Chapter 3. LINPACK 1000: A Case Study
5.7 Integration with scheduling
La tarea de selección, llamada coloquialmente «tarea de las cuatro tarje- tas», fue también pergeñada por Peter Wason (1966) y, desde entonces, ha supuesto el problema más estudiado de la psicología del pensamiento. A continuación, aparece el problema en su versión abstracta. Nuevamente, le sugerimos que trate de resolverlo usted y lo dé luego a otras personas.
La tarea de selección también es aparentemente sencilla: si uno imagina lo que puede haber detrás de las tarjetas y va analizando sistemáticamente las posibilidades según la tabla de verdad del condicional, no debería tener problemas para terminar concluyendo que hay que levantar las tarjetas «P» y « Q» y no levantar «Q» y « P». Sin embargo, muy pocos sujetos la resuelven bien la primera vez en su versión abstracta. Desde los primeros momentos (por ejemplo, Wason y Johnson-Laird, 1972), se observó que ha- bitualmente los sujetos defienden que deben levantarse «P» y «Q», o sola-
E
4
T
7
Imagínese el lector que es cierto que todas estas tarjetas tienen en una cara una letra y en la otra, un número. Nosotros le decimos: «Si hay una E en una cara, entonces hay un 4 en la otra». ¿Cuál o cuáles tarjetas debería usted dar la vuelta para comprobar si lo que decimos se cumple para las cuatro tarjetas que aparecen arriba?
mente «P». Curiosamente, suelen darse otras combinaciones (por ejemplo, «P», « Q», «Q» o «P», « P»), pero no la respuesta correcta (véase una revisión en Griggs, 1995).
También desde el comienzo se propuso como explicación el sesgo de ve- rificación (Wason, 1966), como tendencia general del razonamiento huma- no (que aparecía igualmente en la comprobación de hipótesis) y según la cual los sujetos tienden a buscar evidencias a favor del enunciado y, por tanto, a verificar eligiendo «P» y no el resto de las tarjetas. Algunos autores presentaron una evidencia alternativa, pero relativamente complementaria, al proponer que la dificultad radica en la resistencia de los sujetos a falsar el enunciado debido a los problemas que comporta la negación. Con enun- ciados negativos, Evans (1972a, 1972b) encontró datos a favor del sesgo de emparejamiento, lo que otros autores han tratado de explicar mediante el heurístico de accesibilidad de Tversky y Kahneman (1973), que en este li- bro trataremos en el capítulo 6. Ahora bien, el propio Evans (1984, 1989) contraataca aduciendo que el sesgo de emparejamiento es, en realidad, un efecto de la «relevancia percibida» en los términos, y propone una explica- ción lingüística, donde discrimina el «asunto» (el papel que jugarían las proposiciones) de los «comentarios» (el papel que jugarían los operadores). El sesgo de emparejamiento demostraría la influencia de los procesos de atención selectiva, que quedarían incluidos en los factores heurísticos del razonamiento y no en los analíticos, por lo que estrictamente no formarían parte del proceso de razonamiento.
Diversas manipulaciones de la tarea de selección han producido mejoras en la ejecución de los sujetos (recuérdese que el relativamente discutible axioma «Si conseguimos facilitar el proceso es porque estamos dentro de él» es la base argumentativa de una gran parte de la psicología del razona- miento). Por ejemplo, se propuso que el problema residía en la ausencia de un escenario claro (abierto), ya que un escenario convenientemente mani- pulado (cerrado) mejoraba sensiblemente la ejecución. Otras manipulacio- nes fueron la de Griggs (1989), que presenta los enunciados como categóri- cos y no como plausibles, y la de Hoch y Tschirgi (1983, 1985), que reforzaban la comprensión lógica del condicional.
Otras investigaciones se han ocupado de los efectos temáticos en la tarea de selección (véase la revisión de Dominowski, 1995). Nosotros mismos realizamos una amplia investigación sobre los efectos del contenido en el razonamiento, utilizando, además de la tarea de selección, otras con conec- tivas lógicas, silogismos y series.
Ya en las primeras investigaciones de la influencia del contenido temáti- co se vio que éste favorece la ejecución de la tarea (Wason y Shapiro, 1971; Johnson-Laird, Legrenzi y Legrenzi, 1972; Lunzer, Harrison y Davey, 1972), aunque los porcentajes varían considerablemente de unos estudios a otros. Nosotros encontramos una diferencia notable y similar a la registrada en el segundo de los estudios citados: 90% de respuestas correctas en una
tarea de «Si conduce un automóvil, tiene más de 18 años», frente a un 10% en la tarea abstracta. Sin embargo, a diferencia de lo observado en ese tra- bajo, encontramos que la ejecución de la tarea con contenido beneficiaba la resolución de la tarea abstracta, y que la ejecución de la abstracta perjudi- caba la ejecución de la concreta. Algunas de las variaciones temáticas iban unidas a variaciones formales o en el procedimiento. Una de las más intere- santes consistió en utilizar versiones reducidas de la tarea o en incluir nue- vas conectivas no condicionales. La utilización de contenidos basados en reglas deónticas (permisos u obligaciones) facilita considerablemente la ta- rea (véase Asensio y cols., 1990; Manktelow y Over, 1995). Utilizando este tipo de reglas y una versión reducida de la tarea, Girotto y Lynch (1992) comprobaron que ésta era resuelta por niños de ocho años.
Otra serie de trabajos demostró que el beneficio de las versiones temáti- cas no podía considerarse universal (Manktelow y Evans, 1979; Griggs y Cox, 1982; Yachanin y Tweney, 1982). A partir de estos resultados, se ha ido aceptando que las versiones concretas aportan, o no, unas claves de so- lución de la tarea en función de la coherencia de los factores semánticos y pragmáticos que interactúan con los aspectos puramente sintácticos. La ma- yor parte de los autores reconoce, con Griggs (1983), que la mejora de la ejecución de tareas temáticas se debe a una ventaja en la activación de los conocimientos en la memoria. Mientras que algunos se debaten entre los as- pectos semánticos y pragmáticos, otros apuestan claramente por estos últi- mos: la presentación de la regla como hipotética o como cierta y la provi- sión de una situación donde sea significativo el papel del sujeto.
Como puede verse, las diferencias no son de matiz: en el fondo de la po- lémica reside una pugna por explicar el razonamiento humano, sea proposi- cional, silogístico o de otro tipo, en función de factores diferentes, que ter- minan conformando teorías distintas, como dice Evans (1991), dentro de un panorama muy fragmentado. En los últimos años, apenas existen teorías que pretenden dar cuenta de todo el razonamiento. Por una parte, quedaría un reducido grupo de investigadores que aún continúan defendiendo mode- los de reglas y/o lógicas mentales (es el caso de Braine y Rumain, 1983; Brain, 1994; Macnamara y Reyes, 1994; y Rips, 1994); aunque indudable- mente matizan mucho su posición respecto a los modelos logicistas clási- cos, defienden una perspectiva sintáctica del razonamiento (véase una revi- sión de estos trabajos en Santamaría, 1995, pp. 93-123). Por otra parte, estarían las teorías que sostienen una perspectiva semántica del razona- miento, como la teoría del esquema (Rumelhart, 1980; Wason, 1983) o la teoría de los modelos mentales (Johnson-Laird, 1983; Johnson-Laird y Byr- ne, 1991; Johnson-Laird, 1995), que son tratadas en el capítulo 2 de este li- bro. Por último, estarían los que defienden teorías de tipo pragmático (como Cheng y Holyoak, 1985; Holland, Holyoak, Nisbett y Thagard, 1986; Holyoak y Cheng, 1995) y resaltan el papel del contexto de las ta- reas, como se ve en el capítulo 6 de este libro. Sin menoscabo del resto,
parece que, actualmente, la mayoría de los autores (aunque no falten algu- nas críticas) admiten una cierta ventaja explicativa de la teoría de los mode- los mentales. Quedan, sin embargo, dudas razonables sobre el alcance glo- bal de estas explicaciones, incluidas las lagunas que hemos ido comentando en estas líneas.
Conclusiones
Como hemos visto, el razonamiento proposicional, que no puede identifi- carse directamente con el lenguaje natural, es un proceso claramente dife- rente de la lógica proposicional, para cuyo análisis se utilizan los formalis- mos de ésta.
Los sujetos humanos, cuando nos enfrentamos a tareas que incluyen proposiciones y conectivas, no siempre nos comportamos como predice el modelo lógico. Somos capaces de desplegar una considerable competencia lógica, pero también cometemos errores importantes. Nuestras ejecuciones son muy sensibles al contenido y al contexto.
Existe una notable estabilidad de los resultados en los estudios psicoló- gicos de las conectivas lógicas; hay importantes diferencias de dificultad entre los operadores, que van desde los más sencillos, como la conjunción, a los más complejos, como el condicional, que da problemas a una mayoría de sujetos adultos e instruidos, especialmente en determinadas versiones abstractas.
Los problemas complejos que incluyen operadores proposicionales han demostrado ser muy fructíferos en el estudio del razonamiento. Especial- mente, el estudio de la tarea de selección de Wason ha proporcionado una gran cantidad de evidencia experimental. La utilización de versiones temá- ticas ha provocado la necesidad de formular modelos sensibles al contenido del razonamiento, además de la de afinar los procedimientos de las tareas, aunque no se pueda afirmar de manera universal que el contenido facilita la resolución.
Contando con varias teorías alternativas, si bien es cierto que la de los modelos mentales acapara por el momento un máximo de atención, esta- mos aún lejos de lograr un acuerdo sobre la explicación de los fenómenos y los efectos detectados en el razonamiento proposicional.