• No results found

Users Users Detail

In document ACCESS IT! UNIVERSAL USER MANUAL (Page 145-151)

Cuando hablamos de niños y jóvenes, y más cuando hablamos de los adolescentes, el riesgo va unido a esas edades. Son un elemento que la define. También, aunque no siempre nos lo queremos creer, van unidas a las etapas evolutivas de muchos adultos, como muestran estudios empíricos en la población general (Quadrel, Fischfoff y Davis, 1993), o podemos ver claramente cuando los medios de comunicación nos muestran conductas arriesgadas en adultos que les llevan a la ruina económica, a cometer delitos, a hacer conductas que no parecen justificadas por su estatus, etc. Dado que una parte de los adultos llevan a cabo conductas en ese periodo de su vida distintos a los que ellos llevaban a cabo cuando

eran más jóvenes, y especialmente cuando eran adolescentes, en donde era habitual cometer excesos (como conducir alocadamente, beber en exceso hasta emborracharse, llevar a cabo conductas de claro riesgo, etc.), piensan que el riesgo es característico de los jóvenes. Cuando se habla del consumo de drogas se une con frecuencia el consumo de drogas a las conductas de riesgo.

Por ejemplo, tal y como dice el reciente Informe de la Juventud en España 2008: “el primer problema de salud entre la juventud española son los accidentes de tráfico que afectan principalmente a los varones, seguidos de otros accidentes y de los suicidios. Muy por debajo de todos estos casos aparecen las enfermedades de origen biológico que no están relacionadas con el comportamiento” (pag. 10) (Observatorio de la Juventud, INJUVE, 2008)

Jessor (1991) define el riesgo como “cualquier conducta que puede comprometer aquellos aspectos psicosociales del desarrollo exitoso del adolescente” (pág. 599). Las conductas de riesgo que considera que atañen directamente a los adolescentes son las conductas problema, las conductas relacionadas con la salud y la conducta escolar. Dentro de cada una de ellas considera específicamente aquellas que son más importantes dentro de cada apartado de tipos de conducta, como uso de drogas, conducir embriagado, alimentación no saludable, falta de asistencia a la escuela, etc.

Un concepto que con frecuencia se hace equivalente en jóvenes es el de conducta de riesgo con el de estilo de vida. Algunos jóvenes tienen un patrón de conducta en donde unos elementos y otros se solapan, como ocurre con los buscadores de sensaciones, de tipo peligroso o arriesgado, los que no aceptan ninguna norma social (antisociales) y cometen frecuentemente conductas de claro riesgo para ellos y para otras personas. Al ser más viable en nuestra sociedad la existencia de distintos tipos de personas, tribus o grupos sociales, lo anterior puede aparecer más claro a los ojos de otros. Las tribus, especialmente si introducimos el elemento consumo de drogas por medio, adquiere en este contexto un nuevo significado. Además, históricamente, muchos movimientos contestatarios hicieron del consumo de drogas un elemento más del estilo de vida (ej., los hippies y el consumo de marihuana en los años 60 y 70). Tribus más actuales serían los okupas, los punkies, los skins-heads, .... Esta contestación social va en muchos casos unidas al consumo de drogas, especialmente la marihuana. Cuando hablamos de heroína ya tenemos un

Tabla 8. Algunos conceptos relacionados con el riesgo, control y autocontrol El riesgo es “el elemento de la probabilidad de que algún daño pueda ocurrir”.

Una conducta de riesgo en la adolescencia es “cualquier conducta que puede comprometer aquellos aspectos psicosociales del desarrollo exitoso del adolescente”.

Los componentes del riesgo son tres: - Cognitivo: la percepción del riesgo. - Actitudinal: la predisposición al riesgo. - Comportamental: las conductas de riesgo.

Control:

- Es la antítesis del riesgo.

- Es el grado en que la persona percibe que existe una relación funcional entre sus acciones y los eventos que siguen a tales acciones.

- La aplicación del control conscientemente por parte de la persona es el autocontrol.

Autocontrol:

- El concepto popular de autocontrol es el de voluntad o fuerza de voluntad.

- Una persona muestra autocontrol cuando por sí misma es capaz de cambiar la probabilidad de aparición de un comportamiento basado en un proceso hedónico, a través de su “esfuerzo” y usando recursos psicológicos propios.

- El concepto central en el autocontrol es el de gratificación o refuerzo. Hay dos tipos de gratificación o refuerzo: el inmediato y el demoarado.

Tipos de autocontrol. Hay dos tipos de autocontrol: el decisional y el prolongado.

- En el autocontrol decisional la persona se enfrenta a una elección en la que se abandona la elección apetecible o una huída de una situación aversiva en favor de una alternativa que tiene una utilidad mayor (pero normalmente demorada). Tomada la decisión se acaba la secuencia conductual (ej., no ir a una fiesta para quedarse estudiando.

- En el autocontrol prolongado el conflicto entre dos alternativas puede seguir durante un largo período de tiempo. La respuesta deseada puede llevarse a cabo incluso cuando los pensamientos y emociones o estados físicos aumentan la tentación de abandonar la situación en cualquier momento. El autocontrol prolongado exige una serie continua de decisiones para mantener una conducta que en esencia no es apetecible para conseguir alguna consecuencia lejana (ej., consumo de alcohol o drogas).

Impulsividad: es lo opuesto al autocontrol. En ambientes con incertidumbre, en aquellos en donde no

sabemos lo que puede ocurrir a continuación, sabemos que es más probable que aparezca la impulsividad que el autocontrol para maximizar el beneficio total.

grupo más estigmatizado, como son los yonkies o los marginales.

Hay que apuntar que en ocasiones es importante realizar cierto tipo de riesgo. Para poder realizar nuevas experiencias el riesgo puede ser necesario. Si este riesgo es controlado, o está en unos niveles normales, la persona puede aprender nuevas conductas, perfeccionar las que tiene o adquirir nuevas habilidades (ej., el niño que aprende a andar en bicicleta y se cae varias veces antes de aprender). Conforme se aprende el nivel del riesgo, una persona puede ir superando situaciones nuevas y a veces difíciles. En la vida hay que ir tomando continuamente decisiones. Saber donde están los límites del riesgo es importante porque en la práctica hay que tomar muchas decisiones de las que no sabemos seguro el resultado, que son arriesgadas, y donde sería desadaptativo no considerar un nivel de riesgo razonable. Además, es un elemento unido a la supervivencia y a la selección natural. El sistema social, las normas sociales y más concretamente el proceso de socialización, se encargaban hasta hace poco de controlar todos estos elementos que en los últimos años se han visto trastocados por el surgimiento de un nuevo problema (o producto), las drogas, el cambio en las costumbres familiares y sociales (ej., el tipo de familia y control familiar) y el surgimiento de la vida recreativa, unidos al ocio y tiempo libre.

Junto al consumo de alcohol y/o drogas otra conducta que se trata hoy unida al riesgo, por las repercusiones personales y sociosanitarias que tiene, son los embarazos no deseados y las madres adolescentes (Colomer y Grupo Prevlnfad, 2004). Este problema es nuevo, en una perspectiva histórica, porque al haberse conseguido el control sobre los embarazos a través de los anticonceptivos, estar la vida preparada para que la mujer, especialmente, retrase la concepción para poder integrarse previamente en la vida laboral, tener pocos hijos por las condiciones económicas y sociales actuales, los costes sanitarios y psicológicos para la futura madre que va a tener un hijo no deseado, junto a otras de tipo social, hacen que esta conducta hoy tenga un gran interés social, en ocasiones casi mayor que la que recibe el consumo de drogas. Realmente, tanto el uso de drogas, la sexualidad precoz, como cierto tipo de delincuencia de baja intensidad o saltar ciertas normas sociales, es un modo que utilizan muchos jóvenes para mostrar que están en el mundo, que son alguien, que se les debe considerar y que pueden hacerlo (Calafat et al., 2001). Muchos otros jóvenes de generaciones anteriores han hecho lo mismo o algo muy

parecido a los actuales.

Unido al concepto de riesgo está su antítesis, el control. El control es el dominio que la persona tiene sobre sus actos o sobre otras personas. Implica que la persona tiene un control de su conducta o la de otras. Técnicamente, en el campo de la psicología, el estudio del control, aplicado a la propia persona, se ha realizado bajo la denominación del autocontrol aunque hay teorías específicas sobre el control (ej., Carver y Scheier, 1982). El estudio del control sobre otros se ha realizado desde perspectivas sociológicas, políticas, históricas y psicológicas, entre las más importantes. Respecto al autocontrol, como decía ya tempranamente Skinner, y que es una adecuada definición sobre el mismo, “cuando un hombre se autocontrola, decide realizar una acción determinada, piensa en la solución de un problema o se esfuerza por aumentar el conocimiento de sí mismo, está emitiendo conducta. Se controla a sí mismo exactamente igual que controlaría la conducta de cualquier otra persona, mediante la manipulación de variables de las cuales la conducta es función” (Skinner, 1953/1969, pág. 24).

Para Labrador (2000) el concepto popular de voluntad o de fuerza de voluntad es lo que nosotros entendemos por autocontrol, que lo define como “la capacidad de una persona para controlar las consecuencias de sus conductas, más en concreto, hace referencia a la disposición de conductas específicas, es decir, aquellas que permiten modificar el medio, de manera que ésta facilita la aparición de las conductas que se desean. Si para modificar una conducta una persona no dispone de ninguna conducta que le permita modificar el medio para que controle esa conducta de otra forma, diremos que no tiene autocontrol. Cuantas más conductas eficaces tenga para modificar el medio en la dirección deseada, mayor será su autocontrol. En consecuencia, el desarrollo del autocontrol es algo progresivo: la persona puede aprender una conducta, luego otra y luego otras más, hasta que llegue a controlar completamente la conducta que quiere modificar” (pág. 87). De modo semejante para Capafóns (1986) “una persona muestra autocontrol cuando por sí mismo es capaz de cambiar la probabilidad de aparición de un comportamiento basado en un proceso hedónico, a través de su “esfuerzo” y usando recursos psicológicos propios” (pág. 39). En el mundo actual hay un claro sentimiento de que tenemos un verdadero autocontrol de nuestra conducta, aunque tengamos la duda permanente de que cada vez tenemos menos control sobre nuestra vida, como cada vez ocurre más,

especialmente por la influencia de los medios de comunicación de masas, los sistemas de fabricación, distribución y venta de productos, obligándonos a utilizar los que nos ofrecen, no los que teóricamente podríamos elegir, etc.

En el campo del autocontrol un concepto central es el de la gratificación. Se consideran dos tipos de gratificación o de refuerzo: la inmediata y la demorada. Precisamente la propia definición de autocontrol indica que cuando se demora el refuerzo se está ejerciendo autocontrol; cuando no se demora no. Por ello hay un autocontrol decisional y un autocontrol prolongado. En el autocontrol decisional la persona se enfrenta a una elección en la que se abandona la elección apetecible o una huída de una situación aversiva en favor de una alternativa que tiene una utilidad mayor (pero normalmente demorada). Tomada la decisión se acaba la secuencia conductual (ej., no ir a una fiesta para quedarse estudiando). En cambio, en el autocontrol prolongado el conflicto entre dos alternativas puede seguir durante un largo período de tiempo. La respuesta deseada puede llevarse a cabo incluso cuando los pensamientos y emociones o estados físicos aumentan la tentación de abandonar la situación en cualquier momento. El autocontrol prolongado exige una serie continua de decisiones para mantener una conducta que en esencia no es apetecible para conseguir alguna consecuencia lejana (ej., consumo de alcohol o drogas).

Lo opuesto al autocontrol es la impulsividad (Logue, 1998). En ambientes con incertidumbre, en aquellos en donde no sabemos lo que puede ocurrir a continuación, sabemos que es más probable que aparezca la impulsividad que el autocontrol para maximizar el beneficio total. Esto tiene una gran relevancia a nivel evolutivo y es un elemento facilitador de la supervivencia. Pero, fuera de este sentido, como ocurre en nuestro mundo actual, también puede ser un problema, como ocurre en la vida recreativa y como se puede potenciar si la persona consume alcohol u otras drogas y con ello pierde parte de su nivel de autocontrol, del que tiene habitualmente, para éstas y para otras conductas (ej., el incremento de la realización de relaciones sexuales sin tomar precauciones o mismo de éstas). Lo anterior es de gran relevancia. Nótese que algunos autores (ej., Logue, 1998) llegan a indicar que probablemente la demora del resultado de la recompensa haya facilitado la supervivencia a lo largo de la evolución en distintas situaciones (ej., la comida cuando hay que racionarla por haber escasez de ella). Esto hoy va cambiando por el consumo de las sustancias psicoativas que llevan a modular el resto de otras conductas.

La impulsividad también puede ser necesaria en ocasiones para la supervivencia. Además, es una parte de nuestro pasado hereditario. Es como si hubiese una lucha permanente entre el autocontrol y la impulsividad. La selección natural ha creado individuos que son aptos cuando saben cómo actuar en unas situaciones impulsivamente (ej., ante un grave peligro) y cómo autocontrolarse en otras (cuando la demora del refuerzo o de la gratificación es lo más importante). La introducción de un elemento nuevo, el consumo de drogas de modo masivo en las últimas décadas, hace que esta historia evolutiva y biológica de nuestra especie lleve a una parte de sus miembros a perder más fácilmente el control que otros y con ello su conducta se hace, actualmente, desadaptativa, problemática y llena de dificultades a corto, medio y largo plazo, amenazando en ocasiones incluso su propia supervivencia biológica, especialmente por el surgimiento de enfermedades que pueden ser crónicas o mortales (Plan Nacional sobre Drogas, 2008; Xunta de Galicia, 2008). Ello ocurre porque con el consumo de drogas el placer se produce a corto plazo ocurriendo los daños para la salud a largo plazo. En este sentido el uso de drogas puede considerarse como impulsividad, a la vez que esta impulsividad producida por el consumo de drogas puede aumentar a su vez la impulsividad de otras conductas (Logue, 1995).

Las conductas de autocontrol son necesarias para el funcionamiento humano. La resistencia a la tentación y la demora en la gratificación son dos de los elementos más importantes del autocontrol y básicas para considerarnos como humanos (Rosenbaum, 1993). Vienen a constituir una especie de inteligencia social que nos hace ser más adaptativos al medio. El concepto de autorregulación se utiliza con frecuencia para exponer conjuntamente estos dos conceptos, aplicados ya a la esfera de lo humano y del manejo que éste hace de su conducta. El control percibido o la percepción de control es importante para el proceso de la autorregulación. Unido a la creencia de que uno puede controlar la acción que hace está la creencia de que uno puede exitosamente ejecutarla. Esto es lo que se ha llamado expectativa de eficacia o autoeficacia (Bandura (1997a).

14.2.3.2. Impulsividad y autocontrol

Son varias las asunciones de la teoría del autocontrol, que Karoly (1995) resume en tres. La primera es que se asume que la conciencia tiene un papel funcional en la adaptación humana. Por medio de la conciencia reflexiva de nuestras experiencias

internas y externas somos presumiblemente capaces de atravesar un continuo cambio y a menudo desafiando los contextos de vida externos. El control automático y no consciente es probable que tenga una importante función para la adaptación humana junto con el control ejercido por las poderosas fuerzas ambientales. De este modo, cuando se establece un papel adaptativo, a través de la guía externa, interna o de ambas, se hará capaz del mantenimiento subsimbólico. La segunda es que, entre las funciones importantes de la mentalidad consciente, está la selección del ambiente; la habilidad para construir, modelar o simular los eventos actuales o los eventos hipotéticos; y la comparación de los eventos sentidos para las representaciones internas (simulaciones) de los estados futuros deseados (metas). De ahí que se utilice la palabra volición, a la que se refieren como la capacidad de que de modo deliberado y consciente poner en marcha el sistema motor para realizar la ejecución en línea con objetivos múltiples, especialmente cuando hay varias metas en conflicto, están asociados con refuerzos externos mínimos o tienen un valor diferencial a lo largo del tiempo. Y, tercero, el significado de la acción autodirigida se cree que ocurre en un contexto social (interpersonal), biológico y temporal. Y, se asume que hay que tener en cuenta a todos estos elementos en cada momento y acción sin descartar a ninguno de ellos. Con ello los niveles cognitivo, ambiental, temporal y biológico, son parte de una etapa explicativa y el autocontrol no ocurre si no se considera todo ello a un tiempo. Al tiempo, esto asume que una explicación basada exclusivamente en las contingencias es insuficiente. La elección de los humanos es más compleja y se basa en parte importante en los significados. Incluso el valor de cada refuerzo depende de la interpretación que le de el individuo al mismo y a la validación social. También se asume la continuidad de la conducta observable y de la encubierta, o no observable, lo cual es de gran relevancia desde una perspectiva de aprendizaje y de procesos semejantes a nivel observable y encubierto.

Una de las conceptualizaciones actuales más claras y útiles sobre el autocontrol es la de Logue (1998). Parte de la asunción básica de que la impulsividad es lo opuesto al autocontrol. A partir de esta afirmación, basada en la evidencia empírica, elabora toda la teoría del autocontrol basada en los conocimientos que tenemos sobre el mismo. Lo cierto es que en nuestra vida tenemos que tomar frecuentemente decisiones que implican optar por algo inmediato o algo diferido. Cuando la persona opta siempre o casi siempre por lo inmediato, aunque lo que más le apetece es lo

diferido, no está ejerciendo autocontrol, o puede que esté actuando impulsivamente. La clave del autocontrol es la demora del refuerzo para la obtención de un resultado. Normalmente se demora un refuerzo pequeño o de baja magnitud para logar en el futuro un refuerzo importante de mayor magnitud. Un ejemplo típico ocurre en el estudiante universitario que tiene que decidir no salir de marcha en una semana para preparar un examen. No sale habitualmente porque sabe que si lo aprueba, y aprueba además el resto de las asignaturas, le quedará libre el verano y a lo largo de él podrá divertirse más, tener todo el tiempo para si y no estar preocupado por estudiar a diferencia de si hubiese suspendido. Pero, además, si va aprobando año a año todas las asignaturas podrá finalizar una carrera que le permitirá ganarse la vida y, si además, estudia lo que le gusta, sentirse realizado en aquello que va a marcar su vida futura a nivel laboral, económico y a otros niveles sociales. El autocontrol se basa en la mayor o menor importancia que el refuerzo tiene para la persona, en el mayor o menor tiempo de retraso del refuerzo y de los resultados positivos o negativos que se obtengan (Logue, 1998).

Lo que sabemos es que, en un ambiente incierto, la persona es más probable que actúe con impulsividad que con autocontrol; esto es, se sabe que es más probable que ocurra la impulsividad que el autocontrol para maximizar los beneficios en conjunto en un ambiente incierto. Y, esto ocurre tanto en los animales como en el hombre. También se sugiere que esto puede ser fruto de la evolución, lo que explicaría la propensión genética en unos casos a la impulsividad y en otros al autocontrol (Logue, 1998).

Para la explicación de muchas conductas, y de la existencia de escaso o nulo autocontrol en las mismas, el peso de la cultura y del funcionamiento actual de nuestro

In document ACCESS IT! UNIVERSAL USER MANUAL (Page 145-151)