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Line-Up with Explicit Arbitrary Dynamics and Sliding Window

4.2 Shared-State Multi-Agent System with Sliding Window

4.2.3 Line-Up with Explicit Arbitrary Dynamics and Sliding Window

También habla el CCE de las funciones de Cristo por separado, aunque no son muchos los enunciados en los que hallamos menciones explícitas:

784 (pontífice) – 785 (carácter profético) – 786 (función regia) – 901-903 (misión sacerdotal) – 904-907 (misión profética) – 908-913 (misión real) – 1070 (S) – 1175 (S) – 1551 (S) – 1563 (S) – 1564 (S) – 2036 (función profética de la Iglesia).

En estos enunciados siempre se trata, en definitiva, de la función de Cristo en cuanto participada por los miembros de su Cuerpo místico. La función sacerdotal es la que está más afirmada con mayor frecuencia, seguramente por su inmediata conexión con el sacrificio pascual de Cristo y con los siete Sacramentos –en particular con el Orden Sagrado–, que ocupan una parte notable del contenido total del Catecismo.

Hasta aquí por lo que se refiere a la expresión literal. Pero la presencia de las funciones ministeriales del Salvador se puede detectar con otras expresiones y a lo largo de todo el CCE. De diversos modos se afirma la función reveladora y magisterial de Jesús, su sacerdocio supremo y eterno, y su señorío absoluto y recapitulador. Toda la doctrina del CCE sobre la divina Revelación, que tiene en Cristo su plenitud, nos habla en definitiva de la función reveladora (profética, magisterial, iluminadora) de Jesucristo. Jesús Maestro. La vasta y difusa presencia en el CCE de la temática redentora, sobre todo en relación con el MP y los siete sacramentos, se refiere a la

función sacerdotal de Cristo. La verdad de la realeza de Jesús sobre cada hombre redimido y sobre todo el campo de las actividades humanas, sobre la historia, y sobre el universo entero, está presente en toda la trama del CCE. Acerca de este último munus, llama la atención la amplitud semántica de los vocablos “Rey”, “Reino”, “realeza” y “reinado”, porque paradójicamente se afirman tanto en relación con la autoridad

absoluta de Cristo como Legislador y Juez universal, como con su excelencia suprema, por la que Él es piedra angular y corona de toda la creación, así como en conexión con su humilde servicio de amor a los hombres.

3.5

C

ONCLUSIONES

Hemos estudiado la trilogía ministerial en el Catecismo, porque nos parece que es una imprescindible referencia hermenéutica de CCE 516-518. Ambas fórmulas son intentos de síntesis de la mediación salvífica de Jesucristo y entre ellas hallamos fácilmente una correspondencia: la función profética se corresponde con la Revelación; la función sacerdotal con el misterio de la Redención; y la función real se corresponde

–en ciertos aspectos esenciales, al menos– con el misterio de la Recapitulación. A partir de este estudio podemos concluir lo siguiente:

 Es claro que el CCE no presenta la trilogía ministerial como el modo único y perfecto de definir la mediación salvífica de Cristo. Pero también se hace evidente que –siguiendo especialmente las pautas del Concilio Vaticano II y del magisterio de Juan Pablo II– el CCE adopta esta fórmula triple como un modo válido, bien fundamentado en la Sagrada Escritura, eclesialmente acreditado, catequéticamente idóneo… para expresar las funciones de Jesucristo como único Mediador entre Dios y los hombres.

 En estas funciones la prioridad soteriológica corresponde al ministerio sacerdotal, directamente vinculado al sacrificio redentor y santificador del mundo. La prioridad salvífica del sacerdocio está indicada ante todo por su contenido objetivo: en el concepto mismo del munus sacerdotale está incluida la mediación entre Dios y los hombres, que no puede ser más que para redención, santificación y salvación definitiva de los hombres. Esta prioridad está indicada también en algunos enunciados en los que de alguna manera se incluyen los otros dos ministerios en la mediación formalmente sacerdotal (cf. 1070: “Eius sacerdotium propheticum et regale”, y los nn. 1544, 1545, 1546, 1548, que tratan del sacramento del Orden Sagrado).467 Este modo soteriológicamente diversificado de entender las tres funciones salvíficas de Cristo resulta importante a la hora de comprender el valor soteriológico de los distintos momentos de la vida de Cristo.

 Cuando el CCE habla de cada uno de los ministerios por separado, sobre todo si consideramos el contexto, entonces podemos advertir que aparece con frecuencia una relación más directa entre el ministerio sacerdotal y el momento redentor de la salvación, que tiene lugar en el MP.468

 Con respecto al ministerio profético, el CCE destaca el anuncio del Reino durante la

vida pública de Jesús, mientras queda claro que toda la vida del Logos encarnado es luz y proclamación del misterio del Padre; pero, además, se hace evidente que Jesús revela las profundidades de Dios y su propio misterio personal, así como el divino

467

En el n. 1070 de la versión en lengua española leemos: “En la celebración litúrgica, la Iglesia es servidora, a imagen de su Señor, el único «Liturgo» (cf. Hb 8, 2. 6), del cual ella participa en su sacerdocio, es decir, en el culto, anuncio y servicio de la caridad”. Esta traducción confirmaría claramente lo que decimos arriba, pero en realidad la edición típica dice: “Ecclesia in celebratione liturgica est serva, ad imaginem Domini sui, unius «Liturgi», Eius participans sacerdotium (cultum) propheticum (nuntium) et regale (caritatis servitium)”. La prioridad del sacerdocio, que es profético y real, sigue en pie, pero no se dice lo mismo que en la citada traducción al español.

468

Esto no significa que el ministerio sacerdotal de Jesús quede clausurado con el sacrificio redentor. Simplemente decimos que en el CCE se resalta esa relación, con buen fundamento en la Biblia y en la Tradición.

designio redentor, sobre todo, en el MP, tanto en su cruz como en su Resurrección, de la que se afirma: “Jesús se revela definitivamente «Hijo de Dios con poder…» (Rm 1, 3-4)” (648). Y aun se dice en el CCE que “el descenso a los infiernos es el pleno cumplimiento del anuncio evangélico de la salvación” (634).

 Por su parte, la realeza de Cristo es manifestada ya en la vida pública: “La victoria de Jesús en el desierto sobre el tentador es un anticipo de la victoria de la Pasión” (539); y la victoria regia de la Pasión es incomprensible sin la Pascua gloriosa. También los “signos del Reino” (milagros y exorcismos) y la Transfiguración, por ejemplo, son indicativos de la enseñanza del CCE sobre la realeza de Jesús en los misterios de su vida. Pero al mismo tiempo se advierte que la manifestación plena de ese señorío glorioso comienza en la Pascua de Cristo, “constituido Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por su resurrección de entre los muertos” (Rm 1, 4), y alcanzará su plenitud en la Parusía (668-674, 678-679).

 Por consiguiente, 1 Las funciones del munus triplex no deben ser consideradas como líneas paralelas de igual intensidad salvífica, pero todas convergen en la única mediación salvífico de Jesucristo. 2 El munus sacerdotale es el que aparece más directamente vinculado a la mediación salvífica, y esta mediación se realiza como Redención principalmente (in primis, praecipue…) en el sacrificio de la cruz (como lo remarcan constantemente los artículos 3 y 4 de CCE I, 2, 2). Esto no significa que la función sacerdotal se ha agotado en el Calvario. El CCE enseña igualmente que Cristo es Sacerdote en la gloria del Padre, “estando siempre vivo para interceder en nuestro favor (Hb 7, 25; cf. 519). Los sacramentos de la Iglesia se explican sólo si son “como «fuerzas que brotan» del Cuerpo de Cristo (cf. 5, 17; 6, 19; 8, 46) siempre vivo y vivificante” (1116).

 En consecuencia, debemos admitir que en realidad las distinciones entre los ministerios no son tan rigurosas como en un esquema conceptual (aunque el esquema sea pedagógicamente valioso), puesto que Cristo es uno solo y es en la unidad de su misterio personal donde se realiza la perfecta mediación salvífica para la humanidad.