Acabamos de pasar revista a varias historias de raptos e in- tentos de secuestro efectuados por los ocupantes de los platillos volantes. Estos episodios forman parte integrante del problema de los OVNIS visto en su totalidad y no pueden resolverse por separado. Además, las pruebas históricas recogidas por Wentz vuelven a señalar en la misma dirección.
Esta especie de creencia en que las hadas podían llevarse a las personas era muy común y aún subsiste en muchas regiones del oeste de Irlanda...
El Buen Pueblo se ve a menudo allí (señalando a Knoch Magh) en grandes multitudes, jugando a la pelota y a otros juegos. Y con frecuencia figuran entre ellos los jóvenes de ambos sexos y los niños que ellos se han llevado.
No solamente se llevan a las personas, sino —como en las histo- rias de platillos volantes— a veces las transportan, por medios aéreos, a lugares alejados. El profeta Ezequiel y otros autores religiosos refieren, por supuesto, historias de este tipo. Pero un irlandés corriente y moliente llamado John Campbell refirió a Wentz lo que sigue:
Un hombre a quien conozco, Roderick Mac Neil, fue levan- tado por las huestes, que lo dejaron a cinco kilómetros del punto donde lo cogieron. Las huestes salen alrededor de medianoche.
1 2 4 JACQUES VALLEE
El reverendo Kirk refiere algunas historias de secuestros ex- traordinarios parecidos, pero la leyenda más fantástica de todas es la que concierne al propio Kirk: se cree vulgarmente que el bueno del reverendo fue llevado también por las hadas.
Mrs. J. MacGregor, que guarda las llaves del viejo cemente- rio donde se encuentra la sepultura de Kirk, si bien muchos dicen que en ella no hay nada más que un ataúd lleno de pie- dras, me contó que Kirk fue llevado al Otero de las Hadas, que ella me señaló y que se levantaba al otro lado de un vallecito que teníamos enfrente, y aún sigue allí, pues esta colina está llena de cuevas y en ellas habita el «Buen Pueblo». Y añadió que Kirk se apareció a un pariente suyo después de que las hadas se lo llevaron.
Wentz, que es quien refiere tan interesante historia, efectuó algunas averiguaciones acerca de las circunstancias que acom- pañaron la muerte de Kirk. Visitó al sucesor de Kirk en Aberfoyle, el reverendo Taylor, quien le dio ciertas precisiones aclaratorias: Cuando se produjo su desaparición, la gente dijo que se lo llevaron las hadas porque éstas estaban muy descontentas con él por haber revelado sus secretos de una manera tan pú- blica como él lo hizo. De todos modos, lo que parece probable es que Kirk enfermó súbitamente —tal vez tuvo un ataque de apoplejía— encontrándose en el Otero de las Hadas, y sobrevi- niéndole allí la muerte. He rebuscado entre los libros del pres- biterio y no he encontrado referencia alguna a la manera como murió Kirk, pero, desde luego, no hay la menor duda de que sus restos se encuentran en la sepultura.
Kirk creía en la habilidad del Buen Pueblo para realizar rap- tos y secuestros, y esta idea se hallaba tan difundida que han llegado hasta nosotros por diversos conductos. En consecuencia, esto nos permite examinar en detalle cuatro aspectos del folklore sobre las hadas directamente relacionados con nuestro estudio: (1) las condiciones y el propósito de los raptos; (2) los casos de regreso del País de los Elfos y las formas adoptadas por la gra- titud de éstos cuando el ser humano secuestrado les había rendido algún servicio valioso durante su estancia en su país; (3) la creen- cia en los secuestros realizados por el pueblo de las hadas; y (4) lo que yo llamaría los aspectos relativistas del viaje al País de los Elfos.
Hartland nos dice que un libro sueco publicado en 1775 con- tiene una declaración jurada, redactada, con todos los requisitos legales, el 2 de abril de 1671 por el marido de una comadrona que fue llevada al país de las hadas para asistir al parto de la mujer
PASAPORTE A MAGONIA 125
de un gnomo. El autor de la declaración parece haber sido un clérigo llamado Peter Rahm.
Por la autoridad de esta declaración se nos invita a creer que el suceso que la misma registra ocurrió verdaderamente en el año 1660. Peter Rahm alega que él y su esposa se encontra- ban en su granja un día al anochecer cuando se les presentó un hombrecito, de rostro atezado y vestido de gris, quien rogó a la esposa del declarante que acudiese a ayudar a su mujer, que estaba con los dolores del parto. Al ver el declarante que se trataba de un gnomo, instó a su mujer a que fuese, la ben- dijo y le suplicó que, en el nombre de Dios, acompañase al fo- rastero. Ella pareció que se iba llevada por el viento.
Se nos informa que regresó a su casa «de la misma manera», después de negarse a probar bocado mientras se encontraba en compañía del gnomo, pese a que éste la invitó a comer.
En otro cuento, el marido de la comadrona acompaña a ésta a través del bosque. Avanzan guiados por el «hombre de la tierra», o sea, el gnomo que ha requerido su ayuda. Atraviesan una puerta de musgo, después una puerta de madera y, finalmente, una puer- ta de metal brillante. Una escalera les condujo al interior de la tierra, hasta llegar a una magnífica cámara donde descansa la mujer del gnomo. Kirk refiere que en un caso cuyos protagonis- tas conoció personalmente, la mujer secuestrada encontró la casa de los hombrecillos llena de luz, a pesar de que ella no pudo ver ninguna lámpara ni fuego.
El reverendo Kirk añade que posteriormente, acompañado por otro clérigo, visitó a una mujer que entonces tenía cuarenta años y le hizo preguntas acerca de las hadas, pues ella poseía grandes conocimientos a este respecto. Se rumoreaba que desde hacía bastantes años apenas probaba bocado, y que con frecuencia se quedaba hasta muy tarde en los campos vigilando a sus ovejas, que allí se encontraba y hablaba con gente que ella no conocía, y que una noche se quedó dormida en una colina y fue transpor- tada a otro lugar antes de que amaneciese. Kirk afirma que esta mujer estaba siempre melancólica y callada.
La naturaleza física de Magonia, tal como se nos aparece en estos relatos, es notabilísima. A veces se trata de un país re- moto, una isla invisible, un lugar distante al que sólo se puede llegar después de un largo viaje. En otros cuentos es un país ce- lestial, como en la historia india antes citada. Esta creencia es paralela a la que se tiene actualmente en el origen extraterrestre de los OVNIS, y que hoy goza de tanta popularidad. Una segunda teoría —igualmente difundida—, es la de que el País de los Elfos constituye una especie de universo paralelo, que coexiste con el
nuestro. Sólo se hace visible y tangible a las personas escogidas, y las «puertas» que conducen a él son puntos tangenciales, cono- cidos únicamente por los elfos. Esto es en cierto modo análogo a la teoría, que a veces se encuentra en la literatura sobre los OVNIS, concerniente a lo que algunos autores suelen denominar la «cuarta dimensión»..., aunque esta expresión, por supuesto, tie- ne mucho menos sentido físico que la teoría de un País de las Hadas paralelo. (¡Pero suena mucho más científico!)
Algunos cuentos recogidos por Hartland ilustran la teoría de los «universos tangenciales». Por ejemplo, el siguiente:
En Nithsdale, un hada recompensa la bondad de una joven madre, a quien entregó su hijo para que lo amamantase, lle- vándosela consigo para que visitase el País de las Hadas. Se abrió una puerta en una verde ladera, descubriendo un pórtico bajo el que pasaron la nodriza y su guía. Una vez dentro, la señora echó tres gotas de un precioso rocío en el párpado iz- quierdo de la nodriza, y ambas fueron admitidas a un hermoso país por el que discurrían serpenteantes riachuelos entre triga- les amarillentos y donde los árboles estaban cargados de frutos que rezumaban miel. Ofrecieron a la nodriza varios dones má- gicos, y cuando hubieron bautizado con un rocío verde su ojo derecho, pudo contemplar nuevas maravillas. A su regreso, el hada pasó la mano sobre los ojos de la mujer, devolviéndole sus facultades naturales.
Este cuento nos lleva a nuestro segundo punto, que es el de la gratitud demostrada por los elfos hacia los seres humanos que les han rendido ciertos servicios, y la forma que adopta esta gra- titud. La misma se pone de manifiesto en muchos relatos de dones conferidos por los elfos, que se encuentran en el folklore de Es- candinavia y el norte de Europa. Valga el siguiente ejemplo:
Una comadrona alemana, que fue llamada por un hombre acuático, o Nix, para que asistiese a una mujer que sufría los dolores del parto, cuando llegó junto a ésta le oyó decir: «Soy una mujer cristiana lo mismo que tú, pero me secuestró un hombre acuático, que me hizo cambiar. Cuando venga mi ma- rido y te ofrezca dinero, no aceptes más que el que sueles per- cibir por tus servicios, o de lo contrario él te retorcerá el pes- cuezo. ¡Ten mucho cuidado!»
En otra historia, preguntan a la comadrona cuánto quiere co- brar. Ella contesta que no aceptará que le den más que lo que suelen pagarle corrientemente, a lo que el elfo replica: «Has te- nido mucha suerte. ¡Si hubieses pedido más, te hubiera ido muy mal!» A pesar de esta respuesta, le llenaron el delantal de oro1 0.
En un cuento de Pomerania, la comadrona contesta de manera parecida a la misma pregunta, y el hombrecito dice: «¡Ea, extien- de tu falda!», y se la llena con basura amontonada en un rincón de la estancia. Toma entonces su linterna y la acompaña cortes- mente a su casa. Pero cuando ella deja caer lo que contiene su falda, monedas de oro puro tintinean por el suelo.
Los dones conferidos por los elfos tienen un carácter mági- co, que adquirirá un significado muy especial en el capítulo si- guiente. Esta cualidad mágica se encuentra en cuentos proceden- tes de todos los puntos del planeta. El folklore chino, en parti- cular, nos ofrece numerosos ejemplos de ello. En un cuento chino, el enano llena el delantal de la mujer con algo que ella no debe mirar antes de llegar a su casa. Naturalmente, ella se apresura a mirarlo en cuanto el enano ha desaparecido, y ve que se trata de pedazos de carbón. Furiosa, los tira lejos de sí, quedándose únicamente dos como prueba de la maldad del enano. Pero cuan- do llega a su casa, descubre que los negros carbones se han con- vertido en piedras preciosas. Cuando regresa en busca de los demás trozos de carbón, éstos han desaparecido.
A decir verdad, existen en el folklore mundial numerosas his- torias de seres humanos que han ido al país de las hadas por su propia voluntad, para llevar un mensaje, para traerlo o para prestar algún servicio a los seres sobrenaturales que lo habitan. Pero —y éste es mi tercer punto— tenemos también numerosos relatos de secuestros realizados por las hadas. Éstas se llevan a hombres y mujeres, especialmente mlujeres grávidas o madres jóvenes, y se muestran también muy activas en el robo de cria- turas de corta edad. A veces sustituyen al niño real por un niño falso, dejando en lugar de la criatura df carne y hueso una escoba envuelta en trapos, o uno de sus propios hijos:
Por la creencia en hijos de las hadas, yo entiendo la creen- cia de que éstas y otros seres imaginarios vigilan a los niños de corta edad, o... a veces incluso a los adultos, para apoderarse de ellos y llevárselos cuando están desprevenidos o sin vigilancia, dejando en su lugar a uno de los suyos.
Esta creencia no está limitada a Europa. Se encuentra en re- giones tan distantes del continente europeo como China y la costa americana del Pacífico11. Pero en cualquier caso, ¿qué tienen que hacer los padres, al darse cuenta de que les han robado a su hijo? Hartland dice que un
método en boga en el norte de Escocia consiste en llevar al su- puesto elfo a un lugar frecuentado por los de su raza, general-