En función del análisis anterior, de la recogida de datos de campo a lo largo de un año y de la realización de múltiples entrevistas a los distintos actores de la diversión, podemos considerar que la diversión en Santiago de Compostela tiene los siguientes aspectos positivos:
1. Una importante fuente de ingresos para los locales comerciales y para la ciudad en su conjunto
Santiago de Compostela es una importante ciudad turística. El ocio, la diversión y la hostelería constituyen importantes aspectos de los ingresos de muchas personas, de muchas familias, de muchas empresas y negocios. A ello contribuye, además, el ser una ciudad universitaria. Los jóvenes salen mucho más que las personas adultas, lo que redunda en un mayor gasto en actividades de ocio, tiempo libre y diversión (en
bares, pubs, discotecas, restaurantes y supermercados y tiendas de 24 horas). De modo directo o indirecto la hostelería se beneficia de que las personas salgan y estén en la calle. Unos hacen más negocio que otros, dependiendo del horario de apertura y cierre de los locales y del número de personas que haya a esas horas (ej., no es lo mismo abrir hasta las 4 de la mañana todos los días, que abrir el local a las 7 de la mañana). Esto explica que Santiago de Compostela tenga un gran número de locales dedicados al ocio, a la restauración, a dispensar alcohol y a divertirse, aparte de la amplia capacidad hotelera de que dispone.
2. Fuente de ingresos paras las arcas municipales en forma de impuestos que pagan los locales de ocio y restauración
El municipio recauda una buena cantidad de impuestos por actividades de ocio y restauración, entre las que se incluyen las de los locales de ocio nocturno. Al mismo tiempo las regula, o procura hacerlo, para que haya un equilibrio entre la oferta y la demanda, el ocio y el descanso (para evitar ruídos y broncas por la noche), y tiene que mantener un adecuado equilibro entre el negocio, y reducir o evitar las posibles o reales consecuencias que dicho negocio, cuando es excesivo o no regulado puede producir.
3. Un importante elemento de socialización para los jóvenes
Sin duda alguna, como ya hemos visto, el objetivo de los jóvenes es estar juntos y socializarse entre sí. La diversión va unida a estar juntos los jóvenes, como vienen haciendo desde hace décadas. Al haber un gran número de jóvenes en la ciudad, universitarios, de instituto, de la ESO, y de otros pueblos y ciudades que tienen a Santiago de Compostela como su base, hace que con mucha frecuencia haya un gran número de jóvenes en la ciudad, que se organicen más conciertos en ella, actividades específicas para jóvenes (ej., promociones de marcas coches), que haya más botellones masivos, etc. Pero ello es también un símbolo más, y positivo, de identificación de la ciudad y de incremento de su status. Para muchas personas Santiago de Compostela es una ciudad de jóvenes, de universitarios, de personas que lo pasan bien. El culto a lo joven es visto por parte de muchas personas como un valor de gran importancia. De ahí que una parte de los adultos solo vean cosas positivas en los jóvenes y en la diversión, ninguna negativa, porque tienen una idea idealizada de lo
que creen que ocurre (ya que comparan lo que creen que hacen los jóvenes actuales con lo que ellos hacían cuando eran ellos jóvenes) sin saber realmente (ni observar) lo que hacen realmente los jóvenes de hoy, o al menos una parte de los jóvenes de hoy, que es muy distinto a lo que ellos vivieron décadas atrás.
4. Un elemento de atracción para grupos concretos de personas que acuden a ella y donde también consideran la relevancia de la diversión
El turismo es una de las fuentes principales de ingresos de la ciudad de Santiago de Compostela. Año a año, especialmente por la coincidencia de varios años santos muy cercanos entre sí (año 1993, 1999, 2004 y el próximo 2010), la afluencia de turistas va año a año en aumento. Los turistas, y visitantes, acuden a Santiago de Compostela atraídos por los clásicos encantos de la ciudad (ciudad medieval, buenos alojamientos, excelente comida, buen trato) pero también algunos de ellos empiezan a valorar su poder de diversión y de ciudad abierta y tolerante con la diversión.
Aunque son pocos los turistas que vienen a Santiago de Compostela solo para divertirse, si que se aprecia que ha aumentado en los últimos años el número de jóvenes que acuden a Santiago de Compostela varias veces al año para divertirse, especialmente en las macroconcentraciones de jóvenes, habitualmente relacionadas con macrobotellones. De este modo, Santiago de Compostela se convierte en un polo importante de atracción para beber, para divertirse, para poder disfrutar de los excesos. También hay que considerar que el número de congresos y eventos culturales o científicos ha aumentado en los últimos años en la ciudad. Los que vienen a los mismos también valoran, y tienen en cuenta para decidir si venir o no, las actividades de tipo social y de diversión que ofrece la ciudad en forma de locales de ocio y esparcimiento y, naturalmente, de locales para poder divertirse en la noche. En este caso suelen ser los locales, pubs habitualmente, de la zona vieja de la ciudad los que son elegidos por los visitantes.
Todo lo anterior redunda en que la ciudad se hace cada vez más cosmopolita, más abierta, más globalizada.
13.3. ¿Tiene riesgos la diversión? ¿Qué riesgos conocemos?
¿Qué riesgos pueden estar presentes en lo anterior? Hoy sabemos (Compas et al., 1995; Wicks-Nelson e Israel, 1996) que existen cinco posibles trayectorias que
marcan la evolución a lo largo de los años, desde la primera parte a la última de la adolescencia. La primera es la adaptación estable. En ella el adolescente tiene pocos problemas de comportamiento, una autovalía satisfactoria y una baja exposición al riesgo. La segunda, de desadaptación estable, el adolescente tiene adversidades crónicas y poca protección; ej., cuando permanece su conducta agresiva y antisocial. La tercera, de inversión de la desadaptación, hay un cambio importante en la vida que da lugar a nuevas oportunidades y a conseguir de nuevo la adaptación, ej., un buen trabajo puede proporcionar una buena oportunidad de cambio. La cuarta, rechazo de la adaptación, en la que los cambios biológicos o ambientales producen dificultades; ej., el divorcio de los padres. Y, la quinta, la desadaptación temporal, puede reflejar una búsqueda experimental de riesgo transitorio después del cual vuelve la adaptación (ej., lo que con frecuencia pasa con el consumo de drogas ilegales).
Lo anterior indica que es difícil predecir el curso evolutivo de un individuo. Y, también que ello es una suerte en muchos casos porque también implica la posibilidad de cambio por parte del individuo a lo largo del tiempo, aunque partamos de un comienzo desadaptativo o de mal pronóstico. Con todo, lo cierto es que disponemos de gran cantidad de información para poder hacer predicciones específicas que nos sirven para guiar nuestras acciones preventivas por la senda correcta.
De todo lo anterior no debe quedar la idea de que la diversión es un problema en sí. No, la diversión es la diversión, como la vida es la vida. La diversión puede ser una diversión sana, o una diversión sin problemas, pero también puede ser una diversión con riesgos. La mayoría de las personas llevan a cabo una diversión sana o una diversión sin riesgos. Sin embargo, como cada vez son más los que salen a divertirse, respecto a otras épocas históricas, aumentan cuantitativamente los problemas asociados a la misma. De ahí que se asocia diversión con problemas, pero lo más correcto sería hablar de la relación entre nuestro sistema social y los problemas que produce, donde la diversión es sólo una parte del mismo, pero donde también hay que incluir el sistema de producción, el consumismo, el estilo de vida, el modo de establecer las relaciones interpersonales, los valores, etc. Sin embargo, es claro que se aprecia, entre los que se divierten, que una parte de ellos tienen problemas, a veces graves problemas. Por ejemplo, entre los que consumen drogas, algunos tendrán efectos adversos como intoxicaciones etílicas, sobredosis, o incluso la muerte; podrán hacerse dependientes de alguna sustancia y esos problemas iniciales asociados a la
diversión, o incluso a la juventud, pueden mantenerse en el tiempo; hacerse adictos a la nicotina en ambientes cargados de humo, luego hacerse fumadores, y morir prematuramente en la vida adulta por las enfermedades producidas por fumar cigarrillos; hay muchos accidentes de tráfico que causan enfermedades crónicas invalidantes y mortalidad; tener peleas que produzcan lesiones o incluso la muerte, etc. Aunque el número de casos sea reducido, respecto al global de las personas que se divierten, el efecto puntual, periodístico y social de cada “accidente” o “muerte” es muy grande. Si, además, coincide que eso ocurre en una persona que es menor de edad, el impacto mediático es enorme, ya que nuestro sistema diferencia por edades (mayoría, minoría de edad) lo que una persona puede y no puede hacer en un determinado momento. Se considera de gran relevancia la delimitación de la edad para hacer o no hacer determinadas conductas. El límite de edad es un elemento de discusión más política y social que científica por sus consecuencias (ej., los límites para poder comprar y consumir alcohol en lugares públicos los jóvenes, varía en distintos países desde los 16 a los 21 años de edad; en Galicia, a partir de los 16 años). Con todo, es claro que nos corresponde no sólo comprender el fenómeno de la diversión y de los jóvenes, sino que también tenemos la responsabilidad de evitar la morbi-mortalidad asociada a aquellos problemas con los que se puedan enfrentar y que lleve a una parte de ellos a fracasar no sólo en su proyecto vital, sino incluso a no poder seguir viviendo.