gún acto que tienda a la generación. En consecuencia, no puede considerársele como el padre del niño, lo cual es opuesto a la idea de que el hijo engendrado por un incubo no es hijo de éste, sino del hombre cuya esperma utilizó aquél...
Leemos también en las Sagradas Escrituras (Génesis 6,4) que los gigantes nacieron como resultado de la unión entre los hijos de Dios y las hijas de los hombres: ésta es la transcripción lite- ral del texto sagrado. Ahora bien, estos gigantes eran hombres de elevada estatura, como se dice en Baruc 3,26, y muy superiores a los demás hombres. Además de su monstruosa talla, llamaban la atención por su fuerza, sus rapiñas y su tiranía. Y es preci- samente a los crímenes de estos gigantes que debemos atribuir la primera y principal causa del Diluvio, según Cornelius a La- pide en su Comentario del Génesis.
Dicen algunos que por el nombre de hijos de Dios debemos entender hijos de Set, y, bajo el de hijas de los hombres, las hijas de Caín, porque aquéllos practicaban la piedad, la religión y todas las restantes virtudes mientras que los hijos de Caín hacían exactamente lo contrario. Pero con todos los respetos que nos merecen Crisóstomo, Cirilo y otros que comparten esta opinión, justo es reconocer que se halla en desacuerdo con el significado evidente del texto. ¿Qué dicen las Sagradas Escritu- ras? Que de la unión de los anteriores nacieron hombres de monstruosas proporciones corporales. Esto significa que dichos gigantes no existían previamente, y si su nacimiento fue el re- sultado de tal unión no es admisible atribuirlo a la unión carnal entre los hijos de Set y las hijas de Caín, que, al ser todos de estatura corriente, sólo podían engendrar hijos de proporciones corrientes.
Por consiguiente, si la cópula en cuestión tuvo como fruto a unos seres de monstruosas proporciones, debemos ver en ella no la unión ordinaria de hombres y mujeres, sino una obra de los íncubos que, debido a su naturaleza, pueden muy bien ser llamados hijos de Dios. Esta opinión es la que sustentan los fi- lósofos platónicos y François George de Venecia, y no se halla en contradicción con la del historiador Josefo, Filón, san Justino Mártir, Clemente de Alejandría y Tertuliano, según los cuales es- tos íncubos podrían ser ángeles que incurrieron en el pecado de lujuria con mujeres. A decir verdad, como veremos, no hay aquí más que una sola opinión bajo una doble apariencia.
Lo que aquí tenemos es una teoría completa de contacto en- tre nuestra especie y otra especie no humana, diferente por su naturaleza física, pero biológicamente compatible con nosotros. Ángeles, demonios, hadas, criaturas del cielo, el infierno o Mago- nia: ellas inspiran nuestros sueños más extraños, configuran nues- tros destinos, hurtan nuestros deseos... Pero, ¿quiénes son?
PASAPORTE A MAGONIA 153
NOTAS AL CAPÍTULO IV
1 Aerial Phenomena Research Organization (APRO). V é a s e J. Lorenzen, « W h e r e is Private Irwin?» Flying Saucers, 28 (noviembre, 1962), p. 17.
2. John Fuller, El viaje interrumpido. Plaza & J a n é s , S. A., Barcelo- na- 1970, 3.ª edición. En e s t a misma colección «Otros mundos».
3. Ibíd., pág. 367. 4. Ibíd., pág. 327. 5. Ibíd., pág. 322. 6. Ibíd., pág. 327. 7. Ibíd., pág. 328.
8. «Un Cas Infiniment Mystérieux», Lumières dans la Nuit, 86 (enero- febrero, 1967), p. 2.
9. Spaceview (Henderson, Nueva Zelanda), 45 (setiembre-octubre, 1965). 10. Keightley, The Fairy Mythology (Londres, 1882), p. 2 6 1 .
11. Dorman, The Origin of Primitive Superstitions and Their Develop- ment, etc.. Among the Aborigines of America (Filadelfia, 1881).
12. Brian S t r o s s «The? Ihk'als», op. cit.
13. Gordon Creighton, «Middle America Creature Reports», op. cit. 14. National Investigations Committee on Aerial Phenomena (NICAP). 15. «Giants In Argentina», U.F.O.I.C. (227 Bay S t r e e t , Brighton-le-Sards, Sydney, N.S.W., Australia) (junio 1965).
16. T. Green Beckley, «On t h e Trail of Flying S a u c e r s » , Flying Sau- cers, 50 (diciembre 1966).
17. Lorenzen, Flying Saucer Occupants, op. cit., V é a s e también Apéndice- C a s o s 407, 412, 414.
18. Ibíd., pág. 54. 19. Ibíd., pág. 5 5 .
20. Anatole France, Revolt of the Angels (Dodd, Mead, Nueva York, 1927). 2 1 . William Grant Stewart, The Popular Superstitions and Festive Amuse-
ments of the Highlanders of Scotland (Oliver & Boyd, Edimburgo. 1851). 22. Traducción francesa: De La Démonialité et Des Animaux Incubes et
Succubes (I. Lisieux, Paris, 1876). Aún p u e d e c o n s e g u i r s e . 2 3 . Santo Tomás de Aquino, Suma Theologica, 2,2,qu.154. 24. Sylvester, De Matrimonio, qu. 4.
25. Lorenzen, Flying Saucer Occupants, op. cit., pág. 131. 26. Le Brun, op. cit., IV, 400.
27. San Agustín, La Ciudad de Dios. 15, c a p . 23. 28. Le Brun, op. cit., pág. 399.
CAPÍTULO V
CRIATURAS INMORTALES
Son duendes y hadas. Quienquiera que les hable muere al instante. Cerremos los ojos y echémonos boca abajo. Ningún hombre puede sorprender sus juegos.
William Shakespeare: Las alegres co- madres de Windsor.
«Hablan todos los idiomas de la Tierra. Lo saben todo acer- ca del pasado y el futuro de la especie humana..., de cualquier ser humano.»
Esta declaración fue hecha en 1968 por un funcionario español que asegura estar en contacto con los extraterrestres desde 1954. «Los habitantes del planeta Wolf 424 (sic) están entre nosotros bajo una forma humana y provistos de falsa documentación. Son muy superiores a nosotros y grandes amantes de la paz. Yo estoy contacto permanente con ellos: me escriben o me llaman por teléfono. Celebramos reuniones.»
¿Cómo entró en contacto Sesma con estos seres superiores? Parece ser que, en 1954, un platillo tiró una piedra cubierta de jeroglíficos en los jardines de la Ciudad Universitaria de Madrid, Fernando Sesma copió los símbolos, y pronto se inició una comu- nicación en ambos sentidos.
En la Gran Bretaña también se propalan fantásticos rumores. Se asegura que algunos científicos ingleses han recibido misterio-
sas comunicaciones por radio y se dedican a actividades clandes- tinas por cuenta de los extraterrestres. Varios de estos hombres
de ciencia han desaparecido. Según estos rumores, los extraterres- tres se proponen dirigir el curso de la historia humana a través de estos contactos. ¿Con qué finalidad? Yo mismo he recibido cartas de individuos que aseguraban pertenecer a organizaciones secretas con sede «fuera de este mundo». Estos corresponsales me informaron de que el propósito de estos grupos es el de impe- dir que la Humanidad llegue a otros mundos del espacio. Por su- puesto, hay otros contactees que afirman exactamente lo contra- rio. Sin embargo, subsiste el hecho de que la creencia en la di- rección de los destinos terrestres por potencias no humanas es tan vieja como la política.
Así, un periodista madrileño llamado Armando Puente asegu- ra que Sesma le advirtió con tres meses de antelación de que Ro- bert Kennedy iba a ser asesinado. Asimismo, Sesma «predijo» tam- bién la oleada de OVNIS de la Argentina (¡ tarea mucho más fácil!)
Por si aún no fuese suficiente, el mismo poder atribuido a los ocupantes de los platillos —o sea, el de influir en los aconteci- mientos humanos— era en otro tiempo facultad exclusiva de las hadas. Esto era así tanto por lo que se refiere a las creencias que sustentaban los ignorantes campesinos medievales como las que
sustentaban los doctos. Por ello, una de las primeras preguntas que hicieron a Juana de Arco sus inquisidores fue «si ella tenía algún conocimiento o si había asistido a las asambleas celebradas en la fuente de las hadas, cerca de Domrémy, en torno a la cual bailaban los espíritus malignos». Y en las actas del proceso se registraron otra pregunta y otra respuesta: «Preguntada si no creía —con anterioridad al presente día— que las hadas eran espíritus malignos, (ella) respondió que no lo sabía»1.
Continuar por este camino equivaldría a plantear de nuevo todo el problema de la brujería, lo que evidentemente escapa al propósito de este libro. No obstante, es importante observar la continuidad de las creencias, pues ésta conduce directamente des- de la magia primitiva, pasando por la experiencia mística, la fe en las hadas y la religión, a los actuales platillos volantes. El es- tudio de la brujería demuestra que estos temas se hallan íntima- mente entrelazados, y desde el punto de vista de la psiquiatría moderna deben ser tratados correlativamente. Y si bien en este capítulo no nos interesan las creencias individuales, sí nos concier- nen las consecuencias sociales de dichos rumores, a las que rara- mente han prestado atención los estudiosos del fenómeno.
No hace mucho tiempo, un eminente físico soviético especia- lizado en el estudio de los plasmas murió en extrañas circunstan- cias: fue arrojado al Metro de Moscú por una mujer mentalmente desequilibrada. Es curioso observar que esa mujer afirmó que una «voz del espacio» le había ordenado que diese muerte al fí-
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sico..., orden que ella no pudo dejar de cumplir. Sé por fuentes fidedignas que los criminólogos de la Unión Soviética están preo- cupados por el aumento de tales casos en los últimos años. Los lo- cos que corren por las calles creyéndose perseguidos por los mar- cianos han sido siempre algo bastante común2. Pero la actual olea- da de desequilibrio mental que puede relacionarse específicamente con la aparición y el desarrollo del mito de los contactos con ex- traterrestres, es un aspecto del problema de los OVNIS que re- quiere un atento examen.
Hubiera sido de esperar que las recientes investigaciones cien- tíficas del fenómeno OVNI hubiesen tratado este problema con la atención que merece. Por desgracia, no ha sido así. Esto me incita a presentar en este capítulo toda la información que he podido reunir sobre el particular, con la esperanza de que los so- ciólogos aborden este problema con algo más que con espíritu festivo. Por supuesto, existen algunos detalles relativos a este as- pecto del fenómeno OVNI que no pueden publicarse. Esto no sig- nifica que sean propiedad exclusiva de unos cuantos burócratas a quienes sólo preocupa el mantenimiento de su paz espiritual y la estabilidad de su administración. Dejar que las especulaciones sobre los OVNIS proliferasen sin freno ni medida serviría única- mente para convertir al público en presa fácil e indefensa para charlatanes de toda laya. Significaría que cualquier grupo orga- nizado cuyo objetivo fuese la destrucción de nuestra sociedad podría minarla en sus propios cimientos mediante una hábil uti- lización de la mitología «platillista»; podrían llevarnos a Mago- nia con el beneplácito de todos los «racionalistas».
UN GRAN SIGNO EN EL CIELO