3.4 ASP FMGT: novel approach
3.4.3 FMG-tree Pruning using bi-directional traversal
70 71
Antecedentes de la agrupación y la festividad social
A NECESIDAD DE AGRUPACIÓN por parte de los inte-
grantes de las elites en Venezuela, en el sentido que tuvieron los clubes sociales de esta investigación, pudo haber surgido en el proceso de Independencia y en el período posterior a ésta, habida cuenta de la importancia de preservar sus intereses, sobre todo económicos, y de mantener la hegemonía del poder en un país que había quedado desolado por las guerras. Se trataba, entonces, de crear organizaciones cuyo objetivo no fuera precisamente el de entretener a sus miembros, sino el de orientar al país hacia la unidad de esfuerzos para la recuperación y establecimiento de una nueva sociedad. El historiador Temístocles Salazar dice en relación con el inicio de organizaciones o asociaciones en el país, lo siguiente:
“Concluida la Guerra de Independencia y ante la grave crisis política, económica y social que este conflicto dejó como secuela, se crearon un conjunto
de instituciones y sociedades gremiales que cons-
tituyeron eslabones importantes del proceso de
formación de las organizaciones patronales en Ve-
nezuela. Es el caso de la llamada Sociedad Económica
de Amigos del País , que tuvo una existencia precaria
(1829-1847) fundada en Caracas, Maracaibo, Coro, Apure, Mérida, Cumaná y Carabobo y a la que pertenecían notables médicos, educadores militares,
escritores, artistas, abogados y también comercian-
tes, agricultores, industriales y artesanos”1
La historiadora Fréderique Lange ubica con anterioridad el
72 73 origen de los clubes. En este caso, las organizaciones tenían un
carácter político. En principio, según la autora, los clubes estuvieron inspirados en modelos franceses y en ideales de independencia. Dice
la investigadora:
“ La palabra clave estaba escrita, la de una nueva so-
ciabilidad, la de los ‘clubs’ creados sobre el modelo
francés, de las llamadas ‘sociedades de pensamien-
to’ que florecen en la Francia del siglo de las luces, y donde se elaboran buena parte de las ideas que se
defendieron ulteriormente en las asambleas revo-
lucionarias. Hasta en la simbólica de la Sociedad se refleja la influencia revolucionaria francesa. En 1811,
El Mercurio Venezolano describe los símbolos y el
imaginario de la Sociedad Patriótica con motivo de
la instalación del Congreso Constituyente: la Fama, unida a emblemas del Comercio, de la Agricultura y de la Abundancia, los altares de la Justicia y de la Constitución (con la balanza y la espada que demuestran la igualdad de la ley para todos), un libro con el mote ‘libertad y sumisión a la ley’, el árbol de la libertad y los retratos de Gual y España. 2
Y da más luces la citada investigadora acerca de los orígenes
de esos clubes, inspirados en la Revolución Francesa. Veamos:
“En la Caracas de 1811, Andrés Moreno, de regreso de su cautiverio en Puerto Rico, ofrece los salones de su casa a un club ‘más demagógico’ que la refe- rida Sociedad Patriótica: el club de los Sincamisa,
donde se bailaba al son de La Carmañola Americana
(compuesta por los Landaeta), dos símbolos popu-
larizados por la Revolución de ultramar” (cursivas
nuestras ) 3
En relación con los antecedentes de entretenimiento social,
la investigadora Vida Luz Azuaje, señala:
“Entre los años 1579 y 1760 con ocasión de celebrar
el ascenso al trono de Carlos III, se realizaron diver-
sos homenajes en varias localidades de Venezuela,
tales como Carora, San Felipe, Nirgua, Coro, El
Tocuyo, entre otras, festejándose principalmente
con la representación teatral que ya para ese mo-
mento comenzaba a convertirse en una actividad
de entretenimiento muy apreciada y concurrida” 4
La misma autora explica que a fines del siglo XVIII, surge en Caracas un establecimiento que fungirá de centro de reuniones sociales, y a la vez hace mención del gobernador de Caracas para
la época, Manuel de Guevara Vasconcelos. La historiadora cita a
Juan Uslar Pietri con el siguiente párrafo:
“En aquella Caracas, donde no había cafés, como en Madrid o París, ni tabernas de cierta categoría, sino pulperías donde se bebía aguardiente de caña, ron y algún vino de jerez, la posada “El Ángel” apareció
en el momento oportuno. Los acontecimientos de
la Revolución Francesa, la sublevación de Gual y España, de Pirela en Maracaibo y otros sucesos de
menor importancia, encontraron un sitio decente
y apropiado para ser comentados y discutidos por
una juventud cada vez más inquieta”5
El maestro José Antonio Calcaño relata las reuniones de algunos miembros de la sociedad caraqueña, la cual tenía como punto de encuentro al Club Unión- la misma denominación que
tuvo uno de los principales centros de entretenimiento de Barqui- simeto, fundada a principios del siglo XX -en donde las elites de la
ciudad compartían. Así describe Calcaño a la sociedad de Caracas en el tiempo de Guzmán Blanco:
“Por las noches los hombres se reunían en el Club Unión o bien en el Círculo de los Amigos, cuyos miembros eran jóvenes de la buena sociedad. Allí se jugaba y se conversaba y a veces se invitaban unos a otros diciendo “vamos a tomar las once”, con lo
que querían decir once letras, que son las que tiene
la palabra aguardiente”.6
2 LANGE, Fréderique. Aristócratas , honor
y subversión en la Venezuela del siglo XVIII,
4 AZUAJE M. Vida Luz. Anales históricos del círculo de la Fuerza Armada de Vene-
74 75 La práctica de congregarse en clubes, ya sea como centros
de participación política o como de entretenimiento, se desarrolló
también en la ciudad de Barquisimeto, al igual que determinadas normas y prácticas sociales. Ciertas costumbres de la elite de la so-
ciedad venezolana tuvieron permanencia en el tiempo. Por ejemplo, una de las más comunes costumbres durante el período estudiado era la de publicar en la prensa avisos que daban cuenta de nuevas direcciones de sus miembros o nacimientos de bebés, hábito que
data del tiempo colonial. Encaja este fenómeno en el estudio de las mentalidades, por su larga duración. Era frecuente anuncios como
este: “Pausides Sigala y Sra. tienen el gusto de ofrecer a sus amistades su primogénita Sagrario Mercedes, nacida el 24 de los corrientes” 7
O como éste: “Manuel Guzmán, hijo e Isabel Montes de Oca Escalona de Guzmán , se complacen en ponerse a las órdenes de sus amistades en esta ciudad en la carrera 18 Nro 157” 8. Además del anuncio, quedan resaltados los apellidos de la dama, completos,
como para reafirmar la ascendencia familiar, en este caso de tradición caroreña y tocuyana. Estos avisos de prensa ofrecen pistas de la men-
talidad en la sociedad barquisimetana de entonces, como se dijo, con rasgos de permanencia en el tiempo y que aún en nuestros días se
preservan, al menos en lo concerniente a los apellidos. Con respecto
a la práctica de saludar a los amigos y hacer anuncios a través de la prensa, usual hasta bien entrada la década de los cincuenta del
siglo XX, este fenómeno pudiera tener sus antecedentes en el tiempo
de la Colonia. El músico y escritor José Antonio Calcaño destaca en
relación con esta modalidad social en la ciudad de Caracas durante la segunda mitad del siglo XVIII, que:
“Cuando una familia se mudaba a otra casa, tenía
que mandar esquelas a los antiguos vecinos par-
ticipándoles el nuevo domicilio y expresándoles el hondo pesar de abandonar su compañía y a
los nuevos vecinos otra esquela poniéndose a sus
órdenes y expresándoles la honda alegría de vivir cerca de ellos. También se ofrecían a los vecinos los
nuevos niños de la familia. Ambos ofrecimientos se correspondían con visitas, y si éstas no se efectuaban
quedaban rotas las relaciones” 9
Manuel Antonio Carreño, creador del famoso Manual de
Urbanidad que sirvió de guía de comportamiento a los integrantes
de las elites sociales en Venezuela durante el siglo XIX y que ade-
más se propagó por el mundo, ofrece algunas pistas que ayudan a
comprender lo planteado.
En la sección correspondiente al modo de “conducirnos con
nuestros vecinos”, dice:
“El que llega a una nueva vivienda debe ofrecer-
se a sus amigos, vecinos y respecto de las demás personas que moren en los alrededores, debe dejar al tiempo, a las circunstancias, y al conocimiento
que vaya adquiriendo de su carácter y sus costum-
bres el entrar con ellas en relaciones especiales de amistad”10
La organización y control de las fiestas de carnaval, que en el tiempo de estudio objeto de esta investigación revestían gran impor-
tancia, son también parte de las normas de control de la sociedad. El fenómeno de la fiesta, como elemento de cohesión y conflicto social, también merece especial atención. El historiador francés Michel
Vovelle dice al respecto:
“Pero la fiesta es doble: fusional, puede cristalizar
las aspiraciones colectivas de una toma de concien-
cia común cuando no es instrumentalizada, como
todos los riesgos de desviación que esto implica desde el punto de vista de la manipulación, pero
también sigue siendo fundamentalmente subver-
siva, ya que fiesta y revuelta están asociadas en la historia”11
Esta idea podría explicar el celo que tuvo la elite barquisi-
metana en que la fiesta de carnaval estuviera en manos extrañas a
6 CALCAÑO, José Antonio. La ciudad y su música. 1985. p.313