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In document ACCESS IT! UNIVERSAL USER MANUAL (Page 171-175)

Los jóvenes que no consumen drogas o los consumidores muy moderados es uno de los colectivos más numerosos entre los jóvenes que salen a divertirse por la noche. Sin embargo, aunque forman parte del entramado de la diversión, están siendo relegados al lado no visible de los estudios, como un colectivo sin interés. De hecho, gran parte de los estudios que tratan de entender a los jóvenes en relación a la diversión o al salir de marcha, ponen toda su atención en el grupo de consumidores de alcohol y drogas, como si fueran los únicos que salen a divertirse. De esta forma los consumidores se han convertido en el referente tanto desde el punto de vista de los medios de comunicación como de los expertos, a pesar de que ese grupo es insuficiente para explicar por sí solo todo lo que significa salir de marcha.

Los jóvenes que no consumen alcohol ni otras drogas existen, actúan y forman parte de la realidad actual (Calafat et al., 2004). La falta de interés por ellos se debe en gran parte a que son jóvenes que no necesitan consumir drogas para salir de noche a pasar un buen rato con los amigos, bailar, escuchar música, conocer gente nueva, etc. El hecho de que no adopten una actitud de riesgo los ha hecho prácticamente invisibles para buena parte de los estudios centrados sobre los ambientes recreativos nocturnos. Por otro lado, es cierto que los jóvenes que no consumen drogas forman un colectivo que ha ido disminuyendo en número en el espacio recreativo y que el estilo recreativo, que podríamos denominar “salir de marcha”, está adoptando el consumo de alcohol y otras drogas como norma en los espacios de diversión nocturna, pero no por ello significa que todos los participantes acepten ni cumplan dicha norma.

Este grupo que no consume drogas ilegales o que consume alcohol o tabaco muy esporádicamente o de manera moderada es un colectivo considerablemente numeroso, incluso saliendo “de marcha” a divertirse. Sin embargo, la idea que

prevalece y la percepción que se extiende en la sociedad es que participar en la marcha implica consumir drogas. Cada vez son más los jóvenes que afirman que les resulta difícil participar en actividades recreativas nocturnas como ir a discotecas, pubs, fiestas o clubs a bailar, escuchar música y estar con los amigos sin consumir alcohol, cannabis u otras drogas, de forma que estos consumos son percibidos como elementos estructurales de la propia diversión. De hecho, la idea de que las drogas son aliadas de la diversión y el placer se está extendiendo y arraigando en una parte de la población joven y también adulta.

Por todo esto debemos contribuir a desarrollar nuevas estrategias preventivas que también tengan en cuenta al colectivo de jóvenes que no consume, reconociendo la evidencia de que consumir drogas recreativas es solo una de las formas de acercarse a la diversión, en absoluto la única, y mucho menos la más saludable y efectiva. Conocer cómo forman su identidad los jóvenes no consumidores es importante en la actualidad, no se trata sólo de plantear las cosas en negativo (intentar conseguir que los jóvenes no usen o abusen de las drogas), sino explorar la vertiente en positivo (cómo hay jóvenes que construyen su identidad sin tener necesidad de recurrir a las drogas).

Varios estudios y análisis han tratado de conocer a los jóvenes que salen de marcha (su estilo de vida, sus valores, sus actitudes, su conducta de riesgo, etc.) fin de semana tras fin de semana, para encontrarse con los amigos, divertirse y una parte de ellos consumir drogas para lograr sus objetivos, pero estos estudios se han centrado sobre todo en los jóvenes que consumen y, en especial, en los que llevan a cabo conductas de riesgo.

Sin embargo, más recientemente han surgido algunos estudios que sí están interesados por este colectivo, de forma que permiten hacer una comparación entre los que consumen y los que no lo hacen, y a la vez dan protagonismo a los que no consumen, convirtiéndolos en un colectivo visible que existe y convive con los consumidores, compartiendo los mismos espacios e ideales similares cuando van a pubs y discotecas: estar con los amigos, disfrutar de la música, bailar, ligar y tener nuevas experiencias (ej., Calafat et al., 2004).

El interés por el colectivo de no consumidores de drogas, el conocimiento de sus hábitos, inquietudes y dificultades, cómo afrontan el riesgo, lo que les gusta, a qué aspiran, etc., puede ayudar a corregir un error que se está dando en la práctica, y que

como ya se ha mencionado, centra el interés normalmente en los consumidores -y especialmente en los más problemáticos- lo que provoca que sean precisamente sus valores e intereses los que están más presentes en el discurso social y son los que acaban sirviendo para definir a toda la juventud. Este error tiene graves consecuencias, pues todo el colectivo juvenil -incluso el que no participa de la escena recreativa- pasa a ser visto y descrito con frecuencia como un todo homogéneo, lo cual es a todas luces falso. Existen grandes diferencias entre el colectivo que participa poco o nada en las actividades recreativas, que es un sector importante de la juventud, de los que sí participan. Y, además, los que frecuentan el escenario recreativo tampoco son un grupo homogéneo ni en sus consumos de drogas ni en sus intereses.

Divertirse, tal como lo entendemos hoy es, como tantas otras actividades, el resultado de un proceso de construcción cultural muy vinculado a la expansión del mercado y del consumo. El aumento del tiempo de ocio para grupos amplios de población es el resultado de una larga conquista social, y también el desarrollo de un amplio mercado de consumo, de forma que en la España del siglo XXI la cultura de lo lúdico se ha convertido en uno de los pilares de la estructura social, en una plataforma que reorganiza las relaciones colectivas, la vida de la ciudad, donde se crean nuevas identidades individuales, formando parte de la lógica que crea las coordenadas espacio temporales que dividen la vida cotidiana, y siendo uno de los ámbitos en los que más prospera la economía. Pero la diversión y el placer pueden ser experiencias gratificantes o perversas dependiendo de las condiciones en que se experimenten y de lo que se esté dispuesto a consumir para lograr este ideal.

Potenciar estilos y espacios de diversión saludables para los jóvenes es un deseo de futuro. Es decir, lograr que los jóvenes se diviertan sin necesidad de consumir drogas y que los espacios de diversión sean diversos, variados, que ayuden al desarrollo y al potencial creativo de los jóvenes. Son muchas y muy diferentes las formas de buscar emociones, risas o aventuras a través de la dinámica social y colectiva y en la interacción entre individuos. Los jóvenes que se divierten sin consumir son ejemplo de que la posibilidad de alcanzar una vida recreativa libre de drogas existe. Se puede aprender de ellos y poner a su disposición espacios recreativos donde, además de divertirse, puedan completar su desarrollo personal y social. En la publicación “La diversión sin drogas: utopía o realidad” (Calafat, Fernández, Juan, Becoña y Gil, 2004) se exponen los datos correspondientes a un estudio centrado en

aquellos jóvenes que salen de marcha y no consumen o lo hacen de forma muy moderada. Se han obtenido algunas características diferenciales entre los grupos de consumo y no consumo, destacando que:

- La probabilidad de ser consumidor es más alta entre los varones a cualquier edad. Sin embargo, en las mujeres a medida que baja la edad aumenta su participación en el consumo de drogas legales e ilegales.

- En la Encuesta escolar de 2002 se observa una peor adaptación y rendimiento escolar entre los consumidores.

- El porcentaje de jóvenes de entre 15 y 28 años con alguna creencia y/o práctica religiosa es mayor entre los que no consumen.

- Los que no consumen refieren tener una buena salud física y una menor probabilidad de malestar emocional.

- Los adolescentes no consumidores perciben unas buenas relaciones familiares con mayor probabilidad que los consumidores, y sus padres muestran una actitud más desfavorable e intolerante hacia el consumo de tabaco, alcohol y cannabis.

- Tener amigos que consumen o no también es un aspecto importante, de manera que aquellos que no consumen tienen en su mayoría una red de amigos que no ha consumido en el último mes tabaco (73%) o alcohol (63%).

- Los jóvenes no consumidores tienen una mayor probabilidad de realizar actividades como leer revistas o libros, o participar en actividades deportivas, artísticas o culturales durante los días laborales; mientras que aquellos que consumen tienen una mayor probabilidad de estar con los amigos, ir a bares o discotecas, escuchar música, jugar con el ordenador y los videojuegos.

- La mayoría de los no consumidores también salen de marcha durante el fin de semana, pero lo hacen con una menor frecuencia y diversificando más sus actividades de diversión, es decir, no sólo salen a pubs y discotecas sino que también asisten a conciertos, a actividades deportivas, culturales, van al cine o al teatro, quedan con sus amigos en parques o plazas, etc.

- Los jóvenes que consumen se implican con mayor frecuencia, en conductas delictivas, violentas y en prácticas de riesgo (como conducir bajo los efectos del alcohol, tener relaciones sexuales sin preservativo, etc.).

Por otro lado, la percepción de riesgo es fundamental en la elección del consumo. De esta forma, los jóvenes no consumidores indican como motivo fundamental para no fumar los efectos nocivos y desagradables del tabaco para la salud, así como las molestias y desagrado que puede causar a otras personas. Con respecto al alcohol, los motivos principales son los efectos perjudiciales y desagradables para la salud junto con el funcionamiento social.

De esta forma, lo que distingue a los jóvenes que consumen de los que no lo hacen no es tanto la gestión que realizan de su tiempo de ocio y sus recursos económicos sino el significado que este ocio tiene para ellos. Así, para unos el consumo de alcohol y drogas se convierte en parte de la diversión, constituyendo herramientas para la socialización, mientras que los otros logran estos objetivos sin consumir. Asimismo, el contexto donde se desarrolla buena parte de la vida recreativa nocturna, los locales, bares, discotecas, etc., tiene un papel importante.

Como ya hemos mencionado, diversos estudios han afirmado que la diversión es un ámbito importante para nuestros jóvenes, porque divertirse es algo necesario para tener una vida saludable y satisfactoria, pero además porque mientras se divierten van aprendiendo estrategias de comunicación y adquieren habilidades y capital social. Además, el salir de marcha no es la única forma en la que los adolescentes y jóvenes pueden pasar un rato agradable y divertido, sino que en la actualidad existen muchos lugares de ocio como salas de juegos, campos de fútbol, asociaciones culturales que ofertan cursos y actividades muy diferentes, etc.

La principal conclusión del estudio mencionado anteriormente es que los jóvenes que no toman drogas salen de marcha, se divierten, experimentan placeres, manteniendo la conciencia de sus actos, sabiendo lo que hacen y recordándolo al día siguiente, son capaces de elaborar estrategias y juegos que les llevan a reír, a desarrollar su imaginación y a descubrir sensaciones y placeres, aunque a veces también se aburren, asumiendo que el desánimo y el aburrimiento también forma parte de la vida. Sin embargo, el ser un no consumidor muchas veces es experimentado como una desventaja ya que en el contexto recreativo el mensaje que reciben es que el consumo de sustancias legales e ilegales es la mejor forma de lograr un estado de fiesta, diversión y placer. De hecho, el consumo de dichas sustancias aparece reflejado en los medios de comunicación como algo normativo entre los jóvenes, a pesar de ser

una conducta minoritaria entre nuestros adolescentes y jóvenes.

Es por esto que los jóvenes no consumidores también necesitan apoyo preventivo. Es necesario favorecer el desarrollo de entornos físicos en respuesta a las necesidades de muchos jóvenes que demandan contextos donde la diversión pueda conseguirse sin mezclarse con el uso de drogas.

15. Cómo prevenir los factores y las conductas de riesgo asociados

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