2. Context-aware computing
2.4 Utilisation of extracted information
La llamada Divisio Wambae es una mistificación que, desde al menos el s. XII,
circulaba por la Península atribuida al mencionado soberano304. Al decir de Vázquez de Parga, el apócrifo habría surgido a partir de las antiguas nóminas de sedes episcopales de la «Hispania» visigoda, previas a la ocupación musulmana305. El texto conoce varias familias, entre las que aquí nos interesa la que el editor denomina «grupo pelagiano»306; los testimonios de la Divisio Wambae pertenecientes a este conjunto no la conservan exenta, sino incorporada en el marco de una narración historiográfica más amplia.
(propuesta por Gil y desarrollada por Estévez) de la existencia de un estado de la versión rotense previo al que conocemos.
304 Fue publicada críticamente por Vázquez de Parga (1943), quien estudió sus precedentes, organizó sus
tipos y expuso su tradición manuscrita.
305 Cfr., más atrás, págs. 56 y 58.
306 Existen, además, las familias bracarense, aragonesa y toledana, que poseen en común la condición de
haberse transmitido sin formar parte de relato histórico más amplio. A través del cotejo de los testimonios de todas las familias, Vázquez de Parga fue capaz de reconstruir el «texto primitivo» de la obra.
El corpus pelagiano transmite dos versiones de la Divisio Wambae: una figura
en la miscelánea primitiva (a través de la copia que del Codex vetustissimus ovetensis contiene el ms. BNE 1346, fols. 7-11) y otra en la Compilación B; no en la Compilación
A, que prescinde, dentro de su secuencia cronística (Liber cronicorum seu fabularium),
del comienzo de la sección correspondiente a la Chronica Visegothorum de Alfonso III hasta el reinado de Alfonso II. En efecto, las dos versiones307 figuran entremetidas en sendos relatos históricos: la de la miscelánea primitiva, dentro del Liber Itacii y la de la
Compilación B, en el Liber cronicorum. No de otro modo, en efecto, actúa el anónimo
compilador najerense (y, andado el tiempo, también Lucas), al incorporar la falsificación a su corpus. Pero, ¿conoció alguna de las dos versiones de la Divisio
Wambae pelagiana hoy conservadas, o bien tuvo acceso a una redacción desconocida?
Hacia esta última opinión se inclina Vázquez de Parga (1943: 64-65)308. Para intentar resolver esta cuestión (y sentar los cimientos necesarios para la posterior comparación con el Chronicon mundi), conviene ahora cotejar las tres versiones del apócrifo en cuestión: por un lado, a través de las condiciones en que se produce su acoplamiento en los respectivos contextos (el Liber Itacii, el Liber cronicorum y la Chronica
naiarensis)309; y por otro, a través de las variantes tanto de contenido como textuales. El testimonio «itaciano» que nos conserva el ms. BNE 1346 comienza con la noticia de la ocupación de los suevos, vándalos y alanos de «totus Hispanias», para ofrecer de inmediato la serie de reyes vándalos, encabezada por Gundericus, de quien se afirma haber reinado «Galletiae et Asturiae in partibus» dieciocho años; además,
Iste aedificauit ciuitatem in Asturiis et posuit ei nomen Luco, id est Luceo310.
307 Publicadas ambas por Vázquez de Parga 1943: 97-103 y 111-15.
308 Sin embargo, su excelente estudio no alcanza a analizar «el último estado de la redacción pelagiana»
que, según el investigador (1943: 65), nos muestra el texto del Tudense, pese a reconocer la existencia de retoques por parte del diácono leonés (1943: 65; para estas adiciones, cfr, adelante, págs. 128-32).
309 Su editor lleva a cabo una sumaria descripción de ellas (1943: 61-65), que amplío con datos
complementarios.
310 Noticia que repite la del Liber Testamentorum pelagiano («Rex iste in Asturias ciuitatem hedificauit
Era CCCLXL VIII quam Lugo id est Luceo uocauit [...]»), como indica Vázquez de Parga 1943: 61 y n. 4.
A partir de aquí, se sucede sin solución de continuidad la serie de reyes vándalos (con la fórmula «quo mortuo x regnauit pro eo»): «Gisericus», «Vniricus», «Guntamundus», «Trasemundus», «Ildris» y «Gilmer». Seguidamente, se anuncia que después de los reyes mencionados comenzaron a reinar los suevos: el primero, «Ermericus», y tras él (enumerados con la misma fórmula anterior), «Riccila», «Rectiarius», «Maldram», «Frumarius», «Remismundus» y «Theodericus», tras cuya mención se añade la «Era DV». A este último rey se le atribuye la condición de «catholicus» y la iniciativa de haber celebrado un concilio en la sede bracarense, en que se dividió la diócesis sueva entre sus obispos; así, se van desgranando los territorios pertenecientes a cada sede (la metropolitana Braga, Dumio, Egitania, Portugal, Lamego, Conimbria, Viseo, Tuy, Orense, Iria, Lugo, Bretonia y Astorga). El sucesor (en «Era DXVII») de Theodorico, «Mirus», convoca un segundo concilio bracarense, y esta vez se ofrecen los nombres de los obispos asistentes311.
Acabada la nómina, se produce el error de repetir la sucesión «Theoderici» > «Mirus», ya indicada previamente312, al que sigue el final de la genealogía regia, con la
mención de «Euorigius». Finalmente, de los vándalos y suevos se declara que reinaron 300 años «in ulteriori et in citheriori Hyspania». Inmediatamente, se anuncia la sucesión de los reyes godos:
Post hos reges, Goti ceperunt regnare; prius regnauerunt in Italia, deinde in Gallias,
expulsando de las «Spanias» a suevos, vándalos y alanos. En este punto, se inserta la célebre nómina de reyes godos iniciada con Atanarico313:
311 En este orden: «Martinus Bracharensis», «Dimissol Visensis», «Lucentius Columbriensis», «Adoric
Egestanae», «Sardinarius Lamecensis», «Viator Magnecensis», «Nitigitius Lucensis» («ex synodo lucense»), «Andreas Iriensis», «Merugiti Auriensis», «Anila Tudensis», «Mauloch Britoniensis», «Virmudus Lucensis» («quae edificata fuit ad euuandalis in Asturiis»), «Polimius Asturicensis», «Ataulfus Legionensis». Respecto a la nómina anterior, se echan de menos los obispos de Dumio y Portugal, y se añaden las sedes «magnecensis», «legionensis» y una «lucensis» más.
312 Lo que parece demostrar el mayor interés del redactor por los textos propiamente dichos (concilios y
divisio) que por el marco en que se encuadran.
313 Una anotación autógrafa de Morales a la altura del comienzo de la nómina, dice: «Vide infra Vulsae
Primus rex gotorum Athanaricus regnauit xiiii in Italia et in Galias. Quo mortuo, Alarico regnante, Goti ingressis Hyspanias et regnauit annos xii. Quo mortuo [...]
y así sucesivamente se desgranan los «Ataulfus», «Sigericus»314, «Vuayla», «Theudericus», «Turismundus», «Theudericus», «Euricus», «Alaricus», «Gesaleicus», «Amalaricus», «Theudis»315, «Theudisclus», «Agila», «Athanagildus», «Liuba», «Leubigildus», «Recaredus», «Liuba», «Vuitericus», «Gundemarus», «Sisebutus», «Recaredus», «Sintila», «Sisnandus», «Sinthila», «Tulga», «Cindasuintus»316,
«Recesuintus» y «Vbamba», con sus respectivos cómputos de reinado.
Es al llegar a este último rey cuando se inserta, por fin, la noticia de la celebración de un concilio en Toledo, en vista de la «contentio» existente entre obispos y arzobispos de las diversas diócesis, que no acababan de ponerse de acuerdo respecto a los límites de cada una. Al concilio fue invitado Bamba, con la intención de que dividiera entre ellos los territorios diocesanos. El rey, «misericordia motus», acepta el encargo y, sucesivamente, va dibujando el supuesto mapa eclesiástico de la Hispania visigoda. Así, quedan delimitados los arzobispados de Toledo (bajo la autoridad del arzobispo Quirico317), Sevilla, Mérida, Braga, Tarragona y Narbona, a través de la mención, respecto a cada una de sus sedes, de cuatro puntos de referencia: sus extremos oeste y norte, primero, y este y sur, después, con el recuento final del número de sedes sujetas a cada metrópoli318.
anotación de mano de Morales hace mutua la referencia: «Conferenda sunt omnia cum annalibus qui sun retro fo. 8».
314 A partir de este rey se prescinde de la fórmula «Quo mortuo... regnauit pro eo», utilizada en los dos
pueblos anteriores, para reducirla a la mera mención del nombre de cada rey más «regnauit annos x».
315 A partir de este rey, ocasionalmente se añade mención de meses (y aun de días) de gobierno. 316 Tras el cómputo del reinado de «Cindasuintus» («solus»), se añade la «Era DCLXV».
317 Personaje ya presente en la Historia Wambae de san Julián, de donde pudo ser extraído su
protagonismo aquí.
318 Ambrosio de Morales lo describió con más belleza: «[…] y fueron al parecer por sus quatro lados
oriente y poniente, septentrión y mediodía. Con esto se nombra por principio de vn obispado el lugar donde el otro acabó. Porque el poniente del pasado es lo oriental del siguiente, como el mediodía del vno es el setentrión del otro» (1577: 173).
En algún momento, la monótona secuencia se rompe. Lo hace, por ejemplo, en el inicio de la división de la diócesis bracarense, donde se pone en boca de Wamba una referencia a la división de la jurisdicción gallega llevada a término por el suevo Theodericus, de que previamente se dio noticia:
Post hec, diuisis sedes Brachare et dixit: «Sicut Theodericus rex diuisit et
ordinauit sedes Galletiae ita eas permanere mandamus et hos terminos eis superponimus».
Una vez delimitadas las sedes de Dumio, Portugal, Tuy, Iria, Lugo y Britonia, el discurso parece eximir tanto a León como al Lugo asturiano de sumisión alguna, al de la serie convencional de sedes adscritas a la silla bracarense y tratándolas como cabezas de archidiócesis. En el primer caso, «Legio», a través de otro parlamento del propio Bamba:
Post haec, dixit Bamba rex coram omnibus adstantibus qui erant in concilio tam ecclesiasticis quam secularibus viris: Legio teneat per Pirineos montes, per Pennam Rubeam vna cum media Leuana, Ceruera [...],
ensartando una serie de topónimos que no cumplen con la fórmula convencional («x teneat de a vsque b, de c vsque d»), sino con otras más simples. Al final, añade la «Era DCCX».
Son asimismo palabras del rey las pronunciadas respecto a «Lugo, quam in Asturiis Euandali edificauerunt», con mención expresa a su exención:
et episcopum in ea miserunt quae numquam fuit subdita vlli metropoli,
y fórmula descriptiva de sus términos semejante a la de «Legio»:
teneas totas Asturias per Pirineos montes, per omnes litus Oceani usque Vizcaia, per [...],
en que se adjudican, para la sede lucense que habría de ser Oviedo, numerosos territorios gallegos.
Termina la intervención real, tras la larga enumeración de territorios, con más sentencias prolucenses de Bamba:
[...] sicut eam dotauerunt nostri praedecessores euuandali reges et dixerunt omnes «Placet, placet nobis omnibus».
Las dos diócesis restantes, Tarragona y Narbona, lejos del radio de acción ovetense, no ofrecen, como era de esperar, novedad alguna de contenido.
Como epílogo a la Divisio Wambae, el Liber Itacii pelagiano, a través del discurso unísono de obispos y arzobispos hispanos, acepta la ordenación regia y anatematiza cualquier eventual disidencia; los términos del acuerdo, a petición del propio rey, son puestos por escrito por Pedro de Santa Leocadia, a todas luces escribano de Toledo; por fin, en plena armonía, se levanta el concilio. La refundición termina con el cómputo del gobierno de Bamba, su muerte «in pace» y su entierro «in Valle de Monnio, in ecclesiam Sancti Petri»319.
Respecto a la incorporación de la Divisio Wambae al Liber cronicorum320, ya he
señalado cómo la manifestación más acabada que conservamos del corpus pelagiano se construye básicamente a través de dos operaciones complementarias: 1) la articulación de los textos históricos (que se hallan más o menos desordenados en la miscelánea primitiva) para formar una secuencia cronológica de gran coherencia; y 2) la incorporación a ese tronco narrativo de una serie de textos que permanecían exentos en la fase previa del corpus pelagiano.
Uno de estos textos es la Divisio Wambae, que el compilador del Liber
cronicorum debió de encontrar ya integrado en el Liber Itacii. Pese a que, en aquél, el
catálogo de sedes hispanas aparece desprovisto de las Nominae regum, no por ello deja
319 El lugar de enterramiento del rey Bamba es un motivo de especial interés en la Historiografía medieval
(cfr. Catalán 1992: 123-25 y 1997: 136-39).
de presentar un marco de contextualización propio321. Cuando la secuencia historial alcanza la Chronica Visegothorum de Alfonso III (versión «ad Sebastianum») y tras dar cuenta de la muerte de Recesvinto en Gérticos322 y de su entierro en Toledo, se hacen constar sucesivamente la elección de Bamba al trono toledano (en «era DCCX»), su renuncia inicial y posterior aceptación, la noticia de su unción en Santa María de Toledo (que completa, respecto a la redacción «original» de la obra, con una serie de datos cronológicos) y el célebre milagro de la abeja salida de su cabeza en señal de triunfos venideros, «quod postea probauit euertus». Es en este punto323 donde se introduce la larga interpolación en que aparece contenida la Divisio Wambae. El refundidor, del mismo modo que el autor del Liber Itacii, se hace eco en primer lugar, de la «magna discordia» existente por aquel tiempo entre los obispos y arzobispos hispanos a causa de la invasión de territorios ajenos. El rey celebra concilio en Toledo (al que son convocados «tam ecclesiasticum ordinem quem secularem») y, una vez escuchadas las demandas de cada uno, el rey propone tomar como referencia («Adducatur in medio») el muy divulgado «Numerus omnium sedium Hyspaniensium», que inmediatamente se copia324, con el expreso acuerdo de que «uniuscuiusque prouincie sedes suo
metropolitano subscripte usque in Rodano maneant». Tras la conocida enumeración de sillas obispales adscritas a las metrópolis de Toledo, Mérida, Braga, Sevilla, Tarragona y Narbona, se añade el cómputo de sedes hispanas («absque prouincia Tingitanie»), así como la excepcionalidad, común a los arreglos ovetenses, de «Legione et Oueto (ya asumida la vieja Lugo vándala), que nullo unquam metropoli fuerunt subdite».
Sólo en el segundo día del concilio (y movido por la misma «misericordia» que en el Liber Itacii), toma de nuevo la palabra el rey para advertir del anatema en que incurrirá aquél que contradiga sus disposiciones en materia territorial (con fórmulas que, ocasionalmente, recuerdan las del epílogo del Liber Itacii), ante lo que «omnes qui erant
321 Sólo con posterioridad y con el fin de integrar la Divisio Wambae en la secuencia historial del Liber
cronicorum prescindió lógicamente del «contexto» que para las particiones diocesanas suponía la Nomina regum, ya innecesaria tras haber incorporado a la serie cronística las historiae de suevos, vándalos y
godos de san Isidoro.
322 Con una serie de cómputos adicionales propios de esta refundición. 323 Chron. Viseg., 1
9 (Gil 1986: 115).
in concilio, una uoce dixerunt: “Placet, placet nobis omnibus”»325. De nuevo en estilo directo («Tunc rex ait:»), el propio Bamba va poniendo fronteras al mapa eclesiástico hispano con el sistema consabido (y orden: Toledo, Mérida, Braga, Sevilla, Tarragona y Narbona), pero con una serie interesante de variantes textuales y de contenido que habrá tiempo de comentar. A pesar de que el refundidor del Liber cronicorum prescinde de la estructura que usa el Liber Itacii (Nómina de reyes vándalos + Nómina de reyes suevos + Concilio bracarense primero + Concilio bracarense segundo + Nómina de reyes godos + Concilio de Toledo [=Divisio Wambae]), no por ello desprecia la información que le proporciona su modelo, de manera que, al exponer la división del territorio emeritense, va a aprovechar algunos datos adicionales que aporta el texto del concilio de Braga (primero)326 a propósito de las sedes de Egitania, Conimbria, Viseo y Lamego, es decir, las sedes «suevas» pertenecientes al territorio emeritense.
Asimismo, al llegar a la partición de la diócesis de Braga, el refundidor no sólo incorpora la referencia al concilio primero celebrado en esa metrópoli que ya incluía el
Liber Itacii, sino que la adiciona con algunos datos procedentes del propio texto del
concilio:
Post hace diuisit sedes Brachare et dixit: «Sicut Theodericus rex diuisit et ordinauit sedes Galletiae ita eas permanere mandamus et hos terminos eis superponimus» (Liber Itacii) ~ Post hec diuisit rex sedes Braccare et ait: «Sicut Theodericus rex sueuorum catholicus apud metropolis Brachare concilium
celebrauit et diuisit unicuique sedi diocesseos que erant inter omnes episcopios Galleciae ita eos stare precipimus atque confirmamus et os terminos illis
sedibus proponimus (Liber cronicorum)327.
325 «[...] omnibus ibi adstantes vna voce dixerunt: “Fiat, fiat, amen [...]”, proponía el Liber Itacii. 326 En que, recordemos, se dividía la diócesis bracarense.
327 La introducción al Concilio bracarense primero en el Liber Itacii decía: «Rex iste fuit catholicus et fuit
celebrare concilium in metropolis Bracharae et diuisit omnem diocesim inter omnes episcopos Galletiae
sicut hic scriptum est». Señalo en cursiva la información tomada desde este texto (o uno similar) por el refundidor del Liber cronicorum. El hecho de ser Theodericus rey «sueuorum» es dato que también figura en el Liber Itacii, incluido en la nómina de los reyes de ese pueblo.
Una vez concluida la división de Braga, el Liber cronicorum, siguiendo al Liber
Itacii, introduce, en primer lugar, la condición excepcional de León. Sin embargo, pese
a coincidir con su modelo en el comienzo de la digresión,
Post hec dixit Bamba (d. B. om. Lib. cron.) rex coram omnibus adstantibus (a. o., Lib. cron.) qui erant in concilio tam ecclesiasticis quam secularibus viris (t. e. q. s. v. om. Lib. cron., que añade ait),
el refundidor del Liber cronicorum se separa del Liber Itacii al introducir, en primer lugar, la fórmula de exención de su diócesis («que nunquam ulli metropoli subdita metropoli sint [...]») que en el Liber Itacii únicamente se aplicaba a la Lugo asturiana; e inmediatamente, una noticia exclusiva del Liber cronicorum, que en vano buscaremos en el Liber Itacii, y que viene a apoyar esa autonomía territorial de León:
[...] sicut illam Decencius legionensis episcopus in liberitano concilio cum auctoritate romana in presencia Ataci regis alanorum cum omnibus ecclesiasticis siue et secularibus yspanis uiris stabiliuit subscriptosque terminos posuit ita eam permanere mandamus atque confirmamus.
Todo indica que nos las vemos aquí con un paso más en esta carrera de invenciones de un pasado remoto al servicio de determinadas reivindicaciones de derechos actuales. En este caso, se recurre a la autoridad de un obispo leonés Decencio328 que, en un concilio celebrado en la Granada de los alanos, en presencia del rey Atacio329 y «cum auctoritate romana» dispone establecer las posesiones de la sede leonesa330, que, en lo esencial, coinciden con las que ofrece el Liber Itacii. De inmediato, el refundidor del Liber cronicorum, detrás de la Divisio Wambae de su modelo, presenta la segunda de las sedes exentas:
328 Recordemos que el segundo concilio de Braga traído a colación por el Liber Itacii enumera los
prelados de cada silla; pero al leonés se le denomina «Ataulfus».
329 Ya señalamos que, pese a anunciar el Liber Itacii una nómina de reyes alanos (junto a vándalos,
suevos y godos), este pueblo queda finalmente olvidado en el texto.
330 ¿Es esta interpolación argumento suficiente para apuntar la posibilidad de que el foco de atención del
Liber cronicorum se haya desplazado unos kilómetros al sur, pasando de Oviedo a León? ¿Acaso el Liber cronicorum, tal como lo conocemos hoy, ya no es fiel reflejo de una inicitativa pelagiana? Desde luego,
Et iterum dixit rex: «Lugo, quem in Asturiis euandali edificauerunt et episcopum in ea miserunt quae nunquam fuit subdita vlli metropoli, teneat [...]» (Lib. Itacii) ~ Tunc predictus rex, surgens in concilio, dixit: «Lugo, que in Asturiis Guntamundus catholicus euandalorum rex edificauit episcopiumque in ea statuit que nunquam subdita ulli metropoli fuit [...]» (Lib. chron.),
aprovechando datos asimismo de la nómina de reyes vándalos que leía en su modelo (y que he señalado en cursiva)331, para concluir la alocución del rey con un detalle que puede ser revelador del interés del refundidor:
sicut elle auctoritate romana et cum consensu omnium ecclesiasticorum siue et laycorum uirorum yspanorum in legionense concilio stabiliuit terminosque posuit ita eam permanere mandamus atque confirmamus (Lib. chron.).
En efecto, ni rastro de este concilio leonés se halla en el Liber Itacii, de modo que había que suponerlo de nuevo intervención del refundidor. Pero hay más, contra todo lo esperado en una mistificación pelagiana (y contra lo efectuado por el Liber
Itacii), con esas mismas palabras se cierra la noticia en torno a la Lugo asturiana, esto