5.2 The quartet method of hierarchical clustering
5.2.1 Mathematical formulation
La conclusión a la que llegué en el capítulo 4 era que necesitaba de una base teórica más desarrollada, con objeto de eludir, al encarar la variación lingüística, un error mayúsculo que condenó la teoría macroparamétrica: aparte de que se no observaron suficientemente de cerca las lenguas, los parámetros fracasaron porque fueron construidos sobre un teoría errónea -bien que de una contribución al desarrollo de la ciencia lingüística difícil de equiparar-.
Bien, creo que a lo largo del anexo 1 se ha elaborado una teoría que, gracias a ahondar en el funcionamiento de lo universal de la FL, puede restringir tanto la explicación de la variación lingüística que la teoría, o bien falla estrepitosamente, o bien conlleva un acicate significativo a madurarla. Me explicaré: he defendido, en resumidas cuentas, que
(i) los parámetros no existen,
(ii) el léxico adquirido está sujeto a variación,
(iii) el léxico adquirido alimenta el sistema computacional, (iv) la sintaxis es sólo sensible a los rasgos formales,
(v) de acuerdo con la HCV, los rasgos formales, y sólo estos, introducen lo variable en la sintaxis universal,77
(vi) la valuación de los rasgos formales desencadena las fases,
(vii) las fases son tan acategoriales como la distribución de los rasgos formales en los ILs, (viii) las fases varían, por lo tanto, translingüísticamente,
77 Recuérdese la afirmación de que comparar dos derivaciones de dos lenguas en que la dotación de rasgos semánticos valuados en los ILs sea divergente equivaldría a comparar dos derivaciones que partieran de distintas numeraciones en una misma lengua-I.
(ix) de acuerdo con la HDOS, todas las operaciones sintácticas se generan en las fases, (x) las relaciones a nivel de fase determinan las posiciones de los OS,
(xi) la variación de un sólo rasgo formal puede alterar las fases tanto como para que se generen
clusters
(xii) la estructura generada se mapea de forma neutral a los sistemas externos,
(xiii) en la línea de la EMI, no hay operaciones postsintácticas, y tal estructura es sólo interpretada en ellos,
(xiv) la interpretación se obtiene composicionalmente -a partir de la estructura- y del contenido de los ILs,
(xv) de forma que la variación estructural generada por los rasgos formales puede tener efectos semánticos, como mínimo, ligados al discurso -relación entre ME y MI y la dualidad semántica-
Así las cosas, si las lenguas-I funcionan como describo, toda derivación va a generar determinada estructura en función de la composición de los ILs que entren en la computación, sin más; el producto de la sintaxis, en otras palabras, será una confabulación de cómo se distribuyen los rasgos formales en los átomos de la computación y de cómo esa computación se lleva a cabo cíclicamente a causa de la valuación de los rasgos formales -y, por supuesto, cómo afecta eso a los OS que portan tales rasgos-. Que sobre ese resultado los lingüistas queramos idealizar tipologías o queramos confrontar las derivaciones de una lengua-I con las de otra, es tan legítimo como ajeno a las propiedades de tales lenguas -esto es, vuelve a ser una relación intelectual-.
Dicho de otra forma, la variación lexicosintáctica por la que abogo no es, contra lo que se pudiera pensar, teoría microparamétrica: es fundamentalmente una teoría sobre cómo funcionan las lenguas que, de ser cierta, explicaría automáticamente la variación. Así, ahora puede cobrar verdadero sentido la afirmación, que he dejado caer en alguna ocasión a lo largo del trabajo, de que, una vez entendamos lo universal, la variación se explicará por sí misma: las derivaciones, en este marco teórico, van a ser completamente universales; la variación no será nada más que ver, desde fuera, cómo atomos computacionales diversos para diversas lenguas-I generan derivaciones lógicamente diversas entre sí.
Así pues, esta teoría de la variación lexicosintáctica, aunque compartiría algunas ventajas con la teoría microparamétrica -en referencia a los macroparámetros-, como que la adquisición se reduzca a fijar el lexicón o que la GU se adelgace, la superaría porque, principalmente,
(a) no habría ninguna opción predefinida en ningún locus
propuesta llega al nivel de detalle de cada lengua-I, de cada derivación
(c) mientras la teoría microparamétrica parecía perder tipologías, ahora estas van a explicarse sencillamente porque la distribución de los rasgos formales está ciertamente restringida, y es esperable que, vinculada al proceso de adquisición, la fijación de los rasgos en los ILs sea semejante cuando los DLP se parezcan igualmente por razones historicogeográficas
(d) en contraste con la teoría microparamétrica, en este anexo queda perfectamente delimitado qué rasgos son los que, sujetos a variación, causan la variación relacional entre diversas lenguas-I
(e) la teoría es lo suficientemente restrictiva como para evitar malentendidos como los que se daban en relación a la teoría microparamétrica, por ejemplo: se ha dicho (Biberauer 2008) que fijar el PDN en algún rasgo de cada IL es altamente redundante y, aunque ahora parezca algo ilógico, ciertamente persiste el debate en torno a cuestiones de esta índole. En mi propuesta -que es mucho más de los autores de la bibliografía que mía-, no hay cabida para que los rasgos fijen nada relativo a la computación, porque los IL están faltos de parámetros y porque el primer y el tercer factor se han visto, por fin, liberados de la influencia del segundo.
(f) no sólo compagina una teoría sobre la variación lingüística con avances teóricos contemporáneos, sino que, con este método -no siempre explotado para con los microparámetros-, el desarrollo teórico de lo universal de la FL redundará, directamente, en mejoras para la explicación de lo variable
Por todo lo dicho, creo que esta teoría permite abandonar las medias tintas que, a mi juicio, no comulgan con el PM: la teoría macroparamétrica se presentaba como la preferible para relacionar grandes tipos de lenguas o lenguas muy diferentes; al tiempo que la microparamétrica se vendía como el mejor enfoque para cotejar las cercanas -aunque creo que esto descansa sobre el malentendido de confundir la causa con el alcance o los efectos de la variación-, pero en ningún caso acababan de adecuarse a los datos. La teoría del capítulo 5 tiene la ventaja de que o acierta, o no -aunque, obviamente, es susceptible de innumerables mejoras-, es decir, es tan rigurosa como la ciencia exige.
Ahora bien, ¿cómo confirmarla? Habría que investigar más sobre la variación, estar seguros de cómo varían los ILs, de qué rasgos los componen... y luego poner a prueba la teoría. Ni tengo tiempo para ello, ni quisiera malgastarlo, puesto que otros avances teóricos me han mostrado debilidades de este primer anexo cuya investigación no debería postergar:
(i) No se ha ofrecido ninguna explicación de la formación de los ILs
(iii) Es cuestionable, desde un punto de vista biolingüístico, que los átomos de la computación sean los ILs descritos. Podrían ser universales y, por lo tanto, una suerte de principios inviolables
(iv) Que el léxico adquirido alimente la computación implica que, en ausencia de experiencia lingüística, el individuo no podrá pensar de la misma forma que alguien con un desarrollo normal de la lengua-I. Esto es algo que ignoro y requeriría de estudios adicionales
(v) No se ha argumentado contra el hecho de que toda lengua sea capaz de expresar exactamente lo mismo. Intuitivamente, creo que no, habida cuenta de soy incapaz, por ejemplo, de usar un
dizque o una pieza equivalente en mis frases, ni siquiera proceso con naturalidad las que los
contienen. En consecuencia, me resulta más verosímil que mis construcciones, hablando en plata, carezcan de una capa de evidencialidad. No obstante, esto es meramente intuitivo y necesitaría incorporar estudios del campo de la semántica, etc.
(vi) A pesar del intento de restringir la sensibilidad de la sintaxis a los rasgos formales, la teoría depende en exceso de unos rasgos que podrían tener estatus postsintáctico o que, en todo caso, están faltos del apoyo de teorías biolingüísticas
(vii) La STMF va revelándose como algo digno de tenerse en cuenta, por lo que la existencia de un componente morfológico, pese a complicar ligeramente el sistema, debería contemplarse -siquiera para descartarla luego-
(viii) De acuerdo con el anexo 1, habría lenguas-I más eficientes que otras: las que tengan una morfología más rica y, en consecuencia, mayor número de rasgos formales distribuidos, ganarán en ciclos derivacionales, reduciendo así la carga computacional. Por el contrario, surge la duda de si podría existir una lengua sin rasgos formales y de un solo ciclo. No afirmo que esto sea imposible, sólo noto que, como mínimo, también necesitaría de más estudio
(ix) No se establece ningún límite a la fijación de rasgos en los ILs, a despecho de la impresión, también intuitiva, de que no puede ser tan libre. Una vez más, es algo que requiere de más estudios.
(x) No se es resolutivo en cuanto a la existencia de morfemas nulos ni, por ende, de rasgos formales no realizados pero presentes de todas formas y que generen, pues, fases.
(xi) Pese a los visos de neutralidad en cuanto a los rasgos, hay un tratamiento asimétrico de los mismos: cuando se defiende que las fases dependen de los rasgos formales, lo que se está haciendo, en última instancia, es jugar con un tipo semánticos e ignorar los fonéticos