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El hombre moderno parece obsesionado por el deporte (bien como espectador, bien como participante). El 25-30% de la población com- pite con regularidad en pruebas deportivas.2Esto no es sorprendente. Los beneficios para la salud que se obtienen con la práctica de ejercicio regular están bien documentados (reducción de enfermedad coronaria, hipertensión arterial, diabetes no insulinodependiente, cáncer de colon, ansiedad, depresión, mortalidad) y todo médico responsable lo reco- mienda como «la forma más sencilla para conservar la salud».3 Sin embargo, existe la preocupación de que no se hace suficiente ejercicio participativo (menos del 50% de la población infantil entre 10 y 17 años hace ejercicio con regularidad, y más del 80% de la población con más de 65 años no practica ningún deporte).2En los países desarrolla- dos es probable que la falta de ejercicio y el consumo de alcohol y taba- co generen una catástrofe sanitaria hacia el año 2020.4

Aunque la condición/capacidad físicas deportivas son importantes, es probable que estemos creando naciones modernas de ateos ignorantes, pero en forma (repárese en el declinar de la asistencia a la iglesia y el nivel de lectura en los países desarrollados). Los gimnasios del centro de las ciudades son las catedrales de la era moderna. El realismo de «Beavis y 2. Bloomfield J. y cols. 1995. Science and medicine in sport. 2.ª ed. pág. xiii. Blackwell Science. 3. Birrer RB. 1994. Sports medicine for the primary care physician. 2.ª ed. p v. CRC, Boca Raton. 4. Murray CJL, López AD. 1996. Evidence-based health policy–Lessons from the Global Burden

Butthead», dos personajes adolescentes e iletrados del cine norteamerica- no, es preocupante. Los educadores norteamericanos ya han dado la alar- ma sobre la falta de competitividad dado el bajo nivel educativo de una economía global basada en el conocimiento.5Por supuesto, los aconteci- mientos deportivos cubren otras necesidades. Los emperadores romanos costeaban carísimos y complicados espectáculos con gladiadores (264 a.C. a 325 d.C.) para entretener y apaciguar a las masas y mantener así el con- trol político. El Circo Máximo de Roma (siglo I a.C.) acogía a 150.000 es- pectadores; en una sola sesión morían 2.000 gladiadores y 230 animales salvajes. Durante el siglo XX, los nazis (Berlín 1936) y los regímenes comunistas (1956-1988) utilizaron los Juegos Olímpicos como espectá- culos de propaganda y legitimación de sus sistemas de control social. Más recientemente, el sector de las corporaciones está recurriendo a los Jue- gos para sacar provecho financiero de ellos (Los Ángeles 1984, Atlanta 1996). Se cree que los Juegos de Sydney 2000 serán los «Juegos Verdes» y promocionarán un enfoque «ecológico» del progreso.

Aunque la frase del barón Pierre de Coubertin de que «el movi- miento olímpico tiende a reunir en una unión radiante todas las cuali- dades que guían a la humanidad a la perfección» resulte ingenua e idea- lista, no deja de ser razonable recurrir al deporte para mejorar «el conjunto de la humanidad» y hacerlo más «soportable». ¿Por qué recu- rrir para ello al deporte? Para responder tendremos que remontarnos al pasado (de hecho a 4.600 millones de años atrás).

CÓMO SUCEDIÓ

La evolución del hombre fue la siguiente.6El planeta Tierra tiene 4.600 millones de años; al principio no había oxígeno y la radiación de los rayos ultravioleta, que no filtraba la inexistente capa de ozono, estimulaba la fotosíntesis para la creación de moléculas orgánicas a partir de agua, monó- xido de carbono y amoniaco.

– El metabolismo anaerobio se desarrolló hace 3.500 millones de años. – Estos organismos originales liberaban oxígeno en la atmósfera y así pudieron desarrollarse metabolismos anaerobios (hace 2.000 mi- llones de años). Los organismos unicelulares nucleados (eucariotas 5. Years of promise: A comprehensive learning strategy for America’s children. Carnegie Corp,

Nueva York, Sept. 1996.

6. Astrard P. 1994. Introduction–Man as an athlete. En Harries M y cols. (dir.) Oxford text

con un sistema de energía ATP-ADP) aparecieron hace 1.500 mi- llones de años.

– Hace 700 millones de años aparecieron animales mayores; el pri- mer primate data 60-70 millones de años después de que los dino- saurios hubieran desaparecido; aparecieron los mamíferos, las plan- tas con flores y los pájaros.

– Los homínidos dieron sus primeros pasos hace 5-20 millones de años; el Australopithecus tiene 4 millones de años. La postura ergui- da y el bipedismo dejaron libres las manos y permitieron el uso de herramientas (y que el cerebro aumentara de tamaño). Luego llegó el Homo habilis y el H. erectus (cazadores y recolectores que sabían hacer fuego). El H. sapiens Neanderthalensis (formaban tribus y usa- ban una lengua común) y el hombre moderno (H. sapiens sapiens, hace 50.000 años). El éxito del hombre moderno se debe al bipe- dismo (del mar a tierra), a la postura erguida (la cabeza hacia el cielo), al empleo de herramientas (con la oposición del pulgar) y al cerebro y al lenguaje (con intereses universales). Los hitos locomo- tores de este progreso se concentran en los pies, la columna verte- bral y el pulgar/mano (prensión de precisión).

– Estos hitos (evolución) se produjeron de acuerdo con la teoría modificada de Darwin, según la cual la acumulación gradual de variantes genéticas (con mutaciones y reajustes cromosómicos) per- mite a la naturaleza seleccionar las «mejores» variantes.

Está claro que las actividades al aire libre como la caza y la reco- lección de alimentos han sido un elemento esencial de nuestro des- arrollo durante millones de años y constituyen un ingrediente im- portante del bienestar emocional, social e intelectual del hombre moderno. El hombre urbano y sofisticado puede sentarse con un orde- nador portátil en las rodillas, estar a la escucha de un teléfono móvil o tener un dictáfono a mano y una televisión por cable delante, pero echará de menos el ejercicio al aire libre que cubre una necesidad bio- lógica primitiva (Internet no cubre todas nuestras necesidades) de cazar (seguir el rastro de venados o pescar), luchar (contra un toro en las corridas, contra otro hombre en el boxeo o contra la naturaleza en el montañismo) o utilizar herramientas (carreras de Fórmula 1, el es- quí), es decir, de competición/enfrentamiento.7

7. Ernest Hemingway decía que sólo vivía para luchar, escribir y hacer el amor. De

El deporte organizado

La historia de las competiciones de deportes organizados presenta tres hitos:

1. El calendario de la Antigüedad: los egipcios (ejercicios 5.000 años a.C.;

carreras rituales en Menfis 3.800 años a.C.), los chinos (los empera- dores animaban a sus súbditos a hacer ejercicio a diario, 3.600 a.C.), los indios (libro del Atharva-Veda hindú) y los musulmanes (escri- tos de Avicena).

2. Los Juegos Olímpicos: la tradición grecorromana de los Juegos de la

Antigüedad (776 a.C.) y de la era moderna (1896). La competición olímpica introdujo un ingrediente de idealismo (el cuerpo, la mente y el espíritu del hombre consagrados a la gloria de Zeus) y exaltación del cuerpo y la mente (por los griegos), así como la nece- sidad de superar las diferencias políticas (los Juegos modernos). El deporte ha servido para elevar al hombre a un plano de comporta- miento idealista superando las necesidades biológicas.

3. Las grandes escuelas públicas inglesas se dieron cuenta (antes que el

barón Pierre de Coubertin) de la influencia civilizadora del depor- te organizado. Servía el deporte para encauzar las energías de los alumnos (futuros dueños del Imperio británico y de Occidente) y unirlos en empresas de cooperación y heroísmo sobre el terreno de juego (Juego del Muro de Eton) y en el agua (remo). Esos mismos estudiantes fueron a la Universidad (regata de Oxford contra Cam- bridge, 1829) y a las Colonias (donde los deportes fueron un medio para mantener el estatus social y el éxito competitivo con la madre patria: el fútbol americano, el rugby neozelandés, el cricket anti- llano, la natación y el tenis australianos). Todas las escuelas y uni- versidades terminaron incluyendo pruebas deportivas como parte importante de sus programas educativos.