Pentium Pro Processors
CPU Type/Speed
mente, según nos dicen, a un sitio donde se oigan unos susu- rros característicos, o bien a un túmulo, o círculo de piedras, y depositar el niño allí. Éste debe estar acompañado por una ofren- da consistente en pan, mantequilla, leche, queso, huevos y carne de ternera o de gallina.
Los padres se retiran entonces durante un par de horas. Si cuando vuelven sus ofrendas han desaparecido, esto significa que les devolverán a su hijo.
Pero a veces se han empleado métodos más radicales, y no po- demos por menos de compadecer a los pobres niños que fueron maltratados porque sus supersticiosos progenitores les encontra- ron cierto parecido con los elfos. El 17 de mayo de 1884, o sea, a finales del siglo pasado, el Daily Telegraph de Londres informó que dos mujeres habían sido detenidas en Clonmel, acusadas de cometer actos de crueldad con un niño de tres años, ¡Creían que lo habían cambiado y que, por medio de malos tratos, consegui- rían que las hadas les devolviesen el «verdadero niño»! Y no hay duda de que en tiempos medievales la misma superstición aca- rreó la muerte de criaturas que presentaban taras congénitas. A ve- ces los mismos malos tratos se aplicaron a adultos que se consi- deraban cambiados. Hartland nos ofrece un ejemplo divertidísimo de uno de estos casos:
Un cuento procedente de Badenoch se refiere a un hombre que descubrió el fraude al ver a su mujer, que era de carácter sosegado, súbitamente metamorfoseada en una arpía. Entonces preparó una gran hoguera y amenazó con arrojar a ella a la ocupante del lecho, a menos que ésta le dijese qué había sido de su verdadera mujer. Ella confesó entonces que se la habían llevado, y que a ella la habían nombrado su sucesora. Pero gra- cias a su determinación, el marido consigue encontrar a su mu- jer en una loma, cerca de Inverness, frecuentada por las hadas. Es evidente que el mito de los OVNIS no ha alcanzado toda- vía proporciones tan novelescas, pero quizá no estemos lejos de ello, especialmente en ciertas zonas rurales, donde los extraños objetos voladores se han convertido en un motivo de terror para las personas que viajan de noche, y donde el rumor de que los «invasores» puedan encontrarse ya entre nosotros ha llegado a interesar y en algunos casos a convencer a las gentes. Un reciente programa televisivo ha divulgado este aspecto entre las masas. En él, la especie humana está invadida por una quinta columna de seres extraterrestres que sólo difieren de los humanos en pequeños detalles. La idea no es nueva, como demuestra la creencia en niños cambiados por otros. Y existe un pasaje muy conocido en las Con-
PASAPORTE A MAGONIA 129
versaciones de sobremesa de Lutero, en el que éste dice al príncipe de Anhalt que debería arrojar al Moldava a cierto individuo que, en su opinión, es uno de estos seres cambiados... o killcrop, como se les llamaba en Alemania.
¿Qué se proponían las hadas con estos raptos?. La idea expues- ta por los folkloristas es también muy parecida a una teoría ac- tual sobre los OVNIS: estos contactos tenían una finalidad gené- tica. Según el tantas veces citado Hartland,
el motivo asignado a las hadas en los cuentos del Norte es el de preservar y mejorar su raza, por una parte llevándose a niños humanos para criarlos entre los elfos y unirse con ellos, y, por otra, procurándose la leche y el cuidado de madres hu- manas para sus propios vastagos.
(Más adelante veremos qué paralelos pueden encontrarse en recientes casos de OVNIS.)
No obstante, no siempre es éste el propósito del rapto, y con frecuencia los elfos devuelven a las personas secuestradas des- pués de haberlas hecho asistir únicamente a una danza o a un juego. Sin embargo, a menudo tiene lugar un extraño fenómeno: aquellos que han pasado un día en el País de los Elfos han enve- jecido un año o más al regresar a este mundo.
Éste es nuestro cuarto punto, ciertamente notable. El tiempo no transcurre allí lo mismo que aquí. Y estos relatos nos ofrecen por primera vez la idea de la relatividad del tiempo. ¿Cómo se les ocurrió esta idea a los antiguos narradores de cuentos? ¿Qué se la inspiró? Nadie es capaz de responder a estas preguntas. Pero la verdad es que en cuentos procedentes de todo el planeta se en- cuentra esta asimetría del elemento temporal entre el país de las hadas y nuestro propio mundo.
Al comentar este lapso de tiempo sobrenatural que encontra- mos en el país de las hadas, Hartland relata la verdadera historia de Rhys y Llewellyn, que sucedió hacia 1825 en el valle de Neath, en el País de Gales. Rhys y Llewellyn eran sirvientes de un rico agricultor. Una noche, cuando regresaban a la casa, Rhys dijo a su compañero que se detuviese para escuchar la música. Llewe- llyn no oyó nada. Pero Rhys no tenía más remedio que bailar al compás de la melodía que había oído un centenar de veces. Rogó a Llewellyn que continuase solo con los caballos, diciendo que no tardaría en alcanzarle, pero Llewellyn llegó a la casa sin Rhys. Al día siguiente, sospecharon que había asesinado a su compañero y lo encarcelaron. Pero un campesino «muy enterado de los asuntos de las hadas» adivinó la verdad. Reunió a varios hombres —entre ellos el narrador de esta historia— y condujeron a Llewellyn al
lugar donde éste decía que su compañero había desaparecido. De pronto, «¡Chitón! —gritó Llewellyn—. Oigo música... el melodio- so son de las arpas.»
Todos escucharon pero no oyeron nada. Llewellyn tenía el pie en el borde exterior del círculo de las hadas. Dijo al narrador que pusiera su pie sobre el suyo, y entonces él también oyó el sonido de muchas arpas y vio a un gran número de personillas bailando en un círculo de unos seis metros de diámetro. A continuación, to- dos los miembros del grupo hicieron lo propio y con idéntico resul- tado. Entre los pequeños danzarines se encontraba Rhys. Llewellyn lo agarró por su sayo al pasar y tiró de él hasta sacarlo del círculo. Inmediatamente, Rhys preguntó: «¿Dónde están los caballos?», y pidió que le dejasen terminar la danza, que no había durado más de cinco minutos. No lograron persuadirle de que había pasado mucho más tiempo. Se convirtió en un hombre melancólico, cayó enfermo y poco después murió.
Relatos parecidos se encuentran en La mitología de las hadas, de Keightley, y otros libros, aunque, desde luego, la historia de Rhys y Llewellyn es notable porque data del siglo xIx, sirviendo en cierto modo de eslabón entre el folklore de las hadas y el de los OVNIS. En los cuentos de este tipo se encuentran diversas ma- neras de recuperar a las personas arrebatadas. Una de ellas con- siste en tocar al secuestrado con un pedazo de hierro, pues la re- pugnancia que sienten los seres sobrenaturales por este metal es uno de los temas del folklore.
En el país de Gales existe un lugar cerca de Bridgend, donde se dice que una mujer que había sido arrebatada por las hadas regresó allí diez años después, convencida de que su ausencia sólo había durado diez días. Hartland nos conserva otra encantadora narración sobre el mismo tema, concerniente a un muchacho lla- mado Gitto Bach, de Little Griffith, hijo de un campesino que de- sapareció:
Durante dos años enteros nada se supo de él, mas, por úl- timo, una mañana en que su madre, que lo lloraba por muerto desde hacía tiempo, abrió la puerta, ¿a quién vio sentado en el umbral sino a Gitto con un hatillo bajo el brazo? Su vestido y su aspecto eran exactamente los mismos que la última vez que ella le vio, y no había crecido ni un centímetro. «¿Dónde has estado todo este tiempo?», le preguntó su madre. «Pero si sólo falto desde ayer», contesto, y, abriendo el hatillo, mostró a su madre un traje que los «niñitos» como él les llamaba, le habían dado como premio por haber bailado con ellos. El traje era de papel blanco y sin costuras. Con precaución maternal, ella lo tiró al fuego.
Las historias más conocidas cuyo tema principal es la rela- tividad del tiempo son las que pudiéramos llamar del ciclo «Rip van Winkle», tipificadas según numerosos relatos populares, su- puestamente calcados de hechos que realmente sucedieron. Por extraño que parezca, volvemos a encontrar el mismo tema en el antiquísimo folklore chino. Véase, si no, la historia de Wang Chi, uno de los santos de los taoístas.
Un día en que Wang Chi vagaba por las montañas de Ku Chow recogiendo leña, vio una gruta en la que unos ancianos jugaban al ajedrez. Se acercó para mirar el juego, dejando su hacha en el sue- lo. Uno de los ancianos le dio algo que parecía un dátil de piedra y le ordenó que se lo metiera en la boca. «Así que lo hubo hecho, dejó de sentir hambre y sed.» Poco tiempo después, uno de los viejos jugadores le dijo: «Hace ya mucho tiempo que viniste aquí; deberías volver a tu casa.» Pero cuando se volvió para recoger su hacha, Wang Chi descubrió que el mango se había convertido en polvo. Cuando descendió, al valle, encontró que no habían pasado horas ni días, sino siglos, y que nada quedaba del mundo que él había conocido.
Una tradición similar existe en Dinamarca. Por ejemplo, en un cuento típico de este siglo, una novia caminó reflexivamente por los campos el día de su boda y pasó al pie de un montículo «en el que los elfos se estaban divirtiendo». (Tenemos aquí de nuevo un relato de esta gentecilla asociada con un objeto mágico descrito unas veces como una gran mesa redonda y plana, y otras veces como un otero. Un disco o un cono de gran tamaño descan- sando en el suelo correspondería muy bien a esta descripción. Al referirse a la loma de las hadas, Hartland observa: «El otero es- taba sostenido, como es costumbre en tales ocasiones, por colum- nas rojas.»)
Los elfos ofrecieron a la novia una copa de vino, y ella se puso a bailar con ellos. Después regresó nuevamente a su casa, donde no pudo encontrar a su familia. Todo había cambiado en la aldea.
Finalmente, al oír sus voces, una mujer viejísima exclamó: «¿Eras tú, pues, la que desapareció durante la fiesta de esponsa- les del hermano de mi abuelo, hace cien años?»
Al oír estas palabras, la pobre muchacha cayó al suelo y expiró. Resulta verdaderamente fascinante descubrir estos relatos, que anteceden en muchos siglos a los viajes relativistas de Einstein y Langevin.
_ El lapso de tiempo sobrenatural del país de las hadas se aso- cia a menudo con el tema del amor entre el ser humano raptado y una de las hadas. Éste es, por ejemplo, el caso de la historia de Ossián, u Oisin: