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4.5 TDP-decider

4.5.3 Logical decision

La metodología de la ética teológica social que presenta la encíclica Laborem Exercens presenta los siguientes elementos a saber: el reconocimiento de la enseñanza social de la Iglesia como inserción de la comunidad eclesial en los problemas del mundo, la presencia de la Escritura como fundamento de la reflexión teológica sobre el trabajo, la explicitación de las dimensiones objetiva y subjetiva de la labor, el aporte de la reflexión de los derechos humanos en el quehacer teológico moral y la exposición de las características de la realidad circundante. Estos elementos metodológicos configuran la especificidad de la moral social en esta encíclica sobre el trabajo.

En cuanto al impacto de la Doctrina Social de la Iglesia en el horizonte de la sociedad, su punto de referencia está en que “la cuestión social no ha dejado de preocupar a la bíblica de una análisis socio-crítico profundo, sea del tiempo de Jesús, sea de uest o tie po . FAB‘I,

53 Iglesia”116. Por esta misma inquietud la producción teológica sobre la realidad del entorno

humano ha estado presente en diversos documentos de los Papas, en el Concilio Vaticano II y en las reflexiones y experiencias de apostolado de las Iglesias locales. Por otra parte, se reconoce el aporte de la Pontificia Comisión de Justicia y Paz, cuyo nombre indica la integralidad y complejidad como debe ser tratado lo social. De la misma manera se resalta la concatenación del compromiso con la justicia con el de la paz117.

Además se valora que ha existido en la reflexión social eclesial una línea de desarrollo en sus documentos. El tema de la paz en medio del problema de la guerra se explicita en la encíclica de Juan XXIII Pacem in Terris. A partir del reconocimiento de la evolución de la cuestión social al plano de la justicia nacen los documentos Rerum Novarum de León XIII y la Quadragesimo Anno de Pío XI donde, “las enseñanzas de la Iglesia se concientizan sobre todo en torno a la justa cuestión obrera, en el ámbito de cada Nación, y en la etapa posterior, amplían el horizonte a cuestiones mundiales”118. Con respecto al fenómeno de la

riqueza y de la miseria, la dicotomía desarrollo/subdesarrollo, el Papa Wojtila valora las orientaciones dadas por las encíclicas Mater et Magistra y Populorum Progressio de Juan XXIII y Pablo VI respectivamente, y la Constitución Pastoral Gaudium et Spes119.

Cabe también valorar que la Doctrina Social de la Iglesia dentro de las operaciones para hacer teología moral, tiene como presupuesto la relevancia de la fe y del mensaje cristiano en el mundo histórico-social, que inspirados en la búsqueda que tiene la comunidad eclesial de hallar el reconocimiento del estado objetivo de las cosas, especialmente de los problemas mundiales120. La importancia del análisis de la realidad en la cuestión social, lleva consigo a reconocer los esfuerzos que se deben hacer para instaurar la justicia, examinando las estructuras injustas y buscando su transformación.

116 JUAN PABLO II,

Laborem Exercens, n. 2.

117 Y ie ta e te se ha p o u iado a favo de este do le o etido la dolo osa e pe ie ia de las dos

grandes guerras mundiales que durante los últimos noventa años, han sacudido a muchos Países tanto del o ti e te eu opeo o o al e os e pa te, de ot os o ti e tes . I íd.

118 Ibid. 119 Cf. Ibíd.

120 Po lo ta to, se o side a o solo el á ito de lase, si o ta ié el á ito u dial de la desigualdad

de la injusticia y, en consecuencia no solo la dimensión de clase, sino la dimensión mundial de las tareas que lleva a la ealiza ió de la justi ia e el u do o te po á eo Ibíd.

54 El acercamiento bíblico del método de la moral social en la Laborem Excercens, busca aplicar el mensaje de la Sagrada Escritura a las situaciones actuales, que desde una perspectiva de la fidelidad a la Palabra de Dios, puede entender y dar sentido a la dinámica del trabajo. Este aspecto bíblico no se queda en una simple alusión de los textos, sino en una lectura asidua de la dinámica laboral. El aspecto fundamental que encontramos es el presupuesto de la dimensión fundamental de la existencia del ser humano en el mundo, tiene su fundamento en “la Palabra de Dios revelada, y por ello lo que es una convicción de la inteligencia adquiere a la vez el carácter de una convicción de fe”121.

A partir de lo anterior, la comunidad eclesial reconoce que en el libro del Génesis está la fuente de su convicción según la cual el trabajo constituye una “dimensión fundamental de la existencia humana sobre la tierra”122, y que tal valoración es producto de un análisis de

los textos bíblicos donde se manifiestan las verdades acerca de la persona en el contexto de la creación. Su finalidad es dar pautas a la existencia humana, en cuanto a que asuma el sentido del trabajo como una actividad que se explicita en la comunidad universal.

Se presenta desde las frases del primer libro de la Biblia “a imagen de Dios…varón y hembra” (Gen 1, 27), “Procread y multiplicaos y henchid la tierra y sometedlo” (Gen 1, 28), una invitación directa al ser humano a trabajar y a reconocerse como imagen de Dios, responsable de desarrollar la tierra, y ser acción misma del Dios creador. Por otra parte, la encíclica Laborem Exercens se explica desde la racionalidad bíblica el término tierra y como se puede entender actualmente, y el sentido de someter la tierra. El mundo visible hace referencia a todo el radio de acción que tiene el ser humano, y el someter la tierra evoca los recursos naturales. Finalmente, se reconoce la actualidad presente del sentido bíblico del dominio sobre la creación desde la perspectiva del desarrollo.

También en este aspecto bíblico del método teológico en la encíclica de Juan Pablo II sobre la labor, aparece el numeral 26 “Cristo, el hombre del trabajo”, donde se resalta que el Hijo de Dios participó en la obra creadora de su Padre desde el trabajo del Evangelio,

121 JUAN PABLO II,

Laborem Exercens, n. 4.

55 insertándose en el mundo de la labranza123 y en sus parábolas se refiere a la realidad laboral. Dichas características de Jesús son enriquecidas con una amplia gama de citas bíblicas. Cabe añadir, que se profundiza en la dimensión laboral de San Pablo, reconocido por gloriarse en su laboría, y el autor de la encíclica invita a otros a seguir esta dinámica pues se percibe de un gran talante para la moral y la espiritualidad.

Continuando con la presentación del método de la ética teológica social en la Laborem

Exercens, encontramos que se reconocen las dimensiones objetiva y subjetiva del trabajo.

De esta forma se muestra en su proceso metodológico que esta disciplina teológica dialoga con las realidades como la ciencia, la técnica, la agricultura y la industria, para iluminar el reconocimiento de la persona como centro de la realidad de la labranza. Con respecto a la dimensión objetiva, se tiene en cuenta el impacto de la ciencia y de la técnica en la agricultura y la industria, donde la reflexión de fe se abre a la realidad del desarrollo de esta última por medio del trabajo con las maquinas. La encíclica las valora que pueden ser aliadas de las personas porque le facilitan el trabajo, lo perfeccionan y le dan eficacia, pero tiene en cuenta que se pueden presentar como adversarias, en cuanto que corren el peligro de suplantar al ser humano o esclavizarlo124.

Cabe llamar la atención que desde este aspecto objetivo del trabajo se actualiza la llamada bíblica a desarrollar la tierra, en el reconocimiento de los mecanismos y las maquinas como fruto del pensamiento humano que conlleva una labor que confirma su dominio sobre la naturaleza. Además se presenta a esta dimensión de la labranza un cuestionamiento ético que parte de la afirmación de la técnica como promotora del progreso económico, donde se señala que “con esta afirmación han surgido y continúan surgiendo los interrogantes

123 En todo este escrito usaremos el término labranza como sinónimo de trabajo en general. Así lo indican

los Diccionarios de la REAL ACADEMIA DE LA LENGUA ESPAÑOLA y DE USO DEL ESPAÑOL, POR MARIA MOLINER.

124 Es u he ho, po ot a pa te, ue a ve es la té i a pueda t a sfo a se de aliada e adve sa ia del

hombre, como cuando la mecanización del trabajo <<suplanta>> al hombre, quitándole toda satisfacción personal y el estimulo a la creatividad y responsabilidad; cuando quita el puesto del trabajo a muchos trabajadores antes ocupados, o cuando mediante la exaltación de la maquina reduce al hombre a ser su es lavo JUAN PABLO II, Laborem Exercens, n. 5.

56 esenciales que se refieren al trabajo humano, en relación con el sujeto que es precisamente el hombre”125.

En cuanto al sentido subjetivo de la laboría éste se refiere al ser humano como sujeto de la labor. A partir de la comprensión escriturística de imagen de Dios, se reconoce a la persona con capacidad de obrar de manera racional, de programar su existencia, de decidir sobre el devenir cotidiano y buscar su realización personal. Por tanto, más allá de lo que trabaje independientemente de su proceso objetivo, “han de servir todas ellas (las dimensiones de la labor) a la realización del ser humano, al perfeccionamiento de esa vocación de persona, que tiene en virtud de su misma humanidad”126. Se presenta la dimensión ética del trabajo

enmarcada en la acción de la persona, por su libertad y capacidad de decidir.

Del mismo modo se afirma que las fuentes de la dignidad del trabajo no se encuentran en la dimensión objetiva sino en la subjetiva, ya que el fundamento del valor de la labor, es la persona porque su acción está en “función del hombre y no el hombre en función del trabajo”127. Lo anterior implica que aunque existan trabajos que realicen las personas con

un mayor valor objetivo, la medida de la laboría es el grado de dignidad de la persona que lo realiza. El fundamento primordial de la laboría es el ser humano mismo como sujeto. En los casos donde alguna acción tenga un mayor o menor valor objetivo, se medirá por el “metro de la dignidad” del ser humano como sujeto del trabajo. De ahí que, en la finalidad del trabajo debe estar presente la persona misma.

Es importante también reconocer en el proceso de hacer ética teológica social la lectura que se hace desde esta disciplina al tema del trabajo, primeramente explicitando que es una dimensión fundamental de la existencia humana con dignidad propia128. A partir de ese horizonte de dignidad que tiene la laboría, la noción cristiana de la misma se ha tenido que contraponer a corrientes de tipo materialista y economicista, y ha debido avocar la

125 Ibíd. 126

JUAN PABLO II, Laborem Exercens, n. 6.

127 Ibíd.

128 Cf. JUAN PABLO II,

57 necesidad de orientarla desde una perspectiva más humana129. A pesar que se está caminando hacia una valoración más humana del aspecto laboral de la persona, el desarrollo de una sociedad orientada al materialismo puede llevar a que se vuelva a esa visión errónea de considerar la laboría como mercancía o mecanismo anónimo para la producción. Por eso, el aspecto del dominio del ser humano sobre la creación debe estar presente en todo lo concerniente a la ética social130.

Hay que añadir en esta lectura ética del trabajo, la resonancia que ha tenido el aspecto de la solidaridad en medio de un contexto en que la dimensión social puede generar la aparición y desaparición de nuevas formas de labor, porque dicha solidaridad que la propiciaron aquellos trabajadores explotados, es una contestación a la degradación del hombre como sujeto de la labranza. La consecuencia de dicho talante solidario de los obreros adiciona una conciencia clara y comprometida de los derechos de los trabajadores en medio de los distintos contextos con los que se enfrenta la coyuntura laboral.

Otro de los aspectos de esta interpretación moral de la dinámica laboral, es el reconocimiento del trabajo como un bien para el ser humano, ya que puede realizarse asimismo como ser humano, y teniendo en cuenta que por algunas orientaciones laborales se le puede truncar su dignidad, se exhorta a construir aquella obligación moral de reconocer la laboriosidad como virtud con el aspecto social de la labranza, buscando la humanización de la persona cuando labora. Esto implica que por ningún motivo ningún hombre o mujer trabaje disminuyendo su dignidad.

En consonancia con la lectura ética del trabajo, se afirma de manera enfática la prioridad del trabajo sobre el capital, y lo ubica Juan Pablo II en el marco de la moral social131, reconociendo que el laborante no busca sólo una remuneración, sino espera reconocerse

129 Pa a algu os auto es de tales ideas, el t a ajo se e tendía y se trataba como una especie de

<<mercancía>>, que el trabajador- especialmente el obrero de la industria- vende al empresario, que es a la vez el poseedor del capital, o sea del conjunto de los instrumentos de trabajo y de los medios que hacen posi le la p odu ió Ibíd.

130 Cf. Ibíd.

131 Cf. JUAN PABLO II,

58 que está trabajando en algo propio, lo cual se trunca cuando se le quita su iniciativa. Este argumento se funda desde la enseñanza eclesial social que valora no solo el aspecto económico de lo laboral, sino que comprende el ámbito de la realización personal.

Por otro lado, en la encíclica Laborem Exercens presenta dentro de su metodología moral, un acercamiento a la temática de los derechos humanos. En primer lugar, ubica los derechos del trabajador en el marco de los preceptos de dignificación de la persona, reconoce que son proclamados por organismos de orden internacional y que los estados deben garantizar a la persona, “el respeto de este vasto conjunto de los derechos del hombre, constituye la condición fundamental para la paz en el mundo contemporáneo”132.

En segundo lugar, se reconoce el aspecto de la relación del ser humano con Dios, que fundamenta la obligación del trabajo por mandato divino. Por su misma humanidad logra su desarrollo en la labranza y por el respeto al prójimo, a su familia y al entorno donde vive, ya que al laborar la persona se introduce en un proceso donde recoge el trabajo de generaciones anteriores y construye el futuro de los grupos humanos actuales. De lo anterior nace la exhortación obligatoria al trabajo, cuyos derechos tienen como referencia la gama de relaciones del sujeto trabajador.

Dentro de la perspectiva del diálogo con los derechos humanos en el método moral aparecen las nociones de empresario indirecto o directo. El primero como los derechos humanos es aplicable a la sociedad y la responsabilidad principal recae sobre el estado, cuya función es organizar la política laboral en función de la justicia. En cambio el segundo, el empresario directo, “es la persona o institución con la que el trabajador estipula directamente el contrato de trabajo según determinadas condiciones”133. El empresario

indirecto tiene una obligación, “en la realización del pleno respeto de los derechos del hombre dado que los derechos de la persona humana constituyen el elemento clave de todo el orden moral social”134.

132

JUAN PABLO II, Laborem Exercens, n. 16.

133 Ibíd.

134 JUAN PABLO II,

59 Con respecto al análisis de la realidad presentado en el aspecto metodológico de la ética teológica social, encontramos que abordan fenómenos como el economismo y el materialismo, la relación entre el trabajo y la propiedad, problemas como el empleo, el salario, los sindicatos, la labor agrícola, la realidad del minusválido, la emigración, y finalmente el Papa Wojtila ubica su encíclica en un contexto con sus características propias. El economicismo consiste en ubicar los aspectos humanos y morales de la persona de forma subordinada a la realidad material, que ha permeado el sentido del trabajo llegándolo a considerar desde la perspectiva económica. En el materialismo, el ser humano es tratado “como una especie de «resultante» de las relaciones económicas y de producción predominantes en una determinada época”135.

La relación entre trabajo y propiedad, es analizada reconociendo que para explicitar el aspecto de la posesión se debe profundizar en el principio subyacente de las fuerzas que de una u otra forma actúan en el capital136. Igualmente se relaciona el derecho a la propiedad privada considerándola no absoluta, relacionándola de manera subordinada al bien común, y se cuestiona al capitalismo por defender de manera tácita el poseer independiente137. Desde la perspectiva de las realidades concretas orientadas en el proceso de hacer teología social moral encontramos que se expone el aspecto del desempleo, donde se le pide al estado actuar contra éste, se presenta la dimensión moral del subsidio en el caso que una persona pierda su trabajo y se invita a distintos estamentos de la sociedad a participar en la creación de puestos de laboría y a enfocar el desarrollo en el respeto a los derechos humanos y a la dignidad de la labranza. Otro de los aspectos coyunturales es el tema del salario considerado como un problema ético-social, porque humaniza las relaciones entre el trabajador y el empresario, e invita a referenciar otras formas de labranza como las

135 JUAN PABLO II,

Laborem Exercens, n. 13

136 Det ás de u o ot o o epto están los hombres, los hombres vivos, concretos, por un parte aquellos

que realizan el trabajo sin ser propietarios de los medios de producción, y por otra aquellos que hacen de empresarios y son los propietarios de estos medios, o bien representan a los propieta ios JUAN PABLO II,

Laborem Exercens, n. 14.

137 Desde esa pe spe tiva, sigue sie do i a epta le la postu a del ígido apitalis o, ue defie de el

derecho exclusivo a la propiedad privada de los medios de producción como un <<dogma>> intocable de la vida e o ó i a I íd.

60 funciones maternas, y que todos los empleados tengan prestaciones sociales. Además se reconoce la lucha por la justicia y la defensa de los derechos existenciales de los trabajadores por parte de los sindicatos, que buscan reivindicar a los operarios sin el uso de la violencia ratificando inclusive el derecho a la huelga.

En esa misma línea de abordaje de coyunturas determinadas en el método ético-teológico, está la afirmación de la importancia del trabajo agrícola ya que gracias a éste se brinda el sustento diario, subrayando que el problema de la realidad campesina no es simplemente la falta de desarrollo de la técnica, sino que hay un atropello a los derechos de los trabajadores, y por tanto se les debe dar garantías en cuanto a la tenencia de la tierra, a una formación profesional y a favorecerlos en la vejez. De otra parte, se reconoce el salario justo, y finaliza el Papa polaco presentando la realidad del problema de la emigración, el