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Chapter 7 Conclusions and Future Work

7.2 Future Work

El 7 de octubre de 1694, con presencia de Francisco Caballero de Quiroz, corregidor de Cajamarca, los hijos y albaceas en cumplimiento a las disposiciones de la madre pusieron en remate Llaray avaluado en la suma de 15,000 pesos, una cifra que ya coloca a Llaray para estas fechas como un obraje-hacienda de mediana envergadura408. Y aunque la venta se elevaba a escritura pública (el sargento Juan de Contreras hizo postura en 15,200 pesos), queda claro que los miembros de la misma familia tenían preferencia en la adquisición de la finca rustica, en 1697 Diego Benites Niño, aparece como el nuevo dueño de Llaray y Porconcillo, además de desempeñarse como cura propio de la estancia y vicario juez de provincia409.

407

ARLL Protocolo, Aguilar, leg. 282 (1773), e. 116, ff.262-266.

408

ARC Protocolo, Corregidores y tenientes generales de Huamachuco (1643-1738), e. 556, ff. 1322- 1333v.

409

José de Castro y Domonte, cura beneficiario de Cajamarquilla, para que cobrase a Diego las cantidades de pesos restantes de esta transacción, además de lo correspondiente a la herencia a uno de sus hermanos, Onofre de Olano410.

Por estas épocas la administración corrió a cargo de Diego y Francisco, y, si atribuimos las características que Chevalier concede a religiosos y clérigos administradores de haciendas en México, que bien podrían aplicarse al caso peruano, tenemos que eran hombres mucho más instruidos y capaces que los demás [laicos], de modo que sus recientes fortuna estaba mucho mejor administrada que los bienes de los particulares, amenazados con frecuencia por la “imprevisión o la prodigalidad”411.

Ciertamente, Diego en compañía de Francisco, administraron directamente sus propiedades, luego de acumular un capital importante, decidió diversificar su economía, en 1715 compró a don Tomás Benito Ruiz y doña María de Torres y Toledo, la hacienda de Santo Tomás de Villanueva, en las inmediaciones de Trujillo, en 16,000 pesos por descuento de 8,000 de censos impuestos a diferentes personas. Se sumaban a la transacción seis esclavos, uno de los cuales le quedaron debiendo los esposos y fue motivo de una demanda iniciada por Benites Niño412.

Diego falleció primero y Francisco a edad avanzada fundó un patronato en todo el valor de Jocos y su potrero Joquillos, por lo tanto, los siguientes propietarios vendrían a ser al mismo tiempo los capellanes designados por cláusula. El primer capellán fue Diego, al que sucedió Tiburcio Rodríguez, y a este el presbítero Nicolás de Oliden Benites, quien ya aparece como propietario en 1760. A su muerte le sucedió su prima en primer grado María García Benites-Niño, casada con el capitán español Martín de Alvirena y Anchiondo, en cuyos hijos recayó esta capellanía a fines del siglo XVIII413.

410

ARAM, Protocolo, Torre, leg. 78, e. 8479, ff. 157-165.

411

Chevalier, 1997: 285.

412 ARLL Corregimiento, causa ordinaria, leg. 217, exp. 1716. 413

había mandado fabricar en Guayaquil en un importe de 50,000 pesos y que traficaban la ruta de Lima-Guayaquil-Panamá414. El matrimonio tuvo dos hijas, María Trinidad y María Bitorina.

Con este enlace, la familia consolidó sus redes comerciales en el Pacífico, y esto debido a un factor importante: el barco. Esto permitía al comerciante elegir los días de salida, economizar sobre el flete, llegar en el momento oportuno e, incluso contar en la persona del capitán con un agente de confianza para realizar las transacciones415.

Así por ejemplo, en el año de 1710, Diego Benites Niño dio poder a su otro hermano político, el capitán de mar y guerra Esteban de Rucoba, piloto de las fragatas antes dichas, para que a su nombre realice cobranzas en Trujillo y Panamá procedentes de la comercialización de telas de Llaray y otros efectos, y de paso pagar a Rosa Cartavio y Roldán, 160 pesos de una deuda416.

El ahora maestre de campo Esteban de Rucoba había tenido en concesión el corregimiento de Chachapoyas en la suma de 1,000 pesos desde 1711, y el 23 de mayo de 1718 se presentó ante los capitulares del cabildo de Trujillo con el mismo título que había sido despachado por el virrey Príncipe de Santo Buono417. Luego Esteban se constituyó en futurario para el corregimiento de Vilcashuamán en 3,600 pesos. Más adelante se desposó con Juana Benites-Niño Ruiz, un curioso caso de unión de hermanos con hermanas. Tuvieron tres hijas, Cayetana (casada con Basilio Algarate), Nicolasa (casada con José de Herrera y Salazar) y Josefa de Rucoba y Benites (que sigue), en cuyas hijas se extinguiría el apellido de los Rucoba.

414 ¿Era acaso pariente por vínculos de consanguinidad descendente de José de Rucoba Careaga y

Bermejo? personaje que en 1774 se desempeñó como administrador de la hacienda Tumán durante la coyuntura de la Junta de Temporalidades, y que para 1782 ya había logrado acumular la suficiente fortuna para adquirir por remate la vara de regidor perpetuo y depositario general del cabildo lambayecano en 2,275 pesos. ARLL Protocolo, Anachuri, leg. 291 (1780-1784), e. s.n., ff. 542-544. AGN Superior Gobierno, Comunicaciones, Oficios al Virrey, leg. 107, exp. 4. Este linaje de desconocida procedencia por el momento, requiere de una investigación en los archivos de las regiones Piura y Lambayeque, debido a su importancia.

415

Braudel, 1984: 319.

416 ARLL Protocolo, San Román, leg. 218, ff. 245–247v. 417

operación418. Participaba este comerciante en el circuito mercantil generada por las necesidades en cereales de la capital virreinal, que había creado un flujo continuo de mercaderías entre el Perú y Chile. El intercambio principalmente en el envío de telas y paños, azúcar, tabaco y miel del Perú, contra un retorno de trigo, sebo y jarcias de Chile. Los registros de salida del puerto del Callao destacan la importancia para Chile de telas, del azúcar y del tabaco. Desde los primeros años del siglo XVIII estos registros ponen de manifiesto el predominio de la ropa de la tierra y de los paños de Quito en los navíos hacia el sur, entre 1701 y 1704, anualmente se embarcaron 1200 fardos de ropa de la tierra hacia Valparaíso419.

De manera general, los circuitos comerciales que se crearon con Chile desde fines del siglo XVII, y que habían llegado muy alto en el transcurso de los años 1710-1720, disminuyeron dramáticamente. Disminución que anunciaba la depresión de 1740. Schülpmann sostiene que las causas de estas crisis se debieron al hecho de la reanudación de trigo criollo en los alrededores de Lima a partir de 1721, treinta años después de su desaparición como consecuencia de la expansión fulminante de la enfermedad de la roya420.

En segundo lugar, la organización de dos ferias de Portobelo (1721 y 1726) que drenaron el mercado de capitales y concentraron la actividad en la constitución de pequeñas flotillas con destino a Panamá. Finalmente, la perturbación del comercio por la presencia de navíos extranjeras en las aguas de los Mares del Sur, en particular por corsarios ingleses u holandeses, quienes atacaron embarcaciones y varias ciudades de la costa hacia 1720, pero también por navíos de contrabando franceses421.

La tercera causa afectó de manera dramática el normal movimiento de las negociaciones de Rucoba. Tras obtener licencia del Superior Gobierno para cargar frutos y transportarlos a Panamá, su fragata Nuestra Señora de la Concepción y la Bien

418

Romero Serrano, 2002: 190. ARLL Cabildo, Sesiones de Cabildo, libro 12 (1701-1721), ff. 246, 247.

419

Schülpmann, 2006: 40, 41.

420 Ídem: 42, 45, 46. 421

preparando las defensas y con los bastimentos retirándose 15 leguas de las costas por orden directa de Lima (mediante decretos del 25 y 26 de febrero) motivo del recelo a veintidós navíos franceses surtos en la isla grande de la costa de Brasil y se preparaban a cruzar el cabo de hornos, por lo que el alcalde de la ciudad desautorizó la estiba de la embarcación. Al 25 de marzo, la autorización seguía denegada422.

Las consecuencias de esta crisis, pese a una recuperación que se prolongaría durante todo el siglo, siniestró a muchos de los dedicados a la profesión de armador. Hacia 1727, los propietarios de la fragata Nuestra Señora de los Reyes, Thomas de Echarte y don Antonio de Cubillas, se encontraban también en una situación de suspensión de pagos y confrontados a sus acreedores. En 1731, el capitán Pedro Rodríguez de Paredes, dueño de Nuestra Señora del Rosario y San Francisco de Paula o don Agustín de Llanderas, dueño de San Antonio, quebraron también. Schülpmann señala que la bancarrota más importante entre los armadores hacia el norte fue sin duda alguna la de Esteban de Rucoba en 1733, sus dos navíos, la Begoña y la Concepción y la Bien Aparecida que cubrían la ruta Guayaquil y Panamá, fueron rematadas por un total cercano a los 50,000 pesos423.

En 1743, al fallecer los esposos Josefa Benites Niño y Bartolomé de Rucoba, Francisco se constituyó en tutor y curador de sus menores sobrinas, María Trinidad y María Bitorina, e inició el proceso de testamentaría de los difuntos, en especial por el valor de

422 El alcalde Nicolás de Bracamonte Dávila del Campo argumentó que se habían recibido noticias de 22

navíos de Francia “surtos en la isla grande de la costa del Brasil listos para pasar por cabo de Hornos y venir al Callao a pedir lo que importó la presa que hizo Martínez y así mismo el costo que hubiese tenido este armamento, uniendo a estas otras noticias que se han adquirido en carta de toda creencia de que se armaban navíos para incorporarlos soliciten en puertos de este reino comerciar sus géneros, no solo en términos regulares sino en la violencia, dando a entender que de negarle la compra de sus ropas las entraran por el rigor de las armas”. Motivo por el cual la fragata no podía partir, además los vecinos de la ciudad le habían manifestado que “por ser el tiempo de aguas” los caminos de la sierra estaban cerrados, con lo que no solo se canceló la salida, sino que se regularía el porcentaje de las harinas que saldrían a Panamá, con expresa y nueva orden del virrey. ARLL Cabildo, causas ordinaria, leg. 218, exp. 1735.

423

Habiendo la fragata pasado a remate público, la desesperación hizo presa de toda la familia. Inmediatamente Diego dio poder a Tiburcio Rodríguez, quien se alistó para partir a Lima, para que entrase al concurso de acreedores y obligue su obraje-hacienda de Llaray “con su batán y licencia superior gobierno con 12,000 cabezas de ganado menor, 400 cabeza de ganado mayor y 112 mitayos, una chacra a extramuros de la ciudad valorizada en 16,000 pesos que tenía 20 esclavos negros”425. Pero ni estas fianzas juntas fueron favorables, en abril de 1734 el remate benefició a terceras personas, no obstante los hermanos Benites Niño se opusieron a estos resultados, apelando al tanto desde el 20 de abril de 1734, para lo que aseguraron esta vez todos sus capitales, queda claro que ya nunca volverían a recuperar sus naos426.

2.2.1.3. “De los señores más ricos de la ciudad a la mayor estrechez”: el matrimonio Cortés y Rucoba y la extinción de la línea sucesoria Las hermanas Rucoba y Benites, sin embargo, contrajeron matrimonios ventajosos, así María Bitorina casó con el coronel Francisco Xavier de Velarde, maestre de la fragata nombrada Nuestra Señora de la Concepción427 y tiempo después tesorero juez oficial de las Reales Cajas de Trujillo, cuya descendencia sigue. Mientras que María Trinidad, casó con el alférez de caballos Nicolás Cortés y Santelices, miembro de la élite limeña de cuyas redes se tratará enseguida.

En 1740 Francisco, por no tener sucesión, nombró por única y universal heredera de Llaray a su sobrina, doña María Trinidad de Rucoba. En setiembre del año siguiente la heredera, mediante su apoderado y esposo, tras la muerte de su tío procedió a realizar el inventario de la hacienda del finado, para estas fechas Porconcillo había sido anexada a

424

ARLL Protocolo, Aguilar, Casimiro, leg. 266 (1734), e. 81., ff. 176-177; e. 81, ff.176-177.

425 ARLL Protocolo, Aguilar, Casimiro, leg. 266 (1734), e. 81., ff. 176-177; e. 81, ff.176-177. 426

ARLL Protocolo, Aguilar, Casimiro, leg. 266 (1734), e. 81., ff. 176-177; e. 82., ff. 177.

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Cuyo nombre completo era Nuestra Señora de la Concepción San José y las Benditas Animas, propiedad del capitán Martín de Talledo. ARLL Protocolo, Aguilar, Casimiro, leg. 266 (1734), e. 31, ff. 77v.

No conocemos mayor fuente respecto al matrimonio Cortés y Rucoba, pero no caben dudas en las propicias combinaciones de la posesión de fincas agrarias, la producción textil, las redes comerciales en gran parte del Pacífico, reforzadas con la administración de los tesoros públicos de la ciudad, produjeron considerables ganancias que se invirtieron entre otras cosas, en el lujo y la ostentación de su poder. El inventario que se realizó muchos años después, evidencia el boato con que vivió esta familia.

El único hijo, Nicolás Cortés y Rucoba, hizo carrera eclesiástica anulando las posibilidades de la perpetuación de la estirpe. A su carrera se agregaron sus estudios en leyes, obtuvo el título de licenciado y doctor, siendo además abogado de la Real Audiencia de los Reyes. A inicios de junio de 1772 confirió poderes a Francisco de Baldés, caballero de la orden de Calatrava, y a Pedro Aparisi oficial de la covachuela de Indias, para que solicitasen en la Corte de Madrid remuneración a sus méritos y servicios y se le hicieran mercedes para las iglesias del virreinato del Perú, pretensiones que costaron a su madre mil pesos.Falleció en Llaray en noviembre de 1792429.

Es cierto, este obraje-hacienda pudo haberse transmitido al matrimonio Velarde y Rucoba o en su defecto, a los hijos de estos. Tenemos evidencias de que Juana de Velarde y Rucoba, hija de María Bitorina de Rucoba, solicitó a la justicia se le adjudicase el servicio del patronato de 4,000 pesos fundado por su tío abuelo Francisco Benites Niño, por haberse agotado la línea sucesoria de su tía. Es evidente el interés y atención de los otros miembros de la familia en las decisiones y acontecimientos que se iban tomando en torno a Llaray430.

Una evidencia más delicada en las relaciones de familia quizá explique la anulación de estos candidatos a recibir en herencia Llaray. En 1743 los esposos Cortés y Rucoba luego de conversaciones extrajudiciales y la infructuosidad de estas, decidieron emplazar a Francisco Xavier de Velarde para que saldase una deuda del factoraje de

428

ARC Corregimiento, causa ordinaria, leg. 126, exp. 2846. ARLL Prot. Fernández Montejo, leg. 345, e. s.n.

429 ARLL Protocolo, Aguilar, leg. 281 (1772), e. 60, ff. 176-177. 430

Sandoval, procurador en número de la Audiencia del Distrito, para que lo defendieran en esta causa. Comportamiento que probablemente habría sido el principio de los cambios del destino de la insignia familiar431.

No obstante otras fueron las decisiones en la que tramas más delicadas, donde los afectos, o la ausencia de ellos, jugaron un papel trascendental en la transmisión de la propiedad; vacío que valga recalcar, no habíamos terminado de responder en un proyecto de investigación anterior, y hoy, esclarecemos.

2.2.1.4. Las redes de compadrazgo: Don Tiburcio adquiere Llaray