La tesis de la fijación de los refranes suele acompañar a otra tesis, a saber, la de su fiel transmisión de generación en generación. Cierto es, hay refranes que presentan las propiedades que suelen ser consideradas como típicas de las expresiones fijas, pero quisiera ahora defender la idea de que la fijación léxica no es un rasgo caracterís-
tico de estas formas sapienciales. A favor de esta tesis pueden aducirse los siguientes argumentos:
a) Los refranes no se transmiten tan fielmente como lo pretende la Vulgata; en realidad, cuando encierran palabras que dejan de ser comprendidas, por el motivo que sea, se producen modificaciones. Lo mismo pasa con las estructuras sintácticas: sue- len ser modificadas para estar acordes con la sintaxis vigente. He aquí unos cuantos ejemplos:
(56) Quien hurta al ladrón, ha cien años de perdón → Quien roba a un ladrón,
cien años de perdón.
(57) En casa del herrero, badil de madero → En casa del herrero, cuchillo de palo.
(58) En consejas, las paredes han orejas → Las paredes oyen.
(59) La experiencia, madre es de la ciencia → La experiencia es la madre de la
ciencia.
(60) Tout vient à point qui sait attendre → Tout vient à point à qui sait attendre8. Así pues, los refranes difieren de las expresiones fijas, ya que muchas veces figuran en estas palabras que hoy en día son incomprensibles, o estructuras arcaizantes:
(61) prometer montes y morenas, tener la mosca en la oreja, no hay tu tía, ser la madre del cordero, estar en el ajo, no ser moco de pavo, tomar el portante, tener mala pata, pagar con las setenas, etc.
b) La gran mayoría de los refranes admiten variantes en sincronía, lo cual es imposible con las expresiones fijas:
(62) estirar la pata/*extender la pata/*estirar la pierna (63) sordo como un tapia/*sordo como una valla,
pero:
(64) A caballo regalado, no le mires el diente/A caballo regalado, no le mires el dentado/A caballo regalado, no le mires el bocado/A caballo presentado, no hay que mirarle el diente/A caballo regalado, no le mires la boca.
Incluso pueden existir variantes para un mismo locutor; véanse los anteriores ejemplos (54) y (55) y el caso de la coexistencia en la zona este de:
(65) Tanto va el cántaro a la fuente, que al final se rompe (común). (66) Tanto rueda el cántaro al agua, hasta que al final se quiebra.
El siguiente ejemplo es el caso de un autor francés de novelas policíacas donde en- contré tres variantes del mismo refrán:
(67) «…Rien que pour elle, il devait tenter de réaliser son idée. En faisant de Sylvia son alliée involontaire. Le principe qui le guidait était dans la Bible: «Qui frappe par l’épée, périra par l’épée» (G. de Villiers, Objectif Reagan, París, Ed. Plon, 1993, p. 216).
(68) «…Que nous devons agir avec la même brutalité qu’eux, dit Malko. Le Seigneur a dit que «celui qui se sert de l’épée périra par l’épée». Qu’ils meurent. Mes ennemis et les vôtres …» (G. de Villiers, Vengeance romaine, París, Ed. Plon, Col. SAS, 1998, p. 182).
(69) «… Les comptes étaient réglés. Celui qui frappe par l’épée périra par l’épée, disent les Saintes Ecritures …» (G. de Villiers, Arnaque à Brunei, París, Ed. G. de Villiers, 1989, p. 245).
Algunos estudiosos de las paremias han intentado explicar este fenómeno me- diante el concepto de «juego con la lengua». Los autores están perfectamente al tanto de la lección «normal» de una paremia, pero la modifican, la deforman, para alcanzar ‘efectos especiales’. Estas propuestas, sin embargo, son poco satisfactorias. Un pri- mer punto es que el concepto de juego con la lengua supone un razonamiento circular con respecto a la fijación; en efecto, presupone una forma central, normal, siendo las variantes el resultado de manipulaciones conscientes de parte de su autor: ello viene a decir que las paremias son fijas porque sus variantes proceden de la transformación de una forma fija. Una segunda crítica es que en los textos aquí mencionados no parece haber ningún rastro de tal manipulación lúdica; ello nos lleva a otra crítica: la total ausencia de criterios adecuados para reconocer cuándo se juega o no con la lengua. Por otra parte, habría que admitir, del mismo modo, que las variantes ora- les, que son muy numerosas, también forman parte de este juego. Finalmente, esta tesis fracasa en explicar cómo puede ser que los autores, si tanto saben de jugar con la lengua, no jueguen también con las expresiones fijas no frásticas de la misma manera9.
9 Para un auténtico juego con la lengua en un autor conocido, véase Navarro Domínguez (2000).
Por otra parte, los publicistas hacen amplio uso de paremias manipuladas, así como En abril, telepizzas a mil.
Para finalizar, recordaré que, en el caso de los refranes, los criterios usuales de fijación no funcionan, como ya he argumentado en Anscombre (2000); así, por ejem- plo, las referencias anafóricas, si bien son limitadas, no dejan de ser posibles:
(70) Más tira mozai que soga, sobre todo si esi bonita.
(71) Más vale mal concierto que buen pleitoi, por muy bueno que sea el abogadoi .
(72) A quieni madruga, poco lei dura, y se lei va la olla, en mi opinión.
He aquí un caso auténtico:
(73) «…Cette question de gain est un peu vulgaire, mais elle a son importance. L’argenti ne fait pas le bonheur. Mais on est tout de même bien content d’eni avoir …» (Marcel Pagnol, Topaze, Acte II, scène 6).
No hay tampoco invariabilidad de la forma, como se puede comprobar en:
(74) Una golondrina nunca ha hecho verano.
(75) «...que para un español –nosotros siempre hicimos, qué remedio, rancho con las desgracias– nunca ha habido mal que por bien no venga...» (Arturo Pérez Reverte, El sol de Breda, Madrid, Punto de lectura, 2003, p. 125).
(76) «…Alors, ne te fie pas aux apparences, tu sais qu’elles sont souvent trompeuses…» (Marc Lévy, Sept jours pour une éternité, París, Éd. Robert Laffont, 2003, p.108).
(77) C’est les cordonniers qui sont toujours les plus mal chaussés.10
Nótese en estos ejemplos la genericidad se conserva mediante la introducción de adverbios iterativos: nunca, souvent, toujours,... etc.