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Higher layer characteristics

1.9 Summary

2.1.1 Higher layer characteristics

Los siguientes apartes son las muchas descontextualizaciones que se hace del poder/autoridad en la vida religiosa institucional. Así como los apóstoles, que después celebrar la Cena Pascual con la que el Señor quería significar la entrega de la vida por amor, esta es correspondida con la traición y el interés de ser el principal entre ellos, así

también esta descontextualización del amor como servicio se da en la comunidad, cuando el que recibe la distinción de ser autoridad, la recibe con tan buena voluntad, pero para saciar sus ambiciones personales, escasa las veces que en realidad es para servir. Sigue siendo la misma fragilidad que se guarda en el corazón del hombre: Corresponder al amor que la comunidad deposita en la autoriad con la ingratitud a partir de los hechos como la dominación y el autoritarismo.

El contexto del poder/autoridad en el siglo I de la era cristiana tenía esta compresión: Los reyes y los que ejercen el poder en las naciones son dominadores y señores absolutos y aun así se hacen llamar bienhechores, dando hoy como resultado una contradicción, porque no se concibe a un dominador como bienhechor. Los que tienen el poder (Reyes, señores, gobierno, el mayor, los jefes), lo ejercen hacia los demás, con las características de: Dominación, despotismo, autoritario, imperioso. La raíz de este tipo de autoridad es que carecía de la espiritualidad de amor hacia los demás como imagen de Dios. Miremos las similitudes de esta tipología con lo que se suele realizar en autoridades de instituciones religiosas que han olvidado el carácter del poder/autoridad como servicio de amor.

2.3.1 El poder/autoridad para obstaculizar

Se ha hecho énfasis de la autoridad como servicio a ejemplo del señor Jesús, como punto central de referencia para la comunidad eclesial. Desde la fe, este que-hacer necesita ser iluminado continuamente para evitar sus errores en la práctica, al cual se llega por el olvido o la ausencia de formación en la espiritualidad cristiana, o como también por una falta de madurez personal con respecto a la percepción clara de los desafíos que la misma vida le presenta en este ámbito. El tener poder/autoridad es una situación de mando frente a un grupo de personas, que esperan ser lideradas dignamente. Por consiguiente, quien está al frente se supone, ha de ser idóneo, con la suficiente madurez y estabilidad emocional para asumir esta responsabilidad, no sea que al tenerse por jefe se crea con derechos de abusar del poder.

Cuando un gobierno provicial superior(a) termina su administración y al realizar la evaluación de toda su gestión, aunque probablemente haya hecho obras buenas, junto con ellas hay obras y decisiones equivocadas, como por ejemplo: Derroche del capital económico, divisiones en la comunidad, persecuciones a religiosos(as), favoritismos, oportunidades desaprovechadas, aucencencia de planeación formativa, entre otros. Esto ya

es un motivo para que se le crítique, porque tuvo el poder y los medios institucionales a su servicio, la colaboración de las personas que tuvo a su disposición y dejó de hacer lo que debío hacer; porque dejó escapar las oportunidadades y más que solucionar problemas, obstaculizó la salida de estos. Hay quienes desde las estructuras del poder pueden hacer que la vida sea más fraterna: Conciliar diferencias, destruir muros creados por las discordias, reinvindicar a los marginados, sanar heridas, aclarar las dudas en los manejos de la economía, motivar los ánimos ensombrecidos por la displicencia de algunos hacia la misma institución, llamar al sentido de pertenencia a la institución a quienes la han perdido. Pueden si así lo quieren solucionar problemas pertinentes, como también evadir problemas reales. Por eso la misma crítica interna calificará el período del superior(a) provincial como bueno, razonable, regular o pésimo.

En muchas ocasiones, en instituciones de la vida religiosa, en donde el superior(a) provincial está caracterizado(a) por una mentalidad según criterios de dominación, de supremacía, de eficiencia productiva, en realidad está obstaculizando la vivencia de valores evangélicos y obviamente desecha las oportunidades de ayudar evangélicamene a los otros. Esto depende de los criterios y valores que determinen la manera de pensar y de obrar de quien está en el poder. Si la mentalidad del superior(a) provincial no tiene el rasgo evangélico existe el peligro de que se repliege en sí mismo como punto de referencia, de una forma egoísta hacia los demás y actue como los tiranos, los autoritarios y ególatras que al margen de la vida de fe, utilizan el poder para servirse de él.

2.3.2 El poder/autoridad para dominar

La dominación se encuentra contextualizada con la imposición de una persona sobre otra(s), y se carácteriza por los siguientes aspectos:

(…) da órdenes al grupo sin consultarlo y exigirle que sean obedecidas plenamente. Es él quien establece las normas, determina los procedimientos y fija las etapas de su realiziación. Es un hombre que no explica a sus subordinados los planes con vistas al futuro, sino que se concreta a dar indicaciones para la ejecución de las tareas en el momento preciso de cada etapa (…). Inflexible y estricto, señala el trabajo para cada uno, dirige el grupo pero no participa efectivamente en su actividad. En realidad no dirige, manda.61

61 Fingerman, Relaciones humanas, 154.

Vemos que la tipología de este tipo de personajes se caracteriza por: Dar las órdenes, exigir la perfección a los demás, establecer normas unilateralmente, no consulta y no da explicaciones de sus hechos a nadie, fija los procedimientos a seguir, es psico-rígido, se siente por encima de todos, no participa con los otros, sino que manda y obviamente participa de forma distante, desprovisto del calor humano que como líder está llamado a proyectar. Las consecuencias son lamentables en las relaciones con los demás, en cuanto que afecta comunión del grupo, la auto-estima personal, obstaculiza el crecimiento psicológico, hace sujetos serviles, subvalora el valor de la libertad.

Desde la fe de la Iglesia, la autoridad como poder tiene la característica evangélica del servicio en el amor: “(…) no es poder al estilo humano, sino que es poder en el amor”62. La

experiencia demuestra que el ejercicio del poder/autoridad sin un fundamento digno que le sustente, lleva a apropiarse de las personas y de sus conciencias como si estas fueran objetos de posesión. Ahora, el poder desde el amor es todo lo contrario: Es tratar al otro como una persona que es capaz de responder desde sus criterios, la buena voluntad en la libertad de conciencia: “El superior ha de amar desde el respeto a la libertad. Se trata de hacer sentir a cada miembro de la comunidad único, autónomo y suficientemente capaz de responder por sí mismo y por sus demás hermanos en comunidad. Cuanto más amamos nos volvemos más respetuosos del misterio del otro; aprender a amar es aprender a recibir del otro desde lo que es y tiene, desde su autenticidad”63. Amar al otro es tenerle confianza,

tratarle como persona adulta.

Las instancias de poder/autoridad tienen los medios propicios que la misma institución les da y, llegan con ellos, en algunas oportunidades, a intimidar. Esto sucede cuando condenan, enaltecen, cuando aprueban o rechazan; como por ejemplo en decisiones tan diferentes en distintos gobiernos provinciales: Lo que para el gobierno pasado era tan necesario, para el de turno es algo nimio o no tiene sentido y por lo tanto es rechazado. El que para el gobierno anterior era como un “genio” o la “estrella” del momento, para el presente es “subvalorado” en cuanto a la prestación de un servicio en la misma comunidad. Entonces cabe la pregunta ¿Dónde está la objetividad en las decisiones? Y lo que pasa es que las decisiones pasan por el subjetivismo de quien o quienes gobiernan. Entonces: ¿Qué papel

62 Boff, Iglesia: Carisma y Poder, 115. 63 Martínez, Fidelidad Creativa, 77.

tiene la persona sobre la que se decide? ¿Son solo fichas que se mueven de acuerdo a las situaciones? ¿Fichas que no tienen perspectivas, sueños, proyectos, trabajos por realizar en el lugar donde están? Frente a las administraciones dominadoras, los que sufren son los que salvaguardan sus criterios, expresan sus opiniones y dicen lo que piensan con criticidad. No se entregan y en consecuencia son relegados, estigmatizados, y es allí cuando se percibe, en algunos casos, cómo la instancia de poder/autoridad se utiliza para dominar.

2.3.3 El poder/autoridad para manipular

Cuando una institución religiosa tiene un considerable número de integrantes diseminados en lugares distantes unos de otros, se requiere de un medio para informar a todos los miembros de lo que pasa a nivel institucional, de proyectos de trabajo, de inversión económica o de situación de la vida pastoral de determinada comunidad. Mantener una adecuada información hacia los dirigidos es un elemento necesario para que exista un conocimiento oportuno de los acontecimientos que interesan a todos. Pero guardar silencio y ocultar la verdad de lo que sucede, generalmente tiene una intencionalidad. Porque con esto se busca callar sobre la forma cómo se lleva el poder/autoridad, y esto favorece la manipulación, pues no hay nada qué reclamar por el mismo desconocimiento de los hechos; cuando no hay información, todos los actos, las decisiones, lo que se hace y se deja de hacer por parte de quien gobierna son buenos y este no hace más que pregonarlos. Y lo que no se hizo o se hizo equivocadamente deja de tener una valoración con su consecuente responsabilidad. Una desinformación es un medio propicio para cambiar la realidad administrativa a favor de quien tiene el poder/autoridad. Cuando se mantiene este tipo de actitud frente a los dirigidos se incurre en una falta de respeto en cuanto que todos tiene los mismos derechos, es una falta de estima al hermano, una falta de confianza en cuanto que no se comparte una información que les interesa a todos, se esconde la verdad de los hechos. La falta de confianza en una relación interpersonal hace que no exista sinceridad y sin ella las relaciones no son creibles. Y esto es común en muchos que manejan información de primera mano, pero con una cautela misteriosa, meticulosos con la información, pero la utilizan sin ningún menoscabo cuando les conviene.

Por eso quien está al frente de la institución debe suministrar información oportuna, real y actualizada sobre el estado de la situación para conocer de forma global los hechos sucedidos y, ser críticos con respecto a las finalidades que a toda una institución le

concierne, esto sirve para tener conclusiones propias al respecto. El poder/autoridad, cuando es delegado es un asunto de todos y todos tienen el derecho de saber cómo van los desenlaces de la administración, al menos en lo que interesa a todos, guardando la prudencia de no ventilar públicamente intimidades de personas implicadas: “Porque cada persona tiene derecho y debe estar suficientemente informada. Y solo desde una suficiente información, podrá participar y vivir responsablemente. Una persona no suficientemente informada es una persona manipulada”64.

Se dice que cuando se “tiene el conocimiento se tiene el poder”. El conocimiento de los hechos, de los avances, de lo secreto, da posición de ventaja frente al que ignora lo sucedido. La situación de ventaja estriba en la efectividad de las decisiones pertinentes, es decir, conociendo el contexto de las circunstancias, sus debilidades y fortalezas, puede saber los posicionamientos y el tipo de medidas para solucionar eficazmente la situación conflictiva. La posición favorable se da en los criterios para aplicar, son objetivos y no especulativos. La información tiene el fin de ofrecer elementos para conocer, ver y comprender los asuntos sobre la realidad que interesa a todos, ayuda para que se tenga criterios y desde ellos hacer valoraciones éticas positivas o negativas y que implican responsabilidad personal. Si no hay información, no hay fundamentos para pedir cuentas de responsabilidad personal: “(…) el gobierno respectivo debe prestar ante todo, el servicio de la información. Y ha de prestarlo no solo con diligente solicitud, sino también con el mayor rigor, y con la máxima exactitud, ofreciendo todos los datos necesarios y los mejores elementos de juicio para que la información sea lo más completa posible”65.

En instituciones de vida religiosa, generalmente existen medios informativos de correspondencias formales, nombramientos, efemérides, y a veces informaciones de tipo general, pero parcializados por el gobierno de turno. Se suele informarse comúnmente por los comentarios de los más “adelantados” que gozan de fuentes privilegiadas, pero son modificados cada vez que van de boca en boca. Hoy se debe utilizar los medios accequibles de la Internet para facilitar una mejor comunicación institucional.

64 Alonso, La autoridad en la vida consagrada, 24. 65 Ibid., 24.

2.3.4 El poder/autoridad y el “amiguismo”

Es normal que cuando alguien asume el poder/autoridad institucional viene acompañado con un grupo de personas para realizar el trabajo delegado. Esto es lo más común y es, además un derecho. Se espera igualmente, que quienes acompañen a la nueva administración de gobierno sean personas idóneas a partir de la formación profesional, la experiencia y la calidad humana. Se debe tener presente que para la designación de responsabilidades significativas en una instancia de poder/autoridad se requiere de la previa calificación de la persona, de manera que entre el perfil personal y la responsabilidad delegada se encuentre corresponsabilidad. Hay quienes son nombrados por el privilegio de ser “amigos” de quien manda, sin la suficiente capacidad para ejercer el puesto. Aparte de ser amigo de quien está al frente de la institución, quien es nombrado para una función de responsabilidad, debe tener la suficiente idoneidad para apropiarse de la misión con calidad y criterios, de recursividad propositiva. Estudiosos del tema proponen algunos atributos de quienes lideran grupos:

Integro. Motivador. Creativo. Original. Auténtico. Inspira y organiza. Busca el bien común. Trabaja en equipo. Comprometido. Responsable. Ejemplar. Carismático. Trabaja a largo plazo. Emprendedor. Agente de Cambio: busca la mejora continua. Alta vocación de servicio. Aptitud critica. Argumentativo. Respeto por las diferencias. Solidario. Disponibilidad al dialogo. Objetivo. Buen oyente. Espíritu empresarial. Tolerante. Laborioso. Analítico. Justo. Flexible. Estudioso. Cortes. Magnánimo. Excelente comunicador66.

Y es obvio que para tener estos elementos se requiere de formación y cultivo profesional. Quienes acompañan al que ejerce el poder/autoridad como servicio han de tener un conjunto de atributos que los hacen sobresalientes del común. Esto indica que son idóneos para el puesto y que no es por favoritismos personales.

Dar puestos de responsabilidad por amistad o por que “me caes bien” es una falta de objetividad y de responsabilidad. Es común que quienes tienen autoridad corresponden con cuotas de poder como “recompensa”, a quienes han sido sus colaboradores. Pero también está el tipo de personas que son gobiernistas, que están a favor del gobierno de turno sin importar el tinte ideológico que le sustenta. Solo les importa “colaborar”, sin tomar partido, esperando que les den puestos, posponiendo los criterios personales. Hacen parte de estos

66 Quijano Ponce, Andrés. Liderazgo. Trabajo monográfico presentado a la Universidad el Rosario, en

perfiles aquellos que son calculadores, serviles y quieren sacar beneficios del poder: “Se trata de individuos oportunistas que, por interés personal, se muestran sumisos, complacientes, aduladores, y tratan de agradar para obtener por estos medios alguna ventaja, aunque en el fuero interno piensen de un modo totalmente opuesto. Es una traición a sus propias convicciones (…) Se agachan y aceptan todo lo que dice el superior (…)”67.

El poder/autoridad que así prefiere a sus colaboradores, indica que necesita de aduladores, en vez de colaboradores, compra a las personas, haciéndolas sumisas, no les ayuda a crecer, le pone precio a sus ideales y ellos por una buena vida venden la dignidad, acrecientan su mediocridad y por ende se someten a las críticas despiadas, porque se excluye a personas con idoneidad y reconocimiento.

El poder se convierte así en un medio de favorecimiento para un grupo de personas que se ven como amigos, socios, cuyo vínculo se fundamenta en la afectividad utilitarista: Me da reconocimiento/le doy el puesto. Así se deja por fuera a los que tienen los suficientes criterios para ocupar posiciones de poder.

2.3.5 El poder/autoridad como fin en sí mismo

Se había dicho que es innata la tendencia del hombre hacia el poder, como es natural ejercerlo, pero el hombre debe tener una posición ética hacia éste, porque el ejercicio del poder no es fin en sí mismo, es solo un medio. Hay quienes hacen de este un fin, a sabiendas que les reclama el tributo de la adoración : “Te daré todo ese poder y la gloria que implican esos reinos (…) Por tanto, si me rindes homenaje, todo será tuyo” (Lc.4,6-7), el “si me rindes homenaje”, si te postras ante mí, si me das culto y reverencia, es decir, si se hace de esto la única prioridad, la “búsqueda” de poder como única motivación en la vida, sin importar los medios para obtenerlo; no es más que idolatría, egoísmo, búsqueda de sí mismo, sopena de cerrarse a la vida eterna: “Pués ¿de qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero si él mismo se pierde o se arruina?” (Lc.9,25).

Se cae en el pecado de la idolatría, porque se adora el ejercicio de poder/autoridad y desde él determinar a los demás: “(…) creer que su autoridad le confiere el poder y el derecho de hacer de sus propios deseos, de sus ideas preferidas, etc., órdenes obligatorias para los

67 Fingerman, Relaciones humanas, 115.

subordinados”68. La idolatría es un dios hecho al amaño de la persona, a “lo que yo creo

que es” sin otros horizontes que supere criterios ensimismados por el egoísmo. Es el endiosamiento de la persona, como en otro tiempo, en Asia Menor se tenían a los Césares, los faraones y los reyes. Hoy son los dictadores, y aquellos que se presentan como insustituibles en la dirección de los puestos de poder/autoridad.

Aterrizando estos aspectos negativos del poder/autoridad con respecto a la vida religiosa institucional, quienes han experimentado vivencias que se identifican con esta realidad, tienen criterios para decir que hay similitudes en la forma cómo asume el poder una persona que es ajena al contexto de fe y cómo asume el poder un religio(a) disperso(a) evangélicamente. Por eso la autoridad en la vida religiosa está en crisis, porque es tenida como privilegio y no como servicio, es percibida para dominar y no para hacer crecer a la persona desde el servicio. Hay una falta de formación para asumir la autoridad desde el evangelio, una vez que en la práctica esta se percibe como un privilegio: “Esta concepción de la autoridad como privilegio es lo que explica que algunos la busquen por todos los medios, aún lo menos evangélicos, como las “alianzas” o “grupos”, que en vez de unir dividen; o que se haga una “política”, que no dudamos en definir “sucia”, cuyo objetivo es hacerse con la “autoridad”, cueste lo que cueste, para luego sacar provecho”69. A esta

situación se ve allegado el poder/autoridad en las instituciones de vida religiosa, que en la mayoría de las veces se arropa bajo el manto evangélico y se hace pasar como abnegada. Pero en la convivencia diaria, en las decisiones de la vida cotidiana de los unos con los