al cuadro El entierro del señor de Orgaz: “Pasó en el año del Señor de 1327 y está resumida en lengua latina, en más breves palabras, en un letrero o inscripción, y

15 Alonso de Villegas, “Licenciado, sacerdote, teólogo, predicador y capellán de la capilla de los

mozárabes de la catedral primada”, según afirma él mismo en la edición de la primera parte del Flos

Sanctorum (1578).

16 Alonso de VILLEGAS, Flos Sanctorum, 3ª parte, (vida 184) Toledo 1587, p.32. 17 Citado por Fernando MARÍAS, El Greco, op. cit., p. 185.

18 Fue doctor en Cánones, catedrático de Sagrada. Escritura en la Universidad de Toledo e historiador.

Dean de las facultades de Santa Teología, y Artes liberales. Beneficiado mozárabe, rector de Santa Justa y Rufina y capellán mayor de la capilla mozárabe del Corpus Christi, ante cuya entrada fue enterrado. Su obra más importante es la Descripción de la imperial ciudad de Toledo, 1605, y editada en Toledo por Pedro Rodríguez, impresor del Rey nuestro señor en 1605.

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juntamente está fijado en la pared de esta capilla de N. Sª. pintado de pincel el entierro de este santo, con figuras y retratos muy al vivo: hízose con diligencia de Andrés Núñez, cura de esta iglesia, el año del Señor de 1584”19. Para después añadir: “La pintura se hizo y es una de las más excelentes que hay en España, y costó sin la guarnición y adorno 1.200 ducados. Viénenla a ver con particular admiración los forasteros, y los de la ciudad nunca se cansan, sino que siempre hallan cosas nuevas que

contemplar en ella, por estar allí retratados muy al vivo muchos insignes varones de nuestros tiempos. Fue el artífice y pintor Domingo de Theotocópuli, de nación

griega”20.

Como señalara Garnelo, “la visión real de toda esta escena en su concepto plástico es la más vista ante el modelo de cuantos pintara nuestro Dominico, y no creemos inoportuno suponer que los reproches que escuchara ante las discusiones habidas por su cuadro El San Mauricio, ejecutado pocos años antes, influyeran en su ánimo para acercarle más al natural y buscar una representación más viva de la escena; por eso en esta obra, como en ninguna otra, prodigó el retrato los modelos vivos, que al decir de las gentes no cupiera duda de que allí se les reconocía y se les veía de verdad

hablando, como vulgarmente se dice”21.

Indudablemente se trata de retratos pero la sensación de individualidad y vida que se desprende de los personajes asistentes al entierro de Gonzalo Ruiz de Toledo es

19 Francisco de PISA, Apuntamientos para la II parte de la “Descripción de la imperial ciudad de

Toledo” (1612), (Estudio preliminar, transcripción y notas de José Gómez-Menor Fuentes), I.P.I.E.T.,

Diputación Provincial de Toledo, 1976, p. 68. Es evidente la errata de Pisa en el año en que se hizo el cuadro.

20 Francisco de PISA, Íd.. Relaciones añadidas al manuscrito, p. 164. 21

José GARNELO Y ALDA, El Greco. Análisis estético de su cuadro “El Entierro del Conde de

Orgaz”, (conferencia dada en Toledo el día 5 de abril de mil novecientos catorce con motivo de las fiestas

del tercer centenario de la muerte del insigne artista), Madrid, Imprenta de Artes Gráficas Mateu, 1914. p. 12.

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tan grande que no hubiera sido necesario testimonio alguno para estar seguro de ello22. Así pues, se sabe con seguridad que El Greco retrató allí “muchos insignes varones de su tiempo” y que entre estos se encontrarían algunos de los más destacados representantes de la nobleza toledana y ciertos eclesiásticos y eruditos, pero quiénes fueron exactamente no se sabe con certeza23. Efectivamente, si exceptuamos al erudito toledano don Antonio de Covarrubias y Leiva24, del que conocemos su físico por haberle retratado El Greco en más de una ocasión25, al niño, Jorge Manuel Theotocópuli, el hijo de El Greco, a la edad de ocho o nueve años, pues porta sobre el pañuelo doblado que asoma por el bolsillo de la faltriquera la firma en griego del pintor seguida de la fecha de 1578, el año de nacimiento del muchacho; y recientemente, por el autor de esta tesis, al arzobispo don Gaspar de Quiroga y Vela retratado como san Agustín26, al personaje retratado como san Esteban y al caballero de Santiago que está detrás de san Esteban con actitud expresiva con las manos27, ningún otro personaje ha

22 José ÁLVAREZ LOPERA, El Greco. La Obra Esencial, op. cit., p. 140. 23 Íd., p. 142.

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Antonio de Covarrubias y Leiva (1524-1602). Titular de la canonjía 15ª de la Catedral de Toledo. Dignidad de Maestrescuela, en 1580. Licenciado. Notable humanista. Gran conocedor del mundo antiguo, dominaba perfectamente las lenguas griega y latina. Poseedor de una notable biblioteca de manuscritos griegos. Profesor en Salamanca, Oidor de las Chancillerías de Granada y Valladolid, consejero de Felipe II y maestrescuela en la Universidad de Santa Catalina en Toledo. Hermano del obispo de Segovia, Diego de Covarrubias y Leiva. Íntimo amigo y colaborador del humanista Álvar Gómez de Castro. Fue también íntimo amigo de El Greco, al que prestaba y regalaba libros de su biblioteca. Doménico sintió una gran admiración por él, definiéndole en sus comentarios a un ejemplar de los Diez Libros de Arquitectura de Vitrubio, (Biblioteca Nacional de Madrid), comentados por Daniele Barbaro, cuyos márgenes están llenos de anotaciones manuscritas de El Greco, como “Ave Fénix” y “milagro de la naturaleza”, en el que convivían la elocuencia y la elegancia ciceroniana y el perfecto conocimiento de la lengua griega al lado de una infinita bondad y prudencia, de forma que “resplandece y turba la vista”. Vid Ángel FERNÁNDEZ COLLADO, La Catedral de Toledo en el Siglo XVI, Toledo, Diputación Provincial de Toledo, 1999, p. 71 y Fernando MARÍAS, El Greco, op. cit., pp. 168-169.

25 Se conservan dos retratos suyos pintados por El Greco, ambos firmados, uno en el museo del Louvre, y

el otro en el Museo del Greco en Toledo.

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Francisco LÓPEZ MARTÍN y Juan Carlos SUÁREZ BERMEJO, “Una mitra en la catedral de Toledo: Nuevas aportaciones y descubrimiento en El Entierro del Señor de Orgaz”, Toletana, 13, Toledo, Instituto Teológico San Ildefonso, 2005, pp. 249-270.

27 Francisco LÓPEZ MARTÍN y Juan Carlos SUÁREZ BERMEJO, “El Entierro del Señor de Orgaz:

Identificación de los personajes retratados como San Esteban y como caballero de Santiago con actitud declamatoria”, Toletana, 16, Toledo, Instituto Teológico San Ildefonso, 2007, pp. 287-310.

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podido ser identificado con argumentos sólidos. Si bien, se distinguen con facilidad, además del citado, otros dos caballeros pertenecientes a la Orden de Santiago por proclamarlo así las cruces que lucen en sus negros jubones.

Calvo Serraller28, refiriéndose al personaje retratado entre los frailes agustino y dominico, escribe que “parece ser Diego de Covarrubias”29, hermano mayor de Antonio. El mismo autor añade después refiriéndose al mismo personaje que “lo más probable es que sea Diego de Covarrubias”30. Había fallecido en 1577, por lo que, de ser él el que aparece retratado, El Greco debió pintarle con la ayuda de algún otro retrato. Por otra parte, en la Gloria, en el cuarto lugar contando desde Santo Tomás con su escuadra, El Greco retrató a Felipe II, aún vivo cuando se realizó el cuadro. El Greco le pintó gozando anticipadamente de la gloria eterna, quizá recordando el lienzo de La

Gloria que el propio Greco podría haber visto en El Escorial, en el que Tiziano pintó a

Carlos V y varios miembros de su familia, incluido el propio Felipe, prematuramente en el coro de los bienaventurados. Es decir, El Greco no tuvo inconveniente en retratar entre el cortejo asistente al entierro de don Gonzalo Ruiz a personajes ya fallecidos, y en la gloria de los bienaventurados a personajes todavía vivos en la época en que se pintó El entierro del señor de Orgaz.