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El pleito que tuvo con El Expolio y el fracaso del San Mauricio privaron a El Greco del “favor de los príncipes”, y durante los quince años siguientes sólo recibió un gran encargo como fue El entierro del señor de Orgaz. Durante esos años su producción estuvo compuesta por obras “menores”, cuadros de devoción y retratos para una clientela cada vez más numerosa. Su idea de fundar un taller que le permitiera la realización de retablos completos y de producir, a precios asequibles y en gran cantidad, cuadros de devoción respondería a las leyes del mercado. El pintor tuvo que enfrentarse en Toledo al hecho que no había una clientela amplia capaz de pagar los elevados

239 Halldor SOEHNER, Greco in Spanien, op. cit., Parte III, núms. 214-239. En Harold E.WETHEY, El

Greco y su Escuela, I, op. cit., p. 125.

240 Francisco de Borja de SAN ROMÁN, El Greco en Toledo, op. cit., p. 203. En Harold E.WETHEY, El

Greco y su Escuela, I, op. cit., p. 125.

241 Francisco de Borja de SAN ROMÁN, “De la vida del Greco”, op. cit., pp. 285-304. San Román

supuso que todas las piezas adicionales fueron pintadas por el propio Greco. En Harold E.WETHEY, El

Greco y su Escuela, I, op. cit., p. 125.

242 Harold E.WETHEY, El Greco y su Escuela, I, op. cit., p. 125.

243 José ÁLVAREZ LOPERA, “El problema Jorge Manuel” op. cit., En El Greco´Studio, op. cit., pp.

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precios que él pedía por obras originales, y ahí sería donde la actividad del taller revelaría toda su utilidad. El Greco realizaría las pinturas de los retablos y los grandes encargos, realizaría los retratos y crearía los modelos de los cuadros de devoción. Los miembros del taller, primero Preboste, y luego Jorge Manuel, Luis Tristán y alguno más, se encargarían de realizar en serie copias de los cuadros de devoción, muchas veces firmadas por el mismo Greco aunque ni siquiera las hubiera retocado. Así estarían disponibles para su venta a buenos precios y en gran cantidad. Fue así como salieron de su taller los más de 130 lienzos de San Francisco a los que nos referíamos anteriormente, de los que sólo unos 25 se deberían total o parcialmente a su mano. En los lienzos de esos años se hace cada vez más visible la tendencia a la interiorización, y tanto en los retratos, como en algún cuadro de devoción comienza a percibirse una clara influencia del ambiente español244. Las interpretaciones que de San Francisco hiciera El Greco, motivaron que Pacheco le concediera “la gloria” de ser “el mejor pintor deste Santo que se hubiera conocido en este tiempo”245. Las representaciones de San Francisco de El Greco son comparables a las que asimismo hizo de San Pedro, la Magdalena, San Jerónimo y Santo Domingo. A propósito y como señaló Palomino respecto a “una Magdalena”…“y no menos lo parece una Magdalena, de más de medio cuerpo, que está en poder de un aficionado , que no he visto de su mano [del Griego] cosa tan regalada, y de tan buen gusto de color”246. La imagen más extendida de los San Francisco de El Greco es la que representa a San Francisco y el hermano León

meditando sobre la muerte, de la que existen varias decenas de versiones entre

originales, obras de taller y copias, y que sirvió de base para un grabado realizado por Diego de Astor en 1606. Como escribió Cossío, esta imagen austera es “la más original y más castiza” de las pintadas por El Greco “pero también la más lejana, de aquel

244 José ÁLVAREZ LOPERA, El Greco, Madrid, 2005. op. cit., p. 74. 245 Francisco PACHECO, [1649], Arte de la pintura, op. cit. p. 698. 246

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trovador de Dios, dulce y humano, y de los serenos frescos que, inaugurando el ciclo, consagróle Giotto en Asís: cándida serenidad, que la iconografía de la Orden conservó en Italia”247. Es posible que el primer cuadro de la serie fuese el que hoy se conserva en el Colegio del Cardenal en Monforte de Lemos, realizado para el cardenal don Rodrigo de Castro248.

También sería a principios de este período cuando El Greco fijó un tipo de retrato que siguió utilizando hasta el final de su vida: figura de busto, ante fondo neutro, con el rostro de tres cuartos de perfil y la mirada girada hacia el espectador. Entre estos retratos, de los que posiblemente el más temprano sea el Retrato de un caballero nº 813 del inventario del Prado, realizado entre 1582 y 1585249 en las cercanías del entierro del

señor de Orgaz. Gudiol señaló respecto a este retrato que “la técnica ofrece curiosas

peculiaridades, el contorno de la figura fue frotado para darle un carácter más evanescente”250. Entre los retratos de El Greco hay notables diferencias de calidad, y dado que fueron realizados a lo largo de un período muy largo de tiempo, los procedimientos técnicos variarían también sustancialmente, pero la fórmula puesta a punto ahora permanecería incólume a lo largo de toda su carrera.

Ya Palomino señaló que [El Griego] “especialmente en los retratos fue, sin duda, superior, como se ve en muchos, que hay en esta Corte; que con singularidad las cabezas parecen de Tiziano”251. Añadiendo en la biografía de Velázquez que éste “en los retratos imitó a Dominico Greco, porque sus cabezas en estimación nunca podían ser bastantemente celebradas; y a la verdad tenía razón en todo aquello, que no participó de

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Manuel B. COSSÍO, El Greco, 1908, op. cit., p. 377.

248 José ÁLVAREZ LOPERA, El Greco, Madrid, 2005. op. cit., p. 74.

249 Leticia RUIZ GÓMEZ, “El Greco en el Museo Nacional del Prado”, op. cit., pp. 189-191. 250 José GUDIOL, El Greco, op. cit., p. 166.

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la extravagancia, en que deliró a lo último: porque del Griego podemos decir, que lo que

hizo bien, ninguno lo hizo mejor; y lo que hizo mal, ninguno lo hizo peor”252.