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3.6 Computational Experiments

4.1.1 The GWT in Perspective

En primer lugar, Habermas establece un concepto de racionalidad diferente al utilizado por Weber; esto, con la finalidad de mostrar que la acción de los individuos no está exclusivamente orientada al éxito, es decir, que la acción de los individuos no es únicamente teleológica o estratégica, sino que también puede estar orientada al entendimiento entre individuos; por lo tanto, posee una racionalidad comunicativa.

Para Habermas, de manera general, existen dos tipos principales de racionalidad: una es aquélla que se denomina cognitivo-instrumental y que significa “una autoafirmación con éxito en el mundo objetivo posibilitada por la capacidad de manipular informadamente y adaptarse inteligentemente a las condiciones de un entorno contingente” (Habermas, 2005a: 27). Este tipo de racionalidad se refiere a las capacidades que posee un individuo para plantearse fines y realizarlos y es el que está detrás de la acción estratégica: o sea, el cálculo de los medios existentes para la consecución de fines deseados.

Por otro lado, existe la racionalidad comunicativa, la cual amplía el espectro de la cognitivo-instrumental y consiste básicamente en el potencial que poseen los individuos para establecer comunicativamente un consenso sobre un aspecto específico de la realidad. Este concepto implica que los individuos son capaces de lenguaje y acción y que además pueden establecer pretensiones de validez, tanto para sus emisiones de habla, como para sus acciones teleológicas.

A las emisiones de habla, Habermas las denomina actos de habla16, los

cuales se desarrollan en la interacción entre dos o más individuos, mientras que a las acciones realizadas por un individuo en solitario les llama acciones teleológicas y están orientadas a la obtención del éxito, esto es, a la consecución de un fin específico. La racionalidad de estos dos elementos radica en que tanto los actos

16 Los actos de habla se dividen en ilocutivos y perlocutivos. Los primeros están orientados al

entendimiento entre individuos, mientras que los segundos se orientan al éxito exclusivo del emisor (engaños o amenazas) (cfr. Habermas, 2005a)

de habla, como las acciones teleológicas, pueden ser evaluadas y/o enjuiciadas con pretensiones de validez que se apoyan en razones. La manera en que opera esta racionalidad consiste en que los individuos pueden entenderse sobre algún aspecto en el mundo, o bien justifican sus acciones a través de argumentos basados en la razón; además, estos permiten llegar a un entendimiento cuando surge algún desacuerdo.

De manera general, con respecto a la racionalidad comunicativa, Habermas argumenta que:

Nuestras consideraciones pueden resumirse diciendo que la racionalidad se puede entender como una disposición de los sujetos capaces de lenguaje y acción. Se manifiesta en formas de comportamiento para las que existen en cada caso buenas razones. Esto significa que las emisiones o manifestaciones son accesibles a un enjuiciamiento objetivo. Lo cual es válido para todas las manifestaciones simbólicas que, a lo menos implícitamente, vayan vinculados a pretensiones de validez (o a pretensiones que guardan una relación interna con una pretensión de validez susceptible de crítica). Todo examen explícito de pretensiones de validez controvertidas requiere de una forma más exigente de comunicación, que satisfaga los presupuestos propios de la argumentación (Habermas, 2005 a: 42-43)

Lo anterior tiene como consecuencia que mientras para Weber la racionalidad implica esquemas de pensamiento que permiten a los individuos la elección de medios para lograr determinados fines con base en un sentido, para Habermas la racionalidad implica, además de un esquema mental basado en la razón, la capacidad de los individuos de llegar a un entendimiento a través de la comunicación; ello también justifica sus acciones a través de la emisión de actos de habla.

Ahora bien, esta conceptuación de la racionalidad le permite a Habermas establecer lo que considera como acción comunicativa; para hacerlo analiza a fondo otros tres tipos de acción que se han establecido en ciencias sociales: teleológica (relación entre medios y fines), regulada por normas (orientación con base en valores compartidos culturalmente) y dramatúrgica (interacción en donde

los participantes consideran a los otros como un público). Estos tipos de acción, según el filósofo alemán, no permiten dar cuenta del potencial de racionalidad comunicativa de los individuos.

Por ello Habermas propone el concepto de acción comunicativa, el cual, de manera general, se refiere a la interacción que desarrollan dos o más individuos que buscan, primero, ponerse de acuerdo sobre algo en el mundo utilizando el lenguaje, para después poder ejecutar una acción. Aquello que brinda a los individuos la capacidad de entenderse entre sí es la posesión de saberes compartidos que les proporciona las bases interpretativas para poder emitir y recibir actos de habla y así lograr un acuerdo. Evidentemente, el elemento clave de este tipo de acción es el lenguaje:

El concepto de acción comunicativa presupone el lenguaje como un medio de entendimiento… en que hablantes y oyentes se refieren… simultáneamente a algo en el mundo objetivo, en el mundo social y en el mundo subjetivo para que puedan ser compartidas con todos. (Ibíd. 137-138)

Así, el lenguaje es el que proporciona las bases para la acción. Por acción Habermas se refiere a las manifestaciones simbólicas en las que un individuo entra en relación con el mundo de manera deliberada, por lo que el lenguaje le sirve a la acción como medio de entendimiento, a través del cual puede coordinarse ésta: “El lenguaje es un medio de comunicación que sirve al entendimiento, mientras que los actores al entenderse entre sí, para coordinar sus acciones, persiguen cada uno determinadas metas” (Ibíd. 145)

La importancia tanto de la racionalidad como de la acción comunicativa es necesaria en Habermas a fin de entender eso a lo que este autor se refiere como mundo de la vida y para ver cómo junto con el concepto de sistema, ambos configuran algunas dimensiones en la noción de individuo en la obra de este filósofo social.