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6.1 Graph Wavelets for Non-Linear Image Approximation

6.1.2 The Matter of the Labelling

Una de las características del individuo en la posmodernidad consiste en que se ve envuelto en una seducción continua que tiene repercusiones en las costumbres, la política y el sexo. Ésta es consecuencia de la existencia de pluralidades de opciones en el consumo y en los servicios públicos y privados, puesto que el individuo se encuentra inmerso en un universo de ofertas que estimulan el hedonismo y el ego. Según Lipovetsky, la seducción de la que es objeto el individuo posmoderno es síntoma de autonomía y responsabilidad, porque al poder elegir de entre toda la gama de productos y servicios, no se encuentra en un marco rígido que le obligue a elegir únicamente determinadas opciones. La seducción de ninguna manera está relacionada con la alienación o la enajenación del individuo en la sociedad capitalista:

La seducción nada tiene que ver con la representación falsa y la alienación de las conciencias; es ella la que construye nuestro

mundo y lo remodela según un proceso sistemático de

personalización que consiste esencialmente en multiplicar y

diversificar la oferta, en proponer más para que uno decida más, en substituir la sujeción uniforme por la libre elección, la homogeneidad por la pluralidad, la austeridad por la realización de los deseos… el proceso de personalización reduce los marcos rígidos y coercitivos funciona sibilinamente jugando a la carta de la persona individual, de su bienestar de su libertad, de su interés propio. (Ibíd.: 19)

La presencia de la seducción continua ocasiona que las costumbres se transformen, puesto que con la existencia de una amplia gama de opciones de elección surge el ideal de la diferencia basada en el relajamiento y la fantasía: ser uno mismo y diferenciarse de los demás trae como consecuencia que, por un lado, en la educación y socialización de los niños y adolescentes exista un alto grado de permisividad que atienda a los deseos del individuo y, por otro lado, la ola hedonista quita la culpa ante el tiempo libre y fomenta el ocio. De esta manera, la seducción hace que la socialización sea suave y tolerante y esté encaminada a psicologizar y personalizar al individuo. (Cfr. Ibíd.)

Además de transformar las relaciones de socialización, la seducción es parte constitutiva de la política, porque en las sociedades individualizadas el Estado ha descentralizado varias de sus funciones y permite a los individuos la autogestión a través de la autonomía de grupos y colectividades:

Es la moda del descompromiso del Estado, de las iniciativas locales o regionales, del reconocimiento de los particularismos e identidades territoriales; la ola de seducción democrática humaniza la nación, ventila los poderes, acerca de las instancias de decisión de los ciudadanos, redistribuye una dignidad en las periferias… La autogestión, que consiste en suprimir las relaciones burocráticas del poder, en hacer de cada uno sujeto político autónomo, representa otra vertiente de la seducción. Abolición de la separación dirigente-ejecutante, descentralización y diseminación del poder; la liquidación mecánica del poder clásico y de su orden lineal es el objetivo de la autogestión. (Ibid.: 26-27)

Lo anterior implica que en la sociedad posmoderna, el Estado, a través de la implementación de diversos dispositivos es parte de la promoción de valores

personalizados, con los cuales los individuos son capaces de gestionar la satisfacción que brinda el Estado para las necesidades de los ciudadanos. Estos mecanismos consisten en la autonomía de los grupos y de los colectivos, así como en la creación de organismos descentralizados a los cuales el individuo puede acudir para la gestión de determinados asuntos.

Por otro lado, la seducción también está presente en el sexo porque se percibe en la pornografía y en los anuncios de búsqueda de relaciones sexuales. Esto es el resultado de que en la etapa posmoderna el individuo es invitado a no ceñirse al sexo como una máquina de reproducción; por el contrario, el sexo y el cuerpo son parte de un proceso de subjetivación y de responsabilización, en donde el individuo acumula experiencias y explota su capital libidinal personal. En este sentido, afirma Lipovetsky, la seducción amplía al ser-sujeto y le da integridad al cuerpo que en la época moderna se ocultaba.

Otra de las características del individuo en esta etapa consiste en que él es indiferente a los grandes valores y proyectos típicos de la modernidad: el progreso, la libertad, la democracia, etc. Para este filósofo, una de las consecuencias tanto del proceso de personalización, como de la seducción continua en la posmodernidad, es que los grandes valores y finalidades característicos de la modernidad han perdido su sustancia. Para Lipovetsky, las instituciones y organismos sociales son ya incapaces de propiciar en el individuo valores grandes y absolutos; por lo tanto la posmodernidad es una era del vacío, en la cual los individuos muestran apatía constante ante la pérdida de estos grandes ideales en vez de preocupación, y donde el ascetismo ya no es el motor del capitalismo, sino los deseos y las pulsiones subjetivas:

Dios ha muerto, las grandes finalidades se apagan, pero a nadie le

importa un bledo, esta es la alegre novedad… El vacío del sentido,

el hundimiento de los ideales no han llevado como cabía esperar, a más angustia, a más absurdo, más pesimismo… nuestra bulimia de sensaciones de sexo, de placer, no esconde nada, no compensa nada y aun menos el abismo de sentido abierto por la muerte de Dios. La indiferencia, pero no la angustia metafísica. El ideal ascético ya no es la figura dominante del capitalismo… El relajamiento posmoderno liquida la desidia, el enmarcamiento o

desbordamiento nihilista, la relajación elimina la fijación ascética. Desconectando los deseos de los dispositivos colectivos, movilizando las energías, temperando los entusiasmos e indagaciones relacionadas con lo social, el sistema invita al

descanso, al descompromiso emocional (Ibíd.: 36-37)

Según Lipovetsky, lo que proporciona este vacío en la etapa contemporánea es que en la sociedad posmoderna el individuo es constante centro de estimulaciones por el consumismo capitalista y las instituciones; por lo tanto, la indiferencia proviene de una alta socialización y el individuo adquiere una personalidad desenfadada; en sus propias palabras: cool. Al mismo tiempo, esta actitud proviene de que en esta etapa, la gama de opciones de consumo, de derechos y de socialización se le presentan como menús a la carta, en donde el individuo puede elegir y servirse así mismo.

Pero la indiferencia ante el vacío de los grandes valores tiene consecuencias, puesto que si bien el individuo adopta una actitud cool, no está exento de angustia e incertidumbre. En la posmodernidad las preocupaciones del individuo son de carácter hedonista: envejecer, engordar, afearse, educar a los niños, irse de vacaciones. Todas estas condiciones son causa de estrés y ansiedad en el individuo posmoderno; por lo tanto, si bien existe un vacío de los grandes valores colectivos y sociales, aparecen nuevos ideales con base en la realización personal. Para Lipovetsky una de las grandes búsquedas del individuo posmoderno es la de encontrar emociones tales como el amor y la comprensión con otro; esto es, una pareja que le sirva de complemento; existe, pues, una búsqueda de sentimientos, no de grandes metas colectivas.

Al mismo tiempo, con el vacío social e institucional y el tipo de problemas individuales que ocasionan, según Lipovetsky, aquello que se puede observar en la sociedad posmoderna es la ruptura total con los lazos sociales. El individuo se aísla para refugiarse en su propia subjetividad, creando un desierto social sin límites:

Después de la deserción social de los valores e instituciones, la relación con el Otro es la que sucumbe, según la misma lógica al proceso de desencanto... No contento con producir el aislamiento, el sistema engendra su deseo, deseo imposible que una vez

conseguido, resulta intolerable: cada uno exige estar solo y simultáneamente no se soporta a sí mismo, cara a cara. Aquí el desierto ya no tiene ni principio ni fin. (Ibíd.: 47-48)

Otra de las características que este autor considera como parte del individuo posmoderno, tiene que ver con el humor. Para este filósofo, el individuo posmoderno es simpático; todo cuanto le rodea tiende al buen humor, medios de comunicación, publicidad, educación; por lo tanto, tiende generalmente hacia aquello que le resulte divertido; la sobriedad, la seriedad no llaman su atención. Una de las consecuencias de esta tendencia al buen humor consiste en que el individuo posmoderno rechaza todo aquello que invite a la seriedad. Lipovetsky pone como ejemplo los debates políticos y electorales, los cuales son seguidos no por el contenido de los mismos, sino porque generalmente ocasionan risa y propician la burla hacia los participantes.

Con base en las características que este autor establece en relación con el individuo posmoderno, considera que la figura que lo caracteriza generacionalmente es la de Narciso. Desde su óptica, el proceso de personalización, la seducción continua, la pérdida de sentido de los grandes valores modernos, la sociedad humorística, ocasionan en el individuo un narcisismo. Pero a diferencia de la figura clásica de este fenómeno, Lipovetsky lo caracteriza como una búsqueda constante de identidad, de felicidad, de realización personal y siempre siguiendo todas las opciones que el consumo y las instituciones le muestran. Por lo tanto, el individuo posmoderno posee una personalidad móvil, fluida y sobre todo vacía, similar a los zombies (Cfr. Lipovetsky, 2006) De esta manera, el narciso posmoderno es sujeto constante de dietas, actividades deportivas y recreativas, terapias, drogas, relaciones sexuales efímeras y medicación homeopática.