1.6 The Contribution of this Thesis
2.1.3 Forestry Remote Sensing
A Miguel Sánchez y Joaquim Casals, policías de Badalona contra !a violencia de género.
C uando recibí la invitación para d ar esta conferencia se m e plantearon grandes dudas respecto de la posibilidad de com unicación entre una audiencia que im aginé form ada m ayoritariam ente por personas cuyas profesiones priorizan la acción política, ju ríd ic a y social, y una antropóloga acostum brada a h acer an á lisis em inentem ente im prácticos y m inuciosos. Pues es eso lo que hacem os: som eter a escrutinio el universo de la sociabilidad en busca del sentido que atribuyen a sus propios actos los actores sociales situados, interesados, invo lucrados en sus fantasías individuales y en deseos colectivam ente instigados, orientados por la cultura de su lugar y de su época.
E fectivam ente, la antropología afirm a que hasta las prácticas m ás irracio nales tienen sentido para sus agentes, obedecen a lógicas situadas que deben ser entendidas a partir del punto de vista de los actores sociales que las ejecu tan, y es m i convicción que sólo m ediante la identificación de ese núcleo de sentido -sie m p re , en algún punto, colectivo, siem pre anclado en un horizonte com ún de ideas socialm ente com partidas, c o m u n ita ria s- podem os actuar so bre estos actores y sus prácticas, aplicar con éxito nuestras acciones tran sfo r m adoras, sean ellas ju ríd ic o -p o liciale s, pedagógicas, publicitarias o de cual q uier otro tipo. E ntonces, si, po r ejem plo, el trabajo herm enéutico de com pren der los significados de la vio len cia de género parece un trabajo perdido, d em o rado, bizantino, ím práctico, creo yo que el reiterado fracaso de m étodos su puestos com o m ás eficientes y pragm áticos que la com prensión dem orada de los hechos prueba lo contrario.
E stam os todos inform ados sobre los datos - q u e no pueden dejar de ser * C onferencia leída el 30 de junio de 2003 en la apertura del Curso de Verano sobre Violencia de género dirigido por el magistrado Baltasar Garzón de la Audiencia Nacional de España en la sede de San Lorenzo del Escorial de la Universidad Complutense de Madrid.
im precisos y dudosos po r el tipo de realidad que in d a g a n - y los relatos de casos: contam os con estad ísticas m undiales y nacionales de vio len cia de g é nero, conocem os los tipos - v io le n c ia física, p sicológica y sexual, adem ás de la v io len cia estructural re p ro d u cid a por las vías de la d iscrim inación en los cam pos económ ico y s o c ia l - y sabem os de sus variantes idiosincráticas locales, de la im posibilidad de con fiar en los núm eros cuando el escenario es el am biente dom éstico, de los pro b lem as para denunciar, procesar y p unir en esos casos y, sobre todo, de las d ificultades que tienen los actores sociales para reco n o cer y reco n o cerse y, en especial, para nom inar este tipo de violencia, articulada de una fo rm a casi im posible de desen trañ ar en los hábitos m ás arraigados de la vida co m u n itaria y fam iliar de todos los p u eb lo s d el m undo. “N in g u n a so cie dad trata a sus m ujeres tan bien com o a sus h o m b res”, dice el inform e sobre D esarrollo H um ano del p n u d de 1997 y, al decir eso, no está hablando de la
anorm alidad o de la ex cep cio n alid ad de las fam ilias con hom bres violentos sino, m uy por el contrario, de las rutinas, de la costum bre, de la m oral, de la norm alidad.
A esta afirm ación le agreg aría yo la siguiente: que no existe sociedad que no endose algún tipo de m istificación de la m ujer y de lo fem enino, que no te n g a algún tipo de culto a lo m aterno, o a lo fem enino virginal, sagrado, d eifi cado, que no lo te m a en alg u n a de las variantes del m otivo universal de la
va g in a den ta ta o que no cultive alg u n a de las form as del m ito del m atriarcado originario. P or lo tanto, la u niversalidad de esa fe en una m ística fem enina es un correlato indisociable del m a ltrato inscripto en las estadísticas del p n u d, pues se trata, sin duda alguna, de dos caras de la m ism a m oneda.
El grado de n aturalización de ese m altrato se evidencia, por ejem plo, en un co m portam iento reportado una y otra v ez por todas las encuestas sobre v iolencia de género en el ám bito dom éstico: cuando la p regunta es colocada en térm inos genéricos: “ ¿U sted sufre o ha sufrido v iolencia dom éstica?” , la m ayor parte de las entrevistadas responden negativam ente. Pero cuando se cam bian los térm inos de la pregunta nom brando tipos específicos de m altrato, el univer so de las víctim as se d u p lic a o triplica. Eso m uestra claram ente el carácter digerible del fenóm eno, percibido y asim ilado com o parte de la “ norm alidad” o, lo que sería peor, com o un fenóm eno “ norm ativo” , es decir, que participaría del conjunto de las reglas que crean y recrean esa norm alidad.
C onvencida com o estoy de que es en la descripción de algunos ejem plos p aradigm áticos que la intim idad de los fenóm enos se revela, se m e ocurre que el ca rácter coercitivo e intim idador de las relaciones de g énero “n o n n a le s ”se m u estra claram ente en una situación exenta por com pleto de cualq u ier gesto violento observable, explícito: en la cam p añ a de alfabetización para adultos coordenada por la p edagoga b rasileña E sther G rossi en el estado de Rio G rande
do Sul, una y otra vez los m aestro s reportaron que cuando los m aridos se encontraban presentes en la m ism a sala de aula, las m ujeres m ostraban un rendim iento m enor en el ap rendizaje que cuando ellos no estaban p re se n te s.1 Este ejem plo puntual h ab la de la dim ensión vio len ta inherente en la propia dinám ica tradicional de género, prácticam ente inseparable de la estructura m is m a, jerárquica, de esa relación. Y es ahí donde reside, precisam ente, la dificultad de erradicarla.
Tenem os, entonces, com o y a he dicho, datos cuantitativos en expansión y un universo de leyes tam bién en expansión bajo la presión de los organism os internacionales, pero necesitam os acom pañar esos datos y esas leyes de un m arco de sentido que oriente la conciencia y la práctica de todos aquellos que trabajan por este objetivo. Es necesario que éstos perciban claram ente que erra dicar la violencia de género es inseparable de la reform a m ism a de los aféelos constitutivos de las relaciones de género tal com o las conocem os y en su aspec to percib id o com o “n o rm a l”. Y esto, desgraciadam ente, no puede m odificarse por decreto, con un golpe de tinta, suscribiendo el contrato de la ley.
N o es po r decreto, infelizm ente, que se puede dep o n er el universo de las fantasías cu lturalm ente p rom ovidas que finalm ente conducen al resultado p er verso de la violencia, ni es por decreto que podem os tran sfo rm ar las form as de desear y de alcanzar satisfacción co n stitutivas de un determ inado orden socio- cultural, aunque al final se revelen engañosas para m u c h o s.2 A quí el trabajo de la co n cien cia es lento pero indispensable. Es necesario rom overlo, instigarlo, trab a jar po r u n a reform a de los afectos y de las sensibilidades, por una ética fem in ista para to d a la sociedad. Los m edios m asivos de com unicación, la p ro pag a n d a - in c lu y o aquí la p ro p ag a n d a de la pro p ia le y - deben ser en esto aliados indispensables. Y el trabajo de investigación y de form ulación de m o delos teó rico s para la com prensión de las d im ensiones violentas de las relacio nes de género aun en las fam ilias m ás norm ales y legales debe ser constante. C om o se ha dicho: “ hacer te o ría sin acción es soñar despiertos, pero la acción sin teoría am enaza con producir una p esad illa” .3
1 Com unicación oral de M arlene Libardoni, activista y presidenta de la o n ga g e n d f.
(A foes em Género Cidadania e Desenvolvimento).
2 Puede encontrarse un argumento crítico que nos advierte sobre los problemas y las consecuencias de legislar sobre sexo y sobre fantasías de orden sexual en un bello libro ya clásico y olvidado que relata las interfaces entre el socialismo y el feminismo británico en la década de 1970 (Phillips, 1983).
3 Paula Trichler, Conferencia de Durban de 2001, extraído de A na Luisa Liguori: “Ciencias Sociales”, en la página www.sidalac.org.mx