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4.3 Discussion

Resulta altamente probable que la división en libros que hoy aceptamos del

Chronicon mundi sea enteramente ajena a la intención de don Lucas. Ya Fernández-

Ordóñez (2002-03: n. 43) ha demostrado que no de otro modo ocurre con la frontera entre los libros III y IV, sin duda atribuible a su primer editor moderno: el padre Mariana461. Asimismo, tengo la impresión de que, a la luz de los datos que ofrecen los códices más antiguos conservados, la misma falta de solución de continuidad puede defenderse entre los tradicionalmente conocidos como libros II y III. El explicit que cierra el libro segundo reproduce, en todos los manuscritos relevantes, el que se halla en los códices isidorianos:

461 A pesar de no hallarse en ninguno de los manuscritos antiguos, la división en cuatro libros ha seguido

utilizándose en las últimas ediciones del Chronicon mundi, tanto en Valdés 1999 como en Falque 2003. Tal decisión resulta quizá desacertada en una edición crítica del texto, pese a la tradición editorial de la obra y a su evidente valor práctico (razón esta última de suficiente peso como para no prescindir nosotros de su utilización en un estudio como el presente).

Explicit secundus liber cronicorum beati Ysidori episcopi,

con variantes menores.

Inmediatamente, tanto los códices que transmiten la que denominaré «Redacción provisional» (SD) como B (perteneciente a la «Redacción definitiva»; cfr., más adelante, págs. 341-51), todos ellos más cercanos al autor que el resto, continúan sin solución de continuidad con un prephatio o declaración de intenciones en primera persona como introducción al seguimiento de la nómina de monarcas visigodos (con el rey Sisenando):

Prephatio. Quoniam preclarus doctor Ysidorus etates mundi et quorundam imperatorum et regum istorias ab exordio mundi usque ad tempus Sisnandi regis Gotorum docili compendio patefecit, nos a tempore quo ipse desiit, sumamus principium, ne presencium heroum memoria a futurorum mentibus diluatur (Chron. mun., III.15-9),

donde el nos que he subrayado ha de referirse necesariamente al propio don Lucas, y no a san Ildefonso de Toledo, como podría suponerse en atención a la interpolación añadida en el resto de manuscritos.

En efecto, frente a lo que ocurre en los códices mencionados, el resto de testimonios introducen, entre el explicit y el prephatio, un incipit en el que se anuncian el presunto autor y contenido del texto inmediato. El fragmento en cuestión inaugura un «[liber] tercius», en referencia al «secundus» que se acaba de dar por finalizado:

Incipit tercius a beato Yldefonso Toletano archiepiscopo usque ad Bambanum catholicum Gothorum et Sueuorum atque Euandalorum regem (Chron. mun., III.11-4)462.

462 De este modo figura en los mss. IM y sus derivados. El ms. T y sus descendientes se desmarcan en

parte, omitiendo cualquier alusión al orden de los libros: «Incipit Continuatio chronicorum beati Isidori archiepiscopi Hispalensis per beatum Illefonsum archiepiscopum Toletanum composita». En cualquier caso, se trata de un retoque aún más tardío, a tenor de la manus recentior que lo ejecuta.

Es de notar, por lo tanto, que la adición de este incipit pertenece exclusivamente a una rama de la «Redacción definitiva» del Chronicon mundi. Ni los códices que contienen la «Redacción provisional» (SD) ni el más fiel representante de la «Definitiva» (B) nos han conservado fractura alguna entre los libros II y III463. Corrobora la no división entre ellos la inexistencia de prólogo alguno, frente al que figura entre los dos primeros.

En definitiva, la organización de la materia histórica en el Chronicon mundi es, en primera instancia, heredera de su modelo isidoriano, al que imita como un acto reflejo en las divisiones entre los denominados por la tradición editorial libros I y II, y libros II y III. En mi opinión, por tanto, la organización en cuatro libros del Chronicon

mundi no es iniciativa de don Lucas464: le pertenece, primero, a su modelo (libros I-II), posteriormente, a su tradición manuscrita (libros II-III) y, por fin, a su tradición editorial (libros III-IV)465. La proporcionalidad es un criterio moderno, de estirpe renacentista, que no afecta a los escritores medievales, cuyas obras mantienen por lo general un carácter proteico466.

463 Ni que decir tiene que el epígrafe previo «Liber Tertius» pertenece a la tradición editorial de la obra, y

que no se encuentra en ningún manuscrito antiguo.

464 Así lo sintió igualmente Fernández de Heredia cuando, en el último cuarto del s. XIV, trasladó al

romance aragonés el Chronicon mundi sin proponer ninguna solución de continuidad en el reinado de Pelayo, hecho que ha llamado la atención de Cacho Blecua 1997: 97.

465 La ausencia de solución de continuidad que, por tanto, hay que reconocer a la obra en este punto

(pérdida de España/surgimiento de Pelayo) expresa mejor formalmente una de las cualidades ideológicas de la narración (y de la historiografía hispana medieval prácticamente en su conjunto): el consabido goticismo (o continuidad identitaria entre el poder godo y el asturleonés).

466 Frente a todas estas consideraciones, no posee por tanto demasiado valor probativo el argumento de

Gil 1995: 89, donde defiende la división en cuatro libros del Chronicon mundi por el carácter simbólico de este número, teniendo presente, además, la condición no menos mágica del número tres. En este sentido (y como curiosidad que ilustra su pareja importancia), la literatura tradicional nos ha legado algunas disputas entre estos dos números, como la cantada por Joaquín Díaz (2003: corte 5), con el título

Trovos nuevos del cuatro y el tres, que comienza: «Estaba el cuatro y el tres / en grande disputa un día /

argumentando los dos / cuál mejor número hacía»; por cierto que, al menos en esta ocasión, sale victorioso el número tres.