3.5 Storage and interchange models
3.7.3 Thing Discovery Protocol Specification
Los tópicos que se desarrollarán para mostrar la manera de hacer teología de la moral social antes del Concilio Vaticano II son la revisión de ésta disciplina teológica desde la perspectiva del Decálogo y las instituciones morales, y el desarrollo de la Doctrina Social de la Iglesia en la época preconciliar. La referencia principal para entender la reflexión de la ética teológica social está en que se esquematizó en los mandamientos. Para algunos esta propuesta tiene su origen en Santo Tomás de Aquino en los apartes que se refiere al Decálogo. Sin embargo es de notar que para el Aquinate por encima de cualquier código o legalismo se halla el criterio fundamental del hecho de la justicia.
El contenido de la moral social está disperso en la exposición de varios preceptos del decálogo, en el cuarto, en el quinto, el séptimo, el octavo y el décimo, de éstos el quinto y el séptimo condensan más los contenidos de la ética social, priorizando más el séptimo. A partir de este precepto se organizan los contenidos con una tendencia contractualista y conmutativa desde el dominio-restitución. La moral católica se desarrolla en la lucha de laxistas y rigoristas, y por esta misma razón se considera que el casuismo no entendió la realidad económica del mercantilismo y la industrialización, lo que conllevó a que los moralistas de ese tiempo no manejaran bien el horizonte social de la época.
Una de las consecuencias que genera este tratamiento de la moral social es que se vuelve individualista, preocupada de tranquilizar las conciencias en vez de la transformación de la sociedad, y por tanto sus enseñanzas se orientaban hacia el sacramento de la penitencia, que contribuyó a un proceso de privatización o de individualismo social. Por esta razón, en este sistema hace falta un análisis ético-teológico del orden social presente, y por eso se expone desde opciones conservadoras los derechos y deberes sociales. Por último, “la unión estrecha entre moral y derecho se tradujo en la juridización de la ética social: tanto la
33 argumentación como los contenidos sufrieron la distorsión de la reducción jurídica, limitando así su capacidad crítica”74.
De manera que, la metodología de la moral social que se desarrolla en la casuística, está en ver las obligaciones que expresan los mandamientos que aglutinaron la ética de la sociedad. Con base al séptimo mandamiento se exponen los temas de dominio, restitución y contratos, que se desglosan en la restitución de los bienes, las formas de injuria y las distintas clases de contrato. Estos temas se agrupan en el fundamento (dominio), el acto formal (la restitución) y la concreción (contratos) de la justicia conmutativa.
En cuanto a la Doctrina Social de la Iglesia antes del Concilio Vaticano II encontramos que se origina hacia finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, en un mundo que se pasa de la actividad humana de sobrevivencia y subsistencia, a una sensibilidad hacia la libertad del ser humano, la afirmación de la persona, el entusiasmo por el progreso y la productividad, y los descubrimientos de la ciencia y de la técnica que desembocan en una era de maquinización y en una economía de desarrollo. Este proceso lleva a un desequilibrio en los niveles social, económico y cultural, que tiene resonancias en la desigualdad social, en la situación de injusticia y en la realidad de miseria75.
Estos problemas que surgieron en la sociedad de aquel entonces por el desarrollo de la industrialización y de los sistemas económicos del capitalismo y del socialismo conforman el contexto en el que nace la Doctrina Social de la Iglesia, que tiene por objetivo, complementar los tratados convencionales de ética teológica dedicados a la virtud de la justicia o al séptimo mandamiento, con notable autonomía, puesto que algunos de esos problemas que se tratan no se pueden reducir a los planteamientos de la moral tradicional. Su objeto es lo que se conocía anteriormente como “la cuestión social”, término que hace referencia a la problemática que surgió en Europa desde comienzos del siglo XIX76.
74
VIDAL, Moral de actitudes: Tomo III, 50.
75 Cf. MARTÍNEZ,
El sentido, 77-79.
76 Cf. CAMACHO,
34 De la misma forma, nacen muchos movimientos cristianos que toman conciencia de la cuestión social, porque se consideraba que en la época algunos creyentes eran indiferentes ante este horizonte de injusticia. “Sin embargo, espíritus generosos y voces de denuncia, aunque aislados se dejaron sentir. Hombres de Iglesia inspirados en el sentimiento religioso de aliviar realmente el sufrimiento, responden por una parte, en el plano práctico con varias iniciativas de orden social caritativo, por otra, en el plano teórico con reflexiones críticas sobre la situación social”77. Ejemplos de personas que han tenido esa conciencia son los
miembros de la sociedad San Francisco Javier en 1840, la sociedad de San Vicente en 1833, Don Bosco, Kolping, entre otros.
La Doctrina Social de la Iglesia anterior al Concilio Vaticano II se divide en dos períodos, uno considerado como el apologético demostrativo, cuyos escritos significativos son la
Rerum Novarum (1891) y la Quadragesimo Anno (1931). El siguiente periodo se cataloga
como la apertura al mundo en orden a una cooperación78, cuyos escritos principales son
Mater et Magistra (1961) y Pacem in Terris (1963). En esta primera etapa el tema clave es
la cuestión social y el ser humano dentro de ella, originada en la existencia de un “proletariado” que tiene razón de ser desde la propiedad privada, el nacimiento del “liberalismo económico y político” y los “socialismos”. De modo que en ese horizonte de realidad, la Iglesia queda relegada al mundo exterior, debido a las ideologías que tienden al laicismo.
La idea motriz de la reflexión social de la comunidad eclesial es de una manera positivista considerar la deficiente organización del entorno social, y que el mal se hace presente en el momento en que la humanidad se aleja del orden propuesto en el plan de Dios para la sociedad. Este positivismo tiene un concepto tomista subyacente legitimado desde la ley. Los conceptos principales son la justicia y el bien común, de donde se desprende la justicia social. Se busca proponer un modelo de sociedad que esté en consonancia con la ley de Dios: “la referencia al derecho natural, lugar de encuentro para todos los hombres cristianos
77 MARTÍNEZ,
El sentido, 79.
78 Cf. GALINDO,
35 o no, y a la luz de la revelación, aporta datos superiores, visto desde la fe, que no pueden tener los no-cristianos”79.
En la misma línea de ideas, existe una valoración del impacto de la dimensión apologética de la Iglesia, en la creación de cooperativas, empresas y partidos cristianos. Por otro lado, existe una condena al socialismo porque su proyecto tiene como fundamento el odio entre ricos y pobres, al querer abolir la propiedad privada de los bienes se enfrenta contra la justicia debido a que por el derecho se le concede a la persona usarlos y poseerlos, y un poder del estado desmedido y arbitrario lleva a la opresión de los miembros de un colectivo humano y a la destrucción de la intimidad familiar80.
Con respecto a la apertura del cristianismo católico al mundo en orden a una cooperación, el tema central es lo práctico en los siguientes aspectos, el papel del laico al interior de la Iglesia y su función autónoma dentro de la misma, el reconocimiento que hace la comunidad eclesial de trabajar por la irrupción del Reino de Dios en la tierra como manifestación de la escatología plena, y la responsabilidad de la Iglesia en el orden social, que consiste en revisarlo en cuanto a su orden moral, es decir juzgar si las bases del orden establecido están en la misma línea del Reino de Dios81.
Uno de los aportes nuevos de este período es la aparición de la categoría teológica “consagración del mundo” como misión de la comunidad eclesial, la cual se realiza desde dos perspectivas, la primera, las motivaciones, valores y principios que iluminan la vida de la fe y que son recibidos desde la Revelación y tradición eclesial y la segunda, la aplicación de lo anterior al laicado. Los principios subyacentes a la Doctrina Social de la Iglesia tienen su origen en la reflexión de Jacques Maritain, quien defiende la autonomía de las realidades terrenas, cimentando su propuesta en el principio teológico que la gracia supone la naturaleza y no la destruye. 79 GALINDO, Moral, 135. 80 Cf. MARTÍNEZ, El sentido, 89. 81 Cf. MARTÍNEZ, El sentido, 94.
36 De esa manera, la racionalidad de la Doctrina Social de la Iglesia preconciliar, tiene las siguientes perspectivas. En primer lugar el ser humano es el protagonista de la historia nacida de Dios, donde el núcleo más importante es su conciencia y su libertad. De ese lugar se puede acceder a la Revelación divina. En segundo lugar, la manifestación de la Revelación en cada uno de los seres humanos y en la historia a través del hijo de Dios no elimina la conciencia ni la libertad por ende, en ningún momento la Iglesia puede tener relaciones opresoras sobre las conciencias utilizando las fuerzas del mundo. En tercer lugar, se valora la autonomía de las realidades.
Es importante reconocer de esta racionalidad sobre la cuestión social, que se va superando el dualismo platónico en el terreno de lo social, porque la comunidad eclesial tiene la convicción de intervenir en este aspecto, constituyendo una entidad del creyente no fundamentada en la creación de una política y economía cristiana, sino en bautizados que trabajan en estos ámbitos, y que gracias a la fe toman en serio la dimensión social de su entorno. Por consiguiente, ésta no se llega a aglutinar en un modelo concreto de política, economía, conflicto, cultura, etc., sino que desde esa misma creencia surge la pluralidad. “Se trata pues, de una superación de la tentación radical de integrismos y una legitima pluralidad en nombre de la fe a la hora de organizar el mundo”82.
En cuanto a la practicidad de la Doctrina Social de la Iglesia, surge la conciencia que la organización socio-política pertenece a los laicos, gracias a su propia autonomía y a la de las realidades terrenas. Como resultado, se invita al bautizado a llevar a cabo las relaciones Iglesia-mundo, y debido a esa orientación nace el movimiento que profundiza esa tarea del seglar como lo es la Acción Católica. También en este horizonte práctico de la enseñanza eclesial social, encontramos el reconocimiento de los derechos y deberes de las personas como el derecho a la existencia y a un nivel de vida digno, a la buena fama, a la verdad y a la cultura, a elegir su estado de vida, los derechos económicos como al trabajo, a un salario justo, a la propiedad privada orientada a la función social83.
82 GALINDO,
Moral, 136
83 Cf. MARTINEZ,
37 Dentro de los deberes que se tienen en cuenta son los siguientes: reconocer y respetar los derechos de los otros, colaborar con el congénere y actuar con convicción y responsabilidad. En efecto, teniendo en cuenta los derechos y los deberes, el colectivo que se funde en los valores éticos de la justicia, el amor y la libertad, generará una sociedad civil propia para la promoción de la dignidad humana84.
La Doctrina Social de la Iglesia antes del Concilio Vaticano II se mueve por un paradigma neoescolástico que va a mostrar algunos rasgos de su metodología. La racionalidad eclesiológica muestra que la cuestión social prevaticana, tiene como sujeto la jerarquía, ya que proviene del Concilio Vaticano I, que tiene un modelo de Iglesia jerarcológica y centralizadora. En cuanto a sus fuentes encontramos a la Revelación y a la razón, quedando la primera bastante mermada, mientras que la razón es comprendida como un horizonte de orden ontológico cuya referencia es la ley natural. La forma de construir teología es de carácter deductivo. En cuanto a la aprehensión de los datos se tienen en cuenta más las categorías filosóficas que las ciencias sociales, aunque en algunas ocasiones existieron análisis de orden económico o político, orientandos desde categorías filosóficas85.
Dentro de los aspectos valorativos, encontramos que se llegó a considerar que con las directrices católicas acerca de los conflictos sociales antes del Concilio Vaticano II, se podía propiciar un orden social de tipo confesional en la creación de sindicatos y/o partidos políticos. No obstante, se evalúa que fue muy tímida en reconocer la dimensión secular de la vida social y que de todas maneras se sustentó en un paradigma teológico de orden neoescolástico, mientras que lo positivo en palabras de Marciano Vidal fue, “sobrepasando la estrechez del paradigma teológico y del modelo eclesial, supo impulsar, mantener y orientar el compromiso social de los cristianos en una época en que la tendencia religiosa era más bien de orientación intimista y de alejamiento de la realidad social”86.
84
Cf. MARTINEZ, El sentido, 99-100.
85 Cf. VIDAL, Moral de Actitudes: Tomo III, 59-60 86 VIDAL, Moral de actitudes: Tomo III, 60
38 Con respecto a la manera de hacer teología, cabe rescatar que la Doctrina Social de la Iglesia, reconoce como fuentes de su método la Revelación divina y la ley natural. De esas fuentes y con todos los vacíos que hemos descrito en líneas anteriores, los Papas trataron los temas sociales, jurídicos y económicos. Aunque las encíclicas hacían más hincapié en la ley natural, no desconocieron la Revelación, pues esta juega un papel importante en todas las formulaciones específicamente sociales de los Papas. El proceso final del método de la moral social en estas encíclicas está en reconocer la relación entre la justicia que debe regir la vida humana y la de Dios orientándose hacia el objetivo que es la justicia perfecta del evangelio, la cual se relaciona con la caridad.