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In document ACCESS IT! UNIVERSAL USER MANUAL (Page 151-154)

El elemento contrapuesto al control y al autocontrol es el riesgo. Y, unido a éste, y como un fenómeno relativamente reciente, tenemos que hablar de la baja percepción del riesgo ante la realización de conductas que sí tienen riesgo, son peligrosas o pueden acarrear graves consecuencias a corto, medio o largo plazo. Algunas de ellas son consumir drogas (ej., heroína, cocaína, cananbis, etc.), conducir ebrio, así como mantener relaciones sexuales sin protección, conducir a alta velocidad, no utilizar casco cuando se va en moto, realizar conductas peligrosas de tipo deportivo sin tomar medidas adecuadas, etc.

Los tres elementos más importantes que consideramos asociados a la baja percepción del riesgo en los jóvenes actuales son: 1) el ser personas jóvenes, llenas de vitalidad y fuerza; 2) los medios de comunicación de masas con su machacón mensaje de que el mundo es de los jóvenes, que éstos lo pueden conseguir todo y son casi invencibles (e invisibles ante el mal) y los posibles males o problemas que puedan surgir en su mundo circundante a ellos no les van a afectar, con excepciones puntuales; y, 3) el surgimiento de la vida recreativa como un elemento más de consumo, de negocio y que identifica las actividades realizadas en ellas con la juventud, el vigor, la belleza, el bienestar, la satisfacción y el placer.

La juventud es un momento de máxima vitalidad. Es cuando la persona se encuentra físicamente en su plenitud y psicológicamente en un estado de descubrimiento del mundo y con la percepción de que puede ejercer control sobre el mismo. Y esta percepción no es sólo subjetiva sino que comprueba en muchos casos que es real. Es el momento de las ideas, de la utopía, de la autonomía y el de buscar un lugar en el mundo. Se tiene la percepción de que se comienza a conocer el mundo, el entorno y de que puede influir en él de modo efectivo. También se asume que se tiene un completo control sobre lo que se hace y que los daños, si los hay, van a ser mínimos o inexistentes o que no le van a afectar a él. Así, emborracharse, conducir a alta velocidad, tomar drogas, realizar conductas de riesgo, se consideran normales

porque no le va a pasar nada al que la haga. La percepción del riesgo es baja en muchas de estas conductas. El resultado real, por desgracia, es distinto, y el riesgo está presente, y a veces de modo importante, en las anteriores conductas.

Junto a ello los medios de comunicación de masas lanzan un mensaje insistente en que uno puede tener control y conseguir lo que desea del mundo circundante. Se ofrecen múltiples posibilidades y bienes materiales (coches, motos, viajes, ropa, música, diversión, etc.) y se cree que se puede acceder a las mismas sin ningún problema, que están ahí al alcance de la mano, que todo se puede conseguir. La realidad es bien distinta y la frustración da paso con frecuencia a la realidad de la dificultad de acceder a esos bienes por el coste de los mismos y por la dificultad de tener dinero para acceder a ellos. Si los padres tienen dinero y se lo proporcionan pueden acceder a una parte de esas cosas o a todas. Los que no acceden se comparan con los que acceden y se dan cuenta poco a poco conforme pasa el tiempo de su situación. El acceder al mercado laboral, difícil hoy en relación a otras épocas, y los sueldos precarios en muchos casos, permiten el acceso a algunos de esos medios pero no a todos, al tiempo que disminuye el tiempo global de que se dispone, con la excepción del fin de semana o períodos festivos o de vacaciones. Así se entra en la cadena de la diversión de fin de semana.

Pero al tiempo los medios de comunicación transmiten la falsa idea de que los jóvenes son casi invencibles (e invisibles ante el mal) y los posibles males o problemas que puedan surgir en su mundo circundante a ellos no les van a afectar, con excepciones puntuales. La idea de juventud que transmiten los medios de comunicación, y especialmente la publicidad contenida en ellos, sostiene que la juventud es la edad más preciada y que el referente de todo el sistema social debe estar dirigido a ellos. Dado que los mayores consumos de lo que se publicita está comprendido en las edades entre los 15 y los 30 años, a ellos va casi todo dirigido (música, ropa, viajes, coches, perfumes, etc.). En cambio, no se publicitan viviendas, que es a lo que luego las personas de más años van a tener que dedicar una parte importante de su sueldo en pagar hipotecas y otros gastos. Esto también les hace ver que están más libres que los niños y que los adultos, que pueden conseguir lo inmediato (ej., una moto, un coche, un pantalón de marca), y que no tienen porque esperar por las cosas (no tienen ni quieren demorar el refuerzo).

un elemento más de consumo, de negocio y que identifica las actividades realizadas en ella con la juventud, el vigor, la belleza, el bienestar, la satisfacción y el placer, como ya venimos viendo en estas páginas.

Como un ejemplo de parte de lo anterior, Calafat et al. (2001) describen hasta ocho actitudes ante el riesgo en los jóvenes cuando consumen drogas. Estas son las de buscador del riesgo, fatalista, automedicación, proyección, hedonista, rebelde, riesgo controlado y negación. Esto implica una amplia variedad y un complejo abanico de posibilidades para explicar la conducta, una conducta que tiene sus riesgos.

Unido al tema drogas, desde hace unos años sabemos, mediante distintos estudios realizados en toda la población, que la percepción del riesgo sobre una sustancia es importante, dado que sobre aquellas en las que la gente tiene una mayor percepción del riesgo tienen un menor consumo. Esta percepción del riesgo varía claramente de unas a otras drogas, como son igualmente distintos los consumos en función de una u otra droga.

Bachman, Johnston, O´Malley y Humphrey (1988) mostraron como el grado de riesgo percibido por los jóvenes sobre las distintas drogas influía en su consumo de las mismas; esto es, a mayor riesgo percibido sobre una droga menor consumo y a menor riesgo mayor consumo. Este ha sido uno de los hallazgos más relevantes de los últimos años que ha conducido a un cambio en los mensajes de los responsables de la administración de distintos países sobre la prevención del uso de drogas. Mientras que hace años se sostenía que transmitir mensajes a los adolescentes sería inefectivo porque los rechazarían, actualmente distintos expertos (ej., Johnston, 1995) sostienen lo contrario en función de los resultados obtenidos sobre la percepción del riesgo sobre distintas sustancias.

Donde más se han realizado estudios sobre esta cuestión y donde aparece más clara dicha relación es en el consumo de marihuana, en estudios realizados fundamentalmente en Estados Unidos (Chatlos, 1996), aunque en España la relación aparece de igual modo (Plan Nacional sobre Drogas, 2000, 2008). En ellos, se aprecia una línea opuesta entre percepción del riesgo y consumo de la misma manteniéndose la misma disponibilidad de la sustancia. Así, en Estados unidos, cuando la percepción del riesgo de consumo de marihuana era baja a finales de los años 70, el consumo de la misma era alto; hasta principios de los 90 la percepción del riesgo era alta y el consumo bajo. A partir del año 1992 desciende la percepción del riesgo y se

incrementa el consumo. A partir del año 1998 se incrementa de nuevo la percepción de riesgo y disminuye el consumo de cannabis.

Para el niño o adolescente que ve como a su alrededor las personas consumen drogas legales sin ninguna coacción (el alcohol, especialmente, a pesar de estar prohibido su consumo en menores de 16 años), que las ven anunciadas en los periódicos, revistas e incluso televisión (alcohol, directamente), la primera idea que extrae de ello es que su consumo no acarrea riesgos. De ahí que la percepción del riesgo que tienen los adolescentes como el resto de la población sobre el tabaco y el alcohol sea baja, a diferencia de las drogas ilegales. Y, cuando el adolescente escucha mensajes, fundamentalmente sanitarios, abogando por un mayor control de las mismas, no puede entender que se planteen dichos mensajes para unas sustancias y no para otras o que se pretenda regular algo que, por otra parte, la hacienda pública es una de las más beneficiadas a través de los impuestos, sin contar los puestos de trabajo que están por medio en juego si realmente se llegase a un real control.

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