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en un clásico del moderno folklore norteamericano: el informe presentado por Betty y Barney Hill, y el examen a que fueron sometidos ambos cónyuges bajo trance hipnótico por el doctor Benjamin Simon y que ha sido profusamente documentado por John Fuller en su excelente libro El viaje interrumpido2. El lector debe recordar y tener presente los principales rasgos de los casos Irwing y Hill a fin de poder seguir la discusión que constituye el

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tema del presente capítulo; así es que pido disculpas a quienes ya conozcan ambos casos por repetir de nuevo lo que ellos ya saben muy bien. Pero al hacerlo confío en que surgirán a la luz algunas observaciones que hasta ahora no habían sido explicadas. El informe núm. 100-1-61, que figura en los archivos de la 100.ª Ala de Bombardeo adscrita al Mando Aéreo Estratégico, en la Base Aérea de Pease, en New Hampshire, fue redactado por el comandante Paul W. Henderson. Es el único documento oficial concerniente al caso Hill, y, según parece, se ha mantenido iné- dito hasta ahora. Sin embargo, contiene un detalle que descono- cían el doctor Simon y John Fuller: el objeto visto por los Hill fue detectado por el radar militar:

Durante una conversación casual sostenida el 22 de setiembre de 1961 entre el comandante Gardiner B. Reynolds, 100.» B W DC01, y el capitán Robert Daughaday, al mando de 1917-2 AACS DIT, Pease AFB, NH, se reveló que un extraño incidente ocurrió a las 2,14 hora local del 20 set.

En aquel momento no se atribuyó importancia al incidente. Los ulteriores interrogatorios no aportaron ninguna información suplementaria al extracto del «Informe Diario del Controlador». La observación visual se resume como sigue:

La noche de 19-20 set, entre las 20 y las 20,1, Mr. y Mrs. Hill viajaban hacia el Sur por la carretera núm. 3, cerca de Lincoln, NH, cuando por el parabrisas de su coche observaron un extraño objeto en el cielo. Lo advirtieron a causa de su forma y la intensidad de su iluminación, comparadas con las estrellas del cielo. A aquella hora, el tiempo y el firmamento estaban despe- jados.

En este informe, en el párrafo E, Localización y detalles, fi- gura el relato de la observación hecho por Betty Hill, según la transcripción efectuada por los funcionarios de la Base Aérea de Pease:

Los observadores viajaban en automóvil en dirección al Sur por la carretera núm. 3, al sur de Lincoln, NH, cuando observa- ron un objeto brillantemente iluminado frente a su vehículo, a un ángulo de elevación aproximadamente de 45°. Les pareció extraño a causa de su forma y la intensidad de sus luces por comparación con las estrellas del cielo. El tiempo y el cielo estaban despejados. Durante unos minutos, continuaron obser- vando el objeto desde su automóvil en movimiento, hasta que finalmente se detuvieron. Después de parar el automóvil emplea- ron unos prismáticos de vez en cuando.

cidad. Agregan que cambió bruscamente de dirección para diri- girse después al Sur. Poco después se detuvo y se inmovilizó en el aire. Hasta este momento no percibieron sonido alguno. Am- bos observadores se pasaban los prismáticos. Mientras permane- cía inmóvil, empezaron a surgir objetos del cuerpo del «objeto», que ellos describen diciendo que parecían alas en forma de una V antes de extenderse. Las «alas» tenían luces rojas en sus extre- mos. En este momento observaron que el objeto parecía des- cender en dirección a su automóvil. El objeto continuó descen- diendo hasta que les pareció que sólo lo tenían a unas «decenas de metros» sobre su coche. Entonces decidieron abandonar aque- lla zona lo más de prisa posible. Mr. Hill conducía y Mrs. Hill observaba el objeto asomando la cabeza por la ventanilla. Éste partió en dirección Noroeste, aproximadamente, pero Mrs. Hill no pudo observar la totalidad de su partida por la posición que ocupaba en el coche.

Informan que mientras el objeto estaba sobre ellos después de que hubo «descendido», oyeron una serie de «zumbidos» fuer- tes pero cortos, que compararon al que produciría un diapasón al caer. Informan que pudieron oír estos zumbidos dentro de su vehículo. No efectuaron nuevas observaciones visuales de este objeto. Prosiguieron su viaje y cuando llegaron a las proximi- dades de Ashland, NH, a unos cincuenta kilómetros de Lincoln, volvieron a oír el «zumbido» del «objeto»; no obstante, esta vez no lo vieron.

Mrs. Hill informó que el vuelo del «objeto» era caprichoso, pues no cambiaba con rapidez de dirección, ascendiendo y descen- diendo numerosas veces, y con gran celeridad, durante su vuelo. Éste se efectuaba a sacudidas y no era nada regular, según la descripción de los observadores.

Mr. Hill es un empleado del Servicio Civil en la Central de Correos de Boston y no posee instrucción técnica o científica. Su esposa tampoco posee esa clase de instrucción.

Durante una conversación sostenida posteriormente con Mis- ter Hill, éste observó que al principio él no se proponía dar parte de este incidente, pero como él y su esposa presenciaron en realidad el hecho, decidió comunicarlo a las autoridades. Dice que el verlo de una manera retrospectiva, todo el incidente le parece increíble y se siente un poco ridículo... Sencillamente, le cuesta creer que semejante cosa pudiera ocurrir o hubiese ocu- rrido. Dice, por otra parte, que ambos vieron lo que comunica- ron, y este hecho le confiere cierto grado de realidad.

La información aquí contenida se recogió mediante conversa- ciones telefónicas entre los observadores y el autor de este in- forme. No podemos apreciar si el observador es digno de con- fianza, y si bien su aparente honradez y seriedad parecen ser válidas, por el momento no pueden juzgarse.

Este informe es notable por lo que no contiene. A este res- pecto, es probablemente típico de una gran parte de los docu- mentos del Ministerio del Aire (que en su mayoría se refieren a casos de gran proximidad con un OVNI), en los que ya sea por timidez del testigo, o por falta de un adecuado interrogatorio posterior, queda eliminada la información más importante. En el caso que nos ocupa, los testigos no facilitaron al Ministerio del Aire ninguna información acerca de los seres que pudieron ver a bordo del aparato mientras lo observaban con prismáticos. Y una pertinente investigación hubiera revelado un elemento del que de momento ellos no se dieron cuenta: su incapacidad para explicar un lapso de tiempo de dos horas transcurrido entre los dos mo- mentos en que oyeron los zumbidos. En realidad, no podían re- cordar como recorrieron los cincuenta y cinco kilómetros que se- paran Indian Head y Ashland, y que se mencionan de manera tan casual en el informe del Ministerio del Aire.

Lo que sucedió cuando su historia fue conocida está bien do- cumentado en el libro de John Fuller. Ambos testigos sufrieron una serie de extrañas pesadillas. Estos sueños les impulsaron a visitar a un psiquiatra, quien se valió de la hipnosis para bucear hasta la raíz del problema, y sólo entonces se descubrió que el origen de las pesadillas se encontraba en aquellas dos horas per- didas. Bajo hipnosis separada, Betty y Barney Hill dijeron que habían sido llevados por los extraños seres al interior del OVNI. Yo he tenido el privilegio de escuchar la porción de las cin- tas magnetofónicas que abarca el «secuestro» de Betty y Barney Hill. Ulteriores conversaciones sostenidas con los testigos, y con el doctor Simon y John Fuller, me inclinan a considerar el caso no como un suceso individual que hay que investigar y considerar como tal, sino, por el contrario, como indicación de una norma general que no puede separarse de la totalidad del fenómeno.

En primer lugar, es interesante observar que, a medida que, a consecuencia del tratamiento, iban acudiendo más detalles a la memoria de los Hill, el caso iba adquiriendo cada vez más las características que se encuentran en otros casos de aterrizaje de OVNIS, de los que los Hill no se hallaban enterados. Uno de tales detalles es el siguiente, recordado por Betty Hill: cuando su auto- móvil quedó parado y un grupo de «hombres» se acercó a ellos, los seres abrieron la puerta del vehículo y la apuntaron con un pequeño aparato. Cuando le pregunté a qué objeto de uso co- rriente podría compararlo, ella me dijo: «Podía haber sido un lápiz.»

No hace falta repetir aquí las descripciones ofrecidas por los Hill acerca de la manera como fueron secuestrados o de las con- diciones existentes en el interior del objeto. Baste con decir que

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las declaraciones hechas bajo hipnosis por Betty y Barney suelen concordar. Y también es inútil estudiar las detalladas descrip- ciones de los seres hechas por los testigos.

Así, Betty declara:

Casi todos ellos tienen la misma altura que yo... Ninguno de ellos es tan alto como Barney, de modo que medirían de metro cincuenta a metro sesenta y cinco. Tienen el pecho más ancho que nosotros; sus narices son más grandes [quiere decir más largas] que las humanas normales, aunque he visto a gente con narices como la de estos hombres, Jimmy Durante por ejemplo. Son de un color grisáceo; como la pintura gris mezclada con algo blanco; sus labios eran azulados. Tenían el pelo y los ojos oscuros; probablemente, negros...3

En cierto modo, tenían aspecto de mongoloides. Ese tipo de cara redonda y frente ancha, algo basto. Su piel parecía de un gris azulado, pero probablemente era algo más blanca. Sus ojos se movían y tenían pupila. En cierto modo, me recordaban los ojos de los gatos.4

Barney, por su parte, declaró:

Los hombres tenían la cabeza de una forma rara, con el cráneo grande que se empequeñecía hacia la barbilla. Y sus ojos se alargaban, llegando casi a las sienes, de modo que producía la impresión de que su radio visual tenía varios grados más de extensión que el nuestro. Esto me inquietaba... [La boca] era muy parecida a una línea horizontal con una pequeña línea perpen- dicular en cada extremo. Esta línea horizontal era los labios, sin los músculos que tenemos nosotros. Y cuando hablaban, ha- ciendo ese sonido «mmmm», los separaban ligeramente. La piel, tal y como la recuerdo, por haber abierto entonces los ojos, era grisácea, de aspecto casi metálico. No noté que tuvieran pelo, ni nada en la cabeza. Tampoco advertí ningún apéndice nasal, sólo dos ligeras hendiduras que eran, sin duda, las ventanillas de la nariz.5

Existen algunas contradicciones evidentes entre ambas des- cripciones. Betty menciona unos cabellos muy oscuros; Barney no pareció advertirlos. Los hombres descritos por Barney no evocan precisamente para mí la imagen de Jimmy Durante. Por otra parte, estos seres recuerdan notablemente a los ocupantes que aparecen en un gran número de informes sobre OVNIS desconocidos fuera de un pequeño círculo de especialistas.

Aparte de mostrarse en desacuerdo en lo que respecta a la nariz y los labios, la declaración de Betty concuerda con la des- cripción que hace Barney de la cabeza, el color y el aspecto de la piel. Otra observación hecha por Betty resulta importante a

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este respecto: «Me pareció que el jefe y el médico eran distintos de los otros tripulantes. Pero es difícil decir esto de fijo, porque la verdad es que yo no quería mirar a aquellos hombres 6.»

En este caso hay otros dos elementos de importancia capital. Uno de ellos es el medio de comunicación con los extraños seres. Ellos se comunicaban entre sí por medio de un lenguaje audible, que los testigos no entendieron. Sin embargo, cuando se comuni- caban con los Hill, sus pensamientos venían expresados en inglés. Betty opina que hablaban inglés «con acento extranjero», mien- tras Barney cree que las palabras y la presencia del ser eran dos cosas distintas:

Yo no oía su voz. Pero, mentalmente, sabía lo que me estaba diciendo. No era como si estuviese habiéndome con los ojos abiertos y sentado en el mismo cuarto, frente a mí. Era, más bien, como si las palabras formaran parte de mí y no tuvieran relación alguna con su propia existencia.7

Esta notabilísima declaración, que describe de manera exce- lente el mecanismo que ponía en marcha la comunicación, acaso constituya la clave de todo el episodio, y, desde luego, coloca a este caso en el terreno de la Teoría de las Apariciones..., tal como la enfoca, por ejemplo, Tyrrell en su célebre conferencia Myers pronunciada en 1942 ante la Sociedad Británica de Investigacio- nes Psíquicas. Así, vale la pena observar que el aparente carác- ter absurdo que tiene la serie de acciones que constituyen este episodio podría reducirse a la activación de normas de percepción de alto nivel en el interior del cerebro del testigo, no necesaria- mente mediante procesos físicos normales dotados de una rea- lidad. Y esta característica, a su vez, recuerda a ciertos experi- mentos neurofisiológicos, y asimismo a informes proporcionados por observadores de la mayor confianza que aseguran haber visto «fantasmas», aunque, desde luego, éstos se distinguen de la clase de fenómeno que aquí estamos estudiando por la ausencia de huellas materiales... lo que hace su interpretación mucho más sen- cilla. Y si bien es probable que una teoría completa sobre los fan- tasmas pudiese confinar el fenómeno a unos parámetros que no saldrían del sistema nervioso humano, no puede decirse lo mismo de los OVNIS. En consecuencia, y por esta razón, es de impor- tancia capital seguir investigando casos de apariciones antiguas, para compararlos con informes como el de los Hill.

El reconocimiento de que existe un fuerte componente psico- lógico (o psíquico, si así lo prefiere el lector) en las manifesta- ciones de OVNIS, confiere un carácter imperativo a este estudio. Si hay que adscribir los fenómenos a causas psicológicas, enton-

ees estas causas deben de haberse manifestado en todas las épo- cas, aunque, naturalmente, los sociólogos podrían presentar diver- sas razones para explicar el considerable aumento en el número de estas manifestaciones después de la Segunda Guerra Mundial. En cambio, si el fenómeno no es de naturaleza totalmente psi- cológica, entonces el descubrimiento de sus antecedentes histó- ricos nos proporcionaría una valiosa clave acerca de su naturaleza.

El «experimento» realizado con Betty Hill por los extraños se- res resulta, por consiguiente, notabilísimo. Se recordará que mien- tras ella se encontraba a bordo del aparato, fue sometida a un reconocimiento médico simulado. Hallándose en trance hipnótico, declaró que le fue introducida una larga aguja en el ombligo, que sintió dolor y que éste cesó cuando el jefe hizo determinado movimiento con la mano frente a sus ojos. Un almanaque francés del siglo xv, el Kalendrier des Bergiers (Calendario de los pasto- res), explica las torturas que infligían los demonios a los infelices que caían en sus garras: perforaban el vientre de sus víctimas con largas agujas. En realidad, la constante psicológica que apa- rece en todas estas historias es inconfundible. El problema, en este caso, no consiste en identificarlas, sino en relacionarlas de manera racional con los rasgos físicos que contienen estas obser- vaciones... Por ejemplo, el seguimiento del OVNI, visto por los Hill, por los operadores militares del radar.

Quizá se comprenderá mejor la dificultad de este problema exponiendo un caso mucho menos conocido que el incidente Hill, aunque no le cede a éste en cuanto a dramatismo. Es inédito en la literatura sobre OVNIS escrita en lengua inglesa y, por consi- guiente, no puede haber influido en el folklore americano sobre los OVNIS. Incluso en la propia Francia es prácticamente desco- nocido. El incidente tuvo lugar el día 20 de mayo de 1950, alre- dedor de las cuatro de la tarde. No puedo revelar el nombre del testigo ni la localización exacta. Únicamente puedo decir que el testigo era una mujer, y que el episodio tuvo lugar en una de las regiones centrales de Francia, cerca del río Loira. Una encuesta oficial llevada a cabo por la gendarmería de la localidad compro- bó la existencia de las huellas físicas que se mencionan en el in- forme que a continuación traducimos:

Regresaba a toda prisa a mi casa para preparar la cena. Me sentía feliz y contenta, y canturreaba una cancioncilla popular. Todo estaba tranquilo y en silencio, sin un hálito de brisa ni de viento; yo me encontraba sola en el sendero.

De pronto me encontré rodeada completamente por una luz brillante y cegadora, y vi aparecer frente a mí a dos enormes manos negras. Cada una de ellas tenía cinco dedos, de color ne- gro con un ligero matiz amarillento, algo cobrizo. Los dedos eran

de aspecto basto, vibraban ligeramente, o temblaban. Estas ma- nos no aparecieron detrás de mí, sino que vinieron de arriba, como si hubiesen estado suspendidas sobre mi cabeza esperando que llegase el momento de agarrarme. Las manos negras no se posaron inmediatamente en mi cabeza. Probablemente di dos o tres pasos más antes de que me tocasen. (Estas manos no te- nían unos brazos visibles! Ambas se aplicaron contra mi rostro con violencia y me apretaron la cabeza, como las garras de un ave de rapiña harían con su víctima desdichada e impotente. Ti- raron de mi cabeza hacia atrás, hasta ponerla en contacto con un pecho muy duro... tan duro, que parecía de hierro; sentí el frío a través de mi cabello y en el cogote, pero ningún contacto con ropas. Las manos me oprimían la cabeza como un formida- ble tornillo de carpintero, pero no de una manera brusca, sino gradualmente. Eran tan frías, que su contacto me hizo pensar que no eran de carne. Tenía los ojos tapados por los grandes dedos, y no podía ver nada; también me cubrían la nariz, im- pidiéndome respirar, y la boca, para que no gritara.

Cuando me encontré rodeada por la potente luz cegadora, tuve la sensación de haber quedado paralizada, y cuando las manos me tocaron, experimenté clarísimamente los efectos de una fuer- te descarga eléctrica, como si me hubiese alcanzado un rayo. Todo mi cuerpo quedó anulado, desvalido y sin reflejos. Me sen- tía como un juguete roto entre las manos inhumanas de mi desconocido agresor. Durante algo más de un minuto, sentí que sus manos me apretaban fuertemente el cuello, como si fuesen a estrangularme. El dolor que experimenté fue espantoso. En- tonces empezó a zarandearme adelante y atrás varias veces, sin dejar de apretar fuertemente mi cabeza contra su pecho. Tuve la impresión muy clara de que aquel ser llevaba una armadura, una coraza de acero o de cualquier otro material muy duro y frío. Sentía sus dos brazos (invisibles) ejerciendo una terrible presión sobre mis hombros.

Fue en este instante cuando oí su risa, una extraña risa que no podría explicar; era como si le oyese a través de agua, y, sin embargo, me parecía muy cercana, sobre mi cabeza. Al principio me parecía áspera y baja, y después bastante fuerte y estruen-