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4.3 MuCPP: Mutation System Implementation

4.3.1 Phases

1.8.1. La Piedad Niarchos

El período que sigue al Entierro del señor de Orgaz, se abre, probablemente, con otra obra extraordinaria la Piedad de la colección Stavros S. Niarchos en Londres. En este cuadro que, que sepamos, no fue nunca duplicado ni por El Greco ni por su taller, los cuatro participantes en la dolorosa escena llenan casi todo el espacio pictórico. Las figuras se sitúan al pie de la cruz, que se ve tras el grupo central de la Virgen y Cristo muerto. A la derecha del espectador, la Magdalena arrodillada sostiene la mano de Jesús y la contempla. A la izquierda cierra la composición José de Arimatea, agachado para soportar el pesado cuerpo de Cristo. En opinión de Álvarez Lopera “ésta es una de las más grandes pinturas de El Greco. Una obra en la que se aúnan el ansia de idealidad formal y compositiva, la delicada representación de las texturas y un suntuoso sentido del color con la expresión de una honda religiosidad”253.

1.8.2. El retablo de Nuestra Señora del Rosario de Talavera la Vieja

252 Íd., pp. 209-210. 253

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Al admirar las composiciones de El Greco, dispersas hoy en museos y colecciones particulares, con frecuencia se olvida algo muy importante que condiciona su sentido último y que debiera ser tenido muy en cuenta para entender su verdadero significado. Esos lienzos que se cuelgan hoy en los muros de un museo, inmediatos a veces a otros lienzos, dispares en asuntos y fechas, fueron en su origen, en muchas ocasiones, piezas de un conjunto unitario que el tiempo y los hombres han dispersado. Supervivientes de complejos programas iconográficos y devocionales, estos lienzos aislados son, en realidad, piezas de un todo que es preciso reconstruir siquiera idealmente para gozarlos y entenderlos en su plenitud254. Como el de otros retablos de El Greco, es el caso del retablo de Nuestra Señora del Rosario del pueblo cacereño de Talavera la Vieja, hoy disperso.

Contratado a comienzos de 1591, estaba destinado a ocupar el altar lateral de la epístola de la iglesia parroquial de san Andrés. Destruido lo que subsistía del retablo en 1936, sólo se han salvado tres de sus lienzos, un San Pedro y un San Andrés de cuerpo entero de las calles laterales del cuerpo principal del retablo, y una Coronación de la

Virgen del ático. Cuando se destruyó el retablo en 1936, estos tres lienzos de El Greco,

que habían sido restaurados poco antes en el Museo del Prado, se guardaban en la casa parroquial y pudieron salvarse de la destrucción255. Hoy, y tras ser adquiridos en 1962 por la Dirección General de Bellas Artes, se conservan en el Museo de Santa Cruz de Toledo los dos primeros mientras que la Coronación de la Virgen se conserva en el Real Monasterio de Santa María de Guadalupe.

1.8.3. Cuadros de devoción y retratos

254 Alfonso E. PÉREZ SÁNCHEZ, “Las series dispersas del Greco”. En VV.AA., Cat. expo. El Greco de

Toledo, op. cit., pp. 149-176.

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Durante este período El Greco aparece dedicado esencialmente a la pintura de cuadros de devoción realizados en gran parte con ayuda del taller, alguno de cuyos prototipos había puesto ya a punto en los años anteriores. Baste citar a este respecto las numerosas representaciones de san Francisco (San Francisco en éxtasis, San Francisco

meditando de pie ante la calavera y el crucifijo, San Francisco meditando de rodillas, San Francisco y el hermano León meditando sobre la muerte, La visión de san Francisco…), el desarrollo de nuevas versiones de santos orantes y penitentes (Santo Domingo en oración arrodillado ante el crucifijo, Santo Domingo orando en su celda, Las lágrimas de san Pedro, La Magdalena penitente…), la aparición de las

representaciones de santos apareados (San Andrés y San Francisco, San Pedro y San

Pablo), la elaboración de diversos tipos de imágenes aisladas de Cristo y la Virgen

(Cabeza de Cristo, La Virgen María de busto, La Virgen Mater Dolorosa) y de Sagradas Familias (La Sagrada Familia con santa Ana, La Sagrada Familia con santa

Ana y san Juanito, La Sagrada Familia con la Magdalena) y la figuración de diversas

escenas de la vida de Cristo (La Despedida de Cristo y la Virgen, La oración en el

huerto, Cristo con la cruz a cuestas Cristo crucificado…)256.

Es innegable el componente formalista en el arte de El Greco, basta con observar su continua reelaboración de temas, el modo con que utiliza esquemas formales prácticamente idénticos para escenas de diferente significación, compárense, por ejemplo, el San Francisco en meditación de la colección Torelló, y la Magdalena

penitente de Sitges, o su uso recurrente de ciertas figuras y motivos formales, un hábito

que hace pensar que, para él, una vez encontrada una forma “perfecta”, ésta podía ser utilizada una y otra vez, bien por poseer un valor expresivo propio, bien en razón de su pura belleza formal257.

256 José ÁLVAREZ LOPERA, El Greco 2005. op. cit., pp. 82-84. 257

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Por otra parte, como han señalado Martini y Morillas258, la mirada reflexiva de cuadros de devoción de El Greco, como Las lágrimas de san Pedro del Barnard Castle, y el San Francisco en meditación del Museo Lázaro Galdiano, sirvió de inspiración para las figuras de medio cuerpo de santos eremitas y apóstoles de otros pintores del Siglo de Oro, como José de Ribera “El Españoleto”, quien pudo conocer la producción de El Greco a través de Luis Tristán, con quien coincidió en Italia. También señalan estos autores la influencia del San Francisco en meditación del Museo Lázaro en otros artistas, como los italianos Giovan Battista Crespi y Francesco del Cairo.

La espiritualización con la que trató El Greco los cuadros de devoción, y especialmente los de la Pasión, resulta particularmente evidente en sus cuadros de

Cristo abrazado a la cruz, en los que Cristo aislado ante un fondo de nubes como única

referencia ambiental, abraza más que carga con la cruz, y, sobre todo, en sus representaciones de La oración en el huerto; en estos dos tipos de representaciones eliminó cualquier signo de angustia física “para ofrecernos un Cristo en éxtasis y como olvidado de sí”259.

También realizó El Greco en estos años una abundante serie de retratos. Varios de ellos han llegado a nosotros procedentes de las colecciones reales y se hallan actualmente en el Museo del Prado, como el Caballero anciano260 y el Retrato de un

médico261. Seguramente Velázquez tuvo ocasión de admirarlos y hasta tendría alguno en

su propio taller. A su muerte se registraron allí: “un retrato del griego, de una caueça de

258 Vega de MARTINI, y José M, MORILLAS ALCÁZAR, “La mirada reflexiva. Le tracce di El Greco

nella pittura del “Secolo D`Oro”, Estratto da: Rivista Storica del Sannio, 14, 3ª Serie-Anno VII, II sem.

2000, Arte Tipografica, 2001. p. 11.

259 José ÁLVAREZ LOPERA, El Greco, 2005. op. cit., pp. 83.

260 Leticia RUIZ GÓMEZ, “El Greco en el Museo Nacional del Prado”, op. cit., pp. 198-201. 261

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un clérigo”, “un retrato del griego, medio cuerpo, de vna muger” y “otro del mismo, de un viejo”262. Ninguno de estos retratos ha llegado hasta nosotros263.

Aunque no conozcamos la identidad del efigiado, la penetración psicológica que presenta el Caballero anciano264 del Museo del Prado, su sencillez y la inmediatez de la presentación, hacen que podamos hablar de un retrato íntimo, de una imagen destinada a un uso exclusivamente privado y familiar. Otro retrato de esta época que presenta una tipología relacionada con éste del Prado es el supuesto Autorretrato del Metropolitan Museum of Art de Nueva York265.