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3.3 Assessment of Classication Techniques on Eagle Data

3.3.2 River Deposit Classication

B iblia o sexo, el te m a tratado es incidental. La econom ía del m edio im pone su orden. P ara en ten d er esto tenem os que ex a m in a r las consecuencias de la au­ sencia de cuerpo en las relacio n es virtuales de la red. Es evidente en F reud la im p o rtan cia del ojo en la organización del deseo. El ojo es la base de todas las identificaciones (véase, por ejem plo, F reud, 1963a). Lo m ism o es posible decir de la idea lacaniana de lo im aginario com o constituido por objetos im pregna­ dos po r fantasías. L a dim ensión visual del reconocim iento del otro com o so­ porte para la fantasía es fuerte. L a sem ejanza es crucial para actualizar la fanta­ sía en el curso de la interacción social. Sin em bargo, com o A llucquere Stone bien señala, presenciam os, en este m edio, lo que el pensam iento teórico en el cam po de la antro p o lo g ía de g énero y a había, de cierta form a, anticipado: el carácter incidental de la aso ciació n entre la form a del cuerpo y el conjunto de significados a él asignados. En la com unicación virtual, se da una exacerbación de la con cien cia de que el cuerpo es constru ib le y constituye, en últim a instan­ cia, un tex to a ser leído. Es verdad, com o esta autora afirm a (1995, pp. 88 y ss.), que, en Internet, el d esaco p lam ien to entre cuerpo y p erso n a es finalm ente alcanzado, y es tam bién cierto que, com o en otros m edios de estrecha am plitud de b a n d a -c ita , com o ejem plos, la radio y los servicios eróticos por te lé fo n o - la im agen visible es su stituida p o r una im agen v erbalm ente descripta. El texto tie n e que v aler com o sustituto de la p rese n cia corporal.

En el caso p articu la r de las conversaciones sobre tem as b íblicos, el otr.o se form a del sujeto una im agen concordante con las posiciones que defiende, b asad a en experiencias pasadas. Lo que, objetivam ente, le llega al sujeto no m ás que com o puntos de vista y form as de expresarlos pasa a ser p erso n ifica­ do, transform ado en un “ o tro ” en cam ad o m ediante la actualización de ex p e­ riencias de interlocución pasadas. Pero hay dos im pedim entos para alcanzar el establecim iento de una relación autén ticam en te d ialógica en estas circ u n sta n ­ cias: el prim ero, porque las form aciones im aginarias son, por definición, no p asibles de ser som etidas a prueba, desde que el otro lado no ofrece resisten ­ cia. S egundo, porque requieren de un tiem po m ás largo de procesam iento que

los intercam bios cara a cara, lo que im plica que resulta m ás económ ico acabar prescindiendo del in terlocutor com o una realidad separada, externa. A sí, éste pasa a ser sustituido p or una im agen enteram ente interna, un doble, un autóm a­ ta, a quien puedo seducir, m aravillar, destruir intelectualm ente o derrotar m oral­ m ente según m i deseo. El m onitor es, así, un espejo donde la alteridad es sólo un espejism o. Se trata de una escena n etam ente narcisista.

Pero hay m ucho m ás que esto. Stone sugiere correctam ente que se trata de una transgresión técn icam en te instituida - y , yo agregaría, esperada hace tie m p o - d e l “ envoltorio físico del cuerpo” (ibid., p. 16), pero quiero llam ar la atención h ac ia otra dim ensión del cuerpo: su bulto. El m ero bulto, el obstáculo físico que éste interpone, com o un índice de la alteridad. T iene que ser un cuerpo. El, por sí m ism o, es el significante de la otredad p or excelencia. Por su m era p resen cia contigua ya im pone un desafío, una incom odidad, un esfuerzo para el sujeto. Su opacidad inm ediata indica, en la com unicación, la posibilidad m ism a de la alteridad. El cuerpo del otro es la encarnación del principio de realidad, el ancla que to m a la d ialogía posible. Es, al m ism o tiem po, un texto, pero tam bién una resistencia a ser texto.

En su libro B odies that Matter, Judith B utler (1993) intenta trascen d er la tram p a m etafísica de la separación entre cuerpo y form aciones psíquicas (que incorpora tam bién la oposición n atu raleza/cu ltu ra) a la cual parece conducir su obra an terio r (B utler, 1990), así com o todo el pensam iento fem inista, que es em inentem ente antiesencialista. Su b úsqueda de un argum ento capaz de dar cuenta de la presencia del cuerpo m aterial en la significación es un esfuerzo por dejar atrás el m arco idealista de las concepciones constructivistas y voluntaris- tas del género y la im aginación en general, que tienden a sustentar lo que más arriba d escribí com o la relación incidental del cuerpo con su conjunto de signi­ ficados. La cuestión es: ¿si el cuerpo es solam ente p resentificable en la con­ ciencia en y a través de la im aginación, en qué consiste y sobre qué tiene in cid en cia su m aterialidad? ¿S obre qué bases continúa siendo "el lugar sin el cual n in g u n a operación p síq u ica puede darse” ? ¿C óm o es posible que consista no m eram ente en "la superficie en blanco o el m edio pasivo sobre el cual la psiq u e actúa, sino, m ás bien, la dem an d a co nstitutiva que pone en m ovim iento la activ id ad p síq u ica” ? (B utler, 1993, p. 67). Y en el curso de su indagación sobre cóm o el cuerpo existe en el lenguaje, cuál es su lugar y papel, B utler nos da una llave para com prender el fenóm eno de la red:

Las categorías lingüísticas destinadas a "denotar" la materialidad del cuerpo son ellas mism as perturbadas por un referente que nunca puede ser resuello o contenido com pleta o perm anentem ente por ningún significante. De he­ cho, ese referente persiste sólo como un tipo de ausencia o pérdida, aquello

que el lenguaje no captura pero que, en cambio, im pulsa al lenguaje repeti­ dam ente a intentar su captura, su circunscripción - y a fracasar en este in ten to - Esta pérdida tom a su lugar en el lenguaje como una llam ada o dem anda insistente que, m ientas está en el lenguaje, nunca es completam en­ te del lenguaje (ibid.).

La autora nos advierte que, aunque los significantes son m ateriales, la m ateria­ lidad m ism a, el h orizonte referen cial del habla, no p uede ser “ colapsado sum a­ riam ente a una identidad con el len g u aje” y que el horizonte m aterial es lo que “ coloca esta d em an d a en y al lenguaje” (ibid., pp. 68-69). Y ¿cóm o y cuándo el estab lecim ien to de esta contigüidad, tran sm u tació n e im pregnación de psique y cuerpo tie n e lugar? L a clave de esta relació n entre fan ta sía y cuerpo es claram ente la p érd id a original del cuerpo m aterno, que inaugura el habla: “ el lenguaje [...] carga la h u ella de esta p érdida [...], es la m aterialidad de ese (otro) cuerpo que es fantasm áticam en te re-invocada en la m aterialidad de los sonidos sig n ific an tes” .

D esarrollando el argum ento, es posible decir que la p érd id a del cuerpo m aterno es u n a ex p erien cia fundacional y, sim ultáneam ente, una ex periencia co nstantem ente p resente. L a falta - l a cual, com o vim os, fue sentida com o falta del (propio) c u e rp o - es lo que está estructuralm ente allí, en el núcleo de la ex p erien cia de sí, no solam ente por la pérdida o riginaria sino tam bién por ser constantem ente revivida, im puesta u na y otra v ez sobre el sujeto. La búsqueda constante po r co lm ar la falta y la consecuente renovación de la p érd id a es un ac o ntecim iento diario, p erennem ente reeditado. En este sentido, no es su fi­ ciente decir que “ la m aterialidad del significante es po r lo tan to la repetición desp lazad a del cuerpo m aternal p erd id o ” y que “ el im pulso referencial del len­ guaje es retornar a la presencia originaria perdida, el cuerpo m aterno” , el cual se tran sfo rm a así en “ el parad ig m a o fig u ra de todo referente subsecuente” (ibid.,

P- 70).

De hecho, para co m p ren d er las relaciones en Internet, esa diferen cia se to rn a c r u c ia l E sto es así porque, en la vida co tidiana posedípica, el horizonte de la m aterialidad irrecuperable instalada po r la pérdida original continúa estan­ do allí com o referente para ser in cesantem ente tran sm u tad a en un índice y una actualización de la incom pletud del sujeto. Y solam ente después de este re c o ­ nocim iento estam os preparados p ara finalm ente d esenm ascarar la an o m alía de este últim o de los m edios de com unicación de estrecha am plitud de banda: funciona com o si no hubiese cuerpo. P rescinde de la m aterialidad del referente, que es tratado com o si pudiese ser colapsado com pletam ente en el lenguaje. La m aterialid ad - c o m o aquello que es p rohibido p o r la ley del p adre, po r la ley del lenguaje, com o aquello que, p or su propia n aturaleza irrecuperable, inaccesible,

irrestaurable, nos rem ite a esa ley o p rohibición o rig in a ria - es negada, el ¡m ina­ da, fo rc lu id a . Y la ley m is m a - la pro p ia interdicción que orig in a y se perpetúa con la f a lta - sufre la m ism a suerte, la m ism a o bliteración. E ntonces, mi tesis es aq u í que, una vez que se asum e com o posible p resc in d ir de la m aterialidad del cuerpo, el sujeto se arriesga a q uedar atrapado en su fantasía, a volverse inca­ paz de relacionarse, prisio n ero de una ficción de com pletud.

Pero, nuevam ente, no es un discurso m oral lo que pretendo, y necesito enfatizar que, de la m anera que lo entiendo, el déficit dialógico que identifico en In tern et no puede ser atribuido a que p rescin d e de los significados que el sentido com ún asocia con la fo rm a del cuerpo de m anera indeleble sino con la n ec esid ad de un horizonte referencial que se en cu en tre fuera del lenguaje, ju stam e n te p ara señalar los lím ites del lenguaje, y con esto los lím ites del poder

del sujeto.

T res consecuencias interconectadas pueden ser identificadas a p artir de la abolición del obstáculo del cuerpo en la com unicación virtual. T rataré de exam inarlas brevem ente: la anulación de la división interna del sujeto, la anula­ ción del Tercero o principio de la ley social, y la anulación de los otros. R esulta con esto el agrandam iento p ato ló g ic o del ego.

A rgum enté que la presencia del cuerpo com o m ateria irreductiblem ente exterior al lenguaje actúa com o un reco rd ato rio de la falta inscripta en el sujeto, de su falla interior, y actualiza, en la interacción social, la división del sujeto en una parte que puede inscribirse en el discurso y otra p arte que quedó para siem pre au sente de éste. L a obliteración de la m aterialid ad del cuerpo en el m edio de Internet p erm ite al sujeto hab lar com o si estu v iera lleno de sí, sim ulando, para todo p ropósito, su propia com pletud. Por lo tanto, una “ fo rm a posto rg án ica de an tro p o lo g ía” com o la p ropuesta p o r D avid T hom as para com prender la so cie­ dad del cyberspace (B enedikt, 1992, p. 33) no puede dejar de co n siderar la em ergencia de este sujeto agrandado, inflado y totalizador, para el cual ya no se aplica la m áx im a lacaniana, y tam b ién bajtiniana, de que el ser hum ano nunca coincide consigo m ism o.

D os opacidades faltan aquí: la opacidad del cuerpo del sujeto y la opaci­ dad del cuerpo del otro. N a d a o pone resistencia a la aprehensión com pleta y al e n g o lfa m ie n to en el lenguaje. N o hay m ás d o lo r p o r “ la in d iferen cia del m undo” en el sentido de K olakow ski. L a larga búsqueda por parte de O ccidente de una v id a desencarnada y de una sustitución del cuerpo m ediante una pró te­ sis parece h aber llegado a su fin. N ad a perm anece fuera, nada reedita la ex p e­ rien cia de la falta, todo cabe en el texto. P rescindiendo del cuerpo m aterial, Internet p rescinde de la expresión m ás radical del dram a hum ano de la separa­ ción. La porción de narcisism o inherente en todo discurso, con su retorno

parcial al sujeto en una v uelta retroalim entadora, autorreferente, dom ina aquí y d ev o ra todo el sentido del discurso.

E sto se to rn a p o sib le p o rq u e en el espacio v irtual esta ten d en cia y a p re­ sente en el sujeto en c u en tra su m edio ideal. Con su obliteración del cuerpo y la textu alizació n total y sin residuos del sujeto en el discurso, el sujeto h ablante y su posibilidad entera de ser se funden y confunden, y ésta queda fija y red u ci­ da a aquél. El “ yo creo” se tran sfo rm a en un absoluto “ no hay nada fuera de la agencia que cree, fuera del sujeto h ab lan te” . La coincidencia del sujeto con una textu alid ad circunstancial es total. Y, com o no hay falla, no hay tam poco m ovi­ m iento resu ltan te de la aspiración a la com pletud que sea capaz de propiciar una ap ertu ra hacia el m undo de afuera. P or lo tanto, no hay “ otro” . Si el ím petu p ara llegar al otro em an a de una ausencia interior, en Internet el otro y los adem anes p ara alcanzarlo tienen un carácter de sim ulacro. El sujeto se en cu en ­ tra fundido, colado, en un y o p reconcebido, enteram ente textualizado. N o hay opacidad ni resisten c ia de una realidad m aterial que pueda d efender al sujeto de ser enteram ente trag ad o por su congelado, repetitivo, texto de dom inio. Es un ritual de com pletud titánica.

E ste sujeto recuerda al cyborg m ítico de D onna H araw ay (1991, pp. 149 y ss.). A m bos son g uerreros, am bos viven en un paisaje estrictam ente no je rá r­ quico, n inguno tiene origen. Pero no puedo com partir el optim ism o de H a­ raw ay. N o puedo en ten d er cóm o es posible afirm ar que esta subjetividad, for­ m ad a por el injerto ap en d icu lar de la m áquina en el ser hum ano, haya “ saltado el paso de la unidad orig in al” (op. cit., p. 151). M uy p o r el contrario, m e parece que es una represen tació n o regresión a esa unidad original, donde lo ajeno, la “otred ad ” , no es aceptado, no tiene lugar. L a com pletud de estos seres es un sim ulacro, sim ulan una existencia fálica, llena de sí m ism a. Su actividad m astur­ batoria es ineludiblem ente fálica. Son verdaderam ente prim itivos, en el sentido exacto de esta p alab ra - s o n p re-o rig in ario s-. Ser originado sig n ifica acced er a una subjetivación que viene de otros, a u n a capacidad para relacionarse. Ser originado significa ser em pujado y expulsado de un estado de fusión indiferen- ciada h acia la vida en relación, h ac ia la diversidad. Estos seres, p or p rescindir y negar su origen, están condenados a perm an ecer en un estadio pre-género, no p o st-g én e ro .

Este m odo de subjetivación pudo darse aquí com o en ningún otro siste­ m a hubiese p odido debido a la introducción de un falso “ otro” , de un sim ulacro de alteridad. U na operación com p letam en te diferente de la que ocurre cuando un escrito r crea su obra - o incluso alguien red acta una c a rta -. C om parando a B ajtin y a Lacan, D avid Patterson explica que el prim ero se aproxim a al segundo en su visión del héroe com o “ una relación del sujeto consigo m ism o m ediado po r el otro” , donde lo que ocurre es un “ encontrarse a sí m ism o afu era” de

m anera tal que “ el y o vuelve h ac ia sí m ism o a través del o tro ” (Patterson, 1988, p. 69). M ientras “ la ta re a principal del n o v elista es tran sfo rm arse en otro de sí m ism o” (op. cit., p. 20, hablando sobre la teoría de la n ovela en B ajtin), la ta re a p rincipal de nuestro sujeto de Internet es h ac er d esfilar frente a sí m ism o su propia fusión y su com pletud en el texto, lo cual, en un doble m ovim iento, anula su falta y anula al otro. L a n atu ra lez a m o n o ló g ica de este p rocedim iento es ev id en te p o r el hecho de que el sujeto sale de esce n a siem pre satisfecho, retornando u n a y otra v ez a su conjunto de creencias preconcebidas, a sus p alabras de orden preestablecidas. Él y sus creencias tex tu alizad as se confun­ den en u n a realidad única, una identidad fija e inseparable.

A tra v é s del p ro ce so que V in cen t C rap a n za n o llam ó de “ reflex iv id ad p o se siv a ” (1992, p. 89), es en el te x to que el “y o ” se v u elv e a c ce sib le p a ra sí m ism o en cu an to o tro, así com o es en el te x to d onde se b u sc a a sí m ism o. Sin em b arg o , com o dije, n in g u n a de estas id e n tifica cio n es y b ú sq u ed as llegan a se r ja m á s co m p letas, p o rq u e en este m o v im ien to hay un resid u o d ejad o de lado, no ab a rcad o y no ab a rcab le. L a dim en sió n m a teria l del cuerpo es ju s ta ­ m e n te em b le m á tic a de este re sid u o y de e sta in a b arca b ilid a d , lo que nos perm ite trascen d er la oposición entre idealism o y m aterialism o. Por lo tanto, el su je to sie m p re e n tra sólo p a rc ia lm e n te en su d isc u rso , es sólo p arc ialm en te textualizado.

O p u e sta a lo que C rap a n za n o llam a de “re fle x iv id a d m e cá n ica” , la “ re­ flex iv id ad p o se siv a ” es “ m e d ia d a p o r el d eseo ” y ex p a n d e “ el m ov im ien to de u n a re la c ió n dual en tre el su je to y su o tro a una re la ció n triá d ic a que es a lc a n z a d a m e d ian te el le n g u a je ” . N o hay em erg e n c ia del sujeto com o tex to sin in te rp e la c ió n , sin la p re se n c ia co n tu n d e n te de un otro h ac ia el cual el d eseo se d irig e, m o tiv ad o p o r la fa lta que le es c o n stitu tiv a: “ P ara v o lv e rse u n su je to , el in d iv id u o debe b u sc a r re c o n o c im ie n to d em an d a n d o al otro que lo re c o n o z c a o rec o n o z c a su d e s e o ” . E sta e s tru c tu ra d ep e n d e de la caución im p u e sta p o r un T ercero so b re la re la c ió n y o -tú - u n a cau ció n o c u sto d ia b ajo la fo rm a de un “ m arco, c o n v e n ció n , ley, y a u to rid a d ” (ibid, p. 88) que re c u b re en te ra m e n te y o rg an iz a la re la c ió n -, A ésto s ag re g a ría aq u í la m e n ­ ción a la m a teria lid a d irreductible del cuerpo, con el im perativo de la deficien ­ c ia d el lenguaje que im pone. El cuerpo tie n e un lugar d en tro de la función del T ercero porque, y a lo he afirm ado, p o r el h echo de señ alar los lím ites del texto y su in ad ecu ació n p ara ca p tu rar la p le n itu d del sujeto le im pone un lím ite a su se n tid o de lib e rta d y p o te n cia . El T erce ro eje rc e su a u to rid ad p orque su in te rv en ció n e stá v in c u la d a al o rig en del ex ilio d el cuerpo en rela ció n con el lenguaje.

Del cuerpo camuflado del sujeto “público” al cuerpo